Capítulo 57
Ivy
Este silencio me recuerda a los segundos previos a una carrera.
Durante un instante, los miles de espectadores están tan callados que se podría oír el ruido de un alfiler al caer al suelo y, justo después, la campana suena y el caos se desata cuando las compuertas se abren y los caballos salen disparados.
Solo que ahora no hay ninguna compuerta que se abra.
Wade está delante de mí, con los ojos muy abiertos y llenos de preguntas.
Me atrae hacia su pecho sin decir nada, pero se aleja tras unos segundos.
A continuación, se adentra en el salón y se deja caer en el sofá con las piernas abiertas.
Se reclina hacia atrás, apoya un brazo en el muslo y se frota la cara con la mano del otro.
Creo que acabo de dejar a mi vaquero en estado de shock.
Y yo, como suelo hacer siempre que estoy nerviosa, empiezo a divagar.
—Sé que te estoy pidiendo mucho al contarte esto —le aseguro mientras intento no llorar otra vez.
No puedo evitarlo porque, al parecer, estar embarazada es como montarse en una montaña rusa emocional—.
No porque no fueras a querer al bebé, Wade , porque sé que lo harías.
De hecho, se me encoge el corazón solo de imaginarte con él o con ella…
Sigue sin hablar. Se limita a mirarme fijamente, así que me siento delante de él en la mesita de centro y le agarro la mano.
—La razón por la que te estoy pidiendo mucho es que, al decirte esto, puede que sufras una desilusión y lo siento…
Lo siento mucho… —Se me quiebra la voz—.
Sé que lo nuestro es muy reciente y que esto debe ser lo último que esperabas.
Incluso pensé en no decírtelo, en mantenerlo en secreto para que, si no está destinado a ser, no tuvieras que pasar por esto conmigo.
Pero entonces lo supe. Supe que querrías pasar por esto conmigo.
Parece que esas palabras consiguen sacarlo de su trance. Wade se deja caer de rodillas y me envuelve a toda prisa entre sus brazos para abrazarme con fuerza.
—¿Desde cuándo lo sabes, Ivy ? ¿Cuánto tiempo has estado cargando con ello a solas, cielo? —pregunta cuando se aparta de mí y me agarra la cara para besarme los labios antes de que me dé tiempo a responder.
—Desde esta mañana.
Suelta un suspiro de alivio.
Le cuento toda la historia y él me escucha con atención, sin dejar de acariciarme la mejilla con el pulgar.
Cuando aún no he terminado de hablar, empieza a repartirme besos en la frente, las mejillas, los labios, los hombros, el pelo…
en todas las zonas que sus labios alcanzan.
No se detiene ni un segundo, como si sus muestras de afecto fueran a hacer que mi cuerpo acepte este embarazo. ¿Y quién sabe? A lo mejor es así.
Wade me dedica una de sus sonrisas de verdad, esas que parecen un rayo de sol que se cuela entre las nubes.
—No te atrevas a disculparte por esto, cielo… porque esto es increíble… Es un puto milagro. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero lo afrontaremos juntos, pase lo que pase —afirma, aunque casi se le quiebra la voz al decirlo.
Suelto un profundo suspiro de alivio cuando vuelve a abrazarme.
—Mi padre solía decir que hay dos formas de ver las cosas: con miedo o con esperanza de ver cómo saldrán. Tenemos que ser positivos —me susurra al oído. Se separa un poco y vuelve a mirarme como si no tuviera ni idea de qué hacer conmigo.
Suelto una risita al ver cómo se comporta. Parece una ardilla, una ardilla gigante, que no sabe en qué dirección correr.
—¿Tienes tu propio médico? —pregunta y se pasa la mano por el pelo.
—No. El médico que tenía cuando me fui de Jellico era el de la familia de Brad , pero iré a hacerme una ecografía el próximo lunes. El doctor Evans se ofreció.
—¿El lunes? —repite mientras asiente—. ¿Dentro de una semana?
Le contesto con mi propio asentimiento de cabeza.
—Para entonces estaré de unas nueve o diez semanas, según los cálculos del doctor, y podremos escuchar el latido de su corazón. —Me encojo de hombros con cierta timidez y Wade me mira a los ojos con rapidez.
—¿Su latido?
—Sí…
Wade me besa de nuevo y posa su enorme mano sobre mi abdomen. A continuación, baja la cabeza para hablarle a mi vientre y me derrito por dentro de lo adorable que es.
—¿Cómo puedes tener un latido ya, pequeñín? Si no puedes ser más grande que un penique.
—De hecho, es como una habichuela —respondo cuando Wade vuelve a mirarme, todavía sigue arrodillado delante de mí.
Baja la mirada otra vez y la posa sobre su mano tatuada que descansa sobre mi vientre. Sonríe y susurra una sola palabra para reclamar a su bebé.
—Mío —dice y me besa el vientre.
Siento que el corazón me estalla en el pecho. Ya no hay marcha atrás. Estoy perdidamente enamorada de este hombre.
—Ponte cómodo ahí dentro, habichuela. Tu mamá es tu hogar y será el mejor de todos, ya lo verás —susurra. Luego vuelve a besarme el abdomen y se incorpora para darme un beso en los labios.
—Sé que es mucho que asimilar. ¿Estás…?
Wade posa los labios sobre los míos para silenciarme. El beso está cargado de todo el amor que me profesa y me besa como si fuera su última oportunidad de hacerlo en la vida. Cuando acaba, se aparta y me mira directamente a los ojos.
—No sé qué cojones te hizo pensar que tenías que enfrentarte al mundo sola, pero no es así.
Somos tú y yo, juntos. Por si aún no te ha quedado lo suficientemente claro, Ivy , lo que tenemos es único y todo lo demás no importa.
Y esta pequeña habichuela… —Me acaricia el abdomen—.
Ahora forma parte de nosotros. No pienso irme a ninguna parte y si alguien intenta alejarme de vosotros dos, lo quemaré vivo si hace falta para detenerlo.
Siempre voy a proteger a nuestra familia.
Wade me lanza una mirada tan cargada de esperanza que casi me derrumbo. Casi me hace creer que todo esto es posible.
—Dame todas tus responsabilidades y tus preocupaciones, y yo cargaré con ello por los dos. —Me besa la mejilla—. Haré todo lo que necesites. —Ahora la otra mejilla—. Incluso compartiré mis Pop-Tarts contigo.
Sonrío entre lágrimas y lo beso.
—Además, tengo el presentimiento de que todo irá bien —comenta.
—Ah, ¿sí? —pregunto—. ¿Tan seguro estás?
—Pues claro que sí. Este bebé es un puto Ashby —contesta con firmeza mientras me besa el cuello.
—Y déjame adivinar… ¿vas a decirme que «los Ashby nunca se rinden» o algo por el estilo?
Se ríe contra mi cuello.
—No, cielo. Los Ashby nunca seguimos las reglas.
Suelto una carcajada, una risa real por primera vez en lo que parecen días, y Wade desliza los labios por mi cuello hasta llegar a mi boca, donde me besa profundamente.
—No quiero volver a separarme de ti nunca más. Pase lo que pase de ahora en adelante, estamos juntos en esto —me susurra al oído con esa voz profunda y dominante que me obliga a juntar los muslos—. Dime que lo entiendes.
Asiento justo cuando nuestros labios vuelven a encontrarse.
Se aparta ligeramente de mí para murmurar:
—Buena chica. —Y me da un beso que me pone a mil.
Enredo las manos en su pelo y tiro lo suficientemente fuerte como para que suelte un siseo. Recuerdo cuánto lo he echado de menos en estas pocas horas que hemos estado separados y sé con total certeza que ya no puedo vivir sin Wade Ashby .
Me agarra de las muñecas para ponerme en pie y empezamos a avanzar hacia mi habitación, pero la esperanza de llegar a la cama se desvanece en cuanto me presiona contra la pared y me recorre los costados con movimientos lentos y deliberados.