Capítulo 51
Ivy
Levanto la vista del teléfono cuando mi madre se remueve en la cama.
Llevo dos horas sentada a su lado mientras duerme.
Se la ve tan tranquila. Al observarla, pienso en lo mucho que nos parecemos: el mismo pelo negro, los mismos ojos…
salvo que ella ha lidiado con muchas cosas.
Mi padre solía decir que era la mujer más hermosa del mundo, pero la vida la ha machacado.
Wade se ha ido a encargarse de algunos asuntos del rancho y hacer algunas llamadas, pero me prometió que volvería antes del mediodía con algo de comer.
Creo que, en realidad, solo quería darme un poco de espacio para estar a solas con mi madre.
Cuando se despierta, alarga el brazo y me toca la mano; su mirada es brillante y está llena de cariño.
—Pensaste que iba conduciendo borracha, ¿a que sí? —suelta de golpe. Mi madre nunca ha sido de las que se andan con rodeos.
Sonrío.
—Era lo que me temía, sí. No tenía ni idea de que estabas sobria, mamá… Estoy superorgullosa de ti. —Se me rompe la voz y ella me toma la mano.
—Quería mostrártelo, no decírtelo. Después de tantos intentos, quería que supieras que esta vez iba en serio.
Anoche estaba muy mal porque me sentía sola y no dejaba de pensar en ti, en tu padre y en Cassie .
En todos los años que vi pasar por delante de mis ojos y en el tiempo que perdí por culpa de la bebida.
Le aprieto la mano. No puedo ni imaginar lo que ha sufrido.
—Tenía tantísimas ganas de beber. Tengo una botella en casa, mi botella de emergencia. Está en la encimera y no deja de recordarme que puedo bebérmela cuando quiera. Y aunque no lo he hecho en estos últimos diecisiete días, el deseo de hacerlo no desaparece.
—¿Qué necesitas, mamá? El hospital tiene un programa de rehabilitación para pacientes ambulatorios que dura un mes. Has empezado con muy buen pie…
—¿Y quién puede pagar eso, cariño? Seguro que cuesta miles de dólares.
—El Estado cubre una parte. El resto, bueno, tengo algunos ahorros…
— Ivy Grace Spencer , no te vas a gastar el dinero que tanto te ha costado ganar en un centro de esos. Lo estoy haciendo bien sola. Iba de camino a una reunión cuando ese ciervo apareció de la nada. No sé por qué no recordé las palabras de tu padre.
Sonrío porque ya sé a qué palabras se refiere.
—Nunca des un volantazo cuando veas un animal, porque ellos saldrán por patas y tú terminarás en la cuneta… —empieza a citar mamá.
—Así que, limítate a pisar el freno y agarra el volante como si te fuera la vida en ello —termino yo.
Ambas sonreímos y me doy cuenta de que hay muchas cosas de mi padre que todavía nos unen. Creo que deberíamos usar eso para acercarnos más, en lugar de alejarnos la una de la otra.
—Ojalá pudiera estar más cerca de ti, pero ahora estamos muy liados con el entrenamiento del caballo…
—No digas tonterías. Estoy bien donde estoy. Mira, si tuviera el dinero, me metería en ese programa de rehabilitación. Pero no lo tengo, así que tengo que tirar de fuerza de voluntad y trabajar en ello a mi ritmo.
Asiento con la cabeza.
—¿Podemos hablar de algo más divertido? —Esboza una sonrisa con un brillo en los ojos que me recuerda a la madre que siempre fue—. ¿Quién es ese tiarrón que ha atravesado tres condados contigo a las siete de la mañana?
Me sonrojo.
—Mi jefe…, aunque es mucho más que eso. Tenemos una relación bastante estrecha. —Me cuesta definir lo que Wade y yo somos.
—Yo nunca he tenido un jefe que me mirara como si fuera capaz de bajarme la luna si se lo pidiera —afirma y me observa como si lo que fuera a decir a continuación fuera obvio—: Ese hombre está enamorado de ti, Ivy Grace .
Te mira como si estuviera dispuesto a enfrentarse al mundo entero en cualquier momento por ti.
Mi madre suelta una risa y después hace una mueca al llevarse la mano al lado magullado de su cara.
—Así es como me miraba tu padre. —Sonríe y vuelve a apoyar la cabeza en la almohada.
Bajo la mirada y, por no sé qué vez en el día, los ojos se me llenan de lágrimas de forma imprevista.
—Yo también estoy enamorada de él, muchísimo, pero… sé que algún día querrá una familia y me aterra no poder dársela.
—¿Él sabe que quizá no puedas tener un embarazo sin complicaciones? ¿Te ha dicho que le preocupa o que es un problema para él? Está la reproducción asistida, la adopción… Hay otras opciones, cariño.
—Sí, lo sabe y soy consciente de todo eso. —Respiro de forma entrecortada—. No ha dicho nada al respecto, pero creo que es porque lo nuestro pasó de un simple rollo a algo más serio sin que nos diéramos cuenta. No sé qué deparará el futuro, pero dentro de poco me tendré que ir de su rancho y…
—Cariño. —Mi madre me mira con una sonrisa suave en los labios—.
Créeme, sé de lo que hablo. Si un hombre te quiere con todo su corazón y actúa como tal, solo hay una cosa que puedas hacer: no le dejes escapar.
Haz todo lo que esté en tu mano para conservarlo el mayor tiempo posible porque nunca sabes cuánto tiempo te queda con tus seres queridos.
Parpadeo y las lágrimas caen por mis mejillas.
Un golpecito en la puerta nos interrumpe. Me seco las lágrimas justo cuando el doctor entra en la habitación.
Intento ponerme de pie, pero se me nubla la vista y me dan unas náuseas tan fuertes que noto cómo la bilis me sube por la garganta. Me apoyo en la pared para recomponerme y lo miro.
—Lo siento, doctor, creo que necesito sentarme un momento. Hemos donado sangre y estoy un poco… mareada —le explico mientras me sujeto la cabeza con las manos.
—Es normal sentirse un poco aturdida. ¿Cuánto hace de la extracción? —pregunta.
—Unas dos horas y media… —murmuro.
—Humm. El mareo debería haber remitido ya, pero es posible que sea por la adrenalina de esta mañana. Quédese así, no se levante por mí.
Empiezo a encontrarme mejor en cuanto la sangre vuelve a mis mejillas.
—Me lleva pasando bastante últimamente… Tengo mucho trabajo y no he estado comiendo muy bien —confieso.
—Por favor, permanezca sentada, no se preocupe. Solo venía a comprobar cómo estaba su madre. Glenda , ¿se siente cómoda hablando de su sobriedad con su hija aquí presente?
—Por supuesto —contesta mi madre.
Él asiente con la cabeza.
—Me comentó que llevaba un tiempo sobria y temía que su familia pensara que el alcohol había tenido algo que ver con el accidente.
Mi madre asiente y le sonríe. Se gira para mirarme.
—Le conté que estoy sobria porque, por primera vez, estoy orgullosa de mí misma.
—Y debería estarlo —le dice el doctor y nos mira a ambas—. Hay un programa al que podría acudir directamente desde aquí. Nosotros ofrecemos el transporte…
—Gracias, pero justo hablaba de eso con mi hija. Ahora mismo, no puedo permitirme…
—Eso es lo que venía a comentarle. El estado cubre una parte y acabo de confirmar que quedan plazas en el programa de donantes del hospital.
Creía que no, pero lo he revisado y he visto que hace poco se han incorporado nuevos donantes.
El programa pretende ayudar a personas en su situación.
Usted cumple con todos los requisitos y estaríamos encantados de ayudarla con la solicitud.
Lo más probable es que la aprueben de inmediato.
Los ojos de mi madre se llenan de lágrimas y, naturalmente, los míos también, así que la abrazo con fuerza.
—Sí, nos gustaría solicitar una plaza —respondo.
—¿Cuándo lo sabremos?
—Es posible que mañana lo sepamos si procesamos la solicitud hoy mismo.
De todos modos, me gustaría que se quedara uno o dos días más, Glenda , para vigilar esa conmoción cerebral.
Si quiere, podríamos organizarlo todo para que ingrese directamente en el centro cuando salga de aquí.
Lo más probable es que sea el sábado. Mientras tanto, puedo darle más información sobre el centro.
Me giro hacia mi madre.
—Puedo prepararte una bolsa con lo que quieras llevarte y avisar a la señora Potter . Seguro que se encargará de todo mientras estés fuera.
Mi madre asiente y el doctor anota algunas cosas.
—Le pediré a la enfermera que se pase en breve para ayudarla a rellenar los formularios.
Hasta entonces, descanse. Les dejo que sigan conversando.
—Vuelve a revisar los papeles de su carpeta—.
Y, señorita Spencer , si me permite, aunque soy médico titular en este hospital, también tengo una consulta privada justo al otro lado de la calle.
Ya que estará por aquí durante los próximos días, venga a verme.
Puedo hacerle una analítica para asegurarnos de que no tiene algún tipo de déficit que le provoque esos mareos…
Podría ser una simple falta de hierro. —Se encoge de hombros.
Lo último que me apetece ahora mismo es que me saquen más sangre, pero asiento igualmente.
—Sí, gracias. Me pasaré mañana por la mañana cuando venga para aquí, así me tomo un día de descanso y me recupero de esto. —Le sonrío mientras señalo el algodoncillo que aún tengo pegado.
El doctor asiente con una sonrisa, se despide y se va a ver a su siguiente paciente.
En cuanto se marcha, Wade aparece por la puerta con su habitual magnificencia que tanto me reconforta.
Se queda ahí plantado y sus preciosos y masculinos rasgos faciales se tensan.
Lleva unos vaqueros que se ciñen perfectamente a sus piernas, una sudadera blanca y su gorra de los Titans puesta del revés.
Aunque ha salido a toda prisa esta mañana, es la viva imagen de la perfección casual.
Y cuando veo que ha traído comida y un té para mi madre, siento que me derrito por completo.
Clava sus ojos en mí y por fin me doy cuenta de la mirada que todo el mundo dice que tiene cuando sus ojos están posados en mí. Permito que me envuelva durante un breve instante hasta que mi madre rompe el silencio.
—Pasa, pasa. —Lo insta—. Soy Glenda Spencer y tú debes de ser Wade . Lamento que no hayamos podido presentarnos como Dios manda antes; aún estaba bastante aturdida. Tengo entendido que has estado conociendo a mi Ivy .
Wade le responde sin apartar la mirada de mí.
—Así es. Es una mujer muy especial… —Me dedica esa sonrisa de medio lado de la que no me canso y después, se gira hacia mi madre—. Ivy me comentó que le gusta el té. Con leche, ¿no?
—Sí, gracias. —Ya ha caído rendida a sus pies. Lo sé por la sonrisita de embobada que ha aparecido en su rostro. ¿Y quién no caería? Wade Ashby es el sueño de cualquier mujer—. Y gracias por venir con ella esta mañana —dice y acepta el té que Wade le da.
Me pongo de pie, pero tengo que agarrarme a la silla para estabilizarme un poco antes de ir hacia él.
—¿Qué te pasa? —pregunta enseguida con una expresión de pánico.
—Solo estoy un poco mareada. El doctor ha dicho que probablemente se deba a la donación.
Wade cruza la habitación en dos zancadas y me sujeta del codo.
—Te he traído algo de comer, seguro que eso te ayuda —comenta y me enseña el sándwich más delicioso que he visto en mi vida.
Me ruge el estómago al verlo y miro a Wade .
—No hay nada que desee más en este momento que ese sándwich.
Se encoge de hombros y me dedica otra de sus sonrisas burlonas.
—Estoy aquí para hacer realidad tus sueños, Lianta.
La madre del cordero, qué gran verdad acaba de decir.
No creo que me sea posible amar a este hombre más de lo que ya lo amo aquí y ahora, plantado delante de mí mientras me ofrece algo tan simple como un sándwich y esa sonrisa torcida.
Lo único que tengo que hacer ahora es decírselo.