Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 48
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Capítulo 48

Wade

La cabaña está a oscuras cuando llego noventa y ocho minutos más tarde.

Solo para tocarme los huevos, Nash me ha entretenido en su casa durante una hora para que le ayudara con todas las nimiedades que se le ocurrían antes de volver a la casa principal.

Me obligó a reorganizar la habitación de invitados para convertirla en una especie de cuarto de regalos nupciales.

«Vamos a mover este sofá al garaje. Ah, y luego hay que traer la mesa aquí para poner los regalos».

Eso es lo que me dijo con la sonrisa más engreída del mundo.

Sabía lo que estaba haciendo; como había cedido y la había besado delante de todos, intentaba que admitiera lo mucho que quería volver con Ivy y que lo nuestro va en serio.

Pues que le den por culo. Tengo casi treinta y cinco años, puedo besar a quien me dé la gana y no pienso darle el gusto.

Por mucho que quiera gritarlo a los cuatro vientos, lo que pase entre mi chica y yo es cosa nuestra y de nadie más.

La única con la que voy a tener esa conversación es con Ivy , punto final.

Abro la puerta y entro en el oscuro recibidor con la compra que hice de camino a casa para prepararle la cena a Ivy . Un suave resplandor proviene de la cocina y cuando me quito las botas y entro, la veo.

Ivy está completamente desnuda y no lleva nada más que mi viejo y andrajoso sombrero de vaquero y unos tacones altos.

—Ups, parece que se me ha olvidado ponerme algo de ropa, vaquero… —murmura con inocencia y es sexy de cojones.

Empieza a caminar hacia mí, pero se le atasca el tacón en la madera del suelo y casi se cae de morros. La agarro con mi brazo libre y la ayudo a recuperar el equilibrio. Me mira por debajo del sombrero, sobresaltada.

—¡Y yo que quería ser grácil y misteriosa! —se ríe mientras endereza el cuerpo—. Al menos lo he intentado —bromea y se encoge de hombros.

Me río y la beso en los labios. Son suaves y acogedores.

De hecho, son más que acogedores.

Son como mi hogar.

—Joder, eres adorable.

—Espera, todavía puedo salvarlo —se ríe a la vez que retrocede y mueve las caderas. Posa frente a mí y me muestra cada una de sus impresionantes curvas.

«Sí. Con eso me basta». Mi pene se endurece al instante y siento una necesidad insaciable de ella. Es preciosa, brillante, divertidísima, insolente y un poco torpe.

La necesito al completo. Hasta el último pedacito que la compone.

Me como con la mirada sus curvas y tras diez segundos de reloj, suelto la compra que llevo en la mano y me olvido por completo de la cena. Cruzo la habitación en un par de zancadas, la levanto en brazos y la siento sobre la encimera.

Ivy suelta un pequeño grito cuando la tabla fría de madera roza su piel caliente y desnuda mientras presiono mi erección contra su ardiente coño.

Bajo la mirada y veo lo mojada que está contra la tela de mis vaqueros.

Le devoro los labios y gimo en su boca. Le agarro el lateral de la mandíbula y la beso y saboreo la lengua a ese ritmo que me vuelve loco.

Sus labios se funden con los míos sin esfuerzo alguno.

Entierro los dedos en su espesa melena e Ivy me rodea la cintura con las piernas.

Tira de los botones de mi camisa de franela y desliza las manos por mis brazos para quitarme la prenda.

Me roza el pecho con los dedos y su tacto me quema la piel.

Cada célula de mi cuerpo vibra con su roce y la necesidad de acomodarme entre sus muslos me consume.

Gime contra mis labios cuando pellizco uno de sus pezones duros, lo retuerzo entre mis dedos y luego bajo la cabeza para succionarlo con fuerza.

—Te he echado de menos hoy, cariño —gimotea y se me encoge el corazón al escuchar sus palabras.

—Dios… yo también te he echado de menos.

«Te he echado tanto de menos que no me imagino ni un segundo de mi vida sin ti».

—Muéstramelo… Enséñame cuánto me has echado de menos, Wade .

Suelto un gruñido bajo que me nace del pecho. No tiene ni idea de lo que me provoca, pero ¿quién soy yo para no darle a mi chica lo que quiere?

Le recorro los hombros con los labios y mi aliento cálido le baña la piel, el cuello y los pezones.

Por un instante, le mordisqueo los pechos y ella grita y se frota descaradamente contra mí en busca de fricción.

Le acaricio los muslos y deslizo mis manos por su interior hasta llegar a su coño húmedo y apretado, cuyos labios separo con los pulgares.

A continuación, me arrodillo y lo lamo de arriba abajo con la lengua.

Ivy gime mi nombre y la cabaña está tan silenciosa que su voz parece vibrar en mi interior.

Suelto un gemido cuando entrelaza sus dedos en mi pelo y tira con fuerza.

Me enciende y me provoca. Succiono hasta la última gota de su dulce y empapado coño, y me deleito con la presión que ejercen sus muslos suaves alrededor de mi cara.

—Mmm, echaba de menos tu sabor… —gruño y le demuestro que lo digo totalmente en serio volviendo a posar mi boca en ella—. Sabe a mí —digo mientras le chupo el clítoris y me vuelvo loco solo con su dulzura.

Le paso el brazo por debajo del culo para acercarla más a mi cara y la sujeto cuando empiezo a devorarla con frenesí.

— Ivy , voy a hacer que te corras, pero tienes que confiar en mí y dejarte llevar cuando llegue el momento —le pido.

Ivy arquea la espalda cuando le meto dos dedos y los curvo para rozarle el punto que sé que la llevará al límite.

Mece las caderas contra mí y me cabalga la cara al ritmo que quiere.

La lamo entera y la follo lentamente con los dedos para torturarla un poco hasta que jadea tanto que sé que está a punto de correrse.

Hostia puta, lo deseo con todas mis fuerzas.

Le meto la lengua aún más profundo y suelta un grito justo cuando comienza a temblar.

— Wade , eso… no sé lo que es, pero… no puedo —gimotea.

—Sí que puedes, Ivy . Déjate llevar, confía en mí. Córrete… y empápame la cara cuando lo hagas.

Sigo penetrándola con los dedos, sin darle tregua y a un ritmo constante que la lleva al clímax.

En cuanto sus músculos se tensan, saco los dedos rápidamente y los llevo hacia su clítoris mientras se corre con un grito y me empapa como sabía que podía hacer.

Sonrío y le beso el coño. Ivy se sigue estremeciendo y al poco, me limpio la cara con la mano.

—Qué buena chica eres —murmuro y ella tiembla.

— Wade … ¿qué ha sido eso? ¿Acabo de…?

—Sí, lo has hecho y ha sido lo más cachondo que he visto jamás.

Le daría un momento para que su increíble cuerpo se recuperara de lo que acaba de hacer, pero soy un cabrón insaciable, así que la levanto, la llevo a mi habitación y la deposito sobre mi cama.

En cuanto me quito la ropa y la aparto de una patada, me acerco a ella y la beso como si no hubiera tenido suficiente. Porque es así.

—¿Alguna vez te has acostado con una mujer que llevara puesto tu sombrero de vaquero? —pregunta con una sonrisita en los labios.

Se sube encima de mí y vuelve a tomar la iniciativa, lo que hace que pierda la cabeza por ella al instante. Estampo mis labios contra los suyos en un beso abrasador y hambriento, y luego muerdo su labio inferior con los dientes.

—Nunca lo he hecho —respondo—. Pero como veo que vas a cabalgarme, diría que eso está a punto de cambiar.

Ivy gime cuando le acaricio los pezones y jugueteo con ella mientras se frota contra mi polla para cubrirme con su propia excitación.

Deslizo un dedo hasta su centro y le rodeo el clítoris el tiempo suficiente como para que eche la cabeza hacia atrás.

Al hacerlo, se sujeta el sombrero para que no se caiga y separa sus tentadores labios para soltar un gemido. Es mi puta fantasía hecha realidad.

—¡Me cago en todo, Ivy , estás empapada! —murmuro a la vez que me incorporo y la beso desde la clavícula hasta el lóbulo de la oreja, donde me detengo para morderlo con suavidad. Gimo.

Ivy enreda los dedos en mi pelo y sisea al tirar por sentir mis dientes sobre su carne.

—¿Te gusta el dolor, Wade ? —pregunta en un susurro, aunque sabe de sobra que me encanta.

Un profundo gruñido nace desde mi pecho mientras le mordisqueo el otro lóbulo de la oreja. Ella grita cuando lamo la piel donde he mordido y me tira del pelo aún más.

—Los dos podemos jugar a ese juego… Conozco tu secreto —dice en voz baja—. Te gusta más que a mí… Te pones muy cachondo cuando soy yo la que te hace daño a ti.

Tira de mi cabeza hacia atrás y me recorre la mandíbula con los dientes antes de morderme con fuerza.

Dios, esta mujer está hecha para mí. Vuelve a mis labios y gimo contra su boca cuando me besa y me sigue tirando del pelo.

Nuestras lenguas se mueven en perfecta sincronía.

Me muerde el labio al tiempo que le masajeo los muslos y el culo.

Desde este ángulo, sus exuberantes caderas son tan magníficas que lo único que quiero hacer es morderle todo el puto cuerpo.

—¿Te ha dolido mucho, cariño? ¿Me vas a suplicar que pare? —gime.

—Jamás —gruño. Le acaricio la mandíbula y coloco mi pulgar junto a sus labios. Ivy suelta una risita malvada y gira la cara para morderme el dedo. Respiro hondo. Estoy desesperado por follármela.

La atraigo hacia mi cuerpo para tomar lo que quiero, lo que me pertenece, y penetrarla con fuerza, pero ella me detiene.

Esparce besos suaves y dulces por mi cuello y me muerde de nuevo.

Me succiona la piel al mismo tiempo que mece las caderas sobre mí.

Gruño en respuesta y le doy una palmadita en el coño.

—Jodeeer… —lloriquea al sentir el escozor. A mi chica le gusta un poco de dolor tanto como a mí.

—Estoy a punto de destrozar tu apretado coño, Ivy . No voy a ser suave. Será rápido y duro —le advierto mientras sigue moviéndose sobre mí—. Porque me vuelves tan loco que no puedo contenerme más.

Levanto la cabeza para meterme un pezón rosado en la boca y lo muerdo lo suficientemente fuerte como para hacerla gemir. Intento controlarme todo lo que puedo.