Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 46
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Capítulo 46

Wade

Yo: Estos idiotas dicen que Sr. y Sra. Smith no es una película romántica y necesito refuerzos.

Lianta : ¡Cómo se atreven! Es, sin duda, una historia de amor icónica.

Yo: ¿A que sí? Y ahora que lo pienso, aún no la hemos visto juntos. ¿Cómo puede ser posible? Creía que ya las habíamos visto todas.

Lianta : Ni idea, pero es una vergüenza. ¿La vemos esta noche?

Yo: Entonces, es una cita.

Lianta : Me reconocerás por el pijama. Soy la que se sienta en el lado izquierdo del sofá.

Yo: Yo llevaré los helados. Y Lianta…

Lianta : ¿Sí?

Yo: No es una cita formal, no hace falta que te pongas el pijama.

La calidez me inunda el pecho y sonrío como un idiota solo de pensar en lo que está por venir, en la noche tan sencilla y perfecta que nos espera.

Aparte de la cena que quiero preparar y del festín que me voy a dar con Ivy , no pienso hacer nada más que sentarme a su lado en el sofá con unas luces de ambiente, un montón de mantas y aperitivos.

Ese es el único sitio donde quiero estar y al que ansío ir siempre que acaba mi jornada laboral.

—Te toca, Romeo —grita Nash mientras me tiende un hacha.

Estamos en Woody’s , la bolera local de Laurel Creek , que ha añadido una sala de juegos con lanzamiento de hachas, escape rooms y un pequeño salón recreativo para los niños.

Nadie sabe que Nash financió la remodelación para que el centro del pueblo siguiera vivo.

Hasta ahora, ha sido todo un éxito y ha impulsado los negocios de los alrededores, incluido The Horse no hay nada que les guste más que verme cabreado.

Haden se levanta y me da una palmada en la espalda.

—No te me pongas así, hombre. Sé que está en tu naturaleza defenderla así. Y estoy seguro de que a mí me defenderías igual, ¿a que sí, Sargento? —Me sonríe.

Nash lanza su hacha y acierta a uno de los objetivos. Suelta un gritito de victoria y se gira hacia mí.

—Ahora hablando en serio. Te conocemos y solo queremos que te lo admitas a ti mismo.

Ella te importa y es evidente. La forma en que la miras…

es como si tuvieras un cartel de luces de neón pegado en la frente que dijera: «Estoy obsesionado con Ivy Spencer ».

Te mereces ser feliz, así que no dejes que un posible futuro juntos se te escape de entre las manos —dice.

Mi hermana lo ha convertido en un puto romántico empedernido.

Cole y él sonríen como los benditos provocadores que son.

—Solo te estamos tomando el pelo, capullo. Algún día tendrás que sentar la cabeza; a tu edad ya va siendo hora. — Cole me lanza una sonrisa socarrona a la vez que se mete un nacho en la boca.

—Solo nos llevamos cinco años —contesto inexpresivo.

—Sí, puede, pero al menos yo no necesito tatuarme la palabra «Mía» en la mano para no olvidarme de quién es la dueña de mi polla —afirma Cole mientras hace el gesto de masturbarse con la mano. Miro mi nuevo tatuaje y niego con la cabeza.

—Estoy consternado —bromea Nash —. Dudo que tu polla quiera que la cosifiquen de esa manera.

—¡A eso me refiero! —añade Cole —. Un poco de respeto, hombre. Los sentimientos de tu polla también importan.

Nash se reclina y sigue hablando:

—Permaneció a tu lado incluso en tus años de sequía…

—Me cago en la puta de oros —murmuro.

—Mira, la verdad es que nos encanta ver esa cara de idiota enamorado que se te pone cada vez que Ivy aparece en tu campo de visión. — Cole suelta una carcajada.

La pantalla de mi teléfono se ilumina porque me ha llegado otro mensaje de Ivy y, en cuanto ellos lo ven, estallan en carcajadas. Niego con la cabeza, pero no puedo contener mi sonrisa.

—Nada más que añadir, señoría. — Cole me señala la cara.

Justo cuando creo que la tarde no puede volverse aún más incómoda después de hablar de mi vida sentimental con mis hermanos y con uno de mis empleados, escucho la risa aguda y reconocible de Janelle .

«No me jodas».

—No vamos a permitir que Janelle nos agüe la fiesta. Tenemos otra partida y la vamos a jugar. Ignora a su grupito y a ella —me insta Cole cuando Janelle se nos acerca.

Me libré de esta mujer para siempre en diciembre, cuando consiguió su financiación, pero justo tiene que entrar en el sitio donde estoy un puto miércoles por la tarde. La acompañan dos mujeres que he visto por la ciudad y que se quedan esperando en la barra.

—Vaya, vaya, vaya… pero si es mi marido favorito.

—Exmarido —corrijo.

—Siendo sinceros, eres exactamente la persona a la que quería ver, Wade .

Iba a llamarte mañana… —Me mira fijamente, a la espera de que le pregunte por qué, pero cuando le doy un sorbo a mi cerveza en lugar de contestar, continúa con su perorata—.

Bueno, que ya han terminado el techo y voy un poco corta de dinero. Esperaba que pudieras ayudarme.

Me levanto el sombrero y me froto la frente. No me sorprende para nada.

—Dios santo, Janelle , te han dado una refinanciación; se suponía que debías apartar ese dinero.

—¿Qué tal el crucero? Ya sabes, ese que hiciste con Gemma el mes pasado —pregunta Cole con una mirada burlona. Me dijo que Janelle se fue con Gemma a las Bahamas porque no fue a la obra de teatro del colegio de Mabel .

Lo curioso es que Gemma y Janelle nunca se llevaron bien hasta que se convirtieron en nuestras exparejas y empezaron a trabajar juntas.

Parece que se volvieron cercanas tras las rupturas y formaron un pequeño club en contra de los hombres Ashby .

Le lanzo a Cole una mirada que dice: «¿Por qué cojones tienes que pinchar a la bestia? ». Me mira y se encoge de hombros.

—El crucero estuvo genial, Cole , aunque no es de tu puta incumbencia, pero gracias por preguntar —contesta Janelle con los ojos azules entrecerrados. Ni se molesta en disimular su desdén por la forma en que mi hermano siempre le ha reprochado sus gilipolleces.

Observo su rostro con atención. Estamos a mitad de tarde y ya parece algo borracha. Tiene un aspecto desmejorado, como si sus años de alcohol y fiestas hubieran empezado a pasarle factura. Seguro que eso la atormenta por las noches.

Su mayor miedo es envejecer. No tiene ni cuarenta años, pero parece bastante más mayor.

Comparada con la mujer preciosa y vivaz con la que ansío estar a todas horas, mi ex deja mucho que desear.

Ver lo segura que es Ivy de sí misma y la belleza que irradia a diario me recuerda que estoy tratando con dos mujeres muy diferentes.

Una se ama a sí misma, mientras que la otra solo alberga odio.

Por un instante, siento mucha pena por Janelle . Lo más seguro es que termine así, sola y buscando constantemente al siguiente hombre que la haga sentirse bien consigo misma, pero sin llegar a experimentarlo de verdad. Sonrío para mis adentros.

«Hostias, ya me parezco a Ivy con sus mierdas de “Ama tu cuerpo y a todo lo que te rodea”».

Cole le hace una mueca a Janelle y ella se la devuelve. Suelto un suspiro y, como no quiero que se entere todo el mundo de mis asuntos, la agarro del codo y la arrastro hacia el pasillo que lleva a los baños. Sin mirarlo siquiera, sé que Nash está negando con la cabeza; no soporta a Janelle .

— Janelle , tienes treinta y cinco años, así que tienes que empezar a administrarte mejor el dinero. La casa es tuya, no mía. Yo ya no soy tu marido. Lo siento, pero esta vez no pienso ayudarte.

Janelle parpadea, sorprendida. Se echa su larga melena rubia teñida por encima del hombro.

— Wade , me faltan casi dos mil dólares.

El pánico en su rostro es evidente. Alarga el brazo e intenta tocarme el pecho, pero me aparto a la velocidad de la luz y, justo cuando siento un leve roce, le agarro la mano para bajarla hasta su costado. Solo hay un par de manos que pueden tocarme y no son las de la puñetera Janelle .

Aprieto la mandíbula y me mantengo firme.

—Pues supongo que tendrás que hacer más turnos en Snippets —sugiero con firmeza al hacer referencia a la peluquería en donde trabaja—.

O vender algunas de tus mierdas caras: tus zapatos, tus bolsos…

Pero esta vez tendrás que solucionarlo tú sola.

No pienso invertir ni un centavo más en una casa que ya no es mía.

— Wade , no lo estarás diciendo en serio, ¿no?

—farfulla con voz entrecortada y veo que la ira toma forma en sus ojos—.

Siempre puedo contar contigo y también es tu hogar.

De hecho, he estado pensando en ti, en n-nosotros, en todo lo que hice cuando estábamos juntos.

No debería haberte tratado así. —Se encoge de hombros de forma patética y un lagrimón amenaza con caer por su mejilla.

¿Cómo no me di nunca cuenta de lo manipuladora que es esta mujer? Janelle se acerca a mí para intentar seducirme, pero consigue justo todo lo contrario. Solo siento un rechazo absoluto hacia ella.

—Tenía la esperanza de que pudiéramos darnos otra oportunidad…

C-creo que estoy lista para sentar la cabeza e incluso formar una familia.

Eres el único hombre para mí, Wade . De hecho, sigo siendo una Ashby .

No me he cambiado el apellido porque, sinceramente, esperaba que pudiéramos intentarlo de nuevo.

Supongo que no podía renunciar a ti. Sigo pensando en…

No puedo contener la carcajada fuerte y profunda que se me escapa.

Janelle parpadea y, por un momento, creo que por fin capta la indirecta y deja de hablar.

Pero dura poco.

—Esto no tiene gracia. Te estoy abriendo mi corazón, Wade . ¿Me estás diciendo que no te has planteado el intentarlo de nuevo?

Parpadeo un segundo y me pregunto si lo está diciendo en serio.

Virgen Santa, sí que lo está diciendo en serio.

— Janelle , eso no va a pasar en la puta vida. Nos divorciamos por un motivo claro. —La miro a los ojos para que le quede claro—. Ya no te quiero, y, Jesús bendito, fuiste una esposa de mierda.

—Tienes que estar de broma, Wade … —Hace una pausa y, de repente, parece que se le enciende la bombilla—. Espera, ¿hay otra persona?

Esbozo una sonrisa porque ya te digo yo que hay otra persona, pero mi relación con Ivy no es asunto suyo.

Me siento liberado con esto. A partir de ahora, sus problemas me importan una putísima mierda.

—En resumidas cuentas y para que te quede claro, tus problemas ya no son cosa mía. ¿No puedes pagarle al techador? Pues pide un préstamo. —Le doy una palmadita en el hombro como si fuera una vieja amiga.

Me doy la vuelta para irme, pero vuelvo a girarme para lanzarle una última mirada.

—Y, por cierto, ya no eres una Ashby , así que cámbiate el apellido de una puta vez, ¿quieres?

La dejo sola en el pasillo y no se mueve ni dice nada durante treinta segundos. Después, pasa por mi lado como una exhalación, agarra a sus amigas y masculla algo sobre que no me la merezco mientras sale a trompicones por la puerta principal.

Nash no aparta la vista de Janelle . Cuando vuelvo con ellos, me mira y yo le doy un trago a mi cerveza.

Suelta una carcajada.

—Por fin has cerrado esa puerta… De hecho, ¡has dado un portazo de cojones! —exclama con la sonrisa más grande que me ha esbozado jamás.

Se la devuelvo.

Sí, eso he hecho y me siento de puta madre.