Capítulo 42
Ivy
—Bueno, ¡que empiece la puta fiesta! ¿Quién está listo para darlo todo?
—proclama Ginger cuando deja su bolso sobre la mesa en The Horse & Barrel la tarde previa a Nochebuena.
Es la última en llegar y es imposible ignorarla por su escandaloso vestido rojo.
Tiene la piel radiante y su cascada de rizos oscuros baila bajo su gorro de Papá Noel.
Wade y yo ya estamos sentados con Olivia , Cole y CeCe mientras Nash nos vigila desde detrás de la barra. Sin embargo, en cuanto Ginger aparece, capta la atención de todos, incluida la del hermano pequeño de Wade , que de pronto parece mucho más animado.
—Aparentemente, tú, como siempre —murmura Cole y le tiende un margarita de fresa por encima de la mesa.
—No seas tan aguafiestas, agente. Creo que he visto un muérdago por allí… ¿quieres ir a dar un paseo?
Cole resopla, pero veo el momento exacto en que se la come con los ojos como si ella fuera su plato favorito y él estuviera muerto de hambre.
—Seguro que tienes muchos candidatos con los que dar ese paseo, Bruja.
—Un montón, por supuesto. Pero te diré algo, Cole , como hoy estoy de buen humor, puedes ser el primero de todos —le dice con una sonrisa en los labios a la vez que le pellizca la barbilla.
Ginger es de esas mujeres tan guapas que hasta mirarlas duele, y por mucho que Cole Ashby finja lo contrario, estoy segura de que se ha fijado en ella como el resto de los hombres que hay en este bar.
—Necesito otra copa —gruñe Cole— . ¿Quieres otra? —le pregunta a Wade .
Wade se termina su bourbon de un solo trago y asiente con la cabeza.
—Yo también, cariño, que esta noche estamos de celebración —le pide Ginger cuando Cole se aleja.
Luego, se dirige a mí—. ¡Te dije que llevar puestas mis botas te traería suerte!
Por el primer gran logro de Angel’s Wings y por que le sigan muchas victorias más.
Y, nena, que sepas que estás preciosa y radiante.
Hacer lo que te gusta te sienta genial. — Ginger me sonríe.
Bajo la mirada a mi vestido azul marino sin tirantes, el mismo por el que Wade metió y deslizó sus manos cuando vino a buscarme después de que acabara de trabajar.
Ginger levanta su margarita y todos brindamos.
Me sonrojo ante su comentario porque, para ser honestos, es muy probable que mi brillo se deba a que nunca me había sentido tan satisfecha sexualmente.
Aunque eso podría cambiar esta noche, cuando Wade descubra lo que le espera por haber perdido nuestra pequeña apuesta.
Wade me acaricia el muslo por debajo de la mesa y me lo aprieta con suavidad. Las puñeteras mariposas que llevan atrincheradas en mi estómago desde hace semanas despiertan de inmediato.
—Bueno, ¿y ahora qué? —pregunta Olivia al tiempo que se pasa la mano por su impecable moño cobrizo.
Las tres mujeres parecen sacadas de un desfile de moda navideño: Olivia lleva un vestido de terciopelo verde que abraza cada una de las curvas que forman sus largas y elegantes piernas, mientras que CeCe parece un ángel con su vestido blanco de punto que tiene la espalda al aire y es lo suficientemente provocador como para que Nash se acerque y demuestre que está con él cada vez que algún cliente del bar la mira.
—Ahora toca un entrenamiento más intenso hasta que empiece la temporada juvenil. Su primera carrera clasificatoria, que es de práctica básicamente, es a principios de febrero, pero primero la van a evaluar —explico.
—Y si consigue su certificado de cajón, podremos presentarla al derbi, por lo que su primera carrera juvenil sería en septiembre —añade Wade a mi lado.
—Necesitáis cuarenta puntos, ¿no? —pregunta Ginger .
—Sí, pero no es tan fácil conseguirlos. Y cuantos más tengamos, mejor —responde Wade .
—Y cuantas más carreras acumule Ángel, mejor preparada estará para el derbi —añado.
Ginger sonríe con su expresión de sabelotodo.
—Ay, si ya termináis las frases del otro y todo… Parece que trabajar juntos durante tanto tiempo está dando sus frutos. —Me guiña un ojo y nos apunta con su uña pintada de rojo carmesí. Después le da un trago a su margarita. Bueno, más bien se bebe la mitad de golpe.
—Es bueno que estén sincronizados —añade CeCe y se gira para dedicarme una sonrisa tan dulce que me veo obligada a devolvérsela.
—Has tenido mucha suerte de encontrar a tu nueva entrenadora —afirma Ginger con seriedad.
Wade frunce el ceño como si se hubiera molestado con Ginger .
No es que intente ocultar que nos pasamos el día juntos, pero en estas últimas semanas he descubierto que Wade Ashby no le rinde cuentas a nadie y le gusta su privacidad.
No hemos hablado de lo que está pasando entre nosotros, simplemente nos dejamos llevar por nuestra maravillosa rutina: entrenamos durante todo el día, cenamos cualquier delicia que Wade cocine y follamos como si no pudiéramos saciarnos el uno del otro hasta que nos quedamos dormidos.
Apenas piso mi cabaña desde hace semanas, salvo para lavar la ropa y cambiarme.
Y, aunque lo que siento por mi jefe se está volviendo algo bastante serio, no estoy lista para admitir mis sentimientos.
En parte porque sé que tarde o temprano me iré, pero también porque no sé si podré darle el futuro que se merece.
Se me han quedado grabadas las palabras de Mamá Jo sobre los hijos que Wade soñaba con tener y no dejo de pensar en todas las cosas a las que renunciaría por mí.
Como si Wade percibiera mi inquietud por lo nuestro, vuelve a posar la mano sobre mi muslo por debajo de la mesa.
Miro hacia abajo y parpadeo al fijarme en una palabra que se ha tatuado en la piel y que antes no estaba ahí.
La tinta es nueva y brilla, como si se la hubiera hecho hoy.
Está escrita en cursiva y situada justo entre su pulgar e índice.
«Mía».
Se me acelera el corazón mientras le cuestiono con la mirada…
¿De verdad lo ha hecho? Nuestros ojos se encuentran, luego los baja hacia su mano y, un instante después, vuelve a posarlos en mí.
Esa mirada es toda la respuesta que necesito: oscura, posesiva.
Es la misma que usa justo antes de devorarme.
Hostia puta. Lo ha hecho.
Empiezo a respirar entrecortadamente cuando Wade acerca sus labios a unos pocos milímetros de los míos. Echo un vistazo alrededor de la mesa, pero nadie en este oscuro y ruidoso bar nos presta atención. Se inclina hacia mi oído y me susurra con voz grave y clara:
—Todo lo que hacemos es por y para nosotros. Lo que pasa entre tú y yo no tiene nada que ver con ellos, pero si en algún momento tienes dudas de lo que veo cuando te miro… —Me ofrece una sonrisa burlona y añade—: Vas a estar preciosa cuando te ponga mi collar alrededor del cuello, Ivy .
Me aprieta el muslo con fuerza y desliza sus dedos por debajo de mi vestido. El coño me palpita en anticipación e intento mantener la calma.
—¿Esa idea te asusta? —susurra—. ¿O quieres suplicarme para que la haga realidad?
—Las dos cosas —confieso en un susurro.
—Si quieres que la haga realidad, ya sabes lo que tienes que decir.
No aparta los ojos de mí. Estoy a punto de soltar el «te lo suplico…» que tanto ansía escuchar y eso que apenas llevamos cinco minutos aquí. El bar se desvanece a nuestro alrededor hasta que la voz de Ginger nos devuelve a la realidad.
—Necesito otra copa. ¿Dónde está este hombre? —Sonríe de medio lado mientras se termina lo que le quedaba.
— Asher os va a traer otra ronda para todas —le informa Cole cuando aparece con un pretzel en la boca.
—Qué bien me conoces. — Ginger le da un empujoncito con el hombro y él pone los ojos en blanco.
—Lo que sé es lo rápido que bebes. Ya han pasado diez minutos, estás que te sales.
—¿Qué insinúas? No me busques las cosquillas, te lo pido por favor.
En los últimos cuatro días, he tenido que soportar tres comidas de Navidad, niños enfermos en cada rincón del aula, rupturas, dramas adolescentes y veinticuatro redacciones por corregir sobre el tema «Si William Shakespeare estuviera vivo…
». No me quieras avergonzar por ser una mujer que sabe cómo divertirse después de una larga semana, Cole Ashby . No te pega para nada.
Cole sonríe y le ofrece un puñado de pretzels en la palma de la mano.
—Oh, cariño, lo siento mucho —se disculpa en voz baja y pausada para provocarla.
Ginger lo mira de arriba abajo y coge un pretzel de su mano extendida.
—Acepto tu disculpa, muchas gracias. Y procura que no se terminen —murmura y Cole desliza el cuenco hacia ella.
—¿Cuándo vuelve Mabel de casa de Gemma para pasar la Navidad? —pregunta Wade .
Cole parece amargarse en cuanto se menciona a su exmujer.
—Mañana. No pienso renunciar a las tradiciones de Nochebuena que Mabel conoce solo porque, de repente, Gemma quiere fingir ser una adulta funcional y le apetece hacer de madre. Si el año que viene sigue con la misma actitud, ya hablaremos de repartirnos el tiempo como corresponde.
— Ceo que eztá zamando algoz —farfulla Ginger con la boca llena de pretzels . Mastica y, tras tragar, continúa—. Ha vuelto así sin más, después de casi cinco años de ausencia, con novio y como si quisiera convertirse en la madre del año… Humm, no sé. Hacedme caso, aquí huele a chamusquina.
—Estoy de acuerdo —comenta Wade —. ¿Y quién es el tío ese con el que sale?
—El puto Brent Wilson . Policía. Un imbécil arrogante. Le tiró los tejos a CeCe el verano pasado —masculla Nash cuando se mete en el reservado. Asher Reed , el barman que trae nuestras margaritas, lo sigue de cerca.
No he interactuado mucho con Asher , pero no puedo evitar observarlo cuando se aproxima.
Puede que sea el único hombre del pueblo tan alto e imponente como Wade .
Recuerdo que Ginger dijo una vez que era el jefe de bomberos.
Tiene apariencia de vikingo o celta, con unos ojos grises grandes y no creo que le quede un solo hueco vacío en la piel para tatuar, a excepción de la cara.
Está cubierto de tatuajes negros y grises desde la mandíbula hasta las muñecas y la barba incipiente le da un aire aún más salvaje.
Es como una versión más grande y muchísimo más peligrosa de Chris Hemsworth en la película Tyler Rake .
Y, sí, siempre comparo a los hombres con actores de películas de acción.
Cuando deja las bebidas sobre la mesa, habla con voz profunda e intimidante, la cual está marcada por un leve acento irlandés.
—Cuatro margaritas de fresa —dice y nos tiende una copa a cada una.
No estoy del todo segura, pero juraría que desliza algo por debajo de la copa de Olivia cuando se la da.
Sin embargo, es tan sutil que me pregunto si me estoy imaginando cosas.
Olivia lo mira a los ojos durante un segundo, pero enseguida vuelve a bajar la mirada a la mesa. No sabía ni que se conocían.
—¡Virgen santísima, hace tanto frío que podría cortar cristales con los pezones! —grita el abuelo Dean cuando Mamá Jo y él se unen a la mesa. Tiene el sombrero cubierto de copos de nieve.
—Madre mía, abuelo. Menuda forma de saludar —protesta Cole .
Nash se levanta para añadir dos sillas más a nuestra ya atestada mesa y después va hacia la entrada del bar.
—Hay que hacerse notar de alguna manera. No voy a permitir que Blake Shelton , aquí presente, se lleve todo el protagonismo esta noche.
Le da una palmada en el hombro a Wade y yo reprimo una sonrisa.
—¿Estás borracho? ¿De qué cojones hablas, viejales? —responde Wade mientras la mesa entera se ríe por lo bajo.
—¿Me prestáis atención un momento, por favor? —anuncia Nash con el micrófono en la mano desde el escenario—. Esta noche, vamos a probar algo diferente porque mañana es Nochebuena y tenemos a una superestrella entre nosotros.
Nash señala a Wade justo cuando dos empleados del bar sacan una televisión enorme de pantalla plana y la colocan detrás de él.
—Hijo de puta —gruñe Wade cuando ve que un camarero también trae una máquina de karaoke de última generación.
Sus ojos se clavan en mí en cuestión de segundos, aun estando en la penumbra, a la vez que niega con la cabeza y aprieta los puños.
—Voy a hacer matar a este cabrón —ruge porque no duda ni por un segundo de que es culpa de Nash .
Poso la mano sobre el antebrazo de Wade .
—En realidad, Jefe… ¿Recuerdas la apuesta que hicimos el otro día? —pregunto con una sonrisa inocente.
Me muero de satisfacción cuando veo que abre la boca de par en par. La sorpresa le inunda la cara según se va dando cuenta de que yo soy la culpable de todo esto. Se inclina hacia mí y me susurra para que nadie más le oiga:
—Lo vas a pagar muy caro, Lianta…
Sonrío con descaro.
—¿Muerta a manos de música country romántica? Correré el riesgo.
Suelto una risita mientras CeCe se empieza a reír con ganas a mi lado.