Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 40
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Capítulo 40

Wade

—¿Y luego qué? —le pregunto a Ivy . Observo los músculos de su espalda, las enredaderas que bailan por su columna y bajan por sus caderas, y los dos pequeños hoyuelos que se forman en sus lumbares, justo donde descansa su pelo mojado.

Deslizo la polla entre sus nalgas y suelta un gemido sin mover el cabezal de su coño.

Pensar en cómo se masturbaba en la habitación de al lado mientras pensaba en mí me pone demasiado cachondo.

—Luego me preguntabas si quería que metieras cada centímetro de tu polla en mi coño apretado y yo mantenía el chorro de agua… justo aquí —explica y mueve el cabezal hasta su clítoris. Da un respingo y suelta un gemido adorable.

«Mi pequeña zorra».

—Mmm… —murmuro.

Paso el pulgar por el pequeño capullo rosado de su culo y ella desliza el cabezal por su coño. La necesidad que tengo de llenar cada agujero de esta mujer a todas horas es algo que me sigue alucinando.

—¿Quieres? —inquiero.

—¿Eh? —contesta aturdida y se estremece de arriba abajo cuando presiono su húmedo y fruncido ano con el pulgar.

—¿Quieres que meta cada centímetro de mi polla en tu coño apretado?

—Todo el puto rato —responde sin dudar.

Meto la punta del pulgar y gimo. Algún día, mi polla ocupará este puesto.

Ivy grita al sentir mi dedo, pero me doy cuenta de que echa el culo hacia atrás para acercarse más a mí.

—Joder, Wade … Nunca he… Es la primera vez que alguien me toca ahí.

Sonrío.

—Otra cosa más que tengo que enseñarte —ronroneo.

Suelta un gemido de necesidad contra la pared de la ducha.

—Me cago en todo, me vuelvo loco solo de imaginarte escondida en mi ducha mientras te corrías y gemías mi nombre.

Ivy mueve el cabezal en círculos y le empiezan a temblar las piernas.

«No, todavía no. No lo va a hacer».

Le quito el cabezal y la giro, lo que hace que su espalda quede contra los azulejos.

Sigo manteniendo el chorro de agua contra su clítoris para atormentarla, aunque apenas le ofrezco unos segundos de placer antes de apartar el cabezal.

Le devoro los labios en un beso lento y de necesidad, y cuando noto que su palma toca mi miembro, le muerdo el labio.

—Estaba a punto de llegar —gruñe.

—Soy el único que puede llevarte al orgasmo y hacer que te corras, ¿entendido?

Me lanza una mirada con la que podría quemarme vivo.

—Creo que te había dicho que puedo ocuparme de esto yo solita. —Sus labios se curvan en una sonrisa burlona y yo solo quiero meterle mi polla hasta la garganta para borrársela de golpe.

—¿Ves? Ahí está la cosa, Lianta —digo mientras uso un dedo junto al cabezal de la ducha para rodearle el clítoris con suavidad.

Ivy gime.

—Te estás mintiendo a ti misma. No puedes ocuparte tú sola, al menos no del todo —afirmo y meto dos dedos en su coño empapado.

Gimotea y apoya la cabeza contra mi pecho en señal de derrota.

—Porque, ya sea por mi polla, por tus dedos o por este cabezal, siempre gritas mi nombre cuando te corres.

Le mordisqueo la mandíbula y lamo su piel dulce. Aparto el cabezal y deslizo mi polla dura como una piedra contra su raja suplicante.

—Eso es un poco… pretencioso por tu parte, ¿no crees? —susurra. Aunque sus palabras sean contundentes, tengo que sujetarla para que no se caiga. Jadea contra mi pecho.

—De pretencioso nada, cielo. Simplemente me responsabilizo de lo que es mío.

Meto y saco los dedos de su cálido coño, tan lento como para que empiece a retorcerse cuando el chorro le da de lleno en el clítoris.

—¿Estás diciendo que… eres mi dueño? —logra preguntar mientras pone los ojos en blanco y me clava las uñas en la espalda.

—¿En este puto momento? Ya lo creo que sí.

Le levanto la barbilla con mi mano libre para contemplar esos ojos violetas. Los tiene muy abiertos y vidriosos por la lujuria, y sus largas pestañas están cubiertas de pequeñas gotas de agua. Su pelo mojado y enmarañado cae por todo su cuerpo.

Es tan preciosa e impresionante.

—Cómo hago que te corras y grites mi nombre, eso es lo que me pertenece, Ivy . —La beso en los labios—. Y, lo admitas o no, quieres pertenecerme.

Coloco la alcachofa de la ducha en su sitio y presiono el cuerpo de Ivy contra la pared; el agua sigue cayendo sobre nosotros. Agarro con fuerza sus caderas resbaladizas y, tras alzarla en brazos, me adentro en su coño apretado y empapado sin previo aviso.

Suelta un chillido y palpita alrededor de mi miembro. Apenas hay fricción, pero me aprieta con tanta fuerza que podría correrme sin necesidad de moverme siquiera.

—¿Vas a admitirlo ya? —pregunto. Le acaricio el cuerpo y miro hacia abajo para contemplar el punto donde estamos conectados.

—Yo… más… más profundo —grita de forma incoherente mientras me araña los hombros.

Sonrío y le agarro las caderas con tanta fuerza que seguro le quedará marca, pero ella gime cuando me hundo más profundo.

Deslizo las manos hacia arriba para masajearle los hombros al mismo tiempo que ella me rodea la cintura con las piernas.

A continuación, muevo su cuerpo arriba y abajo, y la penetro. Duro, rápido, implacable.

—¡Sí! —chilla Ivy y mi polla palpita dentro de ella.

—Joder, mírate. Estás tan desesperada… tan ansiosa por mi polla. Voy a hacer que te corras tan fuerte que vas a ver las estrellas tras esos bonitos ojos.

—Por favor…

Ivy deja de agarrarme los brazos con tanta fuerza según me la follo. No me preocupa hacerle daño porque sé que le gusta duro. Su coño mojado es la prueba. Quiero poner los ojos en blanco con cada embestida. La sensación es…

—Esto es… —Dejo la frase a medias y me pierdo en ella durante un segundo.

—¡Maravilloso! ¡Hostias! —exclama.

—Sí. —La beso—. Eso…

— Wade … —gime mi nombre mientras la penetro una y otra vez.

Veo que intenta resistirse según me la follo para alargar todo lo posible el momento.

Cuando enredo los dedos en su pelo, su lucha interna desaparece.

Es increíble ver cómo Ivy cede ante mí, ya que soy plenamente consciente de que nunca se rinde con facilidad ante nada.

Contemplar cómo se entrega al placer que le ofrezco cada vez que la penetro hasta el fondo es la mejor de las recompensas.

—Qué mocosa tan necesitada. Tan impaciente. Tu cuerpo suplica que le dé mi polla.

—Sí… —lloriquea cuando la agarro del pelo con fuerza e inclino su cabeza hacia atrás para besarla.

—Dime, Ivy . Ahora mismo, en este preciso instante. —La beso—. ¿Quién es el dueño de este coño?

—Joder —gimotea y vuelve a poner los ojos en blanco.

—¿Quién, Ivy ? —Me muevo con ella en brazos y la pongo contra la pared a mayor altura. Le pellizco el clítoris hinchado para llevarla al límite.

Echa la cabeza hacia atrás, abre sus preciosos ojos y los clava en mí un milisegundo. El tiempo y el espacio dejan de existir cuando susurra:

—Tú, Wade . Tú.

Una cálida sensación se apodera de mí al escuchar sus palabras. Me consume por completo y le tiro del pelo, incapaz de controlarme.

Mi polla da una sacudida y se derrama en su interior. Ella se corre sobre mí mientras su coño me exprime cada gota y, con cada espasmo de sus paredes, hace que me adentre un poco más en ella.

— Ivy … —gimo su nombre al tiempo que cierro los ojos y apoyo las manos contra la pared para no desmayarme.

No tengo ni idea de cuánto dura mi orgasmo, pero parece que no termina nunca. Me levanta la barbilla con uno de sus dedos pequeños para que la mire a los ojos y me devuelve a la realidad con una tímida sonrisa en sus preciosos labios.

—Parece que yo también soy tu dueña.