Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 38 #2
57%

Capítulo 38 #2

¿Hasta cuándo? Quién sabe. Cada vez que Wade llega al fondo, se detiene durante más tiempo.

Me folla a un ritmo lento y constante que me vuelve loca mientras su dedo encuentra mi clítoris.

Una especie de neblina me invade la mente cuando vuelve a acariciarme y siento una sacudida de placer y necesidad que hace que mi coño se apriete alrededor de su polla para suplicarle que se derrame dentro de mí y, a cambio, pueda correrme.

Gimo y lloriqueo cuando por fin me desata de la pared con su mano libre.

Caigo y apoyo la espalda contra su pecho; estoy hecha un manojo de nervios sudoroso y tembloroso.

Nos sostiene a ambos mientras hace movimientos circulares en mi clítoris y desliza la otra mano hasta mi garganta para girarme la cara y posar sus labios sobre los míos.

Se traga mis gritos con un beso húmedo y agresivo, y pierdo el control.

Nunca pensé que el sexo pudiera ser tan natural, tan desenfrenado.

Quiero que me domine, que me sujete y que haga conmigo lo que quiera, de la forma que sea.

Con cada embestida, Wade me penetra más profundo, más duro.

El sonido de mi propia excitación y de sus acometidas me arrastra cada vez más hacia el abismo creado por Wade .

Abro la boca y suelto un grito silencioso.

—Joder, Lianta, cuando gimes así, apenas puedo contenerme. Te adaptas a mi puta polla tan bien.

Es imposible reprimir los sonidos que se escapan de mis labios cuando se mete dentro de mí hasta el fondo y para de moverse. Intento instarle a seguir, pero sus manos firmes, una colocada en mi cadera y la otra alrededor de mi garganta, me mantienen inmóvil.

—¿Recuerdas que dije que te haría sufrir? —pregunta y empieza a moverse de nuevo.

«Dios mío, me quiero morir así».

—Sí —gimoteo.

—¿Crees que ya has sufrido bastante? —exige saber.

—Sí. Hostias, sí, Wade … por favor —contesto.

—¿Quieres correrte? —susurra y se detiene por completo. Al instante, mi coño palpita alrededor de su miembro—. Pues suplícamelo. Ruégame que te llene entera con mi semen, Ivy .

—Por favor… —Es todo lo que consigo decir. Intento moverme como puedo, pero él es demasiado fuerte y no cede.

—Por favor, ¿qué? Siempre tienes palabras para cada puta cosa. Utilízalas. Quiero ver que tus súplicas son reales —me ordena mientras sale lentamente de mí.

«Ay, Dios mío».

—Por favor… joder… por favor, déjame correrme…

Wade … —gimoteo. Respiro tan hondo como me permite su agarre.

Cuando me aprieta más el cuello y empiezo a ver puntitos, me doy cuenta de qué es lo que quiere, así que se lo doy.

Le daría todo lo que me pidiera ahora mismo y por eso le susurro—: Te lo suplico…

El gemido que proviene de su pecho es de aprobación.

—Eres una chica muy buena, Ivy —ruge Wade .

Para mi sorpresa, se hincha aún más en mi interior y me pellizca el clítoris una y otra vez, lo que hace que mi cuerpo explote.

Me corro con un grito que Wade se traga con sus labios, pero me permite inhalar pequeñas bocanadas de aire para evitar que me desmaye mientras acaba conmigo. Me muerde los hombros, el cuello, los labios… cualquier parte de mi cuerpo que alcance con su boca.

—Joder —gime—. Me encanta ver cómo te corres en mi polla. Es glorioso.

Se me escapa una lágrima cuando se corre.

Después, me suelta el cuello con delicadeza e inhalo profundamente en el momento en que un escalofrío me recorre todo el cuerpo.

Wade me rodea con sus brazos y levanta un dedo para acercarme con ternura la cara a la suya.

Me besa suavemente en los labios y me masajea las muñecas marcadas con la otra mano, como si quisiera asegurarse de que no me ha hecho daño.

—El paraíso —pronuncia esa única palabra como si fuera una afirmación, una etiqueta.

Sí. Si esto es el paraíso, no quiero volver a la Tierra nunca más.

Treinta minutos después, cuando ya nos hemos recuperado y hemos metido a los caballos en sus establos para que pasen la noche, aparece Mamá Jo con su ropa de montar y un sombrero en la cabeza por la esquina del establo principal.

—Buenas noches, mamá —saluda Wade .

No puedo evitar pensar que si hubiera entrado en el establo hace treinta minutos, me habría visto atada a la madera mientras Wade me follaba hasta la saciedad.

—Hola, chicos. Venía a visitar a River Rising , pero creía que estaría sola —comenta, probablemente sorprendida de vernos en el establo a estas horas de la noche.

Wade me contó que River Rising es el caballo de su padre y fue el que participó en el Derbi del 2006.

Me apena pensar en esta mujer, en su pérdida y en la relación que todos dicen que tenía con Wyatt .

Lo ha perdido todo. Que visite al caballo de Wyatt cuando está sola hace que se me encoja el corazón.

—Es un poco tarde, ¿no crees? —pregunta Wade cuando la rodea con el brazo.

Jo se encoge de hombros.

—Me gusta montarlo cuando la noche es cálida y hablar un rato con papá. Y solo son las ocho y media. —Sonríe—. ¿Qué hacéis vosotros dos aquí todavía? —Nos mira con tantas preguntas en sus ojos que me dan ganas de apartar la mirada a toda velocidad.

—Me aseguro de que todo esté listo para cuando llegue Angel’s Wings —dice Wade al mismo tiempo que yo suelto—: Wade me ha llevado a cabalgar.

Mamá Jo me mira. Wade sonríe.

—O sea, cabalgamos juntos, pero cada uno en su caballo —farfullo.

Wade interviene para disimular mi incomodidad.

—También le di una paliza cuando echamos una carrera desde el estanque, pero no quiere admitirlo.

Lo fulmino con la mirada.

—Hiciste trampas.

—Conocer el terreno mejor que tú no es hacer trampas, Lianta. —Enrolla una cuerda alrededor de su brazo y, al hacerlo, se le marcan las venas. Ojalá ser esa cuerda—. Simplemente hice uso de mis conocimientos —afirma mientras me guiña un ojo.

Resoplo.

Jo se ríe.

—Te encanta ese estanque, ¿verdad? ¿Te ha contado Wade que su padre lo llevaba a pescar allí cuando era pequeño?

—Sí, me lo dijo. —Sonrío, contenta de haberme librado de su escrutinio por ahora.

Ella se acerca y le da una palmadita en la cara a su hijo.

— Wade siempre decía que no podía esperar a tener hijos para hacer lo mismo que su padre.

Wade mira a su madre y me empieza a doler el corazón al pensar en bebés, pero la idea de que Wade tenga hijos me reconforta. Sería un padre fantástico y tendría los bebés más bonitos y controladores del mundo.

—Pues eso nunca va a pasar, así que… —afirma.

—¡Ay, de verdad, cariño! Solo tienes treinta y cuatro años, aún te queda mucho tiempo. Algún día llevarás allí a tus niños, ya verás. Estoy convencida de ello —dice con seguridad.

Cuando pasa junto a mí, me aprieta la mano.

—Buenas noches, queridos —se despide a la vez que se dirige al establo.

Wade me lanza una mirada de disculpa porque su madre desconoce que ha tocado un tema que atormenta mi interior. Antes de que ella llegue a la esquina, Wade me acerca a él.

—Venga, cochina, vamos a limpiarte que nos espera una sesión de Ocean’s Thirteen y helado.

Le sonrío y, justo después, me besa en los labios.

Sí, podría acostumbrarme a esto.