Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 38
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Capítulo 38

Ivy

—¡Has hecho trampas, Wade Ashby ! —grito cuando consigo llegar al establo.

Ya ha desensillado a Apolo para aparentar que volvió hace horas.

—Joder, qué lentitud, Lianta. Estaba pensando en echarme una siesta y todo mientras te esperaba.

Lo fulmino con la mirada, lo que le hace incluso más gracia.

—¡Quiero la revancha! ¡Podría haberte ganado si hubieras jugado limpio! —Mi lado competitivo está un poco molesto y más cuando Wade cierra la puerta del corral y se acerca a mí según desmonto.

Se ríe cuando paso rápidamente por su lado, como si ignorara su existencia, y meto a Sheffield en el corral grande para que se tranquilice.

—No te tenía por una mala perdedora —comenta Wade y se cruza de brazos.

—¡No he perdido! ¡Has hecho trampas! —exclamo a la vez que cierro la puerta y me quito los guantes.

Wade me agarra en cuanto nos adentramos en el largo pasillo del establo y me aprieta contra la pared. No se oye nada porque en esta zona no hay animales, solo el equipamiento. El sonido de los insectos y de nuestra respiración llena el aire.

—No pienso besar a un… tramposo —murmuro mientras Wade me recorre el cuello con la lengua. Giro la cara hacia un lado y siento su sonrisa de cabrón engreído, como si mi rechazo lo excitara todavía más.

—Mira, Lianta, puedes enfadarte conmigo todo lo que quieras porque hayas perdido solita.

—Me levanta la barbilla, lo que hace que le tenga que mirar a los ojos y me echa el sombrero hacia atrás lo suficiente como para acercar sus labios a la comisura de los míos—.

Incluso tendrás tu revancha cuando y donde quieras, pero ni se te ocurra pensar que no voy a hundirme dentro de ti ahora mismo porque llevo queriéndolo hacer durante toda la puta noche.

Y entonces posa los labios sobre los míos.

Mi resistencia se desvanece en cuanto su lengua se adentra en mi boca y baila con la mía.

Su aliento mentolado se mezcla con el del cuero y las especias, e invade todos mis sentidos.

Su beso es exigente y me reclama de forma lenta y placentera mientras entrelaza nuestros dedos a mis costados y me pega más contra la pared con sus caderas.

Siento su erección contra mi abdomen a través de sus vaqueros.

Wade me separa las piernas con la rodilla y desliza un dedo desde mi mejilla hasta mi mandíbula, justo en la curva bajo mi oreja.

—Pensé en ello de camino a casa…

Me baja el suéter para dejar mi hombro al descubierto y se le escapa un gruñido gutural.

Me muerde, me succiona la piel y la suelta antes de dirigirse hacia mi clavícula para cubrirla de besos.

Mi suéter cae al suelo de cemento cuando me lo quita y sus dedos no tardan en encontrar mis pezones perlados a través del encaje de mi sujetador sin tirantes.

—Lo pensé durante toda la cena. ¿Sabes cuánto me costó contenerme para no llevarte a la habitación de al lado y follarte ahí mismo? —me susurra al oído con voz áspera. Estoy empapada por la habilidad que tiene de acariciarme los pezones con los dedos.

Gimoteo de nuevo y me aprieto un poco más contra su polla.

—Y esta noche te has portado como una mocosa malcriada. ¿Sabes lo que les pasa a las mocosas malcriadas, Ivy ? —Me pellizca el pezón. Con fuerza.

«¡Joder! ¿Por qué me pone tan cachonda esto? ¿Cómo se le puede dar tan bien?».

Baja la mano y me acaricia el coño a través de mis vaqueros. Cuando presiona la base de su palma contra mi clítoris, suelto un gemido tembloroso.

—Se las folla, duro —dice con voz grave.

Me desabrocha el botón de los vaqueros con los dedos mientras sigue torturando mi pezón lentamente con la otra mano, lo que hace que esté totalmente sobreestimulada.

Wade me baja los pantalones de un tirón, se pone de rodillas y me los quita por encima de mis botas.

Levanta la vista y recorre cada centímetro de mi cuerpo con la mirada: solo llevo puesto mi sujetador, mis bragas, mis botas vaqueras y mi sombrero.

—Dios, creo que es lo más sexy que he visto en mi puta vida —gruñe. Se levanta, tira de una cuerda que hay colgada en la pared y me da la vuelta.

Gimo cuando presiona su polla en mi culo y me restriego contra ella desesperadamente. Es como si me estuviera entrenando para desearlo, para que le suplique. Si ese es su plan, está funcionando. Nunca había deseado algo tanto como esto.

Me levanta las manos por encima de la cabeza, me ata las muñecas con la cuerda y la asegura a la viga de madera que hay encima nuestro, de modo que se tensa cada vez que muevo las muñecas. Me recorre el omóplato con los labios y suelto un jadeo. Necesito que me toque… da igual dónde.

—¿Quieres provocarme? ¿Seducirme? ¿Ponerme duro antes de sentarnos a la puta mesa? —pregunta. Tras esto, sus dedos se cuelan por la parte trasera de mis bragas.

Desliza la mano hacia el cachete de mi culo y me agarra la cadera con firmeza con la mano izquierda. Me da un cachete en la parte más carnosa; es tan fuerte que me escuece.

Un rugido parece provenir del pecho de Wade y yo gimo. Mi coño palpita y me da otro cachete que me pilla desprevenida. Luego se aleja para admirar su trabajo.

—Joder, qué bien te queda la huella de mi mano —dice Wade .

Me agarra con fuerza y desliza un dedo por mi raja empapada desde atrás.

—Mmm… —Suelta un gruñido animal al notar la humedad entre mis muslos—. Te gusta duro, ¿verdad, Ivy ? Estás empapadísima.

—Sí, joder —jadeo.

—Separa los muslos tanto como puedas. Me muero por comerme este coño tan dulce —me insta mientras me separa las piernas con la bota—. Pero antes…

Noto que me quita el sombrero de la cabeza y lo reemplaza por el suyo.

—El único sombrero que puedes llevar mientras te follo con la lengua es el mío.

—¡Virgen Santa! —Me muerdo el labio para no gritar cuando Wade se arrodilla en el suelo y hace exactamente lo que me ha dicho.

Entierra la cara en mi coño, me separa más las piernas para tener mejor acceso y me folla con la lengua; me lame y restriega la cara contra mí.

Me agarra del culo, me separa las nalgas y su lengua continúa con su asalto.

Me introduce dos dedos y los curva en el punto justo, es por eso por lo que le estoy suplicando que deje que me corra en cuestión de segundos.

—Me cago en la puta, Ivy , podría alimentarme todos los días de este coño —farfulla Wade mientras me lame el clítoris sin parar—. Mañana, tarde y noche…, y nunca me cansaría de ti.

—¡ Wade ! —grito cuando empiezo a desmoronarme.

Mi coño se tensa alrededor de sus dedos hipnóticos y prácticamente me dejo caer contra la pared y tiro de donde estoy atada. Lo único que impide que la cuerda me corte la circulación de las muñecas por completo son sus manos fuertes, que me agarran por las caderas, y su cara.

—No te contengas, Ivy . Córrete en mi lengua y grita mi nombre.

Cierro los ojos y veo las estrellas tras mis párpados. Cada célula de mi cuerpo vibra con Wade mientras un orgasmo intenso se apodera de mí.

Gimo obscenidades, palabrotas, su nombre, súplicas desesperadas y otras cosas que ni siquiera me atrevo a repetir en mi cabeza.

Entre tanto, él no detiene su asalto. No disminuye la velocidad y sigue dándome placer con la lengua para demostrarme que, sin duda, no hay nada que le guste más que darse un festín conmigo.

Abro los ojos cuando mi respiración se empieza a regular, pero Wade no me da tregua: me quita el sombrero de la cabeza y me acaricia el clítoris con la yema del dedo.

Estoy tan sensible que me estremezco y se me aflojan las piernas cada vez que me toca.

La cuerda me aprieta tanto que las muñecas me arden, pero no me importa el dolor.

Ni siquiera lo siento. Lo único que noto es el dedo de Wade , que se desliza por mi apertura, y a continuación, oigo el ruido sordo de su hebilla y de sus vaqueros al golpear el suelo de cemento.

Con firmeza, me agarra la cadera y me aprieta la carne para tirar de mí hacia él.

Lleva su otra mano a mi pelo y lo retuerce alrededor de sus dedos mientras me penetra de una embestida violenta y un gruñido bestial.

—Me cago en la puta, Ivy .

Respondo con un gemido. Es como si ni siquiera tuviera piernas porque me han dejado de funcionar correctamente.

Wade me sujeta y me levanta el cuerpo para aliviar un poco la presión de la cuerda sobre mis muñecas. De alguna manera, se adentra en mí todavía más e introduce ese último centímetro para estirarme y suplicarle a mi cuerpo que lo acepte.

—Tan mojada. Tan apretada. Tan perfecta. ¡Hostia puta! —murmura según saca lentamente su polla hasta casi tenerla fuera por completo. Luego, vuelve a embestirme con un gruñido prolongado—. Dios…

Gimo y me muerdo el labio inferior. Lleva las manos a mi pecho y me baja el sujetador para liberar mis pechos adoloridos.

Me pellizca los pezones y me penetra con fuerza al mismo tiempo que me llena los hombros y los brazos de los besos más suaves y dulces que jamás he sentido.

Es demasiado contradictorio, pero en este momento, no se me ocurre nada más que pudiera hacerme sentir mejor en el mundo.

Wade utiliza mi cuerpo como si fuera un juguete para masturbarse. No detiene sus movimientos lentos y pausados, y cada vez que estoy a punto de correrme sobre él, se da cuenta y se detiene en mi interior un poco más de lo que debería.

— Wade … por favor —le suplico.

—Por favor, ¿qué, Ivy ? ¿Quieres correrte?

—Sí, por favor, Wade … por favor —gimoteo casi entre lágrimas.

Siento que esboza una sonrisa contra mi espalda.

—Todavía no, cielo. —Sus labios me rozan la oreja y me quedo sin aliento cuando susurra—: Estoy en el paraíso ahora mismo, deja que me tome mi tiempo.

«Oh, Dios mío. Señor, sí, señor».

Gime mientras continúa moviendo las caderas dentro de mí.