Capítulo 37
Wade
—A ver si puedes seguirme el ritmo, jefe —me desafía Ivy cuando se monta de un salto sobre Sheffield , el corcel que he traído para ella. Un segundo después, sale disparada mientras se sujeta el sombrero a la cabeza y el pelo ondea tras ella como las alas de un cuervo.
Sabía que Ivy cabalgaba rápido, pero no tenía ni idea de que lo haría con tanta naturalidad y que estaría guapísima en el proceso. Espoleo a Apolo para que se apresure y así alcanzar a la pequeña fiera.
Aunque hasta hace poco tenía un esguince en el tobillo, no parece tener miedo de volver a lesionarse.
Eso puede significar dos cosas: o se le da genial cabalgar a toda velocidad y lo sabe, o no le teme a nada.
Cualquiera de las dos opciones me parece igual de atractiva.
Cabalgamos durante un rato por la propiedad hasta que consigo adelantarla.
Puede que ella sea rápida e impulsiva, pero yo soy un experto en largas distancias y sé cómo manejar a mi caballo mejor que nadie.
—Tienes que distribuirle la energía —grito cuando paso por su lado. Le guiño un ojo y me inclino el sombrero.
Ivy gruñe de forma adorable y me alcanza al mismo tiempo que yo reduzco la velocidad, por lo que acabamos trotando con tranquilidad uno al lado del otro.
—Las tierras de tu familia son maravillosas —comenta cuando el cielo comienza a llenarse de estrellas.
Ya casi hemos llegado a mi lugar favorito de todas nuestras seiscientas cincuenta hectáreas: el gran estanque donde mi padre nos enseñó a pescar.
Hay una pequeña cabaña a la orilla donde acampábamos en invierno para pescar en el hielo.
Es como si fuera una noche de finales de verano cuando Ivy se detiene para contemplar el agua.
—Es impresionante. ¿Y todo esto sigue siendo tuyo? —pregunta.
Es difícil de creer cuando lo dice así. Es mío. Es mi trabajo continuar con su legado.
—Correcto —respondo.
—Es mucha carga sobre tus hombros, ¿no? —inquiere—. ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Es una carga que aceptas encantado o que más bien soportas?
Parpadeo porque, la madre del cordero, nunca me habían hecho esa pregunta.
—Es mi derecho de nacimiento —me limito a contestar.
Apolo y yo nos hemos quedado quietos y Ivy cabalga en nuestra dirección y nos rodea.
—Eso no es lo que te he preguntado. La cuestión es: ¿quieres que sea tuyo?
Resoplo y trato de ser lo más honesto posible con ella.
—A veces. —Avanzo y me acerco al agua para observar brevemente el reflejo de la luna—.
Tengo que ocuparme de este sitio, nunca he tenido otra opción: lo de la enfermedad de mi padre pasó en un abrir y cerrar de ojos, y se lo llevó igual de rápido; Cole ya era ayudante del sheriff y ahora está a punto de convertirse en sheriff , y me niego a venderlo porque es donde me siento más cerca de mi padre, es lo que le mantiene vivo, si es que eso tiene sentido.
—Tiene todo el sentido del mundo —responde ella de inmediato—. Pero a lo que me refiero es a lo que tú quieres, Wade . Si pudieras seguir con este sueño y, a la vez, hacer algo para ti mismo, ¿qué sería?
Intento recordar todo lo que planeé para este lugar porque no pienso en ello desde hace una puta eternidad. Me encojo de hombros y decido sincerarme con ella.
—Siempre quise ampliar el sitio, quizá añadir alguna cabaña más y ofrecer escapadas de fin de semana.
Podríamos construir un granero de estilo rústico para celebrar bodas y generar más ingresos al llevar el rancho como destino turístico también.
Además, tenemos terreno de sobra para añadir una zona de hostelería.
Ivy me ofrece una sonrisa radiante.
—Eso es una puta pasada, ¿lo sabes, no? ¿Por qué no lo haces? La gente pagaría un montón por estas vistas de Sugarland .
Vuelvo a encogerme de hombros y me levanto el sombrero para frotarme la frente.
—Llevo mucho tiempo sin pensar en qué es lo que quiero, Lianta.
Suelta una carcajada y comienza a trotar hacia el establo.
—Pues a veces tienes que pasar de lo que quieren los demás, Wade .
Persigue tus sueños. Por lo que tú y tu familia habéis comentado sobre Janelle …
—Me estremezco al oír su nombre. No parece que te dejara ni un momento para que pensaras en ti.
Es como si solo hubieras dedicado tu tiempo a ella y a tu familia y, en algún punto entremedias, hubieras dejado de dedicártelo a ti mismo.
Tienes que ser egoísta de vez en cuando.
Mira el agua durante un segundo, vuelve a mirarme y, a continuación, rompe el cómodo silencio que se había formado entre nosotros.
—Si quieres convertir este lugar tan precioso en algo que otras personas puedan disfrutar, hazlo. Como solía decir mi padre: «Querer es poder».
—Parecía un hombre sabio —comento mientras cabalgo a su lado.
—Lo era… El mejor hombre que he conocido —contesta con la mirada distante, pero enseguida recupera su sonrisa—. ¡Te echo otra carrera hasta el establo!
Y sale disparada de nuevo.
Sin embargo, esta vez utilizo mi conocimiento del terreno a mi favor.
Me dirijo un poco hacia el oeste, aunque no me alejo mucho para no perderla de vista, porque sé que hay un claro entre los árboles que atraviesa el campo.
Cabalgo a toda velocidad de vuelta al establo, hasta que Ivy por fin me alcanza y me persigue.
Para cuando llego a nuestro destino, le llevo unos treinta metros de ventaja y me imagino todas las formas en que me va a recompensar por mi victoria.