Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 36
53%

Capítulo 36

Ivy

—¿Y qué es lo primero que vas a hacer con ella? —me pregunta Cole cuando recogemos la mesa. Me he quedado para ayudar a limpiar porque Wade y Haden se han ido a arreglar el establo que dentro de poco será el hogar de mi nueva potra.

—Acostumbrarla a sus arreos, a un jinete y al ruedo. Luego, si todo va bien, empezaremos con los entrenamientos. Cuando Rowan se acostumbre a trabajar con ella, la llevaremos a Florida para comprobar su potencial.

—Solo quedan tres meses. ¿Tendrás tiempo suficiente para prepararla para las pruebas? —pregunta Cole . Parece realmente interesado en el tema.

—Creo que sí. Ya han trabajado un poco con ella en el rancho Robicheaux : la han acostumbrado a la silla de montar y a estar rodeada de gente. A ver cómo va. —Sonrío y Cole asiente con la cabeza.

—¿Iréis en coche?

—Es lo más probable. Florida no está muy lejos y como tendremos que llevar mucho equipo, pues Dusty puede remolcarla con el diésel —menciono la enorme camioneta Ford que los Ashby utilizan para transportar a los animales.

—Vas a pasar casi diez horas encerrada en la camioneta con Wade . ¡Qué suerte tienes! — Cole se ríe mientras limpia la encimera.

Se parece mucho a su hermano, aunque Cole es unos centímetros más bajo que Wade y tiene la mirada amable de Jo . Por su parte, Wade tiene la cara más afilada y su mirada es más intensa.

—Algo me dice que a Ivy no le importa estar tanto rato con Wade . O sea, todavía no te he visto darle un puñetazo e incluso habéis compartido habitación —comenta Nash según mete los platos en el lavavajillas.

Me encojo de hombros.

—Me estoy acostumbrando a él.

—Se necesita tener un alma especial para trabajar para Wade . Es muy… particular. Había días en los que Sam quería darle una paliza —comenta CeCe desde la isla de la cocina.

Sus palabras me recuerdan que mi sitio aquí no es definitivo. Por lo que sé, Sam planea volver en abril.

—Desde lo de Janelle , es como si estuviera resentido con la vida. Wade siempre fue un tipo serio, pero… antes de que apareciera ella, tenía su lado divertido —añade.

—Me alegro de que tenga un nuevo proyecto en el que centrarse, así está ocupado —dice Nash sin parar de limpiar—. Estuvo mucho tiempo con Janelle y sé que ella no le ha dejado marchar del todo.

—Espero que la mande a freír espárragos si vuelve. — Cole se encoge de hombros y se zampa lo que le queda de galleta.

—Querrás decir cuando vuelva… En cuanto se aburra de los yogurines del pueblo, vendrá arrastrándose a por Wade . Era demasiado bueno para ella y en cuanto se dé cuenta de lo que ha perdido, volverá —lo corrige Nash .

A juzgar por lo que dicen de Janelle , es como una versión femenina de Brad , así que entiendo perfectamente a Wade . Se merece a alguien muchísimo mejor.

—Puede que se haya olvidado ya de ella —suelto sin pensar e ignoro el nudo que se me ha formado en el estómago por culpa de esta conversación.

Nash me lanza una mirada llena de astucia y añade:

—La cosa es que ni siquiera creo que la quisiera, pero Janelle es una manipuladora de primera.

—Espero que haya acabado con lo de Janelle de una vez por todas —comenta Mamá Jo mientras barre. Después, añade con una sonrisa—: Aún tengo la esperanza de que conozca a una chica que lo quiera de verdad. Se merece ser feliz.

Me aclaro la garganta.

—Gracias por la cena, estaba deliciosa. Si no os importa, voy a ver si Wade necesita ayuda con las cosas de Ángel —les informo.

Jo se acerca a mí y me pellizca la mejilla con suavidad. Nunca dejará de sorprenderme cómo es posible que no aparente tener sus sesenta años. Espero seguir siendo tan atractiva como Mamá Jo cuando sea mayor.

—Eres más que bienvenida, cariño. Estamos muy contentos de tenerte con nosotros.

Le devuelvo la sonrisa.

—Yo también lo estoy.

—Mañana es un día muy importante. —Sonríe mientras me pongo mi sombrero de vaquera—. Que duermas bien y dale las buenas noches a Wade de mi parte —canturrea cuando me dirijo hacia la puerta.

No me pierdo el brillo en sus ojos al decir esto último. Un destello que me indica que la madre de Wade sospecha que hay algo entre nosotros.

A pesar de estar a principios de noviembre, el aire es inusualmente cálido y mientras camino hacia el establo principal según comienza a oscurecer, le empiezo a dar vueltas a lo que pasó este fin de semana y al lío en el que me he metido.

Me he enrollado con un compañero de trabajo otra vez…

Wade no es Brad y la situación es completamente diferente.

Wade me trata como si fuera su igual y, por muy gruñón que sea, no tiene ni una pizca de maldad en su interior.

Aun así, esto es algo temporal porque estoy sustituyendo a otra persona.

¿Qué será de lo que tenemos mi jefe y yo cuando tenga que irme a la otra punta del país para buscar un trabajo nuevo?

Suelto un profundo suspiro e intento no darle tantas vueltas, cosa que siempre acabo haciendo. Esto es simplemente sexo: nos sentimos atraídos el uno por el otro y nos estamos divirtiendo. ¿Es un sexo increíble y alucinante? Sí, pero nada más. Wade es un hombre como otro cualquiera, ¿no?

Siempre y cuando respetemos los límites entre lo personal y lo laboral, no hay razón para que no podamos trabajar bien juntos y, al mismo tiempo, divertirnos en la intimidad. Diré adiós al sexo alucinante en el momento en el que empiece a interferir con el trabajo.

Cuando estoy a punto de convencerme a mí misma de que puedo compaginar perfectamente trabajar y tener sexo con Wade , lo veo montado a caballo.

Su sombrero de vaquero le protege el rostro de los últimos rayos de sol.

Las mangas de su camisa de franela, que se ha arremangado hasta los codos como de costumbre, dejan al descubierto sus antebrazos fuertes mientras sujeta con destreza las riendas con una mano y, con la otra, tira de las riendas de otro corcel que trota alegremente a su lado.

Su cuerpo se mueve con soltura sobre Apolo ; es como si hubiera nacido para montar a caballo.

Sus desgastados Levi’s se ciñen a sus potentes piernas y lleva las botas de vaquero hechas a medida más grandes de todo Tennessee que he visto en mi vida.

Cuando me ve, esboza una sonrisa socarrona y se acerca lo suficiente como para que pueda ver sus preciosos ojos verdes.

—Monta conmigo —me ordena con esa voz tan profunda que parece llenar el campo que nos rodea.

«¿A quién quiero engañar? Estoy en la puta mierda».