Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 28
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Capítulo 28

Wade

Veo que Ivy traga saliva. No hace falta ser un genio para saber que aún no he solucionado mi puto problema.

Lo normal es que retroceda y se tape los ojos, pero no se mueve y permanecemos así durante lo que parece una eternidad.

Sigo acariciándome mi polla dura como una piedra, desnudo y de espaldas a ella, mientras me mira por el espejo.

Lo único que se oye es su respiración, que se acelera cuando se fija en mi tamaño y se da cuenta de que seguramente la llenaría como nunca antes lo habían hecho.

La respiración de Ivy se vuelve cada vez más superficial a medida que se va acercando, hasta que se detiene justo detrás de mí. Me preparo para lo que sea que vaya a pasar, pero no dejo de acariciarme la polla.

Al fin y al cabo, ha sido ella quien entró aquí.

Coloca sus delicadas manos sobre mis hombros y las baja por mis brazos. En cuanto sus dedos tocan mi piel, sé que no hay vuelta atrás. Casi pierdo el sentido al notar su roce. Sigo masturbándome con una mano y uso la otra para agarrarme con fuerza al lavabo.

—¿Qué ha pasado con lo de no mirar? —Le sonrío con sorna a través del espejo. Solo puedo verle uno de sus ojos azules.

Traga saliva y habla con una voz temblorosa que sigue derrochando confianza.

—La verdad es que… nunca he sido una girl scout . Ni siquiera conozco a ninguna, así que… sus valores me importan una mierda.

«Me cago en la puta».

Me doy la vuelta, me cierno sobre su cuerpo con mis ojos clavados en ella y le hago un gesto con la cabeza para que mire hacia abajo.

—Pues continúa. Sigue mirando —ordeno.

Ivy hace exactamente lo que le digo y baja la mirada. Saca la lengua y se humedece el labio inferior mientras jadea. Después, sus ojos vuelven a posarse en los míos.

— Wade … —Casi gimotea. Hay una pregunta en el aire y estoy deseando responderla.

Le acaricio la mandíbula con los nudillos de mi mano libre, sin dejar de acariciarme la polla con la otra, mientras me inclino hacia su boca y le acuno el rostro para acercarla aún más. Respiro hondo e inhalo su dulce aroma a azúcar y canela.

—Joder, lo he intentado, Ivy . Pero estoy cansado de fingir que no pienso en tocarte cada puto segundo del día.

Sabía que me ibas a traer problemas, pero lo único que he querido hacer desde que te conocí es enseñarte para que te comportes —confieso y un gemido se escapa de sus labios.

Luego añado—: Todos los hombres tienen su límite.

Le acaricio el pómulo con los nudillos y con la otra mano me sigo ocupando de mi polla, que está desesperada por follar.

—Has entrado aquí, así que dime que lo quieres. Dime que deje de ser un caballero. Dime que sea el hombre que estabas buscando, Ivy .

Deslizo el pulgar por su labio inferior y se lo meto en la boca. Su calidez me consume cuando no duda en chuparlo con fuerza.

—Sabes qué palabras usar —la insto.

Ivy parpadea, me rodea el cuello con los brazos y susurra las palabras que me hacen perder el control. Las palabras que amenazan con destruirme por completo.

—Te lo suplico…

Tras soltar un gruñido, libero mi polla, la abrazo por la cintura y dejo que mi boca devore la suya.

Es un beso descuidado, un choque tórrido de labios, lenguas y dientes.

Con fervor, deslizo las manos por su cálido cuerpo y las meto bajo sus pantalones cortos.

A continuación, aprieto su culo como llevo deseando hacerlo durante tanto tiempo.

Encaja perfectamente en mi mano, justo como me gusta.

En cuanto lo aprieto, se pega más a mí y gimo contra sus labios mientras ella gimotea.

Siento una suave calidez y presión en las caderas y en la columna cuando la levanto y la llevo hasta la cama, donde se pone de rodillas.

Ivy alarga un brazo y coloca una mano sobre mi mandíbula tensa.

Posa la otra directamente en mi entrepierna y me roza la polla.

Me la agarra con fuerza y deja escapar un pequeño jadeo cuando inclino la cabeza hacia ella.

Mi lengua explora cada rincón de su boca con avidez y durante un minuto, dejo que su dulzor se extienda por mis papilas gustativas para, a continuación, cogerla por las caderas y atraerla hacia mí tanto como puedo.

Estoy así durante un buen rato y saboreo cada centímetro de su boca.

Le aparto la mano de mi polla y coloco su palma abierta bajo sus labios.

—Escupe —gruño, lo que hace que abra los ojos como platos.

«La necesito ya».

No se lo cuestiona, así que me obedece como la buena chica que sé que es y escupe en su palma.

—Otra vez —ordeno porque sé cuánto tiene que cubrir.

Obedece y escupe de nuevo. Luego vuelve a llevarla hacia mi polla e intenta rodearla por completo con desesperación, pero fracasa estrepitosamente porque soy demasiado grande y eso hace que esté aún más ansioso por llenar todos y cada uno de sus estrechos agujeros.

Durante un instante, el ritmo de sus caricias me arranca un gruñido profundo que me atraviesa el pecho y llevo mi boca a la suya para que se lo trague con avidez.

—¿Puedo? —pregunta mientras le lamo y chupo su jugoso labio inferior.

Está a punto de conocer una faceta de mí para la que puede que no esté preparada, pero estoy demasiado metido en esto como para contenerme.

—¿A qué te refieres? —pregunto.

Ivy gime cuando le pellizco los pezones a través de su vaporosa camiseta de seda.

—¿Quieres chuparme la polla, Lianta? —exijo saber.

—Sí, quiero, joder —gimotea—. Pero es que… Nunca lo he hecho como tal.

Me quedo paralizado. «Espera, ¿qué?».

—O sea… los hombres con los que estuve antes de Brad fueron rollos pasajeros y él… él nunca quiso que se lo hiciera.

«¿Qué cojones?». Lo primero que pienso es que no hay que fiarse de un hombre que no quiere que se la chupen. Lo segundo es que, si soy el primer tío que le va a meter la polla hasta la garganta, entonces voy a aceptar ese honor con mucho orgullo.

La beso. No me voy a cansar de ellos en la puta vida.

—No te preocupes. Te diré lo que tienes que hacer —le aseguro mientras le paso el pulgar por el labio.

Estoy tan duro que hasta me duele y cuando se deja caer sobre la cama, se sienta y me mira expectante.

Sus piernas están abiertas a ambos lados de las mías.

Se las separo más porque me encanta verla así.

Está a la altura perfecta para besar la punta de mi pene.

Antes de que lo haga, me tomo un momento para levantarle la barbilla y contemplar la imagen que me ofrece.

La devoro con la mirada. Está tan preciosa y parece tan inocente así…

Me devuelve la mirada con esos ojos azules, las mejillas sonrojadas, las pupilas dilatadas y los labios hinchados de tanto besarme.

Es lo más bonito que he visto en la vida y ver cómo espera a que le embadurne los labios con mi semen me enciende por dentro.

Deslizo la mano por su mejilla y dejo que mis dedos descansen en su pelo a la vez que trazo una línea con el pulgar desde su mejilla hasta su mandíbula.

Luego tiro hacia abajo de su labio inferior y le abro la boca.

Qué belleza, Dios.

—Saca la lengua, Ivy . Enséñame dónde quieres mi polla —le ordeno mientras gime y hace lo que le digo.

Tras abrir aún más la boca, saca su lengua rosada para humedecerse los labios. Un poco de líquido preseminal gotea de la punta ante la expectación de que pose sus labios sobre mí.

—Más —exijo y le enseño cuánto espacio tiene que darme. Dejo caer mi polla sobre su lengua y le ordeno—: Chupa.

Sube la lengua y me roza la punta de mi polla rígida.

Respiro hondo cuando siento su contacto y no paramos de mirarnos a los ojos.

Casi pierdo el control al verla así, pero no sé cómo, consigo contenerme y sacar fuerzas de donde no las tengo porque quiero disfrutar cada segundo de su primera mamada.

—Eso es. Ahora envuélveme la polla con esos labios tan bonitos mientras te la meto en la boca y no quiero que dejes de mirarme bajo ningún concepto —le digo y me señalo los ojos para enfatizar mi orden.

Ivy asiente, me rodea la base con la mano y me recorre la punta con la lengua.

Se mueve despacio, como si todo esto fuera nuevo para ella, y me es casi insoportable.

Sus labios carnosos me envuelven mientras su lengua recorre la parte inferior de mi miembro.

El calor de su boca inunda mis sentidos y más cuando mueve la lengua de la misma forma que al besarme.

Gimo. Se le da mucho mejor de lo que ella cree.

Me deleito con la visión que me ofrece.

—Joder, estás preciosa con mi polla en la boca —le aseguro.

La saco para que descanse un poco.

—Te la voy a meter más. No te preocupes, te diré qué hacer —digo al mismo tiempo que agarro su pelo con mi puño y me introduzco más profundamente en su boca. Echo la cabeza hacia atrás; creo que acabo de morir y he ido directo a mi paraíso personal cuando toco su garganta.

Le dan arcadas y balbucea alrededor de mi miembro, pero eso no me detiene.

—Trágame entero y lámeme aquí cuando lo hagas, despacio —la instruyo y me acaricio la base de la polla.

Ivy hace exactamente lo que le digo y se atraganta aún más cuando intenta recuperar el aliento.

Me encanta—. Si te resistes así solo estás consiguiendo que me ponga más duro y que quiera follarte la garganta hasta el fondo.

Suelta un gemido de deseo y la vibración de este me recorre por completo.

«Hostia puta». Quiero arruinarla.

—Buena chica. Te gusta atragantarte con mi polla, ¿a que sí? —gruño y sigo follándole la boca.

Ivy gime de nuevo y asiente con los ojos abiertos y llorosos. Entro y salgo de su boca de tal forma que golpeo la parte posterior de su garganta con cada profunda embestida. Me quedo ahí quieto durante unos segundos mientras la agarro por la nuca y enredo los dedos entre su pelo suelto.

Gimotea y se le escapa una lágrima que se desliza por su mejilla. Levanto el pulgar para atraparla antes de que caiga y la lamo. Hasta sus lágrimas saben bien.

Ya no soy un hombre, sino una bestia que quiere devorarla entera.

Pongo los ojos en blanco cuando Ivy va cogiendo el ritmo.

Parece que ha nacido para chuparme la polla porque alterna entre largos y perezosos movimientos de su lengua con tirones dulces que hacen que sus mejillas se ahuequen alrededor de mi miembro.

Los minutos pasan y yo me deleito con su ardiente boca.

Todos los pensamientos obscenos que he tenido sobre ella afloran a la superficie, así como mi inminente orgasmo. No aguantaré mucho más.

Vuelve a gemir suavemente mientras aumenta el ritmo y me acaricia, lo que hace que su saliva me embadurne toda la polla por la profundidad con la que la estoy tomando y reclamando según me follo su hermoso rostro.

—Eso es, lo estás haciendo muy bien —la animo. Le acaricio la mejilla con el pulgar y ella me toma por completo—. Me voy a correr, Ivy , y te lo vas a tragar todo, ¿entendido?

Estoy tan cerca…

Asiente con la cabeza y gime alrededor de mi polla, lo que hace que se me nuble la vista.

Le tiro levemente del pelo para echarle la cabeza un poco para atrás.

Abre la boca y, sin apenas tocarme con sus labios, me mira con los ojos entrecerrados.

Saca la lengua con una sonrisa burlona y me vuelvo loco.

Unos chorros de semen calientes salen disparados y caen en su boca, sus labios y su barbilla.

Murmuro algo parecido a «¡Joder!» y «Qué buena chica eres» mientras farfullo su nombre y, al cabo de un rato, vuelvo a la realidad.

La miro y le paso el pulgar por la barbilla para limpiarle el semen que se le ha escapado de entre los labios y metérselo en la boca de nuevo.

—Hasta la última gota —le recuerdo. Se lleva mi pulgar a la boca y lo chupa como la alumna obediente que es. Gimo y noto que mi polla ya tiene ganas de más.

La agarro de los brazos para ponerla de pie y le devoro los labios. Me saboreo en su boca y me pone tanto que creo que voy a morir.

Ivy suelta un gemido.

— Wade , estoy… muy excitada. Necesito… Necesito…

Me río contra sus labios.

—Créeme, Ivy , ya sé lo que necesitas. Lo que debería preocuparte es que no te deje descansar en cuanto estés satisfecha. —La beso en los labios con suavidad y sonrío.

En ese momento, me doy cuenta de que no tiene ni idea de lo que le espera.

Esto no ha hecho más que empezar.