Capítulo 29
Ivy
Madre del amor hermoso. Si tengo que morir joven, que sea mientras que Wade Ashby se cierne sobre mí con su increíble cuerpo y presiona su enorme polla, y cuando enorme significa enorme, contra mí.
Ya no hay marcha atrás. Si pierdo mi trabajo después de esto o si se vuelve incómodo, me importa una mierda.
Valdrá la pena. Tomé la decisión en cuanto abrí la puerta del baño y lo pillé masturbándose.
Nunca había visto a un hombre hacerlo con tanta seguridad y nunca había visto una polla tan grande como la suya, pero no podía apartar la mirada, aunque supe que no debería haber estado allí.
—Sabes tan bien —susurra Wade contra mis labios y me besa con tanta intensidad que juraría que ha ganado premios por besar. Le daría una medalla aquí y ahora. Un puto oro olímpico.
Me lame la lengua con la suya en movimientos lentos y deliciosos.
Explora minuciosamente mi boca, una forma de besar que nunca había experimentado, mientras me agarra la mandíbula y va bajando la mano hasta mi garganta como en la primera noche que nuestros labios se encontraron.
Me acaricia suavemente el centro con el pulgar y me doy cuenta de que podría rodearme el cuello entero con facilidad si quisiera.
Quizá ese dato debería asustarme, pero no lo hace en absoluto.
Al contrario, creo que me pone aún más. Wade retrocede para mirarme y me recorre el rostro con la mirada y llega a la meta final: mis labios.
—Te voy a adorar como a una diosa esta noche —afirma con voz profunda y grave mientras me besa.
Gimo contra sus labios.
—Por favor… sí, por favor —suplico. Es lo único que consigo decir. No puedo pensar. En este momento, solo existo para rogarle que me toque y me acaricie.
—Me encanta oírte suplicar, Ivy . No tienes ni idea de lo que provoca —confiesa Wade mientras me pasa la lengua por el labio inferior.
Lo succiona bruscamente y lo mantiene dentro de su boca durante unos segundos antes de soltarlo con un pequeño chasquido—.
Como no consigo controlarme del todo cuando estoy contigo, tienes que prometerme que, si me pongo muy brusco, me lo dirás.
Es la única manera de que esto funcione.
Si es demasiado, pellízcame en el muslo.
Unas pequeñas punzadas de miedo me recorren la espalda, pero la necesidad que siento por él las supera con creces.
Lo miro a los ojos, que me observan con seriedad a la par que parecen suplicarme.
En ese instante, me doy cuenta de que Wade Ashby tiene un lado oscuro.
Puede que sea una masoquista, pero no siento miedo, solo ansias.
Diga lo que diga Wade , sé que jamás me haría daño.
Lo único que me sorprende es que, hasta esta noche, no se me había pasado por la cabeza que no me asustaría que Wade fuera un poco brusco conmigo. De hecho, puede que incluso lo desee.
Asiento con la cabeza y vuelvo a gemir en voz baja porque Wade ha deslizado la mano por mi garganta y la ha metido bajo mi camiseta.
Me pellizca un pezón y luego lo acaricia con el pulgar y lo retuerce entre sus dedos como si tuviera todo el tiempo y la energía del mundo para torturarme durante horas.
—Necesito que lo digas en voz alta, Ivy . Escuchar tu consentimiento es lo más importante para mí. —No me sorprende lo más mínimo—. Dime que esto es lo que deseas —ordena.
—Te deseo tanto, Wade , que apenas puedo pensar. ¿Te basta con eso? —bromeo y un calor profundo y exquisito se acumula en mi bajo vientre.
No deja de acariciarme, pellizcarme y retorcerme los pezones.
¿Puedes correrte con que solamente te toquen los pechos?
Porque, Dios santo, esto es una delicia.
Un gruñido grave surge del pecho de Wade mientras me incorpora y me quita la camiseta de tirantes, la cual acaba rasgando.
Después, me recorre el cuerpo con su boca cálida.
Sus labios encuentran uno de mis pezones y me acaricia el otro con la mano como si necesitara ocuparse de ambos a la vez.
Con habilidad, mueve los labios hacia mis hombros, mis brazos y mi cuello.
Me devora con besos devastadores y hambrientos; me mordisquea el cuerpo para luego besarlo como si de un bálsamo para el dolor se tratara.
Parece tener una sed que solo mi piel puede saciar.
Está en todas partes y, a la vez, no en las suficientes. Entre jadeos, le suplico que me dé más.
Wade vuelve a subir para besarme en los labios y desliza su mano por la cintura de mis pantalones cortos.
Me agarra la cadera y la masajea con fuerza al tiempo que se coloca entre mis muslos y presiona su pene contra mi clítoris dolorido.
Es evidente que estoy empapada y estoy segura de que puede sentirlo a través de la tela de mis bragas y de mis pantalones.
Me froto contra él sin pudor y arqueo el cuello hacia atrás. Imágenes de su polla llenándome me consumen. Voy a morir como siga alargando esto, pero él balancea sus caderas de forma lenta y deliciosa, como si estuviera avivando un fuego. Van con tanta calma; cada movimiento parece premeditado.
Justo cuando estoy a punto de suplicarle de nuevo, desliza los dedos hacia mi centro y aparta mis finas bragas de algodón. Respira hondo y suelta un «Joder» cuando nota que estoy chorreando.
—¿Es por mí? Dios, estás empapada —declara Wade y casi me arranca los pantalones y las bragas de un tirón. Me tumbo debajo de él, desnuda y jadeante.
—¿Qué esperabas si me tocas así? Es culpa tuya —susurro y Wade esboza una sonrisa socarrona.
—Me encanta que me empapes la mano. Me encanta… —Me besa—. Qué ganas de que me empapes la polla.
«Dios mío…».
Wade observa mi cuerpo con atención. Parece ansioso por querer disfrutar de cada centímetro de mi piel desnuda.
De forma instintiva, me muevo para cubrirme las caderas y el vientre.
Nunca me había sentido acomplejada hasta que conocí a Brad y él me machacó con ello.
Ahora estoy aprendiendo a sentirme otra vez cómoda con mis curvas y mi cuerpo.
—No hagas eso, ni se te ocurra cubrirte conmigo. Jamás. Eres perfecta, Ivy . Pura perfección, ¿entendido?
Asiento con la cabeza. Una sensación de calidez me inunda el pecho y su elogio prende algo en mí que no sabía que necesitaba.
Wade introduce un dedo enorme en mi coño mojado y, al instante, arqueo la espalda. Suelta un gemido al escuchar mi gruñido, lo que me excita aún más. Me sonríe con suficiencia cuando se da cuenta del efecto que tiene sobre mí, como si supiera un secreto que yo desconozco.
—Voy a destrozar este coño apretado y te va a encantar cada segundo de ello, pero me voy a tomar mi tiempo.
Mueve los dedos con maestría y cada vez estoy más cerca del precipicio.
—Te voy a llevar poco a poco hacia el orgasmo y solo me dejaré llevar cuando estés dispuesta a intercambiar tu alma por mi puta polla —gruñe mientras añade otro dedo y me acaricia el clítoris con el pulgar.
Voy a correrme por sus dedos y apenas me ha tocado.
Me observa mientras me retuerzo. Jadeo desesperadamente y me importa una mierda el aspecto que tengo o los sonidos que estoy emitiendo.
—Mira lo preciosa que estás así con tu cuerpo suplicándome que te llene.
Menuda boca tiene este hombre. Sus palabras son demasiado para mí… Me van a tirar del precipicio al que me aferro como si me fuera la vida en ello. Wade me folla con los dedos con destreza mientras gimo.
—Eso es, córrete para mí. Muéstrame cuánto puedes empaparme la mano —me insta.
—¡Oh, Dios! Joder, Wade —grito.
Fuegos artificiales parecen estallar tras mis párpados y el cuerpo me tiembla mientras me rompo en mil pedazos y hago lo que me pide: le empapo la mano y el antebrazo. Wade me deja recuperar el aliento y me planta un casto beso justo debajo del lóbulo de la oreja. Después me susurra:
—Una regla… Solo puedes decir mi nombre al correrte, Ivy . Ni siquiera quiero que menciones a Dios. Cuando estás en mi cama conmigo, él no pinta nada aquí, ¿entendido?
Asiento con la cabeza.
—Buena chica. Ahora, vamos a por el siguiente. Abre las piernas.
«¡Dios santísimo!». ¿Quién es este hombre que se esconde tras la fachada de un Wade modesto y reservado, y cómo narices me lo puedo quedar?