Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

— Peter me dijo que notaba un cambio en mí y que estaba preocupado.

Fue él quien me envió tu oferta de trabajo como entrenadora.

Ver ese anuncio me dio esperanzas, podía ser un nuevo comienzo, una oportunidad para vivir lejos de Brad y empezar de cero.

Podía seguir mis sueños y no habría nadie que me jodiera la vida.

Tomé la decisión y me prometí a mí misma y a mi padre que jamás me volvería a pasar algo así.

—Me mira durante un breve instante, como si dudara de si debería continuar o no.

Subo mi mano, le froto con suavidad el hombro y asiento—.

La noche en la que intenté dejar a Brad , la noche en la que conduje hasta Laurel Creek en verano, guardé todas mis cosas en el coche.

Planeaba irme antes de que él llegara, aunque le había dicho que iba a visitar a mi madre en Jellico …

Ivy tiene la mirada perdida, como si su mente estuviera a muchos kilómetros de aquí, y lo único que quiero hacer es aplastarla contra mí y decirle que todo irá bien.

—Era jueves. Todos los jueves salía con los chicos, pero no sé por qué ese día volvió antes a casa.

Estaba bastante borracho, que era cuando me trataba peor, y mi maletero estaba abierto en la entrada con todas mis cosas dentro.

Volví a casa un momento para comprobar que lo tenía todo.

Si no hubiera vuelto a entrar, Brad habría llegado demasiado tarde y yo ya no habría estado allí.

Cuando salí, estaba junto a mi coche y supo al instante lo que pretendía.

Ivy cierra los ojos como si intentara borrar el recuerdo de su mente.

—Me arrebató el bolso de la mano y se metió en casa.

Me dijo que no me iba a ir y, una vez dentro, lo tiró al suelo y salió a buscarme.

M-me estampó contra la pared y soltó cosas tan horribles que no estoy dispuesta a repetirlas.

En ese momento, algo dentro de mí se rompió.

El modo en que me miraba, la forma en que me sujetaba.

Levantó la mano y recuerdo que pensé: «Me va a pegar».

«Voy a matar a ese hijo de la gran puta».

—Le di un rodillazo en la entrepierna con todas mis fuerzas para defenderme y se desplomó como un saco de patatas.

—Sonríe entre las lágrimas y, por un segundo, sé que está orgullosa de sí misma.

Le doy un apretón en el hombro—. Podría haber salido corriendo, pero no lo hice.

Le empecé a golpear y no paré. Le golpeé y le golpeé hasta que le quedó claro que jamás me volvería a poner la mano encima.

«Joder con mi pequeña fierecilla, así se hace».

—No pude contenerme… Toda la ira que tenía acumulada salió a la superficie.

Podría haberlo matado, incluso miré a mi alrededor en busca de algo con lo que golpearlo si se levantaba y venía a por mí, pero la voz de mi padre me detuvo.

Te juro que le escuché decir: «Tú no eres como él, ángel, vete ya».

—Se le escapa una lágrima solitaria mientras me cuenta su historia, pero se la seca rápidamente—.

Así que me fui corriendo hasta el coche, me subí y me largué sin mirar atrás.

Me presenté en tu puerta dos días después y el resto ya lo conoces.

Sin ni siquiera notarlo, estaba conteniendo la respiración, así que espiro el aire que tenía acumulado y me detengo a un lado de la carretera justo cuando el sol se está poniendo.

Ha sido un día muy largo y necesito un segundo para mirarla.

No dejo de pensar en la forma en que llegó a mi rancho: con tan pocas pertenencias, pero cargada de esperanza.

Cuánto me alegro de que aguantara mis gilipolleces y se quedara.

—Siento que hayas pasado por todo eso. Y hostia puta, si nunca se lo has contado a nadie, si nadie más conoce esta historia, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti.

Orgulloso porque buscaste la ayuda que necesitabas, orgulloso porque fuiste lo suficientemente valiente como para defenderte de él antes de que pudiera pegarte o incluso violarte.

—Le acuno la cara con la mano y le acaricio la mejilla con el pulgar—.

Ya no tienes por qué tenerle miedo. No pienso permitir que te vuelva a hacer daño.

Ivy levanta la mano para apretarla contra la que tengo en su mejilla y sonríe con los ojos aún vidriosos por las lágrimas.

—Esa es la cuestión, Wade . No necesito que nadie venga a salvarme. Lo único que me asusta, aunque sea mínimamente, es que cuando por fin salí de la hipnosis en la que me tuvo durante tanto tiempo, podría haberlo matado por cómo me trató y no me habría arrepentido de ello ni una sola puñetera vez.

Para nada es la respuesta que esperaba. Y, Dios santo, no sé cómo es posible, pero creo que acaba de hacer que me guste aún más de lo que me gustaba hace cinco segundos.

—Pero estabas supersexy mientras protegías mi honor —añade con una sonrisa.

Como siempre, cambia de tema en menos de dos segundos. El simple cambio de tono en su voz hace que se me acelere el pulso. Ivy es un precioso torbellino y siempre va un paso por delante de mí.

Solo de pensar en que alguien le haga sentir que no es suficiente me provoca una ira que nunca antes había sentido. Pero, sin duda, el sentimiento que más prevalece es el de orgullo.

Lo tiene todo bajo control y no necesita que me encargue de la situación. Nunca había conocido a una mujer así. Es refrescante.

Es una puta guerrera.