Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

—Luego, las críticas fueron yendo a más: pasaron a mi trabajo, a mi forma de entrenar y a todo lo que siempre hacía mal.

Un par de años después, me planteé cortar con él.

Era evidente que ni siquiera buscábamos lo mismo: yo quería casarme y formar una familia en el futuro, pero Brad no, así que empecé a idear un plan para irme.

No era feliz, pero entonces… todo se vino abajo.

En ese momento me enteré de… bueno, algo bastante devastador.

—La miro sin poder imaginarme a qué se refiere—.

Básicamente, puede que me cueste tener hijos.

Sin entrar en muchos detalles, lo más probable es que no sea capaz de tener un embarazo sin complicaciones, si es que me llegara a quedar embarazada siquiera.

Me dijeron que sería «muy difícil». Brad hasta pareció alegrarse por ello al principio, pero a los pocos días…

fue muy cruel conmigo porque no le podría dar descendencia que llevara su apellido.

—Empieza a juguetear con la correa de su bolso—.

Me dijo que debía darle las gracias por que se quedara conmigo porque otro hombre no lo haría.

Después de eso, cuando se enfadaba mucho conmigo, él…

decía que «no valía mucho a la larga». —Hace el gesto de las comillas con las manos y me dan ganas de matarlo—.

Por eso me dolió tanto al escucharlo antes.

Se me vino todo de golpe y él sabía que lo haría.

He dejado que me afectara, aunque sé que no debería.

Soy plenamente consciente de ello. —Se encoge de hombros.

Alargo el brazo instintivamente y dejo caer la mano entre nuestros cuerpos.

Me permito un momento de debilidad y la toco como puedo, aunque solo sea por un instante, así que estiro el dedo meñique y lo envuelvo alrededor del suyo mientras habla.

No se inmuta ni se mueve, sino que respira hondo, como si mi contacto la tranquilizara y anclara al presente. «Será hijo de puta malnacido».

—Hostia, Ivy , debería haberte consolado y debería haberte apoyado, no hacerte sentir que no eras suficiente.

Miro por la ventanilla y me debato conmigo mismo. No nos hemos alejado mucho todavía.

—¿Puedo volver? Quiero volver… Voy a volver —afirmo con seguridad y estoy a punto de frenar para dar media vuelta. Quiero volver al aparcamiento a toda velocidad y reventar a hostias a Brad .

—No. Por favor, no va a cambiar nada y solo mancharía el nombre de tu familia.

—Puede ser, pero me haría sentir muchísimo mejor.

— Wade . —Me aprieta los dedos con fuerza—. Sigue conduciendo, por favor.

Aprieto los dientes para no soltar todas las palabrotas que me sé, pero hago lo que me pide y sigo conduciendo porque ahora mismo no se trata de mí, sino de ella. Pero no puedo evitar añadir:

—Espero no volver a encontrármelo nunca más.

Ivy asiente con la cabeza.

—Esperemos, pero no vale la pena. —Me aprieta la mano—.

Te lo digo de verdad. Cuando nos conocimos, yo con mis veinticuatro años y él con sus casi treinta, parecía tan sensato, tan estable…

Pero cuando miro hacia atrás, sé que incluso el cariño y la intimidad eran su forma de jugar conmigo —confiesa.

Hago una mueca de rabia, pero me obligo a escuchar y a permanecer calmado.

—Me lo daba como recompensa o me lo quitaba para castigarme, y ni siquiera era bueno. —Se sonroja, pero sonríe al admitirlo—. Todo lo usaba como arma y para sus juegos mentales.

Aprieto los dientes de nuevo para contenerme y no empezar a despotricar por la boca porque, ahora mismo, no es eso lo que Ivy necesita.

Me digo a mí mismo que solo tengo que escucharla y estar ahí para ella, pero, al mismo tiempo, mi autocontrol con esta mujer es casi inexistente, sobre todo ahora que empiezo a sentir la necesidad de cuidarla y protegerla.

—Voy a conducir un poco más rápido —le informo—. Tengo que hacerlo. Necesito alejarme de aquí lo antes posible.

Ella asiente y contempla el paisaje de regreso a Nashville que tenemos a nuestro alrededor. Al cabo de un rato, vuelve a hablar.

—No te lo he contado para que te conviertas en mi héroe.

Ahora sé lo que valgo e incluso si mi destino es no tener un bebé, él nunca debería haberme menospreciado de esa manera.

Empecé a ir a terapia porque me peleaba constantemente con mi autoestima tras varios años bajo el yugo de Brad .

Mi padre me crio para ser fuerte y sentía que lo estaba decepcionando, si es que eso tiene algún sentido.

Después de seis meses de terapia en secreto, pude admitirme a mí misma que Brad estaba abusando emocionalmente de mí.

También seguía en contacto con mi antiguo mentor, Peter , de la American Association , sin que lo supiera Brad , por supuesto.

Tener amigos hombres siempre era motivo de pelea, aunque ese fuera el mejor amigo de mi padre y lo suficientemente mayor como para ser mi propio padre.

«Me cago en la puta».