Capítulo 25
Wade
Nunca había visto a Ivy tan furiosa. Siempre irradia felicidad y despreocupación, así que ver su rostro mientras observa a quien coño sea este vaquero de brillante sombrero al otro lado del pasillo hace que me salten las alarmas y me prepare para atacarlo si es necesario.
Ivy tiene los ojos oscuros y atormentados.
Empiezo a caminar más deprisa y obligo a mis piernas a aumentar el ritmo para alcanzarla antes que él.
Justo cuando llego a su lado, el vaquero Ken se acerca e intenta abrazarla. La expresión de Ivy es de auténtico pánico, pero justo me planto delante de ella y le tiendo la mano con tranquilidad para presentarme.
— Wade Ashby —lo saludo y siento que Ivy se relaja detrás de mí.
El vaquero me mira sorprendido, como si no supiera de dónde cojones he salido.
— Brad , Brad Bellingham —se presenta y me estrecha la mano.
Me percato al instante de que es un flojo, igual que su apretón de manos. Ya decía yo que me resultaba familiar…
—Bueno, ¿podemos hablar? —pregunta. Nos mira a Ivy y a mí, como si intentara entender por qué estoy entre ellos. Ivy da un paso al frente y me pregunto qué pasó exactamente entre ella y el hijo de su antiguo jefe.
—Hace casi tres meses que no contesto a tus llamadas. Eso debería ser suficiente para que entiendas que no quiero hablar contigo, Brad . Y no pienso ir contigo a solas a ningún sitio.
«Espera un puto segundo, ¿por qué no?». Mis ojos se centran en él. «Como le haya hecho daño…».
— Ivy , todo esto ha sido un malentendido, lo único que quiero…
—Creo que ha dicho que no, Brad —mascullo—. Así que no hay nada más que hablar, pero ha sido un auténtico placer verte.
Brad abre la boca para protestar. Parece que le cuesta entender la palabra «no» y utilizo todo mi autocontrol para no darle vueltas al motivo por el que Ivy parecía tan enfadada e incómoda con él hace apenas dos minutos. Brad nos mira a ambos durante un segundo y luego suelta una risita.
—¿Has contratado a un guardaespaldas? —le pregunta a Ivy .
«¿Qué cojones acaba de decir?». Ha cometido el error más estúpido de su vida al interpretar mi cortesía como que no soy capaz de partirle la cara. Estoy a punto de demostrarle que puedo ser un caballero y dejarle para el arrastre al mismo tiempo.
—En realidad, soy su amigo. Pero tú no pareces serlo, conque te lo voy a pedir muy amablemente solo una vez más. Es hora de que dejes a Ivy en paz. —Le hago un gesto con la muñeca para que se largue de aquí.
Me mira para tantearme. Es muy pulcro, sus botas de vaquero no tienen ni un solo roce.
No es rival para mí y, a juzgar por su expresión, estoy bastante seguro de que lo sabe.
Si intentara incluso respirar demasiado cerca de ella, me importaría una mierda mi reputación porque le dejaría inconsciente de una.
Pero seguro que a él le importa, porque es obvio que las apariencias lo son todo para él y a mí me dan igual.
Brad esboza una sonrisa burlona y un brillo siniestro que no quiero que esté cerca de Ivy aparece en sus ojos mientras abre la boca para dirigirse a ella.
—Justo lo que pensaba, sí. Típico de ti el presentarte con alguien para amenazarme. —Su mirada se clava en la mía —. Ashby , ¿verdad? Silver Pines —afirma—. Ahora todo tiene sentido.
Aprieto los puños e intento mantener la calma. No es el más listo de la clase, por eso mira a Ivy y sigue hablando.
—¿Te has metido en otro rancho a base de polvos? Ya veo que eso es lo tuyo —insinúa con una sonrisa.
Vale, hasta aquí hemos llegado.
Antes de que me dé tiempo a pensarlo siquiera, mi puño impacta contra su mandíbula y lo manda al barro y a la mierda de caballo que hay debajo de él.
Me agacho y me aseguro de que no se me manchen las botas por los laterales. Hablo en voz baja para que solo él me oiga.
—Te he dado la oportunidad para que te marcharas de aquí tranquilamente, Brad .
Ha sido un día muy largo y de verdad que no tengo ganas de montar un puto espectáculo, así que te sugiero que te quedes sentado en la mierda, donde debes estar, hasta que Ivy y yo salgamos del establo.
¿Lo has entendido? —Le doy una palmada en el hombro, cojo el sombrero que se le ha caído en el barro y se lo lanzo directo al pecho. Después, me pongo de pie.
Nuestra breve escena ha atraído a una pequeña multitud.
Empieza a reírse entre dientes como el capullo presumido que es, aunque el labio le sangra mucho.
Me hierve la sangre al imaginarme a este cabrón cerca de Ivy , es por eso por lo que aprieto los puños y me obligo a no volver a golpearlo para no mandarlo directo al hospital.
—Toda tuya, colega. Se le da muy bien chuparla.
—Mira a Ivy , que sigue detrás de mí—. Eres una pequeña calientapollas, ¿verdad, cariño?
—Luego vuelve a posar su mirada en mí. Sonríe mientras se saca un pañuelo del bolsillo y se lo lleva a su labio inferior.
Al volver a hablar, mira directamente a Ivy— : La cuestión es, compañero, que no puede ofrecerte mucho a la larga.
«¡Me cago en la puta! ¿Por qué la gente no escucha?».
Le agarro la camisa con una mano y con la otra le pego un puñetazo de nuevo en la mandíbula. Se queda atontado al instante y algunos espectadores sueltan un grito ahogado.
Me levanto y me giro hacia Ivy para sacarla de aquí, pero cuando la miro, está temblando como si las palabras de este tipo le hubieran dado de lleno. En un abrir y cerrar de ojos, sale corriendo del establo tan rápido como su aún débil tobillo se lo permite.
Las piernas de Ivy no son rival para las mías, así que la alcanzo en dos segundos.
—¿Has terminado todo el papeleo? —pregunta con voz temblorosa. Parece que está intentando mantener la compostura.
— Ivy …
—Debí haberme imaginado que estaría aquí. No quería avergonzar así al rancho, lo siento mucho.
— Ivy …
—No quiero meterme en ningún rancho a base de… —divaga.
Agarro su brazo y hago que se gire. Estamos en el aparcamiento y no hay nadie a nuestro alrededor. Le sujeto la cara y bajo la voz para que me preste atención y para intentar evitar que le dé un ataque de pánico.
—Me importa una mierda lo que acaba de decir ese gilipollas. Sé de sobra que no tienes ningún plan malvado para meterte en mi puto rancho, pero necesito saberlo… ¿Te ha hecho daño?
Miro sus ojos llenos de lágrimas y la atraigo hacia mi pecho sin dudarlo.
Me controlo para no volver y patear a ese cabrón en la cara.
Ivy me permite que la abrace y su pequeño cuerpo se adapta al mío a la perfección.
Me agarra la camisa por la espalda como si fuera su salvavidas.
Las lágrimas que amenazaban con derramarse desde que salimos del área de observación brotan con tal fuerza que apenas puedo soportarlo.
La acomodo entre mis brazos con un suspiro, la aprieto contra mí con fuerza y le acaricio el pelo largo y sedoso.
—Estoy aquí. Estás a salvo. Suéltalo todo.
Transcurre una eternidad mientras Ivy solloza en mi pecho. No para hasta que oye el crujido de la grava cuando algunas personas se acercan. Aparta la cara de mi pecho y sorbe la nariz.
—Lo siento —se disculpa mientras tira un poco de mi ropa—. Te he ensuciado la camisa —añade y sonríe entre lágrimas.
Resoplo.
—Me la suda la camisa.
Ivy me mira.
—¿Podemos irnos ya de aquí?
—Si eso es lo que quieres —le digo según nos damos la vuelta y caminamos la corta distancia que hay hasta la camioneta.
Me gustaría preguntarle más cosas, pero no quiero entrometerme.
En parte porque si el cabrón hizo lo que se me está pasando por la cabeza ahora mismo, no solo lo mataré, sino que no me arrepentiré de haberlo hecho.
— Brad no solo era el hijo de mi jefe y un exnovio pasajero —me explica Ivy cuando nos subimos a la camioneta y enciendo el motor—.
Estuvimos juntos cinco años. Es una parte de mi vida a la que no quiero volver porque fui débil.
Con el tiempo me di cuenta de que me había maltratado psicológicamente.
Acelero porque necesito salir de aquí ya.
—En ese momento, me convencí a mí misma de que solo quería cuidarme y ayudarme a ser mejor persona.
Sé que parece una tontería, pero se le daba genial manipularme.
Primero empezó con cosas pequeñas: criticaba mi ropa, cuestionaba si le era fiel y me preguntaba adónde iba cuando salía de casa.
Su familia, sobre todo su padre, nunca llegó a aceptarme.
Siempre tuve la sensación de que pensaban que Brad era demasiado bueno para mí.
Su hermana era la única que me trataba con amabilidad, pero incluso ella hacía lo que Brad quería.
Siempre me sentía inferior cuando estaba con ellos.
—Madre mía —bramo mientras me froto la cara con la mano y, a continuación, la flexiono. «Joder, cómo duele». Bajo la mirada, veo la sangre en mis nudillos e intento no pensar en lo bien que me sentí al golpear a ese cabrón.