Capítulo 20
Ivy
«Mierda, mierda, mierda…».
¿Yo lo besé o él me besó? Aunque tampoco es que importe mucho… Ha sido el mejor beso que me han dado jamás y con el que más cachonda me he puesto. Además, ha resuelto mi duda. Wade Ashby es capaz de perder el control.
Me arreglo lo mejor que puedo al tiempo que Wade se levanta, vuelve a dejar todas las mantas en el sofá y coloca la mesa de centro en su sitio.
Se reajusta el bulto que se le ha formado bajo los pantalones para intentar disimularlo, pero no le sirve de nada.
Lo miro de reojo mientras me paso la mano por el pelo.
—Será mejor que escondas esa anaconda si planeas abrir ya la puerta —murmuro con una sonrisa burlona.
Tras soltar un fuerte gruñido de frustración, se reajusta el paquete un poco más y se baja la camiseta para cubrírselo como puede.
En su corto camino hacia la puerta, me tapo con la manta y cojo el bol de palomitas de la mesa para ponérmelo sobre el regazo. Nunca había estado tan enganchada a una película como cuando Cole irrumpe en el salón.
—¿Se muda con él? Ni siquiera le ha dicho a Mabel que van en serio y ya se va a mudar con él. ¡Y encima me he tenido que enterar por él! Si mato a Gemma , ¿me prometes que cuidarás de Mabel como si fuera tu propia hija?
Está furioso.
He visto a Cole malhumorado, pero nunca enfadado. Me estremezco al ver la intensidad con la que protege a su única hija. Se sobresalta cuando ve que estoy en el sofá.
—Hostias, Ivy . Lo siento, no sabía que seguías, eh… aquí —se disculpa Cole mientras observa la escena. Debe parecer lo suficientemente inocente, porque ni siquiera se inmuta.
—Mañana me voy a casa —explico de forma poco convincente.
—Estamos viendo una película —añade Wade . No se le da mucho mejor que a mí disimular—. Cálmate, voy a servirte una copa —le informa a Cole al tiempo que le da una palmada en el hombro.
—Está tramando algo, lo sé. Lo supe cuando, por primera vez en su puta vida, apareció el fin de semana que le tocaba quedarse con la niña. Mira, que Dios me pille confesado porque como esté usando a Mabel de peón para atraer a algún novio de mierda, no respondo de mis actos.
Me levanto y cojo las muletas, aunque ya casi no las uso. Esta es una conversación familiar.
—Os dejo solos, chicos. Voy a ducharme y me iré a dormir.
Por si sirve de algo, Cole , eres un gran padre.
Si yo lo veo y hace apenas un mes que nos conocemos, los demás también lo verán, incluida Mabel .
Ella sabe en quién puede confiar, créeme —le aseguro con la esperanza de calmarlo, aunque sea un poco.
Mi mirada se encuentra con la de Wade al otro lado de la habitación y ambas reflejan el mismo anhelo y la misma confusión.
—Buenas noches, chicos —digo en voz baja.
—Gracias por tus palabras, Ivy —responde Cole , completamente ajeno a lo que ha estado a punto de pasar y sigue despotricando.
Veo que Wade asiente con la cabeza y, a continuación, me doy la vuelta y salgo de la habitación.
La sensación de tenerlo entre las piernas aún perdura en mi mente, pero me marcho con la certeza de que esto ha sido algo que no se va a repetir.
Es el resultado de una convivencia forzada y de un momento de debilidad.
Wade es mi jefe. Necesito este trabajo. No puedo volver a Jellico .
El agua caliente cae por mi cuerpo como una suave lluvia y cierro los ojos para disfrutarlo. Me aclaro el pelo mientras recuerdo la cálida sensación de la mandíbula áspera de Wade bajo mis manos y de sus suaves labios contra los míos.
Madre mía, qué bien besa. Lo hace igual que todo en su vida: con seguridad y firmeza, sin perder el control, pero haciéndote ver que se entrega a ti completamente. Me rodeó con sus brazos fuertes y poderosos, y me sujetó el cuello con su enorme mano. Nunca me había sentido tan cuidada.
El anhelo que siento entre los muslos es una dulce tortura que no puedo resistir ni sofocar por mucho que lo intente, así que me acaricio un pezón endurecido y adolorido bajo el agua caliente y me estremezco.
Lo deseaba muchísimo, como nunca antes había deseado a un hombre.
Aunque debo decir que solamente he tenido una relación seria en toda mi vida: la que tuve con Brad .
Mis escasos y esporádicos rollos de una noche en la universidad no cuentan.
La intensidad con la que la boca de Wade se apoderó de la mía me indicó al instante que Wade Ashby tocaría mi cuerpo como si fuera un instrumento.
Sin pensarlo, desengancho la alcachofa de la ducha y la pongo en modo masaje.
Luego la deslizo sobre mis pechos. Dejo escapar un gemido mientras me imagino que recorre mi espalda desnuda y húmeda, y me acaricia la piel con sus manos rugosas, como si estuviera en la ducha conmigo.
Me pellizco un pezón con los dedos y mi bajo vientre estalla en llamas.
Cuando deslizo la alcachofa de la ducha por mi cintura hasta mi clítoris, se me acelera la respiración y apoyo mi mano libre contra la pared. Wade está detrás de mí; me besa la espalda y desliza dos dedos por mi coño suplicante.
Mueve los dedos con habilidad y los curva de tal forma que presiona todos mis puntos sensibles.
—Me has deseado desde el primer día, ¿verdad, Lianta? Querías arrancarme esa toalla el día que te colaste en mi casa y meterte mi polla en la boca —afirma desafiante y con voz profunda en mi cabeza.
—Sí, joder… —susurro mientras el agua me salpica los labios.
—Y ahora quieres que introduzca cada centímetro de mi polla en este coño pequeño y apretado, ¿a que sí? —pregunta.
—Sí —gimoteo. Apoyo la frente en la pared de la ducha y apunto el chorro del agua contra mi adolorido e hinchado clítoris.
Su polla me dilata a la perfección mientras me penetra por detrás y me sujeta con firmeza las caderas con sus grandes manos.
Aumento el ritmo del cabezal de la ducha contra mi empapada entrepierna y me meto los dedos hasta el fondo.
Me imagino que mis dedos son Wade y que me folla con el mismo deseo ferviente que yo siento por él.
Deslizo el cabezal hacia arriba apenas unos milímetros, pero es lo suficiente como para hacerme tambalear y soltar un grito ahogado. Me desplomo, me rompo en mil pedazos y exploto de adentro hacia afuera a la vez que susurro el nombre de Wade .
El agua empieza a salir fría cuando consigo volver a la realidad tras el mejor orgasmo que he tenido en…
bueno, en la vida. Vuelvo a colocar el cabezal de la ducha en su soporte y cojo una toalla.
Me aseguro de escurrir bien el agua de mi pelo mientras me seco y miro el reflejo del espejo empañado que muestra a una mujer que acaba de correrse al pensar en el hombre que está sentado en la habitación de al lado.
Anda que ha durado mucho lo de ser profesionales.