Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—¡Para, Wade ! Te lo suplico… — Ivy se ríe.

—Así que vas de tipa dura, pero me suplicas que pare en cuanto encuentro tus puntos débiles, ¿eh? Admito que estoy un poco decepcionado de que te hayas rendido tan fácilmente.

Me empuja con la manta para apartarme de ella y mi risa llena el espacio que nos rodea, lo que hace que ella también se ría.

Joder, qué bien sienta reírse, sobre todo con ella.

A pesar de su tobillo lesionado, Ivy es fuerte y me pilla desprevenido.

Consigue tumbarme hacia un lado y me dejo caer de espaldas mientras ella se desploma entre mis piernas.

—Jamás te suplicaría, Wade . Era mi táctica de guerra: pillarte desprevenido para que bajaras la guardia. Y ha funcionado —se mofa con la respiración acelerada al tiempo que su pelo me roza el pecho por encima de la camiseta.

Ninguno de los dos podemos obviar lo dura que tengo la polla ahora mismo.

—Puede que baje la guardia, pero nunca me ganarás, Lianta. Me he pasado toda la vida peleando con mis hermanos.

—Yo me peleaba con los caballos —contesta mientras intenta inmovilizarme.

Pongo los ojos en blanco y simulo un bostezo con fingido aburrimiento.

—¿De verdad me vas a hacer tomármelo en serio? —pregunto.

Ivy resopla al escuchar mis burlas, pero envuelvo un brazo alrededor de su cintura y le doy la vuelta sin esfuerzo alguno. La tumbo de nuevo bajo mi cuerpo y utilizo una mano para sujetarle las dos muñecas por encima de la cabeza.

Nuestras risas se desvanecen a la vez y la sala se queda en silencio. El fuego crepita en la chimenea. Ivy me mira con las mejillas sonrojadas, las pupilas dilatadas y los labios rosados entreabiertos y suplicantes.

Lo único que se oye en la habitación es nuestra respiración acompasada y el atronador latido de mi corazón.

Como si fuera una tortura, tomo conciencia del cálido espacio entre sus muslos en el que estoy recostado.

Un gruñido débil surge de lo más profundo de mi pecho mientras debato con mi conciencia.

El ángel que hay sobre mi hombro me dice que pare, que me siente, que me mueva, que me vaya a la cama…

que haga lo que sea con tal de no cometer un error irreversible.

Pero el demonio que está al otro lado me dice que no tengo las fuerzas suficientes para alejarme de ella en este preciso momento, con su cuerpo tan pegado al mío y su dulce aliento tan cerca de la punta de mi lengua.

Los vidriosos ojos azules de Ivy se desvían hacia mis labios al mismo tiempo que mueve las caderas y separa ligeramente las piernas para darme la bienvenida. Es entonces cuando sé con total certeza que el diablo va a ganar esta ronda.

—¿La forma en que me miras ahora mismo es tu táctica de guerra? —pregunta Ivy con voz temblorosa. Muevo ligeramente las caderas y un leve gemido escapa de sus labios.

—¿Y qué forma es esa? —pregunto con el pulso acelerado—. ¿Como si quisiera saber si sabes tan bien como creo? ¿Como si fuera lo único en lo que pienso cada puto día?

—Sí… —susurra—. Esa.

Inclino la cabeza todavía más, hasta que mis labios están a escasos milímetros de los suyos. Antes de que me dé tiempo a pensarlo, las palabras salen disparadas de mi boca con voz ronca y profunda:

—Vamos a descubrirlo, Ivy … Suplícame.

Alterno mi mirada entre sus ojos y sus jugosos labios, esos que me llaman a gritos. La respiración de Ivy se entrecorta, entreabre los labios y saca la lengua para humedecerlos. Y, en ese instante, lo veo. El momento en que se rinde. Habla con una voz tan suave que apenas la oigo, pero lo hago.

—Te lo suplico… —susurra y bajo la cabeza para encontrarme con ella.

Devoro sus labios sin la menor vacilación.

La lamo, la saboreo, la reclamo. Joder, me muero por reclamarla.

Tiene un sabor tan dulce y su aroma azucarado se derrite en mi lengua mientras sus ávidos labios se funden con los míos sin esfuerzo.

El pulso se me acelera cuanto más exploro su boca.

Me aparto un poco para pasar la lengua por su carnoso labio inferior y ella gime.

—Tenía razón. Sabes de puta madre —gruño.

Quiero que me dé permiso para seguir explorándola y me lo da.

Me seduce y envuelve las piernas alrededor de mi cintura.

Me tienta cuando lame mis labios con lentitud y languidez y vuelve a soltar otro gemido.

Le suelto las muñecas y exploro cada centímetro de su cuerpo con las manos.

Le agarro el lateral del cuello y le acaricio la mandíbula con el pulgar, después, bajo y presiono ligeramente en el centro de su garganta.

Cuando la vuelvo a besar, siento cómo se traga el profundo gemido que nace desde mi pecho.

Se aferra a mi camiseta y tira de ella mientras cuela sus manos por debajo y las desliza por mis costados, de manera que deja un rastro abrasador a su paso. Presiono mi polla contra ella sin pudor y el sonido que emite en mi boca casi hace que me corra.

Un golpe atronador en la puerta nos sobresalta. Nos quedamos clavados en el sitio durante tres o cuatro segundos, sin quitarnos los ojos de encima.

—¡ Wade ! —Más golpes.

—Joder —gruño contra sus labios. Apoyo mi frente sobre la suya durante un segundo mientras recuperamos el aliento.

—¿Por qué has cerrado la puerta con llave? ¡Hace un frío de cojones aquí fuera! —grita Cole desde el otro lado.

Me incorporo y me enderezo al mismo tiempo que la observo detenidamente.

Sigue con las piernas abiertas y las rodillas dobladas.

Intento reunir todas mis fuerzas para recomponerme y abrir la puerta, pero el aspecto desaliñado y los labios hinchados de Ivy hacen que quiera ignorar a Cole y volver a besarla.

Se lleva un dedo a los labios y esboza una sonrisa.

—Habrá que posponerlo, jefe. —Suelta una risita.

Voy a matar al puto Cole .