Capítulo 18
Ivy
La verdad es que nunca he tenido amigas…
al menos, ninguna en la que pudiera confiar de verdad.
Cuando era adolescente, nunca tenía tiempo para hacer las cosas que las chicas de mi edad hacían.
Trabajaba y estudiaba para conseguir una beca porque siempre supe que era la única forma de entrar en la universidad.
Supongo que, si las hubiera tenido, me habría sentido así.
Sesiones de cotilleos y charlas de chicas, la chimenea encendida y la habitación iluminada únicamente por las lámparas rústicas de Wade .
Ver Cómo perder a un chico en diez días mientras engullimos deliciosas bebidas y aperitivos, y compartimos demasiada información sobre la vida sexual de cada una.
Son chicas que vienen a animarte cuando saben que estás deprimida.
Son chicas que te cubren las espaldas como si formaran parte de tu escuadrón.
Son un pequeño ejército que reparte felicidad y alegría.
Eso es lo que son estas tres para mí y, mientras viva en este rancho, siempre les agradeceré que me hayan acogido en su círculo.
—Bueno, vamos a lo que nos interesa, Ivy . ¿Qué es ese pequeño acuerdo al que habéis llegado el Sargento y tú? —pregunta Olivia .
Las miro a las tres y finjo inocencia. Porque soy inocente, ¿no?
—No hay ningún acuerdo. Está siendo amable, nada más. Volveré a mi cabaña en un par de días —les aclaro y me meto una patata frita en la boca.
—La forma en que Wade Ashby te mira últimamente es… diferente. Y no tiene nada de amabilidad. ¡Hacía siglos que no miraba así a una mujer! —exclama Ginger con entusiasmo.
—Empezaba a pensar que había renunciado a las mujeres —añade Olivia .
—Es mi jefe —afirmo con la mirada clavada en CeCe . Lo último que quiero es que ella o alguien de esta familia piense que tengo segundas intenciones con respecto a Wade . En realidad, estoy muy frustrada porque últimamente no puedo dejar de pensar en él.
—Eso decía yo también. —Resopla CeCe y las demás se echan a reír. Debería haber sabido que no pensaría mal de mí.
—Sea tu jefe o no, te mira como si quisiera darte un buen mordisco y devorarte entera. — Ginger se ríe entre dientes mientras se levanta para ir a por más sangría—. ¿Te lo relleno? —me pregunta.
Asiento y le entrego mi vaso casi vacío.
No sé qué decirles… Si les cuento demasiado, Wade podría enterarse y me moriría de vergüenza. Si no les cuento nada, sabrán que estoy mintiendo como una bellaca. Tener amigas es un poco complicado.
—Eh… nos llevamos bastante bien. A veces creo que le molesta mi presencia, pero en otros momentos estamos muy sincronizados. No sé si me explico.
—Te entiendo —comenta CeCe —. Vais a trabajar codo a codo durante un tiempo. Y como dice mi madre, el tiempo pone todo en su sitio. —Me guiña un ojo y suspiro, aliviada de que se lo tome con tanta calma.
—Sea tu jefe o no, la realidad es que es un vaquero soltero —canturrea Ginger desde la cocina.
—Dilo. — Olivia mira a Ginger— . Todas sabemos que te mueres de ganas.
Más confundida que otra cosa, miro a Ginger según me devuelve el vaso lleno hasta el borde de la deliciosa sangría de Nash con el toque de la madre de Ginger .
— Jo , me lo has fastidiado —refunfuña Ginger .
—Vale, pues ya lo digo yo. Salva al… —empieza a decir Olivia .
—No, no, es mi lema —la interrumpe Ginger y me mira a los ojos—.
Mira, Ivy , Wade está buenísimo, siempre lo ha estado.
Solo digo que, si se presenta la oportunidad, salva al caballo y monta al vaquero.
Si nos vamos al ámbito científico, seguramente te ayudará a entrenar mejor, porque estarás menos estresada y aún más sincronizada con él. No veo fallas en el plan.
Olivia se ríe y CeCe suelta un quejido.
—Madre mía, este pueblo es demasiado pequeño. Ojalá no estuviera emparentada con casi todos los hombres solteros de por aquí —se ríe y yo sonrío a mi pesar.
—¡Oh, hablando de solteros! Vamos a hacerle una broma telefónica a Cole y a decirle que hemos hecho algo ilegal. — Ginger se ríe mientras saca el teléfono de su bolso. Como todas hemos bebido demasiado, nos parece una idea maravillosa.
Esperamos conteniendo la respiración a que lo coja y Ginger activa el altavoz para que podamos oírlo. Se escucha a Nash y a Wade gritando de fondo mientras ven el partido de fútbol americano.
—Tienes una lista muy poco fiable si nadie quiere ir a recogerte, Bruja —responde Cole y me pregunto si Ginger sabe hasta qué punto tiene a este hombre dominado con cada una de las palabras que dice.
—Eres el primero al que he llamado, cariño. Necesito a un agente de la ley porque hemos tumbado a la vaca del señor Saulito.
Las tres nos reímos de la forma más silenciosa posible. Está claro que esto se nos da genial.
—No dejéis vuestros trabajos para intentar ser actrices —sugiere Cole en un tono totalmente monótono.
—En serio, ven a salvarnos, cariño. Nos van a meter en la cárcel. — Ginger habla como si fuera una actriz de una telenovela sureña de los años cincuenta.
—¿Cuatro mujeres borrachas que pesan doscientos kilos entre todas, una de las cuales tiene un esguince en el tobillo, han tumbado una vaca de trescientos kilos?
—Somos más fuertes de lo que crees, Cole —le reprocha Ginger acalorada y molesta porque él no la cree mientras las demás nos morimos de la risa en silencio.
—Sé que eres muy fuerte, señorita, pero oigo a tus puñeteras secuaces riéndose de fondo. No son tan discretas como creen. Soy policía, ¿lo recuerdas? Se me da bastante bien detectar estas mierdas.
—¡Maldita sea, tenéis que mejorar vuestra habilidad para pasar desapercibidas! —nos grita Ginger —. La próxima vez lo haremos mejor. Y ya que estamos, sí que necesito que me lleves a casa, así que no tardes en venir. Hasta luego, señor agente.
—Joder… estaré allí a las once —gruñe Cole antes de colgar, y nos reímos a carcajadas.
—Hablando de salvar al caballo y todo eso. ¿Cuándo lo haréis vosotros dos? ¡Está claro que es el destino! —exclamo.
Las tres se giran para mirarme.
«Mierda. ¿Me he ido de la lengua?».
CeCe resopla.
—Como si fuera posible. Tienen un vínculo demasiado estrecho para eso. —Mira a Ginger en busca de confirmación. Ginger se lo piensa un segundo y me mira tras apartar sus ojos de CeCe .
—Totalmente cierto. No digo que no lo haya pensado alguna vez. Al fin y al cabo, soy una simple humana. Pero si le dejo entrar en mi Jardín del Edén, nada volverá a ser lo mismo. Además, tiene un alma complicada, por no hablar de que no me acuesto con mujeriegos —afirma Ginger .
Le dedico una sonrisa, pero no sé si la creo del todo.
— ¡ Puaj! — CeCe le da un manotazo.
—¿¡Qué!? ¿Qué crees que hace en Lexington ?
—No sé… ¿Ir de compras? ¿De fiesta? —pregunta CeCe . Ni ella misma se lo cree.
Ginger resopla.
—Va de compras, sí. A comprar coños de usar y tirar.
—Y esa es mi señal para largarme de aquí. — CeCe se levanta para dirigirse a la cocina y Ginger me mira con una sonrisa burlona.
Puedo afirmar con total seguridad que no se negaría a acoger a Cole en su autoproclamado Jardín del Edén si tuviera la oportunidad.
Pero como he dicho, nunca he tenido amigas, así que me limito a guiñarle un ojo. Su secreto está a salvo conmigo.