Capítulo 16
Ivy
Suelto un resoplido y miro el reloj. El deslumbrante resplandor azul me indica que apenas he dormido.
Son las tres de la mañana, pero estoy tumbada en la cama con los ojos abiertos de par en par.
Estoy inquieta y demasiado excitada tras leer la mitad del libro antes de quedarme dormida.
CeCe tenía razón. Me vendría muy bien un Wade semidesnudo ahora mismo, aunque solo fuera para mirarlo mientras me toco.
Con los ojos cerrados, visualizo cómo se le flexionaron los músculos de su espalda cubierta de tinta al moverse, el aspecto que tenía cuando cayó sobre mí encima de la cama, su cuerpo duro prácticamente pegado al mío…
«Mierda». ¿Sería muy inapropiado masturbarme en la habitación de invitados de Wade con él durmiendo al final del pasillo?
Veinte minutos después, me doy cuenta de que me es imposible volver a conciliar el sueño.
Me levanto, me pongo unos pantalones cortos y, tras coger las muletas, me dirijo al salón mientras intento hacer el menor ruido posible para no despertar a Wade .
Sin embargo, me sorprendo en cuanto entro.
Wade ya está aquí, recostado en un lado del sofá y completamente estirado.
Tiene los ojos cerrados y respira suavemente.
En la tele está el final de Baby Driver .
Solo lleva unos pantalones de chándal oscuros de cintura baja, peligrosamente baja.
Se me hace la boca agua al contemplarlo.
La manta que le debía cubrir el cuerpo en algún momento ahora está en el suelo.
El pronunciado bulto bajo sus pantalones es un deleite para la vista y su cuerpo musculoso brilla a la luz del televisor.
Tiene extendido uno de sus brazos fuertes detrás de la cabeza.
Y sus labios… Me muerdo el labio inferior para que no se me escape un gemido.
Creo que es lo más sexy que he visto en la vida.
Una oleada de calor empieza a formarse en mi vientre bajo mientras mis fantasías se apoderan de mí.
Me imagino recorriéndole cada hendidura del pecho con la lengua.
Debería darme la vuelta y volver a mi habitación.
Sería lo mejor. Debato conmigo misma y decido que lo voy a contemplar durante diez segundos más y luego vuelvo a mi habitación para tocarme, porque, joder, ya no aguanto más. Necesito correrme o voy a estallar.
Bueno, pues parece que al final me quedo un poco más de lo planeado porque, cincuenta y dos agonizantes segundos después, se estira y veo que la silueta de su pene se mueve bajo sus pantalones. Me cago en todo. Tiene una puta anaconda ahí dentro.
«Deja de mirar, Ivy , por Dios. ¿Qué narices me pasa?».
Empiezo a girar sobre mí misma para marcharme, pero una de las muletas roza el borde del sofá y Wade se despierta de golpe al tiempo que se frota los ojos con las palmas de las manos.
—Joder. ¿Qué haces despierta? —pregunta mientras se sienta, mira el reloj y se cubre la parte inferior del cuerpo con la manta.
Demasiado tarde, ya lo he visto todo.
—No podía dormir, así que he pensado en ver una película.
Parpadea en mi dirección. ¿Es posible que se dé cuenta de lo nerviosa que estoy ahora mismo? Lo único en lo que puedo pensar es en trepar por su cuerpo como si fuera un árbol.
Wade se pasa una mano por el pelo y me mira fijamente. Sus somnolientos ojos verdes me hipnotizan desde el otro lado de la sala.
—Hay una cosa que ayuda cuando no puedes dormir —comenta con una voz profunda y tentadora.
«Joder, jefe, dímelo».
—¿El q-qué? —tartamudeo.
Se estira… Madre mía, qué cuerpo… qué abdominales…
—Helado —acaba diciendo.
Ah. Mi coño desesperado se deprime un poco. Casi suelto un gimoteo, pero logro controlarme.
—Siéntate —me ordena y señala hacia el otro extremo del sofá. Incluso eso me pone.
Wade se levanta y su pene endurecido sigue siendo un poco evidente a pesar de que intenta ocultarlo.
«Creo que estoy babeando de verdad».
Cuando entra en la cocina y enciende la luz, me dirijo al sofá y apoyo las muletas contra este.
Levanto la vista y lo observo con atención.
Los pantalones le quedan lo suficientemente bajos como para que pueda ver los dos hoyuelos que tiene en la parte baja de la espalda, justo encima de su culo perfecto.
«Sip. Sin duda, estoy babeando».
—¿Qué sueles echarle por encima? —pregunta mientras sirve helado de chocolate en dos boles. Ese gesto tan simple hace que sus brazos se flexionen a la perfección—. ¿M&M’s o virutas de colores? —añade—. ¿ Ivy ?
Parpadeo al escuchar mi nombre.
«¿Le he respondido?».
No, no lo he hecho porque sigo aquí plantada y le estoy mirando como una idiota.
—M&M’s —contesto rápidamente y me obligo a mirarlo a la cara.
Wade me mira a los ojos y, a continuación, recorre mi cuerpo con la mirada como yo lo acabo de hacer. Levanta la vista y niega con una sonrisa socarrona en los labios. Me doy cuenta al instante de que sabe que me lo estaba comiendo con los ojos.
Estoy despedida. Me va a despedir.
Me doy la vuelta, humillada. No puedo retroceder en el tiempo y no mirarle como si me lo quisiera follar.
Me quedo en silencio durante diez largos segundos.
Wade no habla, pero oigo que se acerca a mí.
Cierro los ojos con fuerza y espero a que llegue mi despido, pero siento su brazo a mi lado y su aroma especiado me envuelve.
Justo cuando se me acelera el pulso a unos niveles ensordecedores, abro los ojos y veo que Wade sostiene un cuenco con helado y una cuchara delante de mí.
Se los quito de la mano, me doy la vuelta como puedo y veo que su cuerpo se cierne sobre mí. Me hormiguea la piel como si fueran Peta Zetas que se derriten en mi lengua mientras Wade me recorre el rostro con la mirada y acaba posándola en mi boca.
Traga saliva con fuerza y, por un milisegundo, me pregunto si es posible que me desee tanto como yo lo deseo ahora mismo.
Parpadea y vuelve en silencio a la cocina para coger su propio bol de helado.
Me siento en el sofá cuando mis piernas ceden porque llevan pidiéndomelo desde hace más de tres minutos.
—Parece que tenemos los mismos placeres culpables —comenta mientras se sienta a mi lado y se despatarra para torturarme aún más.
Mi cara debe estar reflejando mi preocupación porque sonríe de verdad. Es la primera sonrisa real que le veo esbozar. Una sonrisa que me deja sin aliento.
—Las películas de acción y el helado —aclara divertido.
«Ah, se refiere a esos placeres culpables». El helado frío se desliza por mi garganta, algo que necesito con desesperación. Hace un calor infernal.
Wade no dice nada más mientras pone Arma letal y nos comemos nuestros helados en silencio.
Miro el termostato que está situado en la pared que hay a mi lado. Solo estamos a veintiún grados aquí dentro, así que parece ser que el problema soy yo. Creo que necesito irme de esta cabaña y cuanto antes, mejor.