Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 15
22%

Capítulo 15

Ivy

—¿Estás cómoda aquí? —pregunta CeCe mientras guardamos mis cosas.

—Curiosamente, sí —respondo con sinceridad.

— Wade se hace el duro, pero en el fondo es un cacho de pan —me dice CeCe al tiempo que cuelga unos jerséis en el pequeño armario.

Me ha traído todo lo que le pedí. Las mallas y los pantalones de yoga porque los vaqueros van a ser demasiado incómodos para los próximos días, jerséis anchos, mis artículos de aseo y pijamas, y los dos maravillosos libros que me estoy leyendo ahora para descansar a ratos de la televisión.

—Este sí que es picante. —Señala el libro poliamoroso que estoy leyendo y que salió hace unos meses.

—Solo llevo cincuenta páginas, así que no me cuentes nada —le pido.

—Le cuesta arrancar, pero cuando se juntan… ¡madre mía! Tuve que despertar a Nash para no tocarme yo sola. —Suelta una carcajada y yo me río con ella.

Me encanta lo sincera que es; es una de sus mejores cualidades.

—Genial. Entonces, será mejor que lo lea cuando esté sola, así no haré ninguna estupidez —suelto de repente y me arrepiento al instante.

CeCe abre los ojos de par en par, arquea una ceja y luego se echa a reír.

—¿Te gusta mi hermano?

—No… yo… —balbuceo—. O sea, es un hombre muy guapo. Pero… Joder. —Levanto las manos, no sé qué más hacer.

CeCe se ríe.

—Te has delatado tú solita.

«Sí, eso he hecho». Desde luego, no ayuda en nada que sea tan amable y dulce conmigo, por no hablar de que me prepara la cena con esos brazos fuertes y los auriculares puestos como si estuviera en Top Chef . Corrección: El Top Chef más cachondo del mundo.

—El hecho de que lo toleres ya es mucho, con lo frío que es siempre. —Suelta una risita.

Sé que sigo con las mejillas sonrojadas, así que dejo de intentar ocultarlo y decido aceptar los hechos.

—La verdad es que ha sido muy amable. A ver, tan amable como puede ser Wade . Creo que ya está un poco más cómodo conmigo. Incluso ha bromeado hoy —confieso.

—Bah, no me mientas. — CeCe se ríe mientras desaparece en el baño para dejar mi neceser y mis cosas en el lavabo—. Ni siquiera sabía que era capaz de bromear.

—Bueno, fue una broma un poco penosa, pero algo es algo —señalo al tiempo que yo también suelto una risa.

CeCe se queda pensando durante unos segundos.

—¿Sabes? Creo que le vendrá bien tener a alguien por casa durante unos días.

Estoy preocupada por él. Janelle lo dejó en la estacada.

Puede que tenerte como compañera de trabajo y a lo mejor convertirte en su amiga le recuerde las cosas buenas de relacionarse con las personas y que no todas son malas.

Tengo la esperanza de que algún día encuentre a alguien que lo merezca.

Janelle nunca fue esa persona. — CeCe se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.

El enorme diamante que lleva en la mano izquierda refleja la luz y me ciega momentáneamente.

—Dios santo, esa cosa es como un faro —le digo. Le agarro la mano para admirarlo mientras nos reímos.

—¿Qué cojones has hecho, Lianta? —oigo que grita Wade antes de que se plante delante de la puerta de mi habitación. Es obvio que está molesto cuando llama a la puerta entreabierta, la cual empuja para terminar de abrirla del todo.

CeCe y yo empezamos a reírnos al ver su semblante serio.

Pero noto algo más. Tiene las manos en las caderas y se ha quitado la camisa de franela.

Wade está de pie frente a nosotras, con una camiseta negra ceñida a su torso y a sus fuertes brazos.

Su pelo perfectamente ondulado asoma ligeramente por debajo de su gorra, que lleva del revés, y tiene un paño de cocina colgado al hombro.

Incluso cuando se cabrea, admito sin ningún tipo de pudor que Wade Ashby está… buenísimo.

—Uy, uy. — CeCe suelta una risita—. El grandullón ha venido a darnos la lata.

Él gruñe y, después, posa su mirada en mí.

—¿Dónde coño está el resto de mis Pop-Tarts ?

—¡Ay, mierda! ¿Se suponía que no debía cambiarlas de sitio? —pregunto con inocencia mientras CeCe se deja caer en la cama, muerta de la risa—. No sé en qué armario las guardé, vas a tener que revisarlos todos. —Me río.

—¿Quieres jugar, Lianta? Pues vas a jugar —brama con un tono sombrío.

CeCe suelta una carcajada aún más fuerte. ¿Y yo? Me quedo ahí sentada para procesar la forma en que mi cuerpo se estremece cuando su voz adquiere ese deje tan amenazante y autoritario.