Capítulo 14
Wade
Cuando vuelvo a casa a las cinco, Ivy está en el sofá con el tobillo sobre una almohada, tal y como le indiqué, y con las muletas a su lado. Es decidida, lo admito, y muy fuerte.
Dejo mi sombrero en el banco, la saludo y observo que utiliza todas sus fuerzas para levantarse y moverse por la habitación, siempre procurando que el tobillo no toque el suelo.
Lo hace con facilidad y parece que le cuesta quedarse quieta; otra cosa que tenemos en común.
Se mueve rápido y desaparece en su habitación.
Detesto que no me guste la idea de que necesite su espacio, pero entiendo que le resulte raro estar aquí conmigo y tener que llenar el silencio con conversaciones vacías todo el rato.
La dejo tranquila y me dirijo a la cocina para lavarme las manos y pensar en qué hacerle de cenar.
Mientras lo hago, me asombro de la extraña sensación de que haya alguien en casa cuando llego.
Las luces encendidas, el ruido. Cualquier sonido que no sea un silencio absoluto.
Alguien a quien saludar. No me desagrada.
Hay dos velas encendidas en la mesa de centro que mi madre colocó antes de que me mudara aquí. Nunca las había usado hasta ahora, pero, coño, huelen muy bien. Es un aroma parecido al de Ivy , pero más intenso. Vainilla y un toque de galleta.
Ivy me sorprende unos minutos después cuando regresa al salón con una sonrisa, el pelo recogido en un gran moño despeinado y la pesada y desgastada sudadera gris, que le dejé esta mañana, sobre su diminuta figura.
—Hace un poco de frío —comenta.
—Hostias, es verdad, lo siento. Es que yo ya estoy acostumbrado. Voy a encender el fuego. —Me acerco a la chimenea grande de piedra y la enciendo al tiempo que me pregunta cómo me ha ido el día y pone Jungla de cristal.
La pongo al día a la vez que vuelvo a la cocina y saco los ingredientes de la nevera para preparar la cena.
Veo que se acomoda en mi sofá y no puedo evitar preguntarme qué otras películas habrá visto o cuántos capítulos de sus libros guarros habrá leído mientras yo trabajaba.
A lo mejor leyó un rato en la bañera mientras se…
«Joder, Wade . No. Para».
Me obligo a centrarme y un silencio cómodo nos envuelve.
El sonido de la película y el chisporroteo del fuego llenan la habitación y yo me arremango y empiezo a preparar unos macarrones con pollo.
Siempre se me ha dado bien la cocina, pero no solo es que me encanta cocinar porque Janelle quemaba hasta el agua.
Si quería comer algo que no fueran unos sándwiches de queso a la plancha, tenía que buscarme la vida.
No me vino mal aprender a cocinar y mi madre se aseguró de que mis hermanos y yo supiéramos apañarnos en la cocina.
—He hecho mi cama y he limpiado un poco —me informa y le hago una mueca.
—Se supone que deberías quedarte sentada. Con el pie en alto.
—Soy un culo inquieto, jefe. Me senté en cuanto me empezó a doler el tobillo, no te preocupes.
Asiento con la cabeza, me coloco los auriculares y me pongo a escuchar a David Allan Coe mientras empiezo a cocinar.
Treinta minutos después, me aparto un poco y admiro mi obra. Joder, si alguna vez dejo de ser ranchero, creo que podría triunfar como cocinero. Le llevo un plato y me siento en el extremo opuesto del sofá con otro para mí.
—Ay, señor… —Vuelve a soltar ese tentador sonido mientras mastica el primer bocado—. Está delicioso —murmura y vuelve a dar otro bocado.
Cuando no me mira, me permito observarla, envuelta como un burrito en un rincón del sofá. Un mechón oscuro de pelo se le ha escapado del moño y le cae con delicadeza alrededor de la cara, lo que la hace aún más atractiva con mi ropa puesta. Y hablando de eso…
— CeCe se pasará por tu cabaña hoy cuando salga del Olympia . Me dijo que te haría una videollamada para que le digas qué quieres que te traiga para los próximos días.
Asiente con la cabeza.
—Me escribió hace un rato y le pasé una lista. Debería estar al caer.
No ha dado ni dos bocados más cuando la señal inequívoca de los faros de CeCe brilla a través de la ventana delantera.
—Toc, toc, paquete para Ivy . —La voz de CeCe resuena en el salón cuando abre la puerta con dos bolsas de viaje grandes en la mano. Nash la sigue como el cachorrito que es.
—Vaya, qué escena más acogedora… — Nash se ríe y lo reprendo mentalmente por ser un hijo de puta engreído.
Ivy le dedica a CeCe una sonrisa radiante que le ilumina todo el rostro. Casi me deja sin aliento cuando la veo.
—Servicio de entrega a domicilio de una mismísima Demonio —señala Ivy .
—¡Ya te digo! Y este servicio también incluye ayuda para guardar todo… ¡Noo! ¿Has hecho los macarrones con pollo de mamá? La verdad es que me encantaría probarlos —comenta CeCe y ya está cogiendo dos platos para ella y para Nash del armario.
—Supongo que ahora es una cena de grupo. — Nash esboza una sonrisa burlona al mismo tiempo que CeCe le llena un plato y él se mete un trozo de pan de ajo en la boca.
CeCe e Ivy parlotean mientras cenan sobre las últimas novedades del pueblo, los cambios que ha hecho Olivia en su boutique y el hecho de que Gemma , la despreciable ex de Cole , se haya echado un nuevo novio. Vamos, chismes pueblerinos en su máximo esplendor.
Nash y yo nos dirigimos a la cocina cuando terminamos de comer y sirvo un bourbon para cada uno. Saco mis Pop-Tarts de la despensa, abro un paquete y meto dos en la tostadora. Sobrevivíamos a base de esto cuando éramos pequeños.
—Así que tienes una invitada en casa durante unos días, ¿eh?
—Eso parece, sí —me limito a responder.
—A tomar por culo, te lo tengo que preguntar. ¿Cómo cojones pretendes que esto funcione? —Hace girar su vaso y le da un trago.
Mientras respondo, miro a Ivy , que sigue en la habitación de al lado.
Tiene el rostro animado, bonito y suave.
Nada que ver con el aspecto que tenía cuando la encontré anoche en mi porche.
Parece que está cómoda y que encaja perfectamente en mi salón.
Aparto la mirada de ella y la clavo en el fregadero para empezar a llenarlo con agua caliente y jabón.
—Por ahora, la cosa va bien. Ya tiene mejor aspecto —comento al tiempo que saco las Pop-Tarts de la tostadora y le paso una a Nash , quien la coge y le da un mordisco.
—Eso será porque la estás cuidando con mucha ternura y amor —sugiere mientras mastica. Esboza una amplia sonrisa para indicarme que me ha pillado, como si estuviera siendo muy obvio.
—Que no, cojones —murmuro, aunque no se lo niego directamente. Sí que estoy cuidando de ella, pero porque es lo correcto—. Estoy haciendo lo que tengo que hacer por el rancho. Tiene que recuperarse para volver a entrenar y lo haría por cualquiera.
Nash sonríe de nuevo y, aunque no es mi hermano de sangre, a veces siento que me conoce incluso mejor que Cole .
—Lo que tú digas, Sargento —replica y me da una palmada en la espalda.
Se cree muy listo. ¿Qué coño sabrá él?