Capítulo 11
Wade
No sé por qué insistí en que Ivy me contara su vida cuando conducía hasta aquí.
Cada día rompo más la barrera entre jefe y empleada con ella.
Tampoco sé por qué estuve una hora sentado a su lado mientras esperábamos a que la viera un médico e íbamos comentando los episodios de Ice Road Truckers que estaban echando en la televisión de la sala de espera.
Ni sé por qué acepté quedarme en la consulta con ella según la examinaban.
No cuestioné nada, simplemente lo hice. Me quedé mientras el médico le palpaba el tobillo y le pinchaba un analgésico, y ahora estoy esperando fuera de la consulta donde le están haciendo una radiografía.
Solo quiero saber que está bien ya que se hizo daño en el rancho. Lo último que necesito es una demanda por accidente laboral… o al menos eso es lo que me digo mientras sigo aquí sentado.
—Es un esguince leve. Pero deberías hacer reposo durante unos días, incluso una semana entera, si quieres que se cure lo antes posible. Mantenlo en alto, camina cuando sea estrictamente necesario y utiliza unas muletas los primeros días.
El médico le explica su diagnóstico y su tratamiento mientras Ivy asiente con la cabeza y escucha con atención.
—Apoyarás mejor el pie si utilizas una banda de compresión y podrás empezar a caminar más en función del dolor que tengas. Si lo necesitas, toma ibuprofeno para el dolor. —Nos mira a Ivy y a mí—. ¿Alguien puede quedarse contigo para que te ayude? —pregunta.
—Tampoco es que pueda trabajar mucho hasta que se cure. —Me mira con sus grandes ojos azules—. Supongo que podría quedarme con mi madre y descansar un poco. Menos mal que ha sido el pie izquierdo, así puedo conducir.
«¿Para que tenga que estar pendiente de su madre mientras intenta curarse? Ni en broma».
—Yo la ayudaré, que se va a quedar conmigo. Vive en mi rancho —declaro sin pensarlo y la mirada interrogativa de Ivy se posa en mí desde el otro lado de la habitación.
Abre la boca para hablar, pero el médico se le adelanta.
—Perfecto —dice. Parece satisfecho cuando le entrega unos folletos sobre el tiempo de curación y el tratamiento a seguir, y le dedica una sonrisa amable a Ivy —.
Cuanto más lo cuides los primeros días, antes se curará.
Si empeora o no se cura del todo en unas semanas, vuelve para que le echemos un vistazo.
Apenas ha terminado de pronunciar esas últimas palabras cuando sale de la consulta y ya está leyendo el expediente de su próximo paciente en la concurrida sala de emergencias.
No ha pasado ni un segundo e Ivy ya se está girando para mirarme fijamente.
— Wade , ¿cómo vas a ayudarme? No puedes venir a verme a diario durante una semana. Me iré a Jellico unos días, no pasa nada. Puedes congelarme el sueldo. Esto no es tu problema… —Está divagando igual que el día en que la conocí.
Suspiro y le cojo la mano que tiene sobre su regazo para tranquilizarla. Es un espectáculo para la vista ahora mismo: con el pelo húmedo y recogido, su aroma azucarado entremezclado con el de la lluvia, sus enormes ojos clavados en mí y su pequeña figura envuelta en mi abrigo de invierno.
«Me cago en la puta». Estoy a punto de cometer un error garrafal, pero no puedo pararme.
—Te vas a quedar en mi cabaña los primeros días —le informo.
Abre sus preciosos ojos de par en par.
—¿Qué…? ¿Cómo?
—Es lo mejor. Tengo dos habitaciones e incluso tendrás tu propio baño.
Solo hasta que te recuperes, claro, una semana como mucho.
Ni siquiera utilizo esa parte de la casa.
En la casa principal hay unas muletas de cuando CeCe era adolescente, que seguro te irán bien.
Puedes usarlas cuando necesites… eh… privacidad para ir al baño y esas cosas.
«Qué sutil, Wade ».
Lo último que necesito es que se meta en mi casa y me tiente aún más de lo que ya hace, pero al parecer soy masoquista.
—Necesito que te recuperes, así que esta es la única solución. Tenemos que estar en Nashville en menos de dos semanas. —¿Me estoy pasando de la raya al comportarme como si necesitara atención las veinticuatro horas del día por un esguince de tobillo? Probablemente, pero ya no hay vuelta atrás.
Sigue sin decir nada y me pregunto si acabo de sobrepasar un límite.
—No puedes quedarte sola y, sinceramente, si vas por tu propia casa cojeando de aquí para allá seguro que acabarás haciéndote más daño —espeto con la voz que ponía mi padre, esa con la que ninguno de nosotros se atrevía a discutir.
«En serio, Wade , muy sutil. Joder. ¿Qué cojones estoy haciendo?».
Me levanto rápidamente y me froto la cara con la mano, listo para disculparme por hacerla sentir incómoda.
—Está bien. No voy a discutir contigo —afirma en voz baja.
«Vaya».
—Según el médico, necesito ayuda y quiero estar en plena forma para ir a Nashville . Además, todo esto ha sido mi culpa, así que… vale, me quedaré contigo. —Parpadea y luego me dedica una sonrisa tímida mientras añade—: Supongo que ahora tengo que llamarte «compi de piso».
Su mirada llena de agradecimiento me golpea directamente en el pecho.
—De acuerdo —acepto con un asentimiento de cabeza. No le he dado muchas vueltas al asunto, así que pongo el piloto automático y la ayudo a sentarse en la silla de ruedas que nos ha proporcionado el hospital para llevarla hasta mi camioneta.
Un millón de pensamientos se me pasan por la cabeza, pero el más recurrente es el siguiente: «Estoy totalmente jodido».