Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 7
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Capítulo 7

Wade

—Ayudaré a Haden y a los chicos en todo lo que pueda. Últimamente he estado pensando en desvincularme un poco del bar, por si necesitas más ayuda —se ofrece Nash a la vez que se sienta junto a CeCe en la mesa.

Asiento con la cabeza.

—Te lo agradezco mucho.

—De todas formas, ahora mismo no hay mucho trabajo. Está todo controlado. —Mi madre me sonríe de manera que se le forman unas arrugas alrededor de los ojos—. Tu padre estaría muy orgulloso de que lo intentaras de nuevo. Me trae un montón de recuerdos.

—Siempre ha sido mi sueño también —interviene Ivy —. Intentaré no decepcionaros. Haré todo lo posible como sustituta de Sam .

Ivy está sentada justo frente a mí y está preciosa sin esfuerzo, sobre todo después de un par de tragos de bourbon .

Lleva otros pantalones Levi’s y un jersey verde oscuro de manga larga que deja al descubierto sus hombros, que, por cierto, son impresionantes.

La melena oscura, que se ha medio recogido con una especie de pinza en forma de mariposa, le cae por la espalda en una cascada espesa.

Parece que les ha dado la noche libre a sus cientos de coleteros.

Unos finos pendientes de plata que parecen guirnaldas le cuelgan hasta los hombros y puede que sea el bourbon el que habla, pero, por un instante de locura, me imagino llevándome uno a la boca, así como su lóbulo, para luego recorrer con la lengua su sedoso y apetecible cuello.

«Joder. Eso es inaceptable. Empleada. Es tu empleada».

Me remuevo en el asiento y aparto la mirada de Ivy para observar a Harley , que está en la esquina mordisqueando su hueso. Me gusta muchísimo más la otra vista, pero al menos esta no me provoca una erección bajo la mesa.

—Estoy segura de que lo harás genial, cariño. Wyatt necesitó tres temporadas y dos caballos para clasificarse —le cuenta mamá.

—Parecía un gran hombre. Me habría encantado conocerlo —comenta Ivy y todos asentimos.

—Ojalá lo hubieras conocido. — CeCe sonríe mientras le da un apretón en el brazo—. Le habrías caído bien desde el primer momento.

—A juzgar por todo lo que he escuchado de él, diría que se parecía mucho a mi padre —afirma Ivy .

—¿Se le daba fatal jugar al dominó? —pregunta Cole con una sonrisa.

—¿Siempre se comía la última galleta y guardaba la caja en el armario? —se une Mamá Jo .

—¿Se le daba fatal pescar? —añade Nash mientras todos nos reímos.

El ambiente se vuelve muy pesado. No suelo hablar mucho de mi padre.

Aún es demasiado reciente. Seguimos reuniéndonos en familia y hacemos las mismas cosas de siempre, pero ya no es igual.

Un miembro del equipo se ha ido y jamás lo recuperaremos.

A veces, ese peso es tan demoledor… Siento la repentina necesidad de dar otro trago, así que cojo el bourbon de la mesa y me lleno el vaso.

—¿Tu padre también falleció? —le pregunta el abuelo Dean .

Ella asiente.

—Sí, cuando tenía catorce años. Sufrió un ataque al corazón inesperado. Era mi mejor amigo. —Sonríe al decirlo, como si estuviera rememorando un millón de recuerdos.

—Bueno, tenemos eso en común: mi padre también era mi mejor amigo —le dice CeCe en voz baja y Nash le aprieta el hombro. Todavía no me creo la rapidez con la que se ha convertido en el novio devoto.

—¿Y tu madre? ¿Sigue vivita y coleando?

Mamá suelta su tenedor en cuanto oye las palabras del abuelo.

—Papá, esas cosas no se preguntan así.

—No pasa nada. — Ivy suelta una risita ante el descaro de mi abuelo—. Sigue vivita, más o menos. Se volvió muy dependiente cuando murió mi padre y yo dejé de ser la hija para convertirme en la madre. Ahora bebe más de la cuenta, así que la cuido como puedo.

—Eso no debe de ser fácil. Lo siento. ¿Tienes hermanos? —pregunta Cole mientras le da un mordisco a su puré de patatas.

—Una hermana pequeña, Cassie . No viene mucho por aquí, pero nuestra vecina, la señora Potter , va a ver a mi madre varios días a la semana y se asegura de dejarle comida en la despensa.

Siempre se ha preocupado por ella. Creo que es su debilidad, ya que sabe lo que es perder a un marido.

También es viuda. — Ivy se encoge de hombros.

Hay algo en su mirada que hace que quiera alargar el brazo y cogerle la mano, pero hago acopio de todas mis fuerzas para contenerme.

—¿Cómo se llamaba tu padre? —pregunto sin pensar ni entender por qué. Nunca hago preguntas personales.

—Bill… Billy —me responde con suavidad mientras se encoge de hombros y clava sus ojos violetas en mí.

—Propongo un brindis. —El abuelo levanta su copa para aligerar el ambiente—. Siempre digo que la vida es como el papel higiénico…

—Madre del amor hermoso. — Cole se ríe entre dientes.

—O te enrollas o permites que los demás te usen como quieran. Es mejor enrollarse. Por Ivy , por superar toda la mierda que ha sufrido a lo largo de la vida, por su difunto padre Billy y por Wy . —Golpea su vaso contra la mesa y todos lo imitamos.

Ivy esboza una sonrisa.

—He de decir que ha sido el brindis más ridículo y posiblemente el más dulce que he escuchado nunca. — Ivy se ríe mientras le da un sorbo a su bourbon .

—Joder, cariño, pues esto no es nada —comenta Mamá Jo .

—Todos me debéis dinero —nos informa Mabel mientras señala su bota de las palabrotas con el tenedor.

—Creo que todos me caéis muy bien. — Ivy vuelve a reírse.

—El sentimiento es mutuo, querida —replica mi madre.

El abuelo se levanta con su plato vacío en mano.

—Bueno, ¿quién quiere pastel? Wade , ¿te apetece un poco del pastel de Ivy ? —espeta.

Me paso una mano por el pelo mientras el resto de mi familia se ríe disimuladamente.

«Puñetera familia la que me ha tocado».

—Dejad de ser tan malpensados, anda. Lo he dicho porque sé que le encanta el limón —añade el abuelo a la vez que alza las manos con inocencia.

Ivy me mira y suelta otra risita al escucharlo. Maldita sea, se ha pasado al lado oscuro y, me cago en todo, detesto que encaje tan bien.

—Encaja muy bien en la familia. — Cole me da un codazo mientras limpiamos. Miro hacia el comedor y veo a Ivy sentada frente al sofá porque Mabel le está haciendo peinados. Su amplia sonrisa le ilumina el rostro al charlar con mamá y CeCe .

—Quizá deberías invitarla a más cenas. La pobre no parece tener familia —añade Nash . No me extraña que sienta debilidad por ella, ya que nos convertimos en su familia cuando sus padres murieron.

—Se suponía que esto iba a ser una cena de negocios. Tengo que mantener un poco la profesionalidad —protesto, y Nash me golpea con el paño de cocina que tiene en la mano.

—Relájate un poco, puto viejo cascarrabias —susurra mientras mira hacia la habitación de al lado para asegurarse de que Mabel no lo ha escuchado.

Lo miro fijamente.

—Solo intento establecer algunos límites, lo cual es normal y saludable.

—¿Sabes qué otra cosa es normal y saludable? — Cole sonríe.

—Sí, lo sé y, créeme, lo necesito con urgencia. Pero no puedo quedar con nadie ahora mismo. Parece que lo único que voy a hacer en los próximos meses es entrenar.

Mientras observo a Ivy , me doy cuenta de que tengo ganas de pasar más tiempo con ella del que debería.

No puedo evitar preguntarme qué pasó con su familia.

Sea lo que sea, no la ha afectado mucho.

Ivy no parece hastiada como yo; parece amable, incluso cariñosa, al sonreír a Mabel .

Y tiene tanta confianza en sí misma que, aunque me cueste admitirlo, la hace ser aún más sexy.

Ni siquiera apartó la mirada cuando me pilló con una simple toalla. Le doy un trago a mi bourbon mientras pienso en lo que podría haber visto cuando entró. Normalmente, voy sin ropa por casa. Fue pura casualidad que llevara la toalla.

A lo mejor debería haberme ido del salón en cuanto la vi, en lugar de quedarme ahí medio desnudo. No obstante, pensé que, si me acercaba a ella, tal vez aprendería la lección y se marcharía tan incómoda que jamás volvería a cometer el mismo error.

En cambio, cuando me miró, sus ojos gritaban: «Vaya, creo que me encantaría revolcarme con usted, señor, por favor y muchas gracias».

Y desde entonces, me pongo cachondo cada vez que pienso en la suavidad de su piel cuando le acaricié el rostro y en lo tentadores que resultaban sus labios entreabiertos, donde me encantaría deslizar mi…

—Tierra llamando a Sargento —me llama Cole por mi apodo de toda la vida—. La estás mirando embobado, tío.

—Qué va —replico a la defensiva.

Cole se ríe en respuesta. «Puto bourbon ».

—Deberías venir conmigo a Lexington . Necesitas una noche loca —sugiere.

Lexington es sinónimo de sexo. Cuando Cole necesita echar un polvo, se escapa del pueblo para una de sus aventuras de una noche, así no se arriesga a acostarse con la hermana o la profesora de alguno de nuestros conocidos.

Son las desventajas de vivir en un pueblo cuando eres un mujeriego como Cole .

— Mabel estará con Ernie y Trudy el sábado —menciona a los padres de su exmujer, Gemma .

Son personas estables y amables, y pasan más tiempo con Mabel que su propia madre—.

Si necesitas una noche para desconectar y relajarte, avísame.

Nunca viene mal llevar a un compinche. —Esboza una sonrisa burlona.

—No soy un mujeriego como tú —respondo con sarcasmo.

—Al menos no estoy tan tenso como un muñeco con resortes a punto de estallar. Necesitas salir del pueblo una noche. Créeme, te ayudará a no mirarla embobado —replica Cole .

Nash ríe en voz baja mientras barre el suelo.

—Oye, no seas tan duro con él. A fin de cuentas, sí que va a salir del pueblo. Te vas a Nashville , ¿no? Menos mal que allí no vas a tener distracciones. —Me guiña un ojo.

Miro a Ivy , que sigue en el salón. Tiene el pelo recogido con varias pinzas y se ha unido a mi madre y a CeCe para jugar al Just Dance con sus vaqueros teñidos.

Se me seca la puta boca cuando veo que mueve las caderas al ritmo de la música y levanta las manos por encima de la cabeza.

Dejo escapar un suspiro tembloroso y me termino el bourbon de un trago.

No, sin duda no tendré ninguna distracción en Nashville , donde dormiré con Ivy en las habitaciones contiguas del hotel que conseguí encontrar.

Las únicas habitaciones que quedaban libres en toda la puta ciudad.

Ninguna distracción, pero para nada.