Capítulo 5
Ivy
Creo que Wade Ashby tiene hoyuelos cuando sonríe.
Hoy es la primera vez que veo un atisbo de ellos, porque es la primera vez que le veo hacer algo que se parece a una sonrisa.
Y que Dios nos pille confesados, porque menudo espectáculo es eso.
Siempre es atractivo, pero ¿cuándo su rostro refleja algo más que disgusto?
Está en un nivel completamente diferente.
Quiero ver más. Me gustaría sumergirme en esa sonrisa y hacer de ella un hogar. Vislumbrar esa pequeña sonrisa me hace pensar que, en otro momento de su vida, daba unos abrazos increíbles. Como si alguna vez en el pasado hubiera sido una persona totalmente diferente.
Seguro que esa sonrisa es la línea que divide a su ángel y a su demonio internos.
Lo que no entiendo es por qué no la deja salir más a menudo. Entiendo que toda la gestión del rancho ha recaído sobre sus hombros tras la muerte de su padre, pero, aparte de eso y de que se divorció hace poco, no me imagino qué habrá podido pasar para que esté siempre tan malhumorado.
Cuando termina la jornada laboral, voy al Spicer’s Sweets , situado en la calle principal de Laurel Creek , y compro un pastel de limón para llevárselo a mi animal espiritual, Mamá Jo .
Haría cualquier cosa que me pidiera esa mujer.
Sin lugar a duda, es la persona más increíble que he tenido el placer de conocer.
Amable, cariñosa con todos sus hijos, comprensiva, sabia y divertidísima.
Es el tipo de madre con el que estaba familiarizada, pero ella tiene algo más. Es la combinación perfecta entre «ni se te ocurra meterte conmigo» y «entra mientras te preparo unas galletas».
Sonrío para mis adentros mientras me subo a mi camioneta para volver al rancho.
Resulta agradable tener planes esta noche y sentirme incluida.
Poner fin a una relación y abandonar la vida que conoces, por muy infeliz que sea, puede hacerte sentir sola.
Siento que poco a poco me voy integrando en los entresijos de Silver Pines y me encanta.
Debería recordarme más a menudo que esto es algo temporal, pero soy más de las que se dejan guiar por el universo y este lugar es una alegría que quiero disfrutar al completo.
Mi cabaña está en silencio cuando entro con cierta torpeza, ya que voy haciendo malabarismos con todo lo que llevo.
Dejo el bolso en el banco de la entrada y le doy al interruptor con el codo, pero la luz no se enciende.
Hago lo que hace todo el mundo en estas ocasiones: lo enciendo y lo apago rápidamente dos o tres veces para asegurarme de que realmente no funciona, y luego cruzo el pequeño pasillo que lleva hacia la cocina, situada en la parte trasera de la casa.
El horno no muestra la hora y, cuando abro el frigorífico, es evidente que no está en funcionamiento.
«Mierda».
¿Qué puedo hacer si se va la luz? Dejo el pastel en la vieja encimera y tamborileo las uñas sobre ella un momento.
Contemplo los establos a través de la ventana.
Tienen la luz encendida sobre las puertas, así como la del salón de Wade , al otro lado del camino.
Por lo tanto, evidentemente, solo se ha ido aquí.
Trasteo con algunos interruptores del cuadro eléctrico, pero no sirve de nada.
Me muerdo el labio inferior durante diez segundos y, a continuación, le escribo a Wade para ver si puede ayudarme.
Espero a que responda, pero no lo hace. Cinco minutos después, me puede la impaciencia, así que me pongo las botas y salgo por la puerta para recorrer rápidamente el camino de grava que lleva hasta la cabaña de Wade .
Todavía tengo que ducharme y me niego a llegar tarde a mi primera cena con los Ashby .
Es una noche agradable de octubre para estar en Kentucky ; sin brisa, pero con un ambiente ligeramente fresco.
Tiemblo en el porche mientras espero a que Wade me abra.
Tiene las luces encendidas y su camioneta está aquí después de que fuera a buscarla a The Horse & Barrel .
Cruzo mis brazos sobre el pecho para cubrirme los pezones, que ahora mismo podrían cortar cristal bajo mi camiseta.
Vuelvo a llamar a la puerta. Puede que con demasiado ímpetu, porque la vieja puerta de madera se abre unos centímetros con un crujido.
—¿ Wade ? —lo llamo—. Perdón por molestarte, pero creo que algo va mal con mi suministro eléctrico.
Asomo la cabeza y observo su cabaña limpia y ordenada, que refleja a la perfección su personalidad.
La voz de Tyler Childers suena a través de un antiguo tocadiscos de vinilo, y un vaso medio vacío de whisky de color miel reposa sobre la encimera.
La cabaña es cálida y acogedora, y hay mantas sobre el sofá y el sillón, ambos de cuero marrón desgastado.
Eso me sorprende un poco. No me imaginaba que Wade fuera de los que ponen mantas sobre el sofá.
—¿ Wade ? —vuelvo a llamarlo mientras entro en la cabaña—. Toc, toc. —No debería colarme así, pero la puerta estaba abierta, así que debe de estar por aquí…
Todos mis pensamientos se evaporan en el aire, como si fueran burbujas que se escapan de una copa de prosecco recién servido, cuando Wade entra en el salón envuelto en una toalla que cuelga de sus estrechas caderas.
Tiene el pelo ondulado, mojado y despeinado, y algunos mechones le caen sobre la frente.
Está recién afeitado y su amplia mandíbula se tensa al cruzar la habitación.
Unas gotas de agua se aferran a sus anchos y poderosos hombros, a los que están anclados sus brazos suaves y musculosos.
Su pecho tampoco decepciona. Es como si estuviera cincelado en mármol y bañado por el sol, y una ligera capa de vello baja hasta sus abdominales marcados, joder, incluso puedo contarlos de lo definidos que están, y guían mi mirada como una pista iluminada hacia la profunda «V» que desaparece bajo la toalla.
Incluso sus gemelos son enormes y fuertes cuando se gira para darle la vuelta al disco.
Toda su espalda y parte de su hombro izquierdo están cubiertos de tatuajes: una sinfonía de negro y varios tonos de gris.
Evalúo rápidamente lo que puedo distinguir: tiene uno que parece unas ramas de árbol que se extienden por su piel, entrelazadas con una especie de diseños tribales, y en la columna tiene grabada una frase en vertical con lo que parece ser jerga militar: «Todos compartimos el mismo aliento. Las bestias, los árboles, el hombre».
¡Virgen Santa! ¿Trabajar en un rancho produce este tipo de cuerpo? La verdad es que debería hablar. Debería decir algo, lo que sea. Pero no lo hago. En cambio, mis ojos se deleitan con el atractivo cuerpo de mi jefe durante veinte segundos sin pausa antes de que vea que estoy en la habitación.
—Dios mío, Ivy . —Se sobresalta al verme. El tiempo se detiene un instante mientras nos miramos fijamente, pero Wade se recompone en nada.
Se acerca a mí. Aunque uno pensaría que se sentiría avergonzado, no parece cohibido para nada. Supongo que, con ese cuerpo, no tiene motivos para estarlo. De hecho, su cuerpo hace que desee que las toallas de baño se conviertan en el nuevo uniforme oficial de los vaqueros de Silver Pines .
Trago saliva y rezo para que la voz no me traicione mientras Wade se pasa una mano por el pelo mojado. Coge el vaso de la encimera y, con la poca distancia que hay entre nosotros, se lo bebe de un trago sin apartar sus ojos de los míos en ningún momento.
Cuando se traga el líquido, su mandíbula se tensa. Luego me pregunta:
—¿Hay alguna razón por la que te hayas colado en mi casa?
Abro la boca de golpe. «Habla, Ivy ».
—La luz… frío… no tengo ninguno —balbuceo—. Pastel.
«¿Pastel? Tierra, trágame».
Me aclaro la garganta mientras él me mira como si tuviera dos cabezas.
—¿Vienes de la casa principal? ¿Mamá Jo te ha dado un trago?
Niego con la cabeza.
—Perdón, es que tenía… frío. Me he quedado sin luz. Te escribí para ver si podías ayudarme y he comprado un pastel.
«Estoy bastante segura de que acabo de hacerle el gesto de las pistolitas con las manos. Qué vergüenza».
Aparto la mirada de él.
—P-perdón por molestarte. —Estoy hecha un manojo de nervios mientras observo a este hombre desde su vestíbulo.
Wade frunce el ceño.
—No te preocupes. Es mi culpa por no cerrar con llave —comenta sin mostrar emoción alguna.
«Au».
—Dame cinco minutos y voy para allá. —Deja el vaso de whisky en el fregadero y señala hacia la parte trasera de la cabaña.
Sonrío incómoda y me doy la vuelta para irme, pero no llego muy lejos, ya que me golpeo la frente contra la puerta principal, que sigue abierta.
—¡Hostia puta! —maldigo y me llevo una mano a la ceja, que me palpita con fuerza.
¿Por qué no se abre el suelo y me traga entera?
Preferiría adentrarme en los abismos del infierno a enfrentarme a la vergüenza de haberme dado de bruces con una maldita puerta por comerme con la mirada a mi jefe.
Siempre he sido un poco torpe, pero esto ya es otro nivel.
Antes de que me dé cuenta, Wade ya está a mi lado y me agarra mientras me sujeto la cabeza con ambas manos e intento volver a enfocar la vista.
—Menudo golpe te has dado. Déjame ver —me ordena.
Mientras me examina la cabeza, me embriaga el calor de su cuerpo y el aroma fresco y limpio del cuero, de las especias y de algo más… ¿cítricos? ¿rosas? Me levanta la barbilla con su dedo fuerte para mirarme a los ojos. Mis partes íntimas cobran vida con su tacto y su cercanía.
—Solo quiero comprobar que no tengas una contusión cerebral —argumenta mientras le echa un vistazo al golpe.
Sus ojos color esmeralda se clavan en los míos, lo que me provoca un hormigueo y una sensación como burbujeante en el estómago. Los observo mientras se desvían hacia mi boca. Su nuez se mueve cuando traga saliva con fuerza.
¿Con una contusión? No.
¿Excitada? Ya te digo.
Se me afloja la mandíbula cuando sus dedos cálidos y grandes me presionan suavemente la frente, hasta que hago una mueca de dolor cuando roza el lugar donde me he golpeado.
—Puede que te salga un buen moretón, pero creo que estás bien.
—No sería la primera vez —replico nerviosa. «¿Qué cojones me pasa?».
Me evalúa con sus ojos color esmeralda.
—No creo que debas volver sola, que todavía te partes la crisma de camino a casa, así que… siéntate —me insta al mismo tiempo que hace un gesto hacia el salón.
Me quedo ahí plantada sin responder lo que parece ser demasiado tiempo, porque los músculos de sus brazos cuando señala al otro lado de la habitación son pura…
Wade clava su mirada en mí.
— Ivy , siéntate —me ordena.
Parpadeo y me dirijo hacia el sofá que me indica. «Sí, señor». ¿Quién soy yo para discutir con el mandón de Wade Ashby ?
Desaparece y, en menos de cinco minutos, regresa con unos vaqueros desgastados, una camiseta Henley negra de manga larga que se ciñe a cada tentador centímetro de su cuerpo, ese que jamás podré olvidar, y una gorra de béisbol negra de los Tennessee Titans .
Se levanta la visera con ambas manos mientras camina.
A diferencia de mí, él está completamente sereno y relajado.
Se agacha cuando se detiene frente a mí. Ahora que se ha echado su loción para después del afeitado, huele aún mejor que antes. Wade desprende ese aroma que hace que quieras inclinarte e inhalarlo profundamente.
—¿Seguro que te encuentras bien? ¿Sigues sin tener náuseas ni nada de eso? —pregunta mientras me roza suavemente la frente con los dedos—. No te ha salido un chichón, lo cual es buena señal.
Me mira fijamente. El verde intenso de sus ojos da paso a unas pequeñas motas marrones que solo se pueden apreciar cuando estás tan cerca de él.
Wade parpadea y me saca del trance.
—Siento todo este jaleo. —Sonrío con timidez mientras él se incorpora y señala la puerta con la cabeza. Veo cómo su mandíbula está tensa de nuevo.
—Voy a coger la caja de herramientas de la camioneta al salir. Vamos.
Hago lo que me dice, pero esta vez me aseguro de abrir bien la puerta antes de decidir atravesarla.