Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 4
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Capítulo 4

Wade

—Podrías haberle meado encima para marcar territorio, Sargento.

Habría sido mucho más fácil que comprometerse a gastar cientos de miles de dólares en un caballo —comenta Haden con aire de suficiencia desde la puerta de mi oficina con los brazos cruzados.

Lo conozco desde que tenía trece años y eso hace que a veces sea más bocazas que el resto del personal de mi rancho—.

Todos conocemos las reglas del rancho. Ella es intocable —añade Haden .

—¡Me cago en la puta! —Me quito el sombrero y lo tiro sobre el escritorio—. Ivy no tiene nada que ver con mi decisión —mascullo.

No tengo paciencia para esto. Llevo una hora llamando a hoteles de Nashville para reservar dos habitaciones.

Pero claro, la subasta de caballos es el mismo fin de semana que el maratón de Nashville , así que no hay nada disponible para reservar online.

Esperaba tener más suerte si llamaba por teléfono.

De momento, no he encontrado nada para un viaje que supuestamente ya había planeado.

Es por esto por lo que nunca hago nada sin pensarlo bien antes.

—Entonces, si no tiene nada que ver con tu decisión, no te molestará que la invite a cenar, ¿no? O quizá al cine, para acurrucarnos en la última fila… — Haden sonríe.

Le lanzo una mirada de advertencia. Una que, a estas alturas, conoce muy bien.

—Estás tentando a la suerte y ya sabes mi respuesta. —Antes muerto que permitir que la lleve a cenar—. Acabas de decir que conoces la regla. Lo último que quiero es tener que buscar a otro entrenador después de que te aproveches de ella —añado.

Haden se ríe entre dientes y se levanta el sombrero para frotarse la frente.

—Solo te estoy tomando el pelo, jefe. Pero, oye, felicidades por querer volver a competir. Tu padre estaría orgulloso —afirma con gravedad—. Y lo digo en serio. Estoy aquí para lo que necesites.

Asiento con la cabeza. Aunque me irrite, sé que me cubrirá las espaldas con el rancho.

La voz ronca de Ivy resuena por el pasillo. La oigo antes de verla, ya que se acerca cantando una canción de Sierra Ferrell y no suena nada mal. Vale, suena de puta madre. Luego entra como una exhalación por la puerta de su oficina que justamente está enfrente de la mía.

La mujer capta nuestra atención, tanto la de Haden como la mía, a través de mi ventana, que da directamente a la suya.

Vemos cómo se quita su característico coletero, de color rojo cereza esta vez, para soltarse la larga y espesa melena.

Unas ondas brillantes le caen sobre los hombros como si fueran una ola que rompe en la orilla.

Haden traga saliva de forma audible. Para colmo, se inclina hacia delante para buscar algo en su bolso y su escote se abre de par en par al mismo tiempo que su pelo cae hacia delante.

Por segunda vez en el día, mi polla se fija en ella en el momento más inoportuno.

—Joder —susurra Haden , que me quita la palabra de la boca. Le doy un manotazo en el hombro por mirarla tan descaradamente—. Lo siento, pero mírala. ¿Tenías que contratar a la entrenadora de caballos más sexy del planeta y luego prohibirnos a todos que nos acerquemos a ella?

—Ya tienes suficientes muescas en tu cinturón —reitero a la vez que observo de reojo cómo sus pechos se curvan sobre su esbelta cintura. Apuesto a que podría rodearla con mis dos manos mientras…

—A lo mejor deberías ir a Lexington con Cole y buscarte una mujer para que cumplas con tus propias reglas —sugiere Haden mientras suelta una risita y me da una fuerte palmada en el hombro.

Gruño, enfadado porque me ha pillado mirándola cuando se supone que yo debería ser el ejemplo a seguir.

—¿Cómo van los preparativos, jefe? — Ivy toca el marco de mi puerta y asoma la cabeza en mi oficina, de manera que Haden y yo nos callamos al instante. Mi vaquero se aclara la garganta y rodea mi escritorio—. ¿Has podido registrarte para la subasta?

Mira su teléfono y se acerca a nosotros. Como soy más alto que ella, puedo ver lo que se esconde bajo su camiseta, y eso no me ayuda a mantener mi pene a raya. Aparto la mirada, pero hostias… las camisetas ajustadas y los escotes son la mayor debilidad de un hombre.

—Tengo una hora antes de que llegue la excursión del colegio. ¿Necesitas ayuda? —pregunta.

Me vuelvo hacia Haden , quien esboza una sonrisa burlona que me indica que me ha calado por completo.

—Claro, pasa. —Señalo la puerta sin apartar los ojos de Haden para que no le mire el escote, porque sé muy bien que lo hará—. Haden ya se iba. Había venido a ponerme al día sobre algo relacionado con la limpieza de los establos.

Casi una hora después, ya nos hemos inscrito en la subasta y lo tenemos todo organizado.

También hemos echado un vistazo a los caballos de un año, llamados potrillos, con más potencial.

Los caballos de derbi deben tener, concretamente, tres años para poder competir, lo que significa que tendremos por delante un año entero de entrenamientos y de clasificatorias para cuando el caballo cumpla dos años.

Levanto la vista de mis notas y miro a Ivy .

—Ya tengo algunos caballos fichados para ver en Nashville . —Aclaración: «Ya sabes, vamos a dormir en mi camioneta si no consigo encontrar un hotel».

Ivy está animada y llena de esperanza mientras parlotea sobre sus planes y repasa toda la investigación de entrenamiento que ha realizado y que deberá llevar a cabo en los próximos meses.

Será un trabajo a tiempo completo para ambos, lo que significa que tendré que dejar al empalagoso de Haden a cargo de Silver Pines y yo me dedicaré a asesorarle.

—El padre de este corrió en el derbi y se apareó con esta hembra —comenta Ivy mientras señala con su fino dedo los nombres que aparecen en la pantalla y que no tienen ningún tipo de significado para mí.

Ella levanta la vista y me mira con sus ojos violetas expectantes.

—No tienes ni idea de quiénes son estos caballos, ¿verdad? —pregunta Ivy , a lo que niego con la cabeza.

—Nunca se me dieron bien estas cosas —confieso.

Pone los ojos en blanco y ni con esas consigo apartar la mirada mientras sigue hablando.

—El padre de este, Prince of Amarillo, quedó cuarto en el derbi de 2016 y su madre, Pearl of Night , corrió en el Oaks hace dos años —me explica al referirse a otra carrera muy conocida—.

Tendremos que hacer una pequeña lista de caballos a tener en cuenta, pero quiero ver a este sí o sí.

—Vuelve a señalar la pantalla de mi ordenador—.

Rustling Winds . Podría ganar. Mira qué precioso es. Mira su genealogía.

Su entusiasmo es contagioso según sigue parloteando.

Inesperadamente, un escalofrío me recorre la espalda al pensar en participar de nuevo en las carreras.

Antes me gustaba bastante. Qué cojones, me encantaba.

Durante aquellos años cuando aún estaba mi padre, recuerdo sentirme vivo en las gradas mientras lo miraba conteniendo la respiración.

—Estos potrillos son fuertes y están tan bien criados que me muero de ganas de entrenarlos día y noche. Lo tengo más que claro.

—Bueno, supongo que eso es todo lo que necesitamos —mascullo con sarcasmo.

—De hecho, lo es. — Ivy me mira con una ceja arqueada—. Algo que puede que no sepas de mí es que cuando quiero algo, lo consigo.

Lo curioso es que no tengo ni una puñetera duda de ello por el simple hecho de que tiene un aura que muestra que ha pasado por muchas cosas y ha vivido para contarlo.

—Ya veremos qué tal nos va —replico mientras pongo nuestros documentos en una pila ordenada y los guardo en una carpeta.

Me estoy arriesgando mucho al planear algo así a última hora. Solo espero no arrepentirme. La voz de mi padre resuena en mi cabeza; me dice que me relaje un poco y me deje llevar, como hacía él siempre.

—A título personal, Wade , mi padre y yo solíamos ver las carreras juntos.

Antes de que falleciera, me enseñó a montar, a conectar con los caballos y a entrenar a pesar de que todavía era una chiquilla.

—Su mirada parece estar perdida mientras lo recuerda durante unos instantes, pero luego vuelve a posar sus ojos violetas en mí—.

Formar parte de algo así siempre ha sido mi sueño, pero nunca había tenido la oportunidad, así que gracias por dármela.

Coloca su delicada y cálida mano sobre mi antebrazo. Bajo la mirada hacia el lugar donde me toca durante una fracción de segundo y luego la aparta. No es más que una caricia amistosa; aun así, su roce deja huella en mi piel.

—Perdón, pero ¿qué puedo decir? Siempre he sido muy sobona, jefe. No puedo evitarlo, es parte de mi naturaleza. —Escuchar lo sobona que es y ver lo cerca que está sentada ahora mismo me obliga a apretar la mandíbula y a apartar la mirada.

«Puede que Haden tenga razón: me vendría bien una escapada a Lexington con Cole».

Sonríe, hace un gesto para restarle importancia y empieza a hablar, porque así es ella.

—Tengo muchas ganas de los próximos meses que se nos vienen.

Si nos clasificamos, será una publicidad fantástica para Silver Pines .

Un nuevo reto. Ya lo verás. —Mira por encima de mi hombro hacia el gran corral circular donde se está realizando la excursión escolar del mediodía y los niños han empezado a reunirse.

Tal vez sea por su energía positiva, por el momento o la combinación de ambos, pero por un instante casi me noto sonreír cuando su energía y entusiasmo conectan con los míos.

Puedo ser espontáneo y, coño, puede que un nuevo reto sea precisamente lo que necesite.

—Mira, a tomar por culo, ¿sabes qué? ¡Vamos a hacerlo! —exclamo.

Ivy me mira y se queda boquiabierta durante un segundo al oír mis palabras. Luego suelta una risita mientras se levanta.

—Ese es el espíritu, jefe —dice mientras empieza a recoger sus cosas al mismo tiempo que Haden asoma la cabeza para hacerle una pregunta.

Mi espontaneidad se ve interrumpida cuando le echo un vistazo a mi teléfono, que vibra sobre mi escritorio y se ilumina para mostrar el nombre de mi madre.

«Mierda».

Jefaza: ¿Te importaría explicarme por qué tengo que enterarme de que vamos a comprar un caballo para el derbi por Haden Brooks ?

Debería haber hablado con ella primero. No le gusta sentirse excluida y estoy seguro de que me lo recordará siempre que pueda durante las próximas semanas.

Yo: Sabías que me lo estaba planteando. Es lo que todos queréis, ¿no?

Jefaza: Lo es, pero no me gusta enterarme de lo que pasa en mi propio rancho de la boca de terceros.

Jefaza: Invita a Ivy esta noche. Podéis contármelo todo más tarde.

Yo: Seguro que tiene mejores cosas que hacer. Ya te lo explicaré yo.

Jefaza: Vale, pues se lo preguntaré yo misma. No me dirá que no. Nos llevamos tan bien como el chocolate y la mantequilla de cacahuete.

Hago una mueca y acepto lo inevitable antes de responderle.

Yo: Ay, de verdad, mamá. Ya le pregunto yo, que la tengo aquí delante.

Jefaza: Así me gusta. Pues os veo luego.

Casi puedo ver la sonrisa de satisfacción de mi madre desde aquí. Nadie le dice que no.

Resoplo y me aclaro la garganta. Tengo que detener a mi entrenadora de caballos residente, con la que parece que todo el mundo quiere estar, antes de que salga por la puerta con Haden .

— Ivy …

Ella se gira y me mira expectante.

—¿Tienes planes para cenar esta noche? Mi madre nos ha invitado para que le contemos lo del derbi.

La sonrisa de Ivy se extiende por su rostro como si fuera el mejor plan del mundo mundial.

—¿Una cena con los Ashby ? ¡De cabeza! —Sus ojos se iluminan aún más, si es que eso es posible—.

Dile a tu madre que llevaré un pastel —canturrea mientras se aleja por el pasillo y admito que me deleito con la imagen de su culo perfecto.

Cuando me levanto de la silla, veo algo de color rojo cereza en el borde de mi escritorio.

Otro puñetero coletero.