Capítulo 3
Ivy
Nunca he tenido mucha fe en la gente. No es que no me guste la gente, todo lo contrario.
Pero me resulta más fácil no empezar algún tipo de relación y mantener las distancias.
Prefiero relacionarme con los animales, especialmente con los caballos con los que trabajo.
La gente es voluble y casi siempre te decepcionará o se irá a la primera de cambio.
Sobre todo los hombres. Por experiencia propia sé que la mayoría de los hombres son fáciles de interpretar.
Los que he conocido o con los que he trabajado a lo largo de los años se pueden clasificar en dos categorías: o me tienen miedo o hacen todo lo posible para darme por culo, tanto en sentido figurado como literal.
Muchos hombres no me toman en serio y casi siempre creen que saben más que yo.
El mundo ecuestre está lleno de estos tipos, así que estoy acostumbrada a estudiarlos y saber qué opinan de mí en cuestión de segundos.
Eso fue así hasta que conocí a Wade Ashby .
Sin duda, Wade no me tiene miedo ni tampoco me mira como si quisiera follarme.
Puede que Wade Ashby sea el único hombre que he conocido que tenga el ceño fruncido las veinticuatro horas del día.
Y por extraño que parezca, a pesar de eso, es más fácil trabajar con él que con cualquier otro hombre porque Wade no tiene nada que ver con los demás.
Es fuerte, profesional, superlisto, respetuoso y mantiene tantísimo el control a todas horas que me pregunto si en algún momento o circunstancia lo ha perdido, aunque sea por un instante.
A primera vista, parecía modesto y un tanto misterioso, como un Henry Cavill sexy…
si Henry midiera un metro noventa y ocho, interpretara a un ranchero y tuviera una mueca constante en el rostro.
Pero entonces, abrió la boca y enseguida comprendí que Wade Ashby no iba a ser de los que «quieren conocerte mejor».
Desde que llegué, me está costando aprender a lidiar con sus dos estados de ánimo: gruñón y extremadamente gruñón.
Según lo fruncido que tenga el ceño sobre esos profundos ojos verdes que me atraviesan el alma cuando me mira, sé qué clase de día me espera cada mañana.
Aunque hay una cosa que tengo clara: casi siempre me mira con desaprobación, porque Wade es muy inflexible y le gusta recordarme siempre que tiene la oportunidad que mi forma más moderna de entrenar no es su estilo.
Como hace poco me prometí a mí misma que no iba a dejar que nadie jugara conmigo ni con mis emociones nunca más, casi siempre le respondo con su misma actitud, algo que, curiosamente, parece gustarle.
En general, el humor de Wade es muy predecible.
Pero ¿hoy? Hoy es el primer día que me ha desconcertado y me ha sorprendido de verdad.
No sé por qué Wade decidió comprometerse de verdad a buscar un nuevo caballo de carreras para Silver Pines , pero me da igual.
Voy a ir a por todas. ¿Entrenar a un caballo en potencia para el derbi con tan solo veintinueve años?
¡De cabeza! Es muy distinto a cómo funcionaban las cosas en el parque de caravanas Winding Eagles que dejé atrás en Jellico y es mi oportunidad de labrarme un nombre como entrenadora.
Desde el día en el que me contrató, esperaba que mi jefe tuviera un espíritu aventurero bajo esa apariencia ruda, pero no tenía muchas esperanzas. Hasta ahora, claro, porque en menos de dos semanas me va a llevar a comprar caballos. Estoy tan emocionada que podría gritarlo a los cuatro vientos.
Sigo trabajando con mi nuevo colega equino, Nutmeg , para despertar su lado reflexivo. Conocí a este caballo en mi primer día. Ha evolucionado mucho y es el caballo de montar favorito de Mabel , la sobrina de siete años de Wade . Lo cual tiene sentido.
Mi padre era veterinario de caballos y siempre pensó que los caballos, todos los animales, en realidad, tienen almas gemelas.
Hasta ahora, Nutmeg se parece mucho a Mabel : es revoltoso y le encanta jugar.
Cuando trabajo con él en sus ejercicios de relajación, siento que el teléfono me vibra en el bolsillo.
Lo ignoro unos minutos mientras sigo, pero luego suelto a Nutmeg en el corral y saco el teléfono.
CeCe : Muchas gracias por tocar la guitarra anoche. Espero que te divirtieras.
¿He mencionado ya, sin contar con el cascarrabias de mi jefe, que estoy enamorada de su familia?
Me han hecho sentir tan a gusto que no dudé ni un segundo en aceptar cuando Nash me pidió que tocara la canción favorita de CeCe de Shania Twain mientras le pedía matrimonio anoche.
Han sido muy dulces, menos Wade , pero no me lo tomo como algo personal porque nos mira a todos como si le cabreara muchísimo no poder llevar el rancho entero él solito.
Yo: Fue un placer y me lo pasé genial. Los Demonios saben montar una buena juerga.
CeCe : Sí, nos lo montamos bien.
Yo: Pero no sé si tu hermano lo disfrutó mucho. No parecía muy contento de tener que llevarme a casa.
CeCe : Él nunca está contento. Tenemos que asumir que es parte de su encanto.
Yo: A mí me lo vas a decir… Incluso parece cabreado por plantearse correr en el derbi. Lo cual, en mi opinión, es algo muy emocionante y motivo de gran celebración. ¿Conoce siquiera la palabra «celebrar»?
CeCe : ¿Ha decidido participar en el derbi? ¿En serio?
«Mierda». Escribo algo, pero enseguida me detengo. Luego vuelvo a escribir.
Yo: Bueno, vamos a comprar caballos, así que supongo que sí… ¿No te lo dijo?
CeCe : No estaba presente cuando lo anunció😜
Yo: Creo que acabo de meter la pata. ¿Te importa hacerte la sorprendida cuando te lo diga?
CeCe : Tu secreto está a salvo conmigo. Sea cual sea el motivo, me alegra que esté pensando en hacerlo. Os animaremos y os ayudaremos encantados en todo lo que podamos.
Yo: Gracias por no decir nada y por vuestro apoyo.
CeCe : No hay de qué. Las chicas tenemos que mantenernos unidas.
Por segunda vez en el día, Wade me pilla desprevenida. ¿Por qué no se lo ha dicho a su familia si ya ha reservado las habitaciones de hotel?
El teléfono vuelve a vibrar, pero esta vez no es la hermana de Wade . Es la hermana de mi ex.
Chelsea : Odio tener que molestarte. Brad no deja de pedirme que intente hablar contigo. Lo siento por inmiscuirme y te echo de menos. Espero que estés bien.
Suspiro y me guardo el teléfono en el bolsillo. «Hoy no, Satanás».
Han pasado tres meses desde que dejé el rancho Bellingham y al mismísimo diablo, más conocido como « Brad ».
Solía responder a su hermana, Chelsea , y a su madre porque, siendo honesta, me sentí parte de su familia durante un tiempo.
Intento no enfadarme con ellas. Sé lo persuasivo que puede ser Brad cuando quiere algo.
Si me llaman, casi siempre las ignoro. Necesito un teléfono y un número nuevos con urgencia.
Mi móvil tiene más años que Matusalén, pero es lo único que puedo permitirme con todas las cargas financieras que tengo encima.
Al principio, intenté bloquear el número de Brad , pero luego se puso creativo y empezó a escribirme desde los móviles de su familia o a llamarme desde su rancho.
No dejo de repetirme que esto es algo pasajero.
Brad no sabe estar solo. Tengo la esperanza de que se encapriche de alguien nuevo y me deje en paz.
De momento, no ha descubierto dónde estoy y espero que siga siendo así.
Voy a buscar a Nutmeg y empiezo a guiarlo hacia su cuadra mientras me pregunto por enésima vez cómo pude caer en la trampa de Brad .
No solo caí, sino que me lancé de cabeza.
Es el príncipe del rancho Bellingham , un hombre de familia adinerada.
De esos que parecen intelectuales por fuera, pero que, en realidad, todo es una fachada tras la que se esconden.
Aunque en aquel momento no lo sabía, Brad es un narcisista de pies a cabeza.
Uno con un lado cruel, una faceta que conocí en profundidad durante estos últimos años.
Crecí como muchas otras niñas, escuchando las palabras «nunca dejes que un hombre te trate mal» y «conoce tu valía».
Tuve un padre fantástico que me enseñó a ser fuerte y audaz.
Pero lo calculó al milímetro y sucedió tan despacio que no fui consciente del control emocional que Brad tenía sobre mí hasta que estuve metida de lleno en aquella relación.
Cuanto más dependiente me volvía de él y de su rancho, menos intentaba guardar las apariencias.
Jugó con cada una de mis inseguridades y, de alguna manera, me hizo creer que él era mi mejor opción para obtener la estabilidad y la seguridad que tanto ansiaba.
En algún momento a lo largo de esos años con Brad , me perdí a mí misma, a esa versión que me criaron para ser.
Ahora que miro hacia atrás, creo que mi padre me vigilaba desde arriba y me ayudó a marcharme.
Cuando el hombre que conocía desde que era pequeña, mi mentor en la American Association y uno de los mejores amigos de mi padre, me contó que Silver Pines estaba buscando un nuevo entrenador, algo dentro de mí me dijo: «Esta es tu oportunidad. Aprovéchala».
No fue fácil llegar hasta aquí, pero lo conseguí.
Y ahora, siempre y cuando logre evitar que mi nuevo jefe explote de pura irritación durante los próximos meses, tengo una casa y un trabajo que me encantan. Por no mencionar que quedará estupendo en mi currículum cuando llegue mi hora de partir.
Coloco la cuerda y la cabezada en la parte frontal de la cuadra de Nutmeg , la cierro y suspiro mientras contemplo la montaña que se extiende por detrás del establo.
Brad Bellingham no me va a arruinar el día.
Nadie lo hará, ¡porque Ivy Grace Spencer está a punto de entrenar a un caballo para el derbi!
Haden : Parece que el Sargento se está volviendo loco mientras te espera. Está hablando por teléfono y no deja de caminar de un lado a otro, madre mía.
Haden : Será mejor que te des prisa y vengas para aquí antes de que cambie de opinión sobre lo de ir a buscar un nuevo caballo.
Esbozo una sonrisa.
Yo: Quizá deberías intentar darle un abrazo. Parece que lo necesita.
Haden : Prefiero conservar mis brazos.