Capítulo 2
Wade
Nash : Buenos días, chicos. @Sargento , gracias por sacrificarte por el equipo y llevar a Ivy a casa anoche. Me aseguré de que tu camioneta estuviera cerrada con llave cuando me fui. Puedo pasar a recogerte más tarde para que vayas a buscarla.
Nash : Por cierto, ¿ Ivy se lo pasó bien? Rae no para de hablar de ella.
Yo: Sí, demasiado bien porque, al parecer, esta familia no sabe lo que significa mantener relaciones estrictamente profesionales.
Cole : @ Nash , no le hagas ni caso. Está enfadado porque tuvo que sentarse a sesenta centímetros de ella y fingir que no se fijó en lo bien que le quedaba ese vestido rojo.
Yo: Es mi empleada.
Nash : ¿Tu empleada? Eso ya lo dije yo una vez. ¿Tú también piensas que no deberías mirarla, pero eso hace que quieras mirarla aún más?
Cole : Joder. Ya hemos hablado de esto muchas veces. Hay que parar.
Nash : Lo siento, sois mis únicos amigos 🤷
Nash : Ni siquiera vi que os marchasteis. Volví de mi oficina y ya no estabais.
Yo: Te buscamos, pero CeCe y tú habíais desaparecido y no queríamos saber por qué.
Cole : Repito, no me apetece tener esa imagen mental mientras me tomo mi café matutino, cojones.
Nash : Me acojo a la quinta enmienda. Y gracias por venir, chicos. No me puto creo que esté comprometido.
Cole : Jajaja. Lo mejor es que no tiene idea.
Yo: Pero para nada. Ni puta idea tiene.
Nash : ¿De qué cojones estáis hablando?
Cole : Prepárate, es lo único que voy a decirte.
Nash : ¿Prepararme para qué? ¿Para toda una vida llena de felicidad?
Sonrío. Sé exactamente a qué se refiere Cole .
Yo: Prepárate para aguantar a CeCe mientras planea la boda. Imagina cómo es en la oficina y multiplícalo por un millón.
Nash : Sois unos exagerados. No será para tanto. Se supone que las bodas son divertidas.
Cole : Aviso: no tardarás mucho en darte cuenta de que estás en la mierda.
Nash : Joder…
Yo: Que tengas un buen día, colega 👍
Me guardo el teléfono en el bolsillo y miro por la ventana.
El sol empieza a asomar por la cima de la montaña Sugarland mientras cierro mi termo de café y salgo de mi cabaña para dirigirme hacia los establos principales.
Normalmente iría en coche para tener la camioneta a mano durante todo el día, pero como sigue estando en el aparcamiento de The Horse me he implicado de lleno y me estoy planteando seriamente hacer lo que mi madre y mis hermanos quieren: aprovechar que Ivy está con nosotros para que me ayude a encontrar un potrillo y empezar a entrenarlo para las clasificatorias del derbi del año que viene.
Todo el proceso y la preparación para el derbi nos llevará más de un año y medio, y, aun así, puede que no lo logremos.
El derbi de Kentucky no es el más lucrativo económicamente hablando, pero es el más importante y seguir los pasos de mi padre e inscribir a un purasangre ganador parece inevitable.
Por fin tenemos el tiempo y los recursos para hacerlo, pero tenemos que encontrar al animal adecuado para poder empezar a entrenarlo de inmediato.
Necesitaré todo el tiempo del que dispongo, toda la ayuda que Ivy pueda ofrecerme y una pequeña fortuna para lograrlo, pero como nuestra situación financiera ha mejorado gracias a la ayuda de Nash y nuestro año va mucho mejor en general, creo que es posible.
Podría trabajar codo a codo con Ivy , brindarle una experiencia de aprendizaje y así separarla un poco de los desesperados vaqueros de mi rancho que no dejan de observarla.
—Buenos días, jefe. — Ivy me sonríe cuando entro al establo.
Tiene un aspecto fresco y parece lista para trabajar.
Lleva el pelo negro azabache recogido en lo alto de la cabeza en un moño despeinado.
Unos suaves mechones le enmarcan el rostro, el cual no tiene ni una pizca de maquillaje.
Lleva puestos uno de sus muchos vaqueros Levi’s , que se ciñen a sus curvas como una segunda piel, y una camiseta blanca escotada y perfectamente ajustada de la gira de Eric Church que parece estar a punto de estallar debido a sus voluminosos pechos.
Sí, lo sé, es mi empleada, pero soy un hombre. Y habría que estar muerto o ciego para no fijarse en Ivy .
—No tienes tan mal aspecto después de tantas margaritas —señalo.
—Le traje un café de la casa principal —comenta Haden , el vaquero principal del rancho, desde uno de los establos.
Por supuesto que se lo trajo. Y por supuesto que ya está aquí para ayudarla cuando debería estar liderando un pequeño equipo para limpiar todas las cuadras. Cuánta dedicación derrocha…
—Algo me decía que lo necesitaba después de lo de anoche. —Él sonríe.
Ivy le dedica una sonrisa impresionante que me obliga a apretar los dientes. Es el último hombre que querría que le trajera algo a Ivy .
—Tu familia sí que sabe montar una fiesta —afirma mientras cierra la cuadra en la que estaba trabajando.
—Mmm —gruño.
Haden se ríe por mi falta de palabras, pero Ivy ni se inmuta ante mi respuesta. A estas alturas, ya está acostumbrada.
—Ah, imprimí la información de registro para Nashville y te la dejé en el escritorio, por si te interesa. Es el 27. ¿Te lo has pensado mejor? —me pregunta.
Es verdad, la venta de crías anual de Nashville . Es la mejor ocasión para comprar un potrillo.
—Le he estado dando vueltas —admito mientras me froto la mandíbula—. Necesitamos un jinete y muchísimo tiempo para entrenarlo durante el próximo invierno y la primavera. Además, tendré que dejar muchas tareas de lado para dedicarme de lleno a esto.
Ivy asiente, acostumbrada a mi indecisión con este tema. Llevamos discutiendo sobre ello desde antes de que empezara a trabajar con nosotros de forma oficial.
—Yo puedo ayudar a Ivy con lo que necesites, jefe —interviene Haden mientras su mirada va saltando de Ivy a mí—.
Puedo acompañarla a cualquier entrenamiento con el potrillo, encargarme de las tareas que haya que hacer por aquí, lo que necesitéis.
Incluso podría ir a Nashville con Ivy … si estás muy ocupado y quieres saber su opinión.
Ivy le lanza una mirada esperanzada y luego me mira a mí.
—No es mala idea, si eso es lo que te preocupa —comenta.
«Ni de puta coña». Haden se la ha estado comiendo con los ojos desde que llegó al rancho y, aunque es un buen vaquero, seguramente el mejor de los que trabajan aquí, es un mujeriego de cuidado.
Ha estado con más tías de Laurel Creek que nadie, incluso supera a Cole .
Y, por esa razón, me niego en rotundo a que pase tanto tiempo a solas con Ivy .
Me aclaro la garganta y tomo una decisión impulsiva.
—No, ya lo he decidido. Haden , necesitaré que asumas más responsabilidades para que podamos hacer esto. Que me sustituyas cuando sea necesario, que seas mis ojos y mis oídos en el rancho mientras hacemos todos los trámites.
«¿Qué estoy haciendo?».
Me quito el sombrero y me paso una mano por el pelo mientras ambos me miran expectantes.
—Ya he reservado un hotel en Nashville —miento—. Iremos a ver qué nos parece.
—¿Iremos? —pregunta Ivy con las cejas arqueadas. La miro y asiento con la cabeza.
—Sí, ahora eres nuestra entrenadora y lo seguirás siendo en un futuro próximo, así que vendrás y darás tu opinión —replico sin mucha convicción.
Ivy chilla y se abalanza sobre mí, lo que me pilla por sorpresa. Su diminuto cuerpo se amolda al hueco de mi brazo y entrelaza las manos por detrás de mi cintura.
—¡Hostias, jefe! No te decepcionaré. Entrenaré a ese caballo noche y día, correrá como el viento para cuando llegue la primavera —exclama emocionada en mi oído.
Su voz es suave y ronca. Es una voz perfectamente reconocible que me eriza el vello de la nuca, sobre todo ahora que está tan cerca.
Además, se nota que no intenta sonar sexy, pero lo es y ya está.
Si a eso le sumas el tacto de sus manos en mi espalda y la calidez y suavidad de su cuerpo pegado al mío, es inevitable que mi polla decida que este momento es el mejor para despertarse y apreciar esa cercanía.
«Tranquilízate, compañero, no te toca».
Le separo las manos y doy un paso hacia atrás.
—De acuerdo. Bueno, hay mucho que preparar, así que estaré en mi oficina. Cuando termines con tus tareas, ven a buscarme y empezamos a planearlo todo.
Asiente con una expresión de disculpa en su rostro por haberme abrazado.
—Me parece bien —conviene. Ha vuelto a adoptar su tono profesional.
Haden se ríe desde su cuadra y siento la repentina necesidad de pegarle un puñetazo en la cara mientras me doy la vuelta para ir hasta la oficina.
Tengo que reservar las malditas habitaciones de hotel.