6 de junio de 1944 #4
- No os confiéis, vamos a avanzar en grupos de cinco, si fuera necesario el grupo anterior o el posterior abrirá fuego de cobertura – Evans dio las indicaciones pertinentes a sus soldados que se colocaron en posición para llegar hasta el puente donde esperaban encontrarse con los del primer batallón de la 505.
Giró sobre sus botas y se dirigió a Anne – usted conmigo ¿no tiene casco?
Anne negó con la cabeza y vio como el teniente resoplaba y elevaba la mirada al cielo poniendo los ojos en blanco con una mezcla de hastío y sorpresa.
Rio para sus adentros. Desconocía la información que el teniente m manejaba sobre los combatientes franceses pero estaba segura de que no se explicaba como mal equipada y andrajosa estaba todavía viva.
- Bien, es igual, no se separe de mi lado, no queremos que le vuelen la cabeza en el último momento ¿entendido? ¿Lleva munición?
- Sí, teniente – dio unas palmaditas a los bolsillos de sus pantalones indicando donde se encontraban sus balas de repuesto.
El oficial quedó satisfecho y se dirigió a sus hombres dando las indicaciones pertinentes con los brazos para el que primer grupo avanzase mientras que un segundo grupo apuntaba con sus fusiles de asalto al horizonte para cubrirlos en caso de necesidad.
Desde la retaguardia, Anne y Evans observaban como los grupos avanzaban hasta los puntos donde el camino doblaba y se hacían señales para indicar que estaba despejado.
Tardaron más de veinte minutos en cubrir una distancia que en condiciones normales hubieran hecho en la mitad de tiempo, pero toda precaución era poca, cada hombre era imprescindible.
Cuando el primer grupo alcanzó el último recodo y tuvo el puente a la vista se escuchó un grito de alegría.
Soldados americanos esperaban en el puente atrincherados en ambas márgenes del río.
Sin bajar la guardia avanzaron prestos hasta llegar a los parapetos del lado este, el del pueblo, y se pusieron a cubierto.
- ¡Evans! – un oficial de igual rango le saludaba con efusividad. Anne retrocedió unos metros para que pudieran hablar tranquilos, pero manteniendo sus viejas costumbres, se quedó lo suficientemente cerca como para escuchar lo que decían.
- ¡Roy! ¿Dónde están los del 505?
- No consiguieron reunir suficientes hombres para capturar esta posición y el puente de La Fière, remontando el río, así que optaron por capturar La Fière, con ayuda de la 508 y nosotros hemos tomado esta.
- ¿Ha habido muchas bajas? – preguntó Evans con preocupación.
- Perdimos cuatro hombres a manos de varios francotiradores en el centro del pueblo cuando avanzábamos hacia el puente.
Parecía todo despejado pero los malditos estaban escondidos en los edificios alrededor de la plaza de la estación y abrieron fuego.
Corrimos para parapetarnos en la estación de tren y reorganizarnos.
Tardamos varias horas en limpiar la zona.
- ¿Cómo de segura es nuestra posición aquí Roy?
- Honestamente, no lo sé, después del combate los alemanes huyeron pero dudo que vayan a dar por perdido este bastión tan fácilmente.
Bien sabes que es un punto estratégico como La Fière y Beuzeville y que nuestro avance para dividir la península de Cotentin en dos y seguir hacia el sur depende en gran parte de que seamos capaces de hacernos fuertes en esta posición.
- Lo sé. Mis hombres y yo nos quedaremos con vosotros hasta nueva orden por parte del comandante Gavin.
- Gracias, amigo – mientras los oficiales organizaban la defensa, los soldados que habían llegado desde Beuzeville y los que estaban en Chef-du-Pont se abrazaban y se palmeaban con fuerza la espalda los unos a los otros.
Los más cercanos, los que eran casi como hermanos se saludaban en silencio frente a frente apoyando el casco de uno en el otro.
Todos sentían alivio y estaban felices de haber encontrado a sus compañeros después de haber quedado desperdigados en la oscuridad de la noche tras el salto de los aviones.
Fueron hasta la estación de tren donde la 507 había establecido el cuartel temporalmente. Les ofrecieron agua y comida que habían requisado de los almacenes alemanes.
- ¿Habéis hablado con la población civil? – preguntó Anne mientras se deleitaba saboreando una onza de chocolate que le había ofrecido un soldado. Hacía años que no lo probaba y el de contrabando estaba tan malo que no merecía la pena gastarse los francos en él.
- Por el momento no hemos hablado con nadie, teníamos un intérprete en nuestro grupo, pero lo perdimos en el salto – Roy tragó saliva – el Dakota en el que viajaban él y otros de nuestros hombres se incendió por fuego enemigo antes de que pudieran siquiera saltar, así que estamos sin intérprete.
En cualquier caso, los civiles están aterrorizados y no quieren hablar.
Aunque no lo dijo en voz alta pensó que si los estadounidenses esperaban paseos triunfales bajo una lluvia de pétalos de rosas tendrían que esperar un poco más.
- Yo puedo ayudar con eso. Me acercaré a las viviendas de los locales para ver qué pueden contarnos.
De mí se fiarán – Roy asintió y Evans ofreció que un par de sus hombres la acompañaran en caso de que hubiera problemas.
Anne aceptó con la condición de que se quedaran a una distancia prudencial.
Escoltada por dos jóvenes soldados, atravesó la plaza y callejeó por el pueblo en busca de casas con signos de estar habitadas.
Anne vio que una mujer recogía la colada, pero al reparar en ellos se metió dentro a toda prisa.
Anne les indicó a sus improvisados compañeros que la esperasen ahí.
La verja chirrió. Cruzó el jardín y llamó a la puerta principal, pero nadie acudió.
Se asomó a través del cristal y desde dentro una niña la miraba con ojos curiosos.
Anne sacó el trozo de tableta de chocolate que le quedaba y se lo mostró.
La niña se acercó y abrió la puerta. Anne se agachó y se la dio.
La niña la cogió y con gesto triunfal corrió hacia el interior.
Segundos después la mujer apareció con la niña escondida entre sus faldas.
- ¿Qué es lo que quiere? – preguntó con sequedad en francés.
- No queremos molestarla, se lo juro – respondió con dulzura. Anne se percató de que miraba con recelo su arma y la dejó apoyada con cuidado a un lado – me llamo Anne y llevo años con la resistencia francesa.
- No es que hayáis hecho demasiado por nosotros – su tono era de resentimiento, pero era comprensible.
La población local en lugares con intensa presencia alemana había estado sometida a enormes privaciones y presiones, y la resistencia no siempre tenía acceso a ellos para facilitarles comida o medicinas.
- Y lo sentimos profundamente, no era fácil llegar a todo el mundo – Anne no iba cejar en su empeño de ganarse la confianza de aquella mujer, toda ayuda era poca – pero ahora estamos aquí, y con ello no quiero decir que todo lo malo haya pasado ya, debemos creer que es el principio del fin de esta pesadilla – la mujer abandonaba poco a poco la actitud defensiva inicial.
La invitó a tomar asiento. Anne prosiguió:
- Los aliados han desembarcado o están haciéndolo en las playas de Normandía.
No son solo un grupo de paracaidistas que ha caído sobre su pueblo por casualidad.
Es una gran operación y no piensan marcharse hasta que Francia haya sido liberada – Anne vio cómo los ojos de la mujer se tornaban vidriosos.
Realmente era emocionante pensar que aquello podría acabar pronto.
- Sueño con una Francia libre para mi hija – las palabras salían con dificultad.
- Y la tendrá – Anne apoyó su mano sobre la de ella - solo tenemos que aguantar un poco más. Pero vamos a necesitar su ayuda.
- ¿Y en qué podría servirles yo? – preguntó algo confundida la mujer.
- Al teniente Evans le gustaría hacerles algunas preguntas sobre los alemanes que han estado por la zona – Anne percibió su miedo.
Con toda seguridad, no había tenido buenas experiencias con soldados anteriormente – no se preocupe, es un buen hombre y yo estaré con usted – y aclaró para reforzar sus palabras – no habla francés así que necesita que yo me quede.
- Está bien, ¿vendrá ahora?
- Iré a buscarle si ahora le viene bien – asintió y cuando Anne se marchaba le dijo:
- Por cierto, soy Sophie.
- Encantada – cogió su fusil y salió de la casa. Se dirigió a los soldados que esperaban pacientemente en el exterior – vamos, tenemos que encontrar al teniente Evans.
- Sí, señora –.
- ¡Teniente Evans! – llamó al oficial con tal ímpetu que este se dio la vuelta algo sobresaltado.
- Señora Collins, ¿por qué grita?
- Disculpe señor, tenemos una mujer que está dispuesta a hablar si usted tiene tiempo ahora.
- Parker encárguese de terminar el informe sobre nuestra llegada hasta aquí. Cuando vuelva lo leeré y lo firmaré – se volvió hacia Anne – así que ha conseguido que alguien hable con nosotros.
- No ha sido muy difícil convencerla, aunque todavía están asustados. Llevan años indefensos y creo que no quieren hacerse ilusiones, por si nos vamos y les dejamos solos de nuevo.
- Nadie va a dejar sola a esta gente Collins – respondió molesto – hemos venido para hacer un trabajo y no nos iremos hasta que lo hayamos terminado.
- Me alegra oír eso, y a ella le alegrará también – abrió la verja – hemos llegado – tocó con los nudillos y esta vez sí, Sophie salió a recibirles. Se notaba que se había arreglado un poco el pelo y se había quitado el delantal.