Un consulado en París 30 de mayo - 3 de junio de 1940 #4
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30 de mayo - 3 de junio de 1940 #4

-           ¿Estamos todos? – preguntó Anne mientras miraba a todos lados. Rose contaba a las personas moviendo los labios. Asintió y tomaron las escaleras rápidamente cubriendo en apenas un minuto las cuatro plantas que los separaban del portal.

En el túnel, cientos de personas asustadas se hacinaban.

Hasta entonces la guerra había sido solo una palabra.

Ahora, estaba sobre sus cabezas y el miedo se reflejaba en los ojos de todos.

Se oía el ruido de los aviones volar sobre la ciudad, pero el sonido de las bombas caer parecía lejano.

Acurrucados y abrazando a los niños pasaron más de una hora, hasta que la segunda sirena sonó indicándoles que el peligro había pasado y que podían regresar a la superficie.

-           Anne quédate en casa con nosotros, tienes que descansar – suplicó Rose – además, los niños estoy segura de que agradecerán tenerte con ellos.

-            Tengo que volver a la embajada Rose – solo podía pensar en Simon – es posible que necesiten mi ayuda.

-           Anne, por favor, una hora – no pensaba dar su brazo a torcer y se sentía responsable de ella – hasta que tengamos confirmación por parte de David de que todo está bien.

No lo había verbalizado, y sin embargo Anne sabía que Rose temía que hubiera caído una bomba sobre la embajada.

Anne tenía la convicción de que no había sido así, pero no quiso contrariarla y accedió a acompañarles de vuelta a su casa.

El edificio estaba intacto, como todos los de su alrededor.

Nunca se mordía las uñas, pero el nerviosismo mientras esperaban la llamada desde el despacho del señor Hart, hizo que hasta se mordiera los dedos.

Por fin sonó el teléfono, todos estaban sanos y salvos.

Una ola de alivio las inundó. Anne se despidió de Rose con un abrazo y un cariñoso beso en la mejilla.

La adrenalina había hecho desaparecer el cansancio como por arte de magia, y sus pies corrían, o más bien volaban.

La embajada estaba semivacía, tan solo los cargos más importantes habían permanecido allí una vez finalizó el bombardeo.

Salieron del búnker y casi todo el mundo regresó a sus hogares, al encuentro de sus seres queridos.

Anne y Simon se encontraron a mitad de la escalera y se fundieron en un largo abrazo.

Se separaron y Simon le habló con seriedad.

-           Ven, vamos a recapitular el balance de daños. Y aunque tú no tienes permiso para estar en una reunión de ese tipo, hemos considerado que deberías asistir. Te lo has ganado por méritos propios.

Un destello brilló en los ojos de ella. Entraron en la sala de reuniones y se sentó discretamente junto a Simon. En el otro lado de la mesa, el embajador, el agregado naval, el militar y dos hombres a los que Anne no había visto antes.

-           Muchas gracias todos los que han contribuido a esta pequeña victoria – el embajador no señaló a nadie pero Anne sabía que indirectamente le estaba dando las gracias – ha habido pérdidas en vida y materiales, pero los franceses han podido salvar mucho más de lo esperado en esta situación.

Apenas una hora después de darles el aviso las sirenas sonaron.

Una hora…. Lo hemos salvado por los pelos señores – se dirigió entonces a Evans - ¿ha llegado ya el informe del ministerio de guerra francés?

-           Así es señor, el total de víctimas mortales ha sido de unos doscientos cincuenta militares, unos cincuenta civiles entre los que hay que lamentar la pérdida de una decena de niños que estaban en un colegio.

No tenemos noticias de ningún británico fallecido, por el momento, quizá entre los heridos – las víctimas eran siempre motivo de lamentación, pero las de niños y compatriotas eran especialmente dolorosas – casi todas las bombas han caído sobre la periferia oeste de París.

La aviación alemana fue recibida por las baterías antiaéreas francesas y al menos ocho escuadrones pudieron despegar para presentar batalla en el aire, lo cual obligó a los bombarderos alemanes a volar a más altura de la idónea para descargar las bombas, disminuyendo así la precisión – en ese momento Simon miró por el rabillo del ojo a Anne que sonreía disimuladamente llena de orgullo – otros, por desgracia, no llegaron a despegar y varios aviones de los aeródromos franceses han sufrido pérdidas, unos veinte en tierra y otros quince en el según el informe que he recibido.

Unos diez bombarderos alemanes fueron abatidos.

Por otro lado, algunas pistas de despegue y aterrizaje han quedado seriamente dañadas, pero ya están trabajando para arreglarlas.

Esto es todo por el momento señor Embajador.

-           Gracias Evans. Si nadie tiene nada más que comentar doy por finalizado este consejo. Gracias a todos por venir. Evans, Campbell, ustedes se quedan a completar el informe para Londres. Los demás se pueden ir a sus casas.

Salieron ordenadamente y en silencio de la habitación. Sabían que habían conseguido una pequeña victoria, pero que no sería suficiente.