Un consulado en París 8 de junio de 1939
14%

8 de junio de 1939

Johann y Anne disfrutaban de unos crêpes sentados en los bancos inclinados del jardín de las Tullerías.

Era una de esas raras tardes que dedicaban a estar juntos, sentían los últimos rayos del sol en su rostro y paseaban de la mano a la luz del ocaso hasta casa.

Le recordaban a sus largos paseos por St. James’s Park antes de casarse.

Cuando se sentaban a hacer picnic y dar de comer a las ardillas y observaban los elegantes cisnes que nadaban por el lago.

Apenas llevaban un rato fuera cuando Johann empezó a impacientarse.

-            ¿Por qué tienes tanta prisa en volver a casa? ¿No sé supone que era una tarde para nosotros?

-            Tengo que escribir un artículo urgente para mañana.

-            ¿Y de qué se trata si puede saberse? –preguntó Anne visiblemente enfadada.

-           Antes de salir de casa recibí un telegrama, pero no quise estropear el paseo – Anne no parecía muy convencida – venía de Washington.

El rey y la reina consorte cenarán esta noche allí con el presidente Roosevelt con motivo de su viaje oficial a Estados Unidos.

El caso es que en el discurso que han pronunciado el mensaje transmitido ha sido de unidad y cooperación.

Nada desdeñable teniendo que en cuenta que un monarca británico jamás había pisado Estados Unidos, ni siquiera durante la época colonial – hizo una pausa – pero la realidad es que el presidente se ha mostrado bastante reacio a apoyar a Gran Bretaña si la guerra estalla en Europa ya que el pueblo americano aún ve a Gran Bretaña como antiguo colonizador.

Esta visita tiene como objetivo acercar a ambos pueblos para darle más margen de maniobra al presidente.

Por el momento eso no se va a producir y, sin embargo, me han encargado escribir un artículo enfatizando que las relaciones entre los dos países son excelentes y que sus políticas y objetivos internacionales están en sintonía.

Engañamos a Alemania para hacerla desistir en su empeño de invadir media Europa puesto que los políticos no parecen muy decididos a ello.

El director del periódico ha estado de acuerdo y dudo mucho que el gobierno quiera hacer matizaciones al artículo a la vista la frágil situación actual.

– Anne asintió. Estaba de acuerdo con Johann en que algo había que hacer.

Él siguió explicando su estrategia – y aunque yo no diría que es exactamente una estrategia de apaciguamiento como la del Primer Ministro, desde luego no invita a desencadenar una guerra si conseguimos que los alemanes piensen que Estados Unidos respaldará a Gran Bretaña si eso llegara a ocurrir.

-            Estoy totalmente de acuerdo contigo – no se sentía con ganas de hablar de política aquella tarde.

Tomaron un taxi en la rue de Rivoli y llegaron a casa en pocos minutos. Johann se fue directamente al estudio, sacó la Olivetti del armario bajo la mesa, colocó un folio y comenzó a mecanografiar.

-           Prepararé un té para los dos y después me iré a la cama a leer un rato, mañana yo también tengo un día interesante. Avísame si necesitas algo más – ante la falta de respuesta se asomó a la puerta – ¿Johann?

-            Sí, sí, té, perfecto –respondió sin levantar la vista del teclado.

Cuando terminó de poner el punto y final del artículo, el reloj de pared del salón marcaba la una de la mañana y Anne dormía profundamente.

En apenas dos horas tendría que llamar por teléfono a la redacción en Londres para dictarles el artículo y que fuera incluido en la tirada de periódicos de aquella mañana.

Salió al balcón del salón y se apoyó en la barandilla.

No había un alma en la calle. Se encendió un cigarrillo y exhaló lentamente el humo.

Viernes 9 de junio de 1939

EL EJE WASHINGTON-LONDRES, MÁS FUERTE QUE NUNCA

Las relaciones entre los Estados Unidos y Gran Bretaña están en su mejor momento

Invitados por el presidente Franklin D. Roosevelt, la visita oficial de su majestad el rey Jorge VI y la reina Isabel, marca un hito histórico en las relaciones angloamericanas.

Nunca antes un monarca británico había pisado suelo estadounidense –ni siquiera cuando las trece colonias aun formaban parte del imperio británico–.

La visita oficial, que comenzó el día 7 con la llegada de sus majestades a suelo americano y que durará un total de cinco días llevará a los monarcas por cinco estados de la costa este.

Ayer, los reyes fueron acogidos entre el clamor de miles de estadounidenses que aguardaban con expectación su llegada a Washington, donde primero fueron a la Embajada británica para una recepción vespertina.

A continuación, se dirigieron a la Casa Blanca donde el presidente Roosevelt y la primera dama, Eleanor Roosevelt les aguardaban.

Durante la cena que se celebró allí en su honor, el presidente Roosevelt y el rey Jorge VI subrayaron que esta visita estrecha los lazos entre ambos países, afianza los valores comunes entre ambos pueblos y reafirma la democracia como modelo político, con independencia de la figura que ostente el título de jefe de estado.

Quienes estuvieron allí presentes cuentan que los americanos entonaron con orgullo God Save the King y que los británicos cantaron con igual entusiasmo el himno americano.

Antigua metrópoli y antigua colonia se miraron a los ojos y reconocieron como iguales.

Estamos, sin duda, ante el comienzo de una nueva era en la cooperación internacional, donde la solidaridad y la defensa de los valores democráticos se erigen como el indiscutible estandarte para la libertad de los pueblos .

-            ¿Tiene talento verdad? – comentó Lilian mientras leía el periódico durante el desayuno.

-            ¿Quién? – preguntó Hugh absorto en su plato de huevos revueltos con beicon.

-            Johann.

-            ¿Johann qué?

-           ¿Cuántos Johanns conocemos? Johann Adler, Hugh – le respondió mientras le pasaba el periódico por encima del desayuno – hoy el Times ha publicado un artículo suyo.

Hugh leyó el artículo por encima, sin prestarle demasiada atención.

-           Desde luego, estoy de acuerdo contigo en que tiene un talento innato para hacer parecer las cosas lo que no son – Hugh parecía molesto – Roosevelt jamás entrará en guerra con Alemania – hizo una pausa y dio un sorbo a su té – al menos por el momento de acuerdo con los informes que manejamos en Whitehall.

Lilian hizo un gesto de desaprobación, y Hugh entendió que al ser Johann el marido de su mejor amiga, no iba a admitir comentarios negativos, de modo que decidió matizar su opinión.

-           Pero coincido con él en que hay que mantener a Alemania a raya y la moral del pueblo británico alta.

Por no mencionar la moral de los franceses, cuya situación económica sigue siendo un desastre y buscan mantener la alianza con Gran Bretaña a cualquier precio, pero no quieren problemas con Alemania ya que tras su rearme el ejército alemán genera pavor.

Lilian pareció quedar satisfecha y preguntó:

-            ¿Qué novedades hay en Whitehall?

-           Ninguna por el momento, y eso es lo que más me preocupa. Italia y Alemania firmaron ese dichoso “pacto de amistad y de alianza” hace más de dos semanas y desde entonces todo ha estado en una calma cuanto menos inquietante.

-            ¿Y qué dice Chamberlain?

-           Nada, supongo que está convencido que tras firmar el pacto con Francia para proteger Polonia el acuerdo entre los estados fascistas no es más que una pantomima.

-           Pero tú no lo crees así – afirmó tras levantarse y ponerle las manos sobre los hombros – y me aventuraría a decir que el Primer Ministro tampoco, pero no puede hablar por la radio para decir que las cosas están peor ¿qué imagen daría eso de nuestro país?

-           Tienes toda la razón amor mío, no sé cómo no eres  asesora del Foreign Office – dijo mientras se levantaba y le daba un beso en la frente. Cogió su paraguas y se puso el sombrero.

-           ¡Pues te aseguro que hay mucho más sentido común en el club de señoras de Belgravia que en tu oficina! –le advirtió mientras Hugh salía de la casa – ¡No vuelvas tarde!

Pero la puerta ya se había cerrado. Escuchó el motor del coche encenderse y las ruedas pisar los charcos sobre el asfalto. Se acercó a la ventana. Cuando el vehículo dobló la esquina y se perdió de su vista se sentó en el sofá y comenzó a escribir.

Londres, 9 de junio de 1939

Queridísima Anne,

​ Cuánto me alegra saber de ti. Antes de nada decirte que el bebé nació hace unas dos semanas.

Es un niño precioso y lo hemos bautizado con el nombre de Hugh George Owen.

Llora mucho durante el día, pero come de maravilla y apenas se despierta durante la noche.

Estamos muy felices, aunque si te digo la verdad creo que no ha llegado al mundo en un buen momento.

La vida aquí ya no es tan alegre como solía ser.

Londres está prácticamente en estado de guerra, se están formando barricadas con sacos y brigadas de voluntarios ya empiezan a desfilar por las calles de nuestra ciudad.

Como sabrás, ya hace tiempo que los grupos para la prevención de ataques aéreos se formaron, pero los simulacros de evacuación de edificios en caso de bombardeo cada vez son más frecuentes.

Bromeo con Hugh y trato de estar tranquila, pero en realidad estoy muerta de miedo.

Los informes no son favorables y Hugh está como un perro enjaulado, pasa horas en el trabajo y cuando está en casa está completamente abstraído.

A veces pienso que todo es una cuestión de egos infantiles, de hombres inconformistas carentes de valores. Y entonces me pregunto qué pasaría si nosotras estuviéramos al frente de un ministerio, o al frente del gobierno, quizá pondríamos el sentido común que a ellos les falta.

Te quiere,

Lil

PD: hemos leído esta mañana el artículo de Johann en el Times, dale recuerdos de nuestra parte.

-            ¿Carta? – preguntó Johann distraídamente.