17 . Adiós
Los días pasaron sin ninguna noticia del joven, lo que hacía que la pintora no pudiera concentrarse. Intentaba despejar su mente manteniéndose ocupada con tareas poco relevantes, como limpiar el mínimo rastro de pintura en tarros, pinceles o mobiliario.
Cuando se cansaba, preparaba el material para seguir con el cuadro hasta que le echaba el ojo a una pila de libros desordenados o tocaba algo de polvo en la mesa. Después de hacer mil y una cosas y pintar muy poco, su energía disminuía tanto que se tumbaba en el sofá con la pierna levantada.
En silencio, empezó a imaginarse a su ayudante pintando el cuadro. Parecía que no sabía volver a trabajar como antes. El espacio volvía a ser entero para ella sola, pero algo quedaba en el ambiente, un olor a entusiasmo ante las cosas, fuerza de voluntad y positividad que transformaba la luz fría que pasaba por los ventanales en luz dorada, alumbrando los lienzos de vida.
Susana entró con una taza de café en la mano.
—¿Cómo se encuentra?
La artista se incorporó.
—Me queda un cuadro por terminar, pero no me sale.
—No se preocupe, tómese su tiempo. —el timbre sonó.
—¡Ay! Me he dejado las pastas en la cocina.
—No te preocupes. —Lorel se incorporó para acompañarla.
—Las acabo de hacer, habrá que probarlas.
Las dos fueron a la cocina donde se encontraron con Elena que acababa de llegar.
—Hola, ¿qué tal estás? —Elena le dio dos besos a Lorel.
—Bien, intentando trabajar. ¿Sabes algo?
—Sí, me ha llamado. No podía ni hablar. —respondió dejando el bolso sobre la encimera.
—¿Y?
—Su abuela ha fallecido.
Un silencio inundó la cocina.
—Ay, dios mío. —Lorel se llevó la mano al pecho.
Elena suspiró y continuó la conversación.
—Así que nada, ya le he mandado nuestro más sincero pésame.
—¿Has encargado unas flores?
—Sí, claro. Navin me comentaba preocupado si tenía que ayudarte en algo más. Pero yo, sinceramente, en estos momentos, él necesita estar al lado de su familia. Además, tan solo le falta una semana para llegar a las horas necesarias. Le hago un arreglo a los documentos y le firmamos las prácticas. No sé qué opinas tú; a lo mejor me he precipitado.
—¡No, no! Has hecho bien, tranquila. Lo importante es que descanse y se centre en sus estudios y familia.
—Pobrecito —añadió Susana.
—No seguí hablando más con él, necesitaba descansar. Se notaba en cómo articulaba las palabras.
—Sí, estará fatal —suspiró Lorel.
—Te han dejado cosas en el buzón.
—Gracias.
Lorel miró los sobres que estaban sobre la mesa y cogió unos cuantos.
—¿Me enseñas cómo quedaron los cuadros para la feria? ¿Sólo te queda uno?
Las dos se dirigieron al estudio.
—Sí.
—¿Lo vas a terminar o no crees que te dé tiempo?
—Pues, ahora mismo, con el ánimo por el suelo, no sé qué contestarte.
—Lo podemos descartar si quieres.
—Dame unos días.
—Está bien.
Estuvieron hablando de varios temas hasta que Elena percibió que sus respuestas salían decaídas.
—Será mejor que te deje trabajar.
—Hoy no creo que me ponga a pintar ya.
—Bueno, te recuerdo que mañana tienes cita con el fisio.
—Sí, ya lo sé. Lo tengo apuntado en el calendario del móvil.
—No pienses demasiado en ello.
—Lo intentaré.
Elena abrazó a Lorel al verla emocionada.
—Es que estaba aquí pintando conmigo cuando podría haber estado más tiempo con su abuela.
—Lorel, no digas eso. A lo mejor la mujer tendría alguna enfermedad o una edad avanzada y ha tenido que pasar. Navin estaba aprendiendo mucho aquí. La vida toma su rumbo y le ha tocado en este momento. ¿Qué vas a hacer, pensar y pensar en supuestos escenarios?
—No, ya lo sé. —Se limpió las lágrimas.
—¿Sabes qué? Túmbate en el sofá con la manta. Ponte el nuevo capítulo de Descifrando enigmas y ahora te preparo una infusión.
Elena dejó a Lorel entretenida para que desconectara y le dijo que pidiera sushi a domicilio. Tras comerse varias piezas, echó un vistazo al correo. Pasó varios sobres hasta que uno de ellos llamó su atención. Entre los sobres, con la dirección escrita a mano.
—¿Y esto?
Lo abrió y sacó dos folios doblados. Los estiró, descubriendo un dibujo suyo hecho a lápiz y una carta escrita a mano.
«Hola, Lorel:
»Estoy seguro de que este imprevisto no te ha sentado muy bien y me gustaría disculparme.
»Gracias por la oportunidad que me diste para poder desarrollar mis habilidades artísticas, a pesar del cariño que todo artista tiene a su espacio de trabajo y a sus obras.
»Te pido perdón por las palabras que te dije sin sentido antes de marcharme. Pero quiero que sepas que siempre estarás en mi corazón para recordar lo bueno y lo malo.
«Ahora sé lo que es perder un ser querido para siempre y me resguardaré en mis sueños.
«Ya no volveré a ser el mismo.
»No dejes de hacer lo que más te gusta para inspirar a vidas como la mía.
»Ha sido toda una aventura.
»Se despide,
»Navin Tavira».
No pudo evitar ponerse a llorar. Se acurrucó en el sofá y miró el dibujo. Tenía que hacer algo.