Un compromiso con el arte 14 . Grietas
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14 . Grietas

Al día siguiente, Elena entró al estudio antes de que el ayudante llegara. Paseó sin ver a Lorel hasta que se asomó al patio interior lleno de plantas.

—¿Qué haces aquí fuera? Vas a coger frío.

—Estaba mirando las flores rosas que han salido.

—¿Las vas a pintar?

—Mmm…no creo.

Las dos se sentaron alrededor del escritorio donde Elena encendió la tablet que llevaba.

—Tenemos que hacer cuentas…

—¿Algo va mal?

—A ver, no es grave, es solo que no estás ganando el dinero que deberías vendiendo los cuadros y con el museo de tu padre. Que ya te digo, no hay que preocuparse, entiendo que es algo temporal por tu estado. Lo bueno es que seguimos aumentando la producción con la marca de joyería y el restaurante en Galicia va bastante bien, tu tío no para ni un segundo.

Lorel se cruzó de brazos y observó los grandes cuadros.

—Ya, ya, pero yo soy artista.

—El consumo está cambiando, no te preocupes, cuando los termines para la feria tendrás de qué hablar.

El timbre de la puerta sonó.

—¿Qué tal estuvo el ballet? —Elena se levantó.

—Bien —respondió acercándose a una estantería donde tenía botes de pintura.

—Lorel, de verdad, no te preocupes.

—No, no, no, claro que no.

Navin entró quitándose la mochila de la espalda.

—Buenas tardes.

—¿Qué tal la uni? Como dicen los jóvenes —Elena puso la mano sobre el hombro del ayudante.

—Con entregas y exámenes, lo típico —respondió quitándose el abrigo.

—Elena, ¿le puedes decir a Susana que se puede ir a casa?

—Vale, que se de bien la jornada, ciao.

—Ciao —Navin y Lorel respondieron a la vez cruzando miradas.

—¿Guardaste el verde pistacho que se mezcló?

—Sí, está ahí.

Lorel barrió con la mirada la estantería sin encontrarlo, hasta sentir la presencia de Navin detrás de ella.

—Aquí, míralo —extendió el brazo para cogerlo pegándose a ella.

—Ah, vale —se giró encontrándose de frente con él.

Pasó la mano por la sudadera de Navin y este se acercó más.

—No, no, no. —se rio Lorel, parándole.

—¿Tú también te pones nerviosa? —Navin esbozó media sonrisa alejándose.

—Tenemos que añadir sombra a la parte de las nubes.

—Sí y la parte de arriba—respondió analizando el cuadro mientras se ponía la bata y agarraba un pincel.

Los dos comenzaron a pintar el cuadro sentados en unas banquetas hasta que Navin se acercó a ella pintándole el dorso de la mano. Lorel entornó los ojos molesta hasta que le hizo lo mismo sobre la mejilla. Él abrió la boca mirándola de reojo y acercó el pincel a la cara de Lorel manchándole la punta de la nariz.

—Ja, ven aquí —asintió decidida a hacer lo mismo, pero Navin se levantó deprisa de la banqueta.

—Ah no, no, no, no —se levantó dispuesta a perseguirlo con el pincel.

—No te vas a librar.

—Espera, Lorel, te puedes… —Navin alzó las manos señalando con una de ellas el pie de la artista. Esta no le hizo caso y después de dar tres pasos tropezó con la alfombra perdiendo el equilibrio. El joven se acercó al verla agacharse agitando los brazos.

—¿Estás bien?

Lorel respondió con una carcajada sorda que salía poco a poco por su garganta.

—Sí —se restregó los ojos llorosos cogiendo aire haciendo que Navin sonriese.

Los dos se quedaron en el sofá contemplando el cuadro sin terminar. Lorel inclinó la cabeza sobre el hombro de Navin restregando la mejilla contra la sudadera.

—Sabes, me gustaría que estos días, nunca terminaran —dijo el joven.

—¿Para pintar más? —preguntó Lorel acariciándole la mano.

—No…para estar contigo.

Los dos entrelazaron las manos y unieron sus miradas.

Navin se acercó y le pasó el dedo índice por encima de la punta de la nariz quitándole la pintura que le quedaba a Lorel.

—Sé que esto va a sonar raro, pero para mí esto es un sueño hecho realidad.

—Pues ¿con qué soñabas? —preguntó ella jugando con el cordón de la sudadera.

—Muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—Son pensamientos privados. —respondió al ver la cara pervertida de Lorel.

—¿Salgo yo?

—Mmm… —miró los labios de Lorel— …sí.

—¿Haciendo qué?

—Esto. —Navin la besó con suavidad y se separó de ella, que seguía con los ojos cerrados.

—No, solo uno, no. —suplicó abriendo un ojo buscando otro beso.

Las horas doradas del atardecer se consumieron hasta que decidieron continuar con el cuadro. Navin le daba unos últimos retoques mientras Lorel lo analizaba desde lejos con la mano en la barbilla.

—¿Por cuánto lo vas a vender? —preguntó él mientras se secaba las manos.

—Por mucho. Ojalá y lo venda rápido.

Navin frunció el ceño.

—¿Cómo no van a querer comprar estas obras? —se puso el abrigo y la mochila.

—Hay mucha competencia en el mundo del arte y nunca sabes lo que la gente pensará al verlos. En fin… —suspiró— ¿No quieres quedarte a cenar?

—Otro día, ¿vale? Tengo trabajos pendientes.

—Claro, se me había olvidado. Ay, me acuerdo cuando yo también iba a la universidad, tenéis que estar hasta arriba de entregas.

—No puedo bajar mi media de sobresalientes.

Lorel le acompañó hasta la puerta donde se apoyó en el marco.

—¿De verdad que no quieres que pida un coche?

—No, gracias. El metro es un lugar curioso, además, me gusta observar la vida siendo vivida. —sonrió subiéndose la cremallera del abrigo.

—Vale, buenas noches. —Lorel cerró la puerta y a los tres segundos sonó el timbre.

—¿Qué pasa? —ella abrió alzando las cejas.

—Se me ha olvidado una cosa. —Navin la besó rápido, dejándola con una sonrisa en la cara.

Lorel volvió sobre sus pasos hasta entrar en el despacho lleno de artículos enmarcados en la pared. Se sentó en la silla y los contempló con una sonrisa que poco a poco se fue borrando. Continuó al estudio dónde abrió el portátil para consultar el documento Excel que le había mandado Elena con números en rojo y otros en verde. Resopló un poco, llenando las mejillas de aire al ver las cifras tan bajas y desbloqueó el móvil en busca de contactos.

Al llegar al piso, Navin feliz, se descalzó hasta encontrarse a Fer serio en la cocina.

—¿Qué tal? —preguntó al verlo así.

—¿No las has visto?

—¿Ya están las notas? —Navin abrió más los ojos.

—Mira la lista. —Fer le dejó el móvil mientras se preparaba la cena.

—Venga ya, se tiene que haber equivocado. Tengo un 7,875. Voy a reclamar. No puedo tener esta nota tan baja.

—Yo también, aunque seguro que el profesor nos dice que teníamos que haber estudiado más.

—Pues que nos deje presentarnos a la recuperación a subir nota o algo, yo no puedo dejar que me baje la media.

—¿Quieres fideos? Me sobran unos pocos.

Navin seguía comprobando la nota del examen.

—¿Qué ha pasado con la sonrisa que traías? Las notas te han asustado.

Fer se sentó a cenar en el salón.

Navin se cruzó de brazos observando los fideos sobre el plato. Se estaban enredando demasiadas cosas en su cabeza.

—¿Qué tal con las prácticas? —preguntó Fer comiendo en el sofá.

—Bien —Navin respondió sin energía.

—Venga, no te desanimes. Es normal, no paras de trabajar en el estudio de Lorel.

—Es que me gusta estar allí, con ella. Me inspira tanto, ese lugar.

—Uhum… ¿te gusta? Estás perdiendo la cabeza. Escúchame, céntrate en la carrera, por favor. Lo único que estás haciendo es trabajar para ella.

—Yo también le gusto.

Fernando preocupado lo miró a los ojos.

—Navin, tu sitio sigue aquí, sin un título universitario.

—Pero eso pronto lo tendré, Fer. No te preocupes.

—Vuelve a tu realidad, por favor.