4 . La entrevista
Un joven pelirrojo con zapatillas Converse esquivaba a los estudiantes que estaban en la entrada de la biblioteca.
—¡Uy, perdona! —susurró Fernando después de chocarse con una chica que sujetaba un café recién sacado de la máquina.
—Ten más cuidado.
Entró en la sala de estudio y subió al piso superior, desde donde se podía ver una panorámica de la planta baja llena de mesas y personas leyendo. Buscó con la mirada un portátil azul entre la gente.
—¡Navin! —Fernando agarró por los hombros a su amigo, que estaba concentrado leyendo un texto en el portátil.
Algunos lectores, molestos, sisearon al escucharlo.
—Ah, pero ¿qué hace, illo? —Navin se quitó los cascos.
—Mira, han sacado una oferta nueva de prácticas. Búscalo en el ordenador.
Navin, intrigado, abrió la página web de la universidad y antes de que pudiera leer la información, Fernando giró el portátil para leerlo él mismo.
—Un momento, ahora te lo dejo.
—Pero ¿por qué tanto misterio?
Su amigo no contestó y continuó mirando la pantalla del portátil.
—¿Qué dice?
—Vale, mira. —Giró el portátil hacia Navin.
—Es una oferta para ayudante de taller de pintura con salario incluido.
—Uh, qué pintón. Déjame buscar la ubicación.
—Lo pone aquí abajo.
—¿No te parece un poco raro? El navegador me lleva a un bloque de pisos normal y corriente.
—Puede que se hayan equivocado al ponerla. Yo entiendo que la universidad lo ha verificado.
Fernando miró dubitativo a su amigo, que seguía investigando en el móvil.
—Bueno, yo ya lo he enviado. Siempre puedo rechazar la oferta si veo que no me convence —comentó recostándose en la silla.
—¿Qué? ¿Ya has enviado el currículo? Las fechas de comienzo y finalización te pueden coincidir con las clases.
—Siempre se puede llegar a un acuerdo. De todas formas, me tienen que llamar para la entrevista y aún no sé ni cuándo lo harán. ¿Por qué no envías el tuyo?
—Yo… prefiero buscar otras ofertas más fiables.
Fernando le cogió el portátil y lo volvió a girar hacia él.
—Anda, déjame —exclamó tecleando en el ordenador.
—¡Oye, cuánta bulla!
Navin elevó un poco la voz y las personas de alrededor lo miraron enfurecidas. En un tono más bajo, intentó quitarle el ordenador a su amigo.
—Dámelo, pisha, si no sabes dónde tengo el currículum…
Fernando lo miró sin pestañear esperando sus indicaciones.
—En la carpeta «Empleo», en el escritorio. Hay un archivo PDF que pone «CV» barra baja con mis apellidos y nombre. Ese es.
Navin se asomó al portátil y le dio el visto bueno.
—Sí. ¿Hay que enviar algo más?
—No, porque se hace desde la plataforma de la universidad, así que ya tienes un perfil configurado —le informó Fernando, sintiéndose un intelectual.
—Pero, aun así, no sé, déjame que lo vuelva a leer.
—¿Qué? Lo acabo de enviar. —Fernando se horrorizó.
Navin giró el ordenador y vio la notificación. «Su solicitud ha sido enviada».
—Pues ea, ahora tendré que prepararme la entrevista —recalcó.
Fernando le dio un golpe en el brazo.
—No bromees, eh, que como te llamen…
Una semana después, Elena y Julia, una de las profesoras de pintura, comenzaron a llamar a los candidatos seleccionados para entrevistarlos en persona.
El pasillo se empezó a llenar de estudiantes que esperaban para entrar al despacho.
—¿Va por orden alfabético? —preguntó Fernando.
—No, es por orden de llegada. Al parecer, todos tenemos la misma hora. También te piden el carnet de identidad —contestó una chica.
—Vale, gracias.
Los dos amigos se pusieron al final de la fila. A medida que se iban acercando a la puerta, Fernando se ponía más nervioso.
Dentro del despacho, Elena lanzaba pregunta tras pregunta a los estudiantes.
—¿Cuándo comenzaste a pintar?
—No me acuerdo, puede que desde los ocho años. —respondió el estudiante 1.
—Desde los tres años, mi madre es profesora de arte. —respondió el estudiante 2.
—Ahora con la carrera, me gusta más la escultura, mi padre es albañil. —afirmó el estudiante 3.
—¿Te gusta trabajar en equipo?
—Si lo puedo evitar, mejor. —Estudiante 1.
—Claro, claro, es muy interesante. —Estudiante 2.
—Siempre hay alguno que no hace nada. —Estudiante 3.
—¿Qué haces en tu tiempo libre?
—Me gustan las carreras de motos, son una pasada. —estudiante 1.
—Suelo leer libros sin que nadie me moleste, en silencio. —Estudiante 2.
—Salir de tardeo con los amigos, unas cervezas, hablar, ya sabe. —Estudiante 3.
—¿Qué opinas de las obras de Jeff Koons?
—¿Ese no era un empresario que pagaba a otros para que hicieran las obras? —Estudiante 1.
—¿Jeff Koons? ¿El de la escultura del perrito de globo? —Estudiante 2.
—Sus esculturas me parecen artificiales. Pero, no entiendo ¿Qué tiene que ver esta pregunta con las prácticas? —Estudiante 3.
Julia salió del despacho sujetando una lista de nombres y le pidió el DNI a Fernando que se quedó unos segundos mirándola. Julia llevaba siempre una bata blanca para proteger su ropa de marcas que ya nadie conocía y que eran de buena calidad. Cuando aparecía por los pasillos sin ella puesta al empezar y terminar su jornada laboral era otra persona diferente con un aire más amable.
—No te preocupes, sé tú mismo. Mucha suerte.
—Gracias.
Navin esperó sentado leyendo unos apuntes de teoría del color y miró a un lado para ver que no quedaba nadie detrás de él siguiendo la fila. En menos de tres páginas leídas, Fernando salió de la sala con una expresión agotada.
—¿Qué tal? —preguntó Navin guardando los apuntes en la mochila.
—Creo que tengo buenos presentimientos. No digo que me vayan a coger, pero no sé. La señora que se encarga del estudio vio mis dibujos y le parecieron muy modernos.
—Bueno, eso no está mal.
—No creo que busquen mi estilo.
—Tú por lo menos lo has intentao.
Navin se levantó al ver a Julia en la puerta del despacho sonriéndole para que se acercase.
—¿Nos vemos después en la cafetería?
—Sí, allí te espero. Suerte.
Julia cerró la puerta detrás del joven.
—Por favor, toma asiento.
Elena estaba sentada al otro lado de la mesa escribiendo en una tablet sin mirar al candidato.
—Hemos recibido tu currículum para el puesto de ayudante de taller. Nos gustaría hacerte un par de preguntas para completar la información que tenemos —explicó Julia, sentándose al lado de Elena.
—Claro. Ningún problema. —Navin controló su acento gaditano.
—He consultado tu porfolio de trabajos y he de decir que tus obras son brillantes. Julia me ha hablado muy bien de tu forma de trabajar en clase.
—Gracias.
—¿Eres ordenado con tu material?
—Sí, mucho. Aunque cuando estamos en las entregas finales, en el piso hay un poco de desorden, vaya. —Navin se estaba arrepintiendo de haber soltado eso.
—El esfuerzo de los alumnos —intentó arreglarlo Julia.
—¿Qué rol sueles adquirir dentro de un trabajo en equipo? —preguntó Elena.
Navin pensó en su respuesta.
—Pues yo, escucho las tareas que nos repartimos entre todos y completo la mía. Aunque en un trabajo faltó un compañero y leyó la mitad de mi parte para que no lo suspendieran.
—¿Sueles liderar los proyectos en grupo? —Elena levantó la vista.
—No he tenido la oportunidá. Siempre me he limitado a hacer mi parte y ya.
—Vale, bueno. Esperemos que en un futuro la tengas —lo animó Elena.
Navin tragó saliva, golpeando los dedos de las manos unos contra otros debajo de la mesa.
—¿Puedo hacer una pregunta?
—Claro —dijeron Elena y Julia a la vez.
—¿Qué se supone que tengo que hacer en el taller?
—Lo ponía en la descripción de las prácticas… —murmuró Julia.
—No pasa nada —la calmó Elena.
—Mira, Navin, yo alquilo el taller a varios artistas. Por ejemplo, DamonD, Luisa Campillo, Lorel Mansot, José Luis Sánchez… Dependiendo de la temporada, puedo tener más o menos artistas trabajando allí. Tus prácticas consistirían en dar soporte creativo a quienes lo necesiten.
—Es una gran oportunidad para poder conocer nuevos artistas y ver en lo que están trabajando —añadió Julia.
—Vale, ¿entonce trabajaría cambiando de un artista a otro? —dudó Navin.
—Sí, dependiendo de los que tenga, pero sí, claro —mintió Elena.
—¿Ayudando?
—Claro, puedes estar en el departamento de marketing y redes sociales para aportar tu punto de vista, por ejemplo.
—¿Sería compatible la universidá?
—Por supuesto, es lo que nos interesa.
Navin seguía con miles de preguntas en la cabeza.
—Mira, aquí te dejo una tarjeta de empresa por si te interesa ir a visitar la galería en la que exponen ellos, cerca del Museo Reina Sofía.
Julia la miró, confusa.
—Muchas gracias.
—A ti.
El joven se dirigió hacia la salida de la facultad, donde estaba Fernando esperándolo.
—¿Qué tal?
—Buah, no sé… Me han invitado a visitar la galería. No me han seleccionado todavía, no te flipes.
—¿Qué dices? Eso significa que te han cogido. Pero si a mí no me han preguntado apenas nada —exclamó Fernando, abrazando con alegría a su amigo.
—No creo.
—Tengo buenos presentimientos, Navin. Seguro que te lo vas a pasar en grande con tantos artistas.
—No sé, a mí no me convence mucho. Yo quería esperar a después de enero para buscar prácticas.
—Si te cogen, ya te las quitas de en medio. Yo seguiré buscando a ver si hay algo.
—No les he preguntado cuándo dicen a quién cogen para hacer las prácticas.
—A mí me han dicho que, como mucho, en una semana te lo tienen que haber comunicado al correo que pusiste.
—Pero puedo rechazarlo, ¿no?
—Navin, no seas tonto. Si lo rechazas, voy yo en tu lugar. Lo aceptas y punto. Vámonos, que todavía tengo que terminar la maqueta para escenografía.