Capítulo treinta y cuatro
CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
E l colmado de Lou era la única tienda de la manzana que abría los lunes, así que, como además estaba lloviendo, no había más peatones aparte de nosotros.
Miré hacia la destilería y vi que las ventanas del apartamento de Roman brillaban como ojos curiosos.
La señora Schultz y yo caminamos al mismo ritmo bajo un único paraguas hasta llegar al toldo azul de la panadería Hora de Levantarse.
Había luz dentro, pero en la puerta colgaba el cartel de cerrado.
Pegué la nariz al cristal y me puse las manos alrededor de la cara para echar un vistazo al interior.
Las vitrinas estaban vacías. De repente, apareció un rostro delante del mío.
Sobresaltada, me aparté de la puerta. Era Vivian, que agarraba un limpiacristales y unas toallas de papel con una sola mano para abrir la puerta con la otra.
—Os he visto por el escaparate —dijo al entreabrir la puerta—. Lo siento, hoy estamos cerradas. ¿No cerráis vosotras también los lunes? Pensé que habíamos quedado en que no necesitabais pan los lunes.
—No, tienes razón. Estamos cerradas, pero se me había olvidado que vosotras también. Se nos habían antojado unos rollos de canela de Hope.
—Vaya, lo siento. —Vivian se quedó en la puerta y no se apartó para invitarnos a entrar. No tenía pinta de que fuéramos a pasar del felpudo de Sácale miga al día.
—¿Cómo se encuentra hoy Hope? —preguntó la señora Schultz a Vivian, para sorpresa mía.
Vivian también pareció sorprenderse un poco.
—¿Os habéis enterado?
Asentimos.
—Pasad —dijo y abrió la puerta del todo. Cuando entramos, la volvió a cerrar con llave.
—Archie no pudo evitar compartir con nosotras su preocupación por Hope —le dije—. Pero no lo hemos comentado con nadie más, por supuesto.
Dejó los utensilios de limpieza sobre el mostrador, se le desplomaron los hombros rígidos y se apoyó en la encimera para mirarnos.
—Me alegro de poder hablar de esto con alguien, porque ha sido un buen golpe.
—Ya imaginamos —dijo la señora Schultz—. ¿Cómo te sientes?
—Todavía intento hacerme a la idea. Y estoy preocupada por Hope, claro. Aún no me creo que Guy fuera el padre y mi hermana nunca me lo dijera. Se lo ocultó a todo el mundo. Sé que no está bien que me enfade con ella, pero la verdad es que estoy enfadada.
—Es comprensible. Guy podría haberla ayudado —dije.
—Mi hermana era demasiado buena. Recuerdo que se enamoró perdidamente de un universitario que conoció en una fiesta.
Entonces no supe que era Guy Lippinger. Nunca lo trajo a casa, pero tenía veintiún años, edad suficiente para hacer lo que quisiera.
Lo siguiente que supimos fue que se trasladaba a este pueblo, pero nunca nos dijo que lo hizo por él.
Pensábamos que era por la panadería. Nuestros padres pidieron un préstamo para el negocio, cosa que a mí me pareció una locura.
Aunque tenían mucho que perder, ellos estaban encantados de que por fin su hija hubiera encontrado su vocación.
»Cuando nos contó que estaba embarazada, dijo que el padre era un ligue puntual que había venido unos días de Alaska y que prefería criar al bebé sola. Pero en su diario no ponía lo mismo.
—Hope dijo que de vez en cuando recibía cartas de él.
—Un amigo de mi hermana que vive en Alaska le hacía ese favor. Fingían que su padre era pescador por si Hope decidía ponerse en contacto con él, así había una excusa para que no lo localizara.
—Entonces, ¿Guy era de verdad su padre? —Yo ya sabía que sí, pero quería que me contara toda la historia.
—Sí. Volvió de Europa y se encontró con que ella vivía aquí, en Yarrow Glen. Había comprado la panadería y estaba dispuesta a vivir con él. Pasaron una noche juntos, pero él no quiso nada más. Estaba enamorado de otra.
Y yo estaba casi segura de quién era esa otra: Birdie.
Vivian continuó:
—La familia de él la asustó para que aceptara dinero a cambio de su silencio.
—Podría haberlos llevado a los tribunales por eso —dijo la señora Schultz.
—Supongo que estaba demasiado avergonzada para hacerlo público.
En su diario dijo que no quería que Hope supiera que su padre no la quería.
Lo hizo por Hope, pero al final no ha servido de nada.
No sé cómo consolar a mi sobrina. Llevo ocho años criándola, pero siempre lo hemos pasado mal.
Cuando aprendimos a llevarnos bien, ella ya estaba saliendo de la adolescencia y quiso hacerse cargo de la panadería.
Llevamos tres años discutiendo por el negocio.
Ella nunca ha querido que haga de madre, pero no me queda otra.
No tiene a nadie más. No le reprocho sus sentimientos, porque ¿cómo iba a estar yo a la altura de su madre? Mi hermana era muy generosa.
—Tú también lo eres, Vivian —dije.
—Ahora me pregunto si me equivoqué al quedarme en Yarrow Glen con Hope. Le prometí a mi hermana que me haría cargo de la panadería y Hope se empeñó en seguir los pasos de su madre. Quizá si la hubiera vendido, Hope nunca habría encontrado ese diario.
—La verdad siempre acaba saliendo a la luz. Puede que a la larga sea lo mejor —dijo la señora Schultz con delicadeza.
—Ojalá tenga razón. —Miró a su alrededor—. Será mejor que termine de limpiar para poder estar un rato con ella. Espero que me deje consolarla. Hasta ahora solo ha querido estar sola.
—Tener la posibilidad de contar con alguien siempre es un gran consuelo, aunque ella no lo reconozca —afirmé.
Vivian nos dejó darle un abrazo y nos marchamos acurrucadas bajo el paraguas hacia ¿Qué Sería?
Poco después de que llegáramos, Baz y Archie entraron empapados por la puerta principal.
—¿Qué? —les pregunté, mientras les pasaba unas toallas de papel para que se secaran.
—Hope me ha dicho lo mismo de ayer —dijo Archie—. Si mintiera, habría metido la pata, ¿no?
—Había un diario —dijo Baz.
—Sí, Archie nos lo contó. ¿Lo habéis visto?
—Esta vez me lo ha enseñado y he visto la parte donde su madre hablaba de Guy. Dice que nunca se lo contó a su hermana —explicó Archie—. Lo he leído.
Así que Vivian nunca se enteró. La información de Archie era la misma que Vivian nos había proporcionado. Ambas historias coincidían.
—Archie, creo que es hora de que el detective Heath determine si esta nueva información tiene algo que ver con el caso. Parece que Hope dice la verdad, así que no debería preocuparse por nada.
Archie asintió a regañadientes.
—De acuerdo.
—Llamaré al detective —propuse—. Pero supongo que no querrá que avises a Hope, después de lo ocurrido con Derrick, así que no le cuentes nada de esto a ella.
—No termino de verlo claro. Hope no pretendía mantenerlo en secreto, pero no sé si está lista para que le interroguen sobre todo este asunto.
La señora Schultz intervino.
—Lo entendemos, Archie. Pero esta podría ser una de las piezas clave para averiguar quién mató a su padre. Y ella querrá que atrapen al asesino.
—¿Quién sabe? Quizá Guy le confesó a Birdie que tenía una hija después de todo este tiempo.
Tal vez esa fue la discusión que Vivian presenció entre Birdie y Guy.
Pongamos que Birdie no rompiera con él como me dijo.
Quizá tuviera intención de dejar a su marido, pero entonces descubrió que Guy le había mentido sobre un asunto tan importante como este —dije—.
Esta información podría ser la única forma de resolver el caso, porque podría darle un motivo a Birdie.
—Tienes razón —accedió Archie.
Parecía decaído, pero era lo único que podíamos hacer.
—Os puedo llevar a casa —dijo Baz. Estaba especialmente callado desde que volvieron de visitar a Hope.
—No quiero molestarte —objetó la señora Schultz.
—No parece que la lluvia vaya a amainar.
—Además, la tienda es el último lugar donde deberíais estar en vuestro día libre —añadí.
Baz se sacó las llaves del bolsillo y se las pasó a Archie.
—La camioneta está detrás del edificio. Meted vuestras cosas en la parte de atrás y esperadme dentro. Voy en un minuto.
—Gracias —dijo Archie.
—Eres una buena persona, Basil Tooney —dijo la señora Schultz.
Baz se sonrojó, no supe bien si por el cumplido o por la mención a su nombre completo, y se quedó callado hasta que los otros dos desaparecieron por la puerta del almacén.
—¿Qué pasa? ¿Por qué has estado tan callado? —dije.
—No me habías dicho que hubiera un diario, solo me contaste que Hope había averiguado que Guy era su padre.
—¿Y?
—Que fui yo quien encontró el diario que nos ha enseñado.
—¿Lo encontraste tú? ¿Cuándo? ¿Cómo?
—Cuando derribamos las paredes de su apartamento por culpa de la gotera. El fondo del armario tenía una pared falsa que ocultaba un pequeño escondite.
—¿Estás seguro de que es el mismo diario?
—Segurísimo.
—¡Entonces Hope lo ha sabido todo este tiempo!
—Hope no, pero Vivian sí. Como era algo tan personal, se lo entregué a Vivian, que pareció sorprenderse al verlo y más aún al abrirlo.
—Tuvo que reconocer la caligrafía de su hermana. Espera un momento, ¿y esa reforma la hiciste el pasado otoño?
—En octubre.
—¿Encontraste el diario y se lo diste a Vivian en octubre?
Baz asintió despacio.
—Vivian sabe que Guy es el padre de Hope desde el pasado otoño —contestó.
—¿Y qué ha hecho con esa información durante los últimos seis meses?
—Eso se lo tendrá que preguntar la policía. Tienes que llamar al detective Heath y contárselo todo.
—Lo haré. Pero querrán que seas tú quien les explique lo del diario.
—Volveré después de llevar a casa a Archie y a la señora Schultz.
—De acuerdo. Voy a llamar a Heath.
Baz asintió y salió por detrás.
Dejé que esa nueva información me diera vueltas en la cabeza. ¿Cómo encajaba todo eso con lo sucedido en mi tienda la noche en que asesinaron a Guy?
Guy dijo que tenía un secreto y que lo iba a desvelar.
Esto era un secreto, no cabía duda, pero si lo desvelaba ¿no le perjudicaría a él tanto como a Vivian?
¿Tal vez ella lo había chantajeado con esta información?
Eso explicaría las retiradas de dinero de su cuenta bancaria.
Si él había cedido al chantaje, ¿qué le hizo cambiar de opinión de repente y mostrarse dispuesto a contar el secreto?
Tal vez fue por Birdie. Ella dijo que había roto con Guy unos días antes de que lo mataran, pero él seguía enamorado de ella.
La última persona a la que querría contarle el secreto sería a Birdie.
Si ella se enteraba de que la engañó hace tantos años y de que engendró una hija de la que nunca se responsabilizó, no habría forma de que hubiera una segunda oportunidad.
Todo cuadraba. Vivian era quien había matado a Guy.
Tenía que llamar al detective Heath. Busqué mi teléfono; lo de no llevar bolsillos en los pantalones era algo que debía cambiar.
Lo divisé de nuevo sobre la mesa y me acerqué a recogerlo.
Heath no iba a alegrarse de que hubiéramos ido los cuatro a visitar a Hope y a Vivian, pero esperaba que comprendiera que el fin justificaba los medios. Agarré el teléfono.
—Suelta eso.
Me di la vuelta al oír la voz de Vivian y de inmediato posé la mirada en el gran cuchillo que empuñaba.