Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo veintinueve
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Capítulo veintinueve

CAPÍTULO VEINTINUEVE

T ras el intenso interrogatorio del detective Heath, Baz y yo nos sentamos en la camioneta, en el aparcamiento del ayuntamiento, y nos quedamos mirando el parque a través del parabrisas mientras tratábamos de aliviar la tensión.

Heath no estaba contento con nosotros, por no decir otra cosa. Y francamente, yo tampoco.

—Fue una estupidez no acudir directamente a la policía —le confesé a Baz—. Avisé a Derrick para que se largara del pueblo.

—No te culpes. A mí también me convenció. Los dos pensábamos que había sido Birdie. Y esa parte era cierta: ella ha admitido que estuvo con Guy aquella noche.

Baz buscó la llave en el contacto, pero le puse la mano en el antebrazo para detenerle.

—Mira, ahí está, viene de la comisaría. —Birdie esperaba para cruzar la calle desde el complejo de seguridad hasta el aparcamiento del ayuntamiento, donde estábamos nosotros—. Quédate aquí, voy a hablar con ella.

No esperé su respuesta. Salí inmediatamente de la camioneta y caminé con brío mientras ella cruzaba a la acera más próxima.

—Birdie —la llamé. Se detuvo al oír su nombre y dejó que la alcanzara—. ¿Estás bien?

Tenía la cara enrojecida y llevaba un paquete de pañuelos en una mano y las llaves del coche en la otra.

—Willa. Me pillas en mal momento. —Intentó esconder su mala cara.

—Nosotros también acabamos de salir de la comisaría. Hablé con Derrick esta mañana y me dijo que te vio con Guy la noche después del curso.

Las lágrimas le asomaron por el rabillo de los ojos. Según parecía, llevaba un buen rato llorando.

—¿A ti también te lo contó? Dijo que se lo iba a contar a la policía.

—¿Y por qué te avisó de que lo iba a contar?

—Porque acordamos no delatarnos el uno al otro.

—Birdie levantó la vista al cielo, como para pedir ayuda divina—.

Ya se lo he explicado todo a la policía y puedo explicártelo a ti también.

Total, al final todo el mundo se va a enterar.

—Se sonó la nariz y se recompuso, aunque seguía temblando—.

Sabía que Derrick me había visto. Yo también lo vi a él.

Cuando nos enteramos de que habían asesinado a Guy, hicimos un pacto.

Ninguno de los dos queríamos que se supiera que habíamos estado allí justo antes de que lo mataran.

Vi a Derrick mientras corría hacia el colmado de Lou y él me vio salir del coche de Guy.

Pero no somos asesinos. Supongo que pensó que debía avisarme antes de venir.

—¿Y por qué estabas en el coche con Guy? —pregunté. Más lágrimas—. ¿Tenías una aventura con él? —insistí con suavidad.

Asintió con un gesto y cerró los ojos, pero eso no impidió que se le escaparan aún más lágrimas y le rodaran por las mejillas.

Miré a mi alrededor. Por suerte, no había nadie más en la acera. La acompañé hasta el banco que había delante del ayuntamiento.

—De joven estuve mucho más unida a él de lo que te confesé el otro día. Salimos juntos en el instituto y durante su estancia en la universidad.

Según Archie, en esa época fue cuando lo conoció la madre de Hope. Guy debía de seguir la relación a distancia con Birdie mientras empezaba a salir con la madre de Hope en la universidad.

Continuó:

—Aunque estuvimos años juntos, sus padres no me creían lo bastante buena para él.

Supongo que les hubiera gustado una chica más refinada, no una granjera.

Pero estábamos enamorados. Prometió que nos casaríamos cuando acabara la universidad, que le importaba un comino lo que pensaran sus padres.

Hasta entonces prefería no agitar mucho el barco familiar, porque le habían amenazado con dejar de pagar sus estudios.

Pero cuando se graduó, sus padres se inventaron una excusa para mandarlo a Europa durante un año.

Creo que fue para apartarlo de mí. Yo quería que se quedara para que nos casáramos, pero no fue así.

Él no les plantó cara. A lo mejor lo amenazaron con dejar de darle dinero, no lo sé.

Yo le dije que me daba igual el dinero, pero a él sí le importaba.

Me prometió que si seguía con él un año más, hasta que volviera de Europa, haría una buena carrera profesional por su cuenta y no necesitaría el dinero de sus padres nunca más.

Me lo creí y lo esperé. Antes de que volviera, sus padres compraron la revista Todo Sonoma y lo sobornaron con un trabajo cómodo.

Intentamos que la relación funcionara después de su regreso, pero yo ya sabía que nunca me iba a elegir por encima de ellos.

Entonces, sin venir a cuento, decidieron vender sus tierras y trasladarse a otro lugar.

Es la razón de que mis padres tuvieran que dejar la granja.

Yo tampoco tenía ya nada por lo que quedarme.

Fue muy doloroso. Al final, él también acabó marchándose.

No me pareció que aquello hubiera sido tan «sin venir a cuento» como Birdie afirmaba.

Debió de ser más o menos en la época en que se enteraron de lo del embarazo, por lo que daba la impresión de que no quisieron estar en la misma ciudad que el hijo secreto de Guy.

Pero Birdie ya parecía sufrir bastante y no sentí la necesidad de contarle lo que Guy había hecho a sus espaldas durante todos esos años. Preferí ceñirme al presente.

—¿Mantuvisteis el contacto? ¿Cómo es que volvisteis a vivir aquí después de varios años separados?

—No volví a hablar con él hasta que mi marido y yo regresamos para montar nuestra granja de cabras.

Guy me dijo que se había enterado de que me había trasladado al pueblo y que quería «una segunda parte», así lo llamó.

Dijo que se arrepentía de haber hecho caso a sus padres y de casarse con la mujer «con la que debía».

Había sido la experiencia más dolorosa de mi vida.

Yo… Supongo que quería retroceder en el tiempo y vivir el cuento de hadas que creí haberme perdido.

—Pero ya estabas casada.

—Sí. Y me di cuenta demasiado tarde de que no se puede retroceder en el tiempo. Intenté compensar aquel dolor que sufrí a los veintidós años sin tener en cuenta que ya no era la misma chica de entonces. Adoro a mi marido, adoro nuestra granja y nuestra vida.

—¿Y qué pasó?

—La mujer de Guy nunca quiso venir a vivir aquí. Llevaban años con problemas. Por eso, cuando él y yo empezamos a hablar de nuevo, Guy recibió el empujón que necesitaba para separarse. Quiso que yo hiciera lo mismo, pero no pude. Y al final… acabamos liándonos.

—¿Pensabas que nadie se enteraría? Es un pueblo pequeño.

—Lo sé. En ese momento, casi me daba igual.

Estaba en un mundo de fantasía. Yo confiaba en que Guy lo mantendría en secreto, ya que, si su mujer se enteraba, el divorcio podría complicarse.

Él tenía casi tanto que perder como yo. Pero su carácter se había agriado desde que lo conocí veinte años antes.

Bebía demasiado. No era el mismo que yo recordaba.

Ojalá no hubiera tardado casi un año en darme cuenta.

»En cualquier caso, la semana pasada me dijo que su divorcio estaría listo en poco tiempo. En vez de alegrarme, me aterroricé. Yo no quería dejar a mi marido por él. Rompí con Guy unos días antes de que lo mataran.

Esa tuvo que ser la pelea que vio Vivian.

—Imagino que no se lo tomó bien.

—No mucho.

—Entonces, ¿por qué estuviste en su coche la noche en que lo mataron?

—Cuando lo vi borracho en tu tienda, me sentí fatal.

Pero como amenazó con contar un secreto, creí que le diría a todo el mundo que habíamos estado juntos.

Me fui a casa, pero no era capaz de pensar.

No podía hacer nada hasta estar segura de que él no iba a contar nada.

Por eso me fui en coche hasta su casa, pero él no estaba allí.

Como sabía que frecuentaba El Sótano, vine al pueblo, pero no quise hablar con él en público.

Vi su coche en el callejón y lo esperé. Hablamos.

Me juró que ese no era el secreto que pensaba contar.

Dijo que nunca me haría daño de esa forma.

—¿Le creíste?

—No lo sé. Me pregunté si lo estaría diciendo solo para recuperarme.

En ese momento estaba muy borracho y no le vi sentido a seguir con la conversación.

Le prometí que hablaríamos pronto de nuevo, pero no pude cumplir mi promesa.

Yo no lo maté. Lo juro. No hubiera podido.

No quise dejar mi vida por él, pero fue mi primer amor.

Ahora tengo que ir a casa y contárselo a mi marido.

—Me miró con desesperación en los ojos hinchados—.

No solo se enterará de mi aventura, sino que también podrían detenerme.

—Ay, Birdie. —La abracé—. No creo que te detengan. Derrick ha desaparecido.

—¿A qué te refieres?

—Nadie lo ha visto desde que te llamó esta mañana. Seguro que ha abandonado el pueblo y que él es el culpable.

—Entonces yo tendría que haberle contado a la policía, desde el primer momento, que lo vi aquella noche.

—Todos cometemos errores. Di la verdad ahora y todo saldrá bien.

—No sé cómo voy a decirle la verdad a mi marido. No sé merece esto.

Nos abrazamos de nuevo y volvimos a los vehículos. Cuando llegué a la camioneta, estaba conmocionada. Le conté a Baz la historia de Birdie.

—No estoy segura de sentir tanta lástima por ella como tú. Ella solita se lo ha buscado.

—Baz, el primer amor de una mujer es algo muy potente, sobre todo si planeaste una vida de ensueño con la otra persona. Créeme, si no sale como esperas, nunca lo superas del todo.

—Oye, que los tíos también somos sensibles. Todavía pienso un montón en Bella.

—Nunca me has mencionado a Bella. ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?

—Trece años.

—Espera un momento. ¿Tú cuántos años tienes?

—Veintinueve. Era la perra que tuve de pequeño. Dios, la adoraba.

Le di un golpe en el brazo.

Él se rio de mí.

—En fin, dejemos a un lado tu empatía hacia Birdie. Tenía un motivo para el asesinato y también tuvo una oportunidad.

—Supongo que tienes razón. Y se le da bastante bien mentir. Le mintió a la policía, le mintió a su marido…

—Entonces, ¿por qué es Derrick quien huye de la policía? —señaló Baz.

—Eso es lo más loco de todo. Tiene que ser él, ¿no?

—Entonces no es muy listo. ¿Por qué no se limitó a jugar sus cartas?

—¿A qué te refieres?

—Consiguió que Birdie se entregara. Él se había enterado de la aventura entre ella y Guy por los propietarios del hotel, así que no era el único que lo sabía. Después de llamarla, ¿por qué no dejó que ella cargara con el mochuelo sin más?

—Es probable que no supiera qué le iba a contar ella a la policía exactamente. Debe de haber algo que comprometa más aún a Derrick que todavía no hemos descubierto.

Baz encendió la camioneta y enfilamos Main Street. El coche de policía seguía en el aparcamiento de La Parrilla del Damasco. Desoímos nuestras ganas de ir a ver qué sucedía y seguimos hacia nuestro edificio. Aparcó la camioneta detrás, junto a mi coche.

—¿Vuelves a la tienda? —preguntó cuando nos bajamos.

—Sí, pero primero quiero ir a buscar mi portátil al apartamento. Necesito averiguar algo más sobre Derrick. Puede que tenga un primo o una novia o alguien que le haya ayudado a huir.

Baz me siguió por la escalera chirriante hasta mi apartamento.

—¿No tienes ya bastantes problemas? ¿De verdad crees que vas a encontrar tú a un fugitivo antes que la policía?

—Tengo que intentar ayudar.

—Eres terca como una mula.

—Seré una mula, pero este terreno es importante y lo voy a arar hasta el final.

—Vale, te has pasado con la analogía.

—Lo teníamos, Baz. Archie descubrió el fallo en su coartada y Derrick lo admitió. Debería haber llamado a la policía en ese momento y ahora estaría detenido.

—Heath dijo que no tenían más pruebas contra él. Lo encontrarán. No puede haber llegado muy lejos.

—Pero eso fue hace horas. Ya podría estar en Canadá. —Noté la estridencia de mi voz.

Me saqué la llave del bolsillo, pero se me cayó al suelo del porche. Me temblaban las manos.

Baz la recogió, pero no me la dio.

—Wil… —No continuó hasta que lo miré—. Todo va a ir bien. La policía tuvo oportunidad de averiguar lo mismo que nosotros descubrimos sobre Derrick. Birdie les ha ocultado información durante varios días. No es culpa nuestra.

Suspiré profundamente.

—Tienes razón. Es que estoy muy enfadada.

Estuvimos tan cerca… —Me di la vuelta con ganas de gritar hacia las copas de los árboles.

La vista del valle y de las lejanas montañas que lo rodeaban por lo general me aportaba paz y perspectiva, pero esta vez también me hizo pensar en la cantidad de lugares donde Derrick podría esconderse.

Me volví hacia Baz.

—De todos modos, quiero averiguar más cosas sobre Derrick. Quizá haya alguna forma de ayudar al detective Heath.

Y de quedar bien ante él.

—No te ofendas, pero ¿de verdad crees que él querrá tu ayuda?

Baz tenía razón. De repente, me sentí cansada de todo. Me apoyé en la barandilla y descargué mi peso sobre ella. Con apenas un crujido, la barandilla cedió de repente. Mis brazos se agitaron como locos buscando algo a lo que aferrarse, pero solo encontraron aire.