Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo veintiocho
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Capítulo veintiocho

CAPÍTULO VEINTIOCHO

A visé a la señora Schultz y a Archie de que mi breve ausencia se prolongaría y me marché con Roman a toda prisa. Giramos a la izquierda en la esquina de Main con Pleasant, pero no pude evitar mirar hacia La Parrilla del Damasco.

—¿Eso es un coche de policía? —dije al ver un vehículo blanco y negro en el aparcamiento, al lado del restaurante.

—Eso parece.

—¿Qué harán allí?

Roman no me contestó. Sentí que me podía la curiosidad, pero era más importante llegar a las instalaciones de seguridad para hablar con el detective Heath.

Pasamos deprisa por delante del ayuntamiento, cuya torre del reloj, aún en funcionamiento, se alzaba más alta que el resto de los edificios del centro, incluido el del campanario de la iglesia vecina.

La mayoría de las oficinas municipales seguían en el edificio antiguo, pero el departamento de policía se había trasladado al otro lado de la calle, al nuevo complejo de seguridad pública, que también albergaba el departamento de bomberos.

Nos apresuramos hacia la entrada acristalada, situada entre los dos departamentos, y entramos a un patio interior, luminoso y despejado, que contaba con dos zonas para sentarse y varias plantas de interior con hojas lustrosas al lado de los sofás.

Nos dirigimos directamente a la mampara blindada con el cartel de la policía en la parte superior.

Un hombre muy serio con uniforme de guardia de seguridad estaba sentado al otro lado del cristal, en un mostrador de recepción semicircular.

Detrás de él se veían varias puertas de despachos y, en la pared, algo que parecían buzones.

—Hola. Necesito hablar con el detective Heath —le pedí.

—¿Su nombre? —preguntó el agente.

—Willa Bauer. No me espera, pero sabe quién soy. —Su semejanza con Bruce Willis, pero más ancho, me frenó. Ese tipo no iba a aguantar tonterías—. ¿Podría decirle que tengo información importante sobre el asesinato de Guy Lippinger?

Roman y yo nos apartamos mientras él llamaba por teléfono. No pude evitar dar golpecitos con el pie, como si sonara una música animada, aunque en realidad en aquel vestíbulo de dos plantas reinaba el silencio.

Me lamenté en voz alta.

—Me va a matar. Me dijo que no me inmiscuyera.

—Willa. —Roman me agarró de los brazos y, al mirarme como siempre hacía, puso en descanso mi ansiedad, como un hipnotizador al chascar los dedos—. La policía se creyó la coartada de Derrick, así que Heath al menos tendrá que reconocer que estuviste en lo cierto al dudar de ella.

Para haber hablado varias veces con el detective Heath, Roman no parecía conocerlo muy bien. Volví al mostrador justo cuando el guardia de seguridad colgó el teléfono.

—En este momento está ocupado —dijo.

—¿Puede decirle que es importante que oiga lo que tengo que decir? —insistí.

—El agente Shepherd vendrá a tomarle declaración.

Al cabo de un momento apareció por detrás un policía al que reconocí, ya que lo había visto en el escenario del crimen.

Se saludaron con la cabeza antes de que la puerta se abriera con un zumbido y el agente saliera al vestíbulo.

—¿Willa Bauer?

Dejé al apático agente del mostrador para exponer mi caso a Shepherd.

—Sí. ¿Podemos entrar para ver al detective Heath?

—Ahora mismo no. ¿Quiere denunciar algún delito?

—No. Él ya conoce el delito. Tenemos… Tengo más información al respecto.

—Entiendo. Puedo facilitarle un cuaderno para que escriba su declaración y nosotros se la haremos llegar al detective Heath.

—Pero la persona a la que tiene que detener podría estar escapando en estos instantes.

Roman me puso una mano en el brazo para intervenir.

—¿Podría decirle que es urgente, agente Shepherd?

Agente Shepherd. Shep. Se me encendió una bombilla.

—¡Agente Shepherd! Tenemos un amigo en común.

Richie Mus… —Me detuve. Richie Musculitos era el apodo que yo le había puesto al amigo de Baz cuando lo vimos esperando para remolcar el coche de Guy la mañana siguiente al asesinato.

Mencionó a su viejo amigo Shep. No tenía ni idea de cuál era su verdadero apellido—. Richie. Es conductor de grúa.

—¿Conoce a Richie? Es uno de mis mejores amigos.

—Sí, es un tío estupendo. Me sugirió que preguntara por usted, que tal vez pudiera echarme una mano.

—Contar una pequeña mentirijilla a un policía iba a entrar en la lista de delitos que iba a cometer durante la investigación—.

Tengo que hablar con el detective Heath sobre el asesinato de Guy Lippinger.

—Lo siento, pero no puedo hacer nada. El detective Heath está dentro con un sospechoso.

—¿Han detenido a un sospechoso? —Suspiré aliviada.

Me dieron ganas de reír y llorar a la vez, pero le di un puñetazo a Roman en el brazo—.

Me has preocupado por nada. ¿Lo ves? Sí que acudió a la policía.

—Pensé en el coche patrulla que había frente a La Parrilla del Damasco—.

A menos que sea la policía quien haya ido a detenerlo.

—Estoy alucinado. Sonaba todo bastante incongruente —dijo Roman.

Me alegré de llevar razón por una vez.

—Aun así, me quedaré a esperar al detective Heath. —Me volví hacia el agente Shepherd—. ¿Puede decirle que estoy esperando para hablar con él?

—Como quiera.

El agente Shepherd cruzó de nuevo la puerta.

—Lo siento, supongo que tenías razón —dijo Roman.

—Aun así, debo contarle a Heath lo que sé.

Tenías razón. Llamaré a la tienda y avisaré a Archie de que es posible que Heath quiera hablar con él, ya que fue él quien descubrió que la coartada de Derrick era falsa.

—Noté que Roman miraba el reloj—. No hace falta que te quedes si no quieres. Sé que aún estamos en horario laboral.

—Dentro de quince minutos viene un grupo a hacer una cata.

—Vete. No haces nada aquí.

—Siento haberte preocupado.

—Me alegro de haber venido. Tenías razón, debería haber acudido directamente a la policía. Gracias por acompañarme.

Roman se marchó y llamé a la tienda por segunda vez en la tarde para poner al día a la señora Schultz y a Archie, quienes me aseguraron que eran capaces de ocuparse del negocio.

También llamé a Baz y le conté dónde estaba.

Me dijo que iba conduciendo, que acababa de terminar la chapuza, y se ofreció a venir a la comisaría, lo cual me pareció buena idea.

Como estuvo conmigo cuando hablamos con Derrick, era probable que también quisieran interrogarle.

Esperé en el patio interior el tiempo suficiente como para que mi nerviosismo ante la idea de tener que enfrentarme de nuevo al detective Heath se convirtiera en orgullo por haberle ayudado a resolver el caso.

Lo que aún no sabía era si habían detenido a Birdie o a Derrick.

Baz llegó justo antes de que el guardia de seguridad nos dejara pasar.

Un agente a quien no conocía nos esperaba al otro lado del tabique y nos condujo por un pasillo hasta una sala de interrogatorios muy austera en la que solo había una mesa rectangular y tres sillas de plástico de aspecto incómodo. Tiré de una de las sillas y me senté.

—Los dos en ese lado —dijo el agente.

—Uy. Perdón. —Troté hacia el otro lado de la mesa con Baz.

Cuando me senté junto a Baz, oí que la puerta se cerraba: estábamos solos en aquella habitación espartana.

Las paredes desnudas parecían recién pintadas, pero su vivo color amarillo no aportaba ninguna alegría al entorno.

Carente de ventanas, la única luz procedía de dos tiras LED sujetas al techo que dispersaban un resplandor antinatural.

—Esto no me gusta nada —dijo Baz.

Tenía razón. Sin duda no parecía que les estuviéramos haciendo un favor. Me fijé en que en una esquina del techo había una cámara de vídeo cuyo objetivo negro y desalmado apuntaba hacia nosotros.

—Aquí debe de ser donde interrogan a la gente.

—A los sospechosos, querrás decir.

—Pero nosotros no somos sospechosos. Por eso estamos aquí, para acabar con esto de una vez por todas.

Derrick les habrá dicho que hemos hablado con él esta mañana y apuesto a que Heath estará enfadado.

Seguro que tiene el ego herido. —No me lo creí ni por un segundo, pero me hizo sentir menos culpable.

El detective Heath entró y cerró la puerta. Llevaba su habitual traje a medida, pero el porte firme que solía acompañarlo flaqueaba. Enseguida tomó asiento frente a nosotros y dijo:

—Acabemos pronto. ¿Qué tiene que decirme?

Mi soberbia desapareció volando.

—Hemos venido para asegurarnos de que Derrick le ha contado lo que nos dijo a nosotros esta mañana sobre la noche del asesinato de Guy.

—¿Han hablado con Derrick Fitzpatrick? ¿Cuándo?

—Esta mañana.

—¿Hora?

—Eh… —Miré a Bazy ambos murmuramos—: Sobre las once.

—Cuéntenmelo todo.

Repasamos lo sucedido con Derrick esa mañana. El detective Heath apretó los puños.

Oh-oh.

—¿Qué pasa? Hemos visto un coche de policía en La Parrilla del Damasco. ¿Han arrestado a Derrick o a Birdie? —pregunté.

—Birdie vino por voluntad propia y confesó haber estado esa noche con Guy en el coche —dijo Heath.

—Entonces fue ella. —Todavía me costaba creerlo.

—No confesó que lo hubiera matado, solo que estuvo en el coche con él. Dijo que, cuando se marchó, él seguía vivito y coleando.

—¿Y la cree?

El detective Heath no respondió.

—¿Por eso hay un coche de policía en La Parrilla del Damasco? ¿Están hablando con Derrick? —preguntó Baz.

—Están interrogando al personal del restaurante. Lleva desaparecido desde última hora de la mañana.

—¿Ha desaparecido? —¿Por qué hacía tanto calor? Necesitaba una ventana—. ¿Cómo llevaba tanto tiempo ausente? El personal del restaurante se habría dado cuenta enseguida de que no estaba.

—Les dijo a sus empleados que venía a la comisaría, pero nunca llegó.

Eso no lo sabíamos, porque no hemos intentado contactar con él hasta que Birdie ha venido a confesar y nos ha contado que había encubierto a Derrick porque esa noche lo vio.

Lo hemos llamado por teléfono y hemos ido a su apartamento, pero hasta que no hemos llegado al restaurante no hemos descubierto cuánto tiempo llevaba fuera.

Hemos puesto una orden de busca y captura —dijo Heath—.

Así que cuéntenme otra vez cómo le explicaron que su coartada no era sólida.

—Vamos, no nos quite mérito. Nosotros fuimos quienes descubrimos que la coartada era falsa —dijo Baz.

—Nosotros lo sabíamos desde que hablamos con Lou, el del colmado.

—Entonces, ¿por qué no detuvieron a Derrick? —dije.

—No teníamos nada por lo que detenerlo. ¿Por qué cree que fui el viernes por la noche a La Parrilla del Damasco?

Necesitábamos más pruebas además de su presencia en la zona aquella noche, y no queríamos que supiera que lo estábamos vigilando tan de cerca.

Queríamos que se sintiera seguro en los siguientes movimientos, para que no hiciera nada… como lo que acaba de hacer.

Me hundí en la silla.

Uy.