Capítulo veintisiete
CAPÍTULO VEINTISIETE
—¿ E staba allí? —le pregunté a Archie en cuanto volvió de su descanso. Contuve la respiración a la espera de su respuesta.
—Sí, está encerrada en su apartamento. Se animó un poco después de hablar conmigo —dijo con una sonrisa tímida.
La señora Schultz y yo nos miramos con disimulo. Su evidente alivio coincidía con el mío.
—Seguro que has hecho que se sienta mucho mejor. ¿Te ha dicho algo sobre Vivian? —Aún me interesaba saber si Vivian tenía algo que ver en todo ese asunto.
—Hope me ha dicho que su tía Vivian no sabía nada y que estaba muy preocupada. Vivian ha sido supermaja con ella y le ha dejado que se tome el resto del día libre.
—Bueno. Me alegro de que Hope se sienta mejor.
—Yo también. —Archie recuperó la sonrisa.
«Casualidades de la vida», pensé. Dejé que se disiparan mis reticencias sobre que Hope hubiera descubierto que Guy era su padre justo en este momento.
Derrick había dicho que le contaría a la policía quién estaba en el coche con Guy aquella noche.
Si hubieran sido Hope o Vivian, la policía habría acudido para interrogarlas.
Mi corazonada inicial debía de ser cierta: tenía que ser Birdie.
La tienda estaba rebosante de clientes y por fin empecé a sentirme optimista.
Tal vez fuera la conmoción de todo lo que Derrick me había contado esa mañana lo que me tenía tan abatida.
Pero después de procesarlo, me daba cuenta de que Baz tenía razón.
Había ayudado a resolver el caso. Ya nadie sospecharía de mí.
La señora Schultz, Archie y yo haríamos que ¿Qué Sería?
prosperara. A través del ventanal me puse a contemplar a la gente que pasaba por la calle.
Unos alegres narcisos blancos y amarillos habían florecido bajo los árboles de Júpiter que jalonaban la acera.
Yarrow Glen volvía a ser el pueblo entrañable del que me había enamorado.
Al otro lado de la calle, me llamó la atención la destilería El Valle de Oro. Roman no era un asesino. Aquel pensamiento me aceleró el corazón, pero de golpe volví a la realidad. Lo había tratado como a un sospechoso, igual que había hecho el detective Heath conmigo… para enfado mío.
Cuando la tienda se quedó tranquila, decidí llevarle una ofrenda de paz. ¿Qué queso decía mejor «Lo siento»?
—¿Todo bien si os quedáis un ratito a cargo de la tienda otra vez?
—No hay problema —dijo la señora Schultz.
—¡Faltaría más! —exclamó Archie.
El queso francés me gustaba especialmente, así que crucé la calle con uno de los Pirineos elaborado con leche de oveja.
Respiré hondo antes de abrir la puerta de la destilería.
Chet, el ayudante de Roman, atendía a un cliente en la caja registradora, así que nadie me recibió.
Vi que Roman, muy animado, le enseñaba a otro cliente una botella de hidromiel de canela, que había sido mi favorita.
La pasión que sentía por sus productos era palpable mientras hablaba con aquel hombre sobre su hidromiel.
Una vez más, lamenté haberle acusado de mentiroso solo porque no había querido proclamar quién era su familia con la intención de que lo juzgaran solo por su trabajo y su pasión.
Había sospechado de él porque había sido amable con Guy cuando nadie más lo había sido.
¿El queso que le había llevado diría también «He sido una idiota»?
El cliente eligió el hidromiel. Entonces Roman se fijó en mí mientras llevaba las botellas al mostrador.
Le lancé una sonrisa que no fue correspondida.
Supuse que me lo merecía. Seguí de pie en un rincón de la tienda, algo incómoda, con el pequeño recipiente de queso mientras esquivaba a los clientes.
Roman se tomó su tiempo y finalmente se acercó a mí.
—Hola —dijo.
—Hola. —Más incomodidad. Le tendí el recipiente—. Toma. Es para ti.
—¿Para otra degustación?
—Es una ofrenda de paz.
Soltó una risita y lo cogió.
—¿Queso como ofrenda de paz?
—Hay gente que parte un pan. Yo comparto mi queso. —Me encogí de hombros.
El hoyuelo se le marcó en la mejilla cuando se ensanchó su sonrisa torcida.
—Ven, anda. —Me condujo a la sala de catas, donde no había clientes—. ¿Quieres una copa de algo?
Me acerqué a la barra una vez más, pero decliné el ofrecimiento.
—Sigo trabajando, pero gracias.
Esta vez se sentó a mi lado.
—¿Has dejado la tienda solo para venir aquí?
—Tampoco te vengas muy arriba. —Sonreí para demostrarle que estaba bromeando y me correspondió con calidez—. No quería esperar más para pedirte disculpas.
—¿Disculpas por qué?
No me lo iba a poner fácil.
—Por enfadarme contigo porque me habías ocultado cosas sobre ti.
No soy nadie para decidir qué partes de tu pasado debes compartir conmigo.
O qué partes de tu presente, ya que estamos.
—Me sonrojé en contra de mi voluntad—. Nos acabamos de conocer y nada de eso es asunto mío, es decir, tú tampoco lo sabes todo sobre mí…
—Pero me gustaría.
Todos mis sensores internos se encendieron como con un interruptor. ¿Cómo lo hace?
—En cualquier caso, creo que no he sido yo misma debido a lo que pasó con Guy, porque no sabía…
—¿Si lo maté yo?
—No. Bueno, a lo mejor. ¿Me perdonas? —Mostré los dientes en lo que esperaba que fuera una sonrisa suplicante, aunque es probable que pareciera un chimpancé nervioso.
Quizá no se impresionara conmigo, pero esperaba que mi queso lo conquistara.
Abrí el envase y le dejé que cogiera un trozo de aquel queso color marfil claro.
—Se llama Istara. No se lo ofrezco a cualquiera.
Con la textura algo grasienta del gouda y un sabor de intensidad suave, era posible que le gustara hasta a Baz.
Picamos sendos trozos de queso y, con un «que aproveche» torpe, le dimos un bocadito a la vez. Mi paladar percibió toques de avellana y aceituna por debajo de su suave dulzor.
Él asintió y se metió el resto en la boca con un «mmm».
—Entonces, ¿estoy perdonada? —pregunté.
—Supongo. —Me guiñó y, al hacerlo, activó de nuevo mis sensores—. ¿Puedo preguntarte por qué decidiste al final que yo no maté a Guy?
Dios, ¿por qué decliné aquella copa? Traté de quitarle hierro al asunto.
—Tampoco es que sospechara de ti realmente.
Levantó las cejas con gesto escéptico. Lógico. Era una pésima mentirosa.
—De acuerdo, te lo confesaré. Fue por Derrick. Aquella noche vio a Birdie en el coche de Guy. Bueno, al menos, creo que se refería a ella. En cualquier caso, hablé con él en el restaurante y me dijo que acudiría a la policía para facilitarles esa información.
—¿Y por qué no se la facilitó desde el principio?
—Porque eso lo colocaba en el escenario del crimen y no quería implicarse a sí mismo, pero averiguamos que su coartada era falsa, al menos durante un lapso de veinte minutos.
Por eso se ha visto obligado a decir la verdad.
—Me sentí muy satisfecha al relatar nuestras habilidades detectivescas.
Lástima que Heath nunca se fuera a enterar de que habíamos resuelto el caso.
—A ver si lo entiendo —intervino Roman—. Le dijiste a Derrick que su coartada no era válida y él te dijo que no había sido él, sino que había visto a otra persona con Guy.
—Eh… sí. —Dicho así, no sonaba tan plausible como en boca de Derrick.
—¿Y no crees que te lo dijo para librarse del entuerto?
Vaya, ahora me sentía estúpida.
—Sospechábamos de Birdie, así que cuando dijo que la había visto con Guy…
—¿Por qué sospechabais de Birdie?
—Porque Derrick dijo que tenían una aventura.
—«Derrick dijo».
—Ya. Te entiendo. —Nunca me había considerado una persona crédula, pero desde esa perspectiva, daba la impresión de que podría haber cometido un error de criterio.
—¿Le has preguntado a Birdie? —dijo.
—A ver, no… Porque no la mencionó por su nombre, así que tampoco estaba del todo segura de que fuera ella.
—Acabas de decir que Derrick te dijo que Birdie tenía una aventura con Guy y que esa noche los vio juntos en el coche de él.
Madre mía, ahora sí que parecía una auténtica lerda.
—N… no. No dijo que fuera ella ninguna de las dos veces. Pero lo di por hecho. —¿Acaso no me había dicho Heath que no diera cosas por hecho?
—Entonces, Derrick te dijo que Guy tenía un lío con una mujer.
Luego te dijo que lo vio con una mujer en el coche aquella noche.
Y ahora tú crees que está en la comisaría de policía contándole al detective Heath que mintió sobre su coartada porque, en efecto, esa noche estaba en el escenario del crimen, ¿es eso?
Pero esta mujer misteriosa con la que supuestamente Guy tenía una aventura, que tú crees que es Birdie, ¿es la verdadera asesina?
—Bueno, si lo dices así… Me lo tragué de principio a fin, ¿no? Pero todo parecía muy lógico. Los propietarios del hotel dijeron que Guy tenía un secreto y, en fin… Supongo que saqué mis propias conclusiones.
—¿Al menos acudiste a la policía para decir que la coartada de Derrick era falsa?
Me llevé las manos a la cabeza.
—No. Dejé que él lo hiciera. No quería que el detective Heath supiera que seguía metiendo las narices en la investigación.
—¿Cuándo hablaste con Derrick?
—Esta mañana.
—¿Esta mañana? Ya podría estar fuera del país.
—Ay, Dios, ¿tú crees? Buf… Será mejor que vaya a ver al detective Heath.
—Te acompaño.