Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo veintiséis
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Capítulo veintiséis

CAPÍTULO VEINTISÉIS

L a cabeza se me tambaleó como si acabara de recibir un puñetazo por sorpresa.

—¿Qué?

—¿Cómo es posible? —La señora Schultz parecía tan confusa como yo.

—De locos, ¿eh? —dijo Archie.

—Pobre Hope. —El silencio se apoderó de nosotros mientras intentábamos asimilar aquel bombazo—. ¿Cómo se ha enterado? ¿Se lo ha dicho Vivian? —pregunté.

—Encontró el diario de su madre. Aún no se lo ha contado a nadie, excepto a mí.

—¿Y te ha contado algo más?

—En el diario ponía que su madre conoció a Guy en una fiesta cuando él estudiaba en la universidad de Stanford.

—¿Sería entonces cuando se quedó embarazada?

—No, rompieron cuando él se graduó. Ella lo siguió hasta aquí, pero él se marchó a Europa.

—Entonces estaba enamorada de él —señaló la señora Schultz.

—Eso parece. Se quedó en el pueblo y acabó como aprendiz de los propietarios de la panadería, que querían vender la tienda. Cuando Guy volvió de Europa, ella ya la había comprado y se había asentado en el pueblo.

—Entonces tuvieron que volver a estar juntos, porque después tuvo el bebé.

La señora Schultz y yo estábamos al otro lado del mostrador escuchando a Archie con la boca abierta.

—Estuvieron juntos solo una vez. Después le dijo que estaba enamorado de otra y que no quería estar con ella.

—Menuda alimaña —espetó la señora Schultz—. ¿Ella le contó que el bebé era suyo?

—Sí. Los padres de Guy le dieron dinero a la madre de Hope e hicieron que firmara unos papeles que ella no entendía. Le dijeron que, si se lo contaba a alguien, se buscaría un lío con la justicia.

—¡Eso no se puede hacer! —La señora Schultz dio una palmada sobre el mostrador en señal de protesta.

—Es probable que solo fuera una táctica intimidatoria para mantenerla callada —dije—. Tuvo que ser una mujer muy fuerte para seguir adelante ella sola con un nuevo negocio y con una recién nacida.

—Vivian es igual —comentó la señora Schultz—. Le faltó tiempo para ocuparse de todo cuando su hermana no pudo.

—¿Y Vivian lo ha sabido todo este tiempo? —le pregunté a Archie—. ¿Por eso Hope estaba hoy enfadada con ella?

—Hope no estaba enfadada con ella, solo quería pasar tiempo sola sin que su tía la atosigara. No sé si Vivian lo sabía o no.

—¿Te ha contado Hope cómo encontró el diario?

—No se me ha ocurrido preguntárselo. Su madre vivía en el apartamento anexo a la panadería donde ahora vive Hope, que es donde creció.

Por eso quería quedarse allí y por eso Vivían consiguió otra casa cuando Hope tuvo edad suficiente para estar sola.

Quizá el diario estuviera escondido en algún lugar del apartamento.

—Y lo encontró después de todos estos años. Supongo que no es descabellado.

—¿Os imagináis? Algo así te tiene que poner el mundo patas arriba.

—Eso significa que Guy supo todo este tiempo que Hope era su hija, pero nunca la reconoció. ¿Cómo puedes tener una hija y no querer saber de ella?

—Es una tragedia —convino la señora Schultz. Su furia, agotada, se convirtió en pesar.

Me di cuenta de lo triste que estaba Archie por Hope.

Yo también lo estaba, pero me parecía demasiado casual que todo hubiera sucedido justo en este momento.

¿De verdad Hope acababa de enterarse? Averiguar algo así podía hacerte odiar a esa persona.

Pero no iba a acusar a Hope de nada delante de Archie.

Entraron algunos clientes nuevos en la tienda, así que aparté mis incesantes dudas sobre Hope y volvimos al trabajo.

Más tarde, para tratar de distraer a Archie, le pedí que me ayudara a preparar una nueva bandeja de degustación, pero no pudo ocultar su falta de entusiasmo.

Miré el reloj de pared. Eran más de las dos.

—Creo que es hora de tu descanso —le dije.

—¿Ya? De repente estaba tan nervioso como un cachorro al que le acaban de dar un nuevo juguete para masticar.

—Sí. Ve a ver cómo está Hope.

—Gracias, Willa. Eres la mejor. No tardaré, te lo prometo.

Se quitó el delantal, lo guardó detrás del mostrador y se marchó corriendo de la tienda. A través del escaparate, la señora Schultz y yo lo vimos pasar a toda prisa hacia la panadería.

—Le gusta de verdad —comenté.

—Eso es lo que me preocupa —respondió la señora Schultz.

—¿A ti también? No he querido decir nada delante de Archie, pero ¿cree usted que Hope acaba de descubrir, justo ahora, que Guy es su padre?

—Yo también me lo he preguntado. ¿Crees que pudo enterarse antes y enfrentarse a él? ¿Y que tal vez durante el enfrentamiento algo salió mal?

—Es una posibilidad.

—Y si es eso lo que pasó, ¿por qué lo cuenta ahora?

—¿Quizá quería conseguir dinero de la familia de él? La pregunta más importante: ¿tuvo ella algo que ver con su muerte?

La señora Schultz y yo estudiamos la situación durante un momento.

—¿Crees que es seguro para Archie ir a verla? —preguntó.

—Derrick nos dijo hace un rato que iba a acudir a la policía, así que, si Hope es la mujer que vio en el coche con Guy aquella noche, la policía ya se la habrá llevado para interrogarla.

—Espero que nos equivoquemos… por el bien de Archie.

Temí que el fular de la señora Schultz no sobreviviera a la preocupación de sus manos, así que le pedí que cortara en trochos el pan de centeno que nos había sobrado esa mañana y que sacara una cuña de stilton , un queso azul inglés.

Quería que la cuña estuviera entera para que se apreciara bien su hermoso veteado azul.

Más tarde, solo habría que partir un pedacito para que los clientes pudieran degustar su intenso sabor.

Yo también necesitaba algo con lo que entretenerme y me di cuenta de que el tarro de cristal estaba casi rebosante de estimaciones acerca del peso de la Rueda de Cheddar Monstruosa.

—¡Fíjate! Necesitamos un tarro más grande. —Eché un vistazo por la tienda para ver si teníamos algo que sustituyera el tarro de galletas que había encontrado entre las cajas desembaladas. Durante años lo había utilizado para muchas cosas, pero nunca para galletas, por irónico que pareciera.

Fui a buscar el tarro de cristal más grande que vendíamos y transferí a él los papelitos y las tarjetas de visita de los clientes.

Eso me recordó que no habíamos llegado a descubrir a quién pertenecía la tarjeta del salón de manicura.

¿Era más probable que fuera de Birdie o de Hope?

Recordé las uñas largas y pulidas de Hope y me preocupó cómo se tomaría Archie la noticia si al final era a Hope a quien detenían.