Capítulo veintidós
CAPÍTULO VEINTIDÓS
M uy airada, obedecí al detective Heath. Como no quedaba más que decir, me alegró ver que se iba. No lo acompañé a la puerta.
—¿No cree que debería cerrar cuando me marche? —preguntó.
—Si piensa que fui yo quien escribió la nota, no hay de qué preocuparse, ¿no cree?
Soltó el pomo de la puerta y se acercó a mí.
—Tengo que hacer mi trabajo. Eso no significa que no piense que usted corre peligro. Quiero que esté a salvo, ¿cuántas veces tengo que repetirlo?
No supe qué creer. Hasta que no llegó de nuevo a la puerta y me esperó no cedí y la cerré.
Un momento después, un golpe en el cristal de la puerta casi me hizo saltar. Me di la vuelta y vi que era Archie. Volví a abrir. Le seguían la señora Schultzy Baz.
—¿Qué hacéis aquí?
—Vi a la policía merodeando en la esquina —dijo Baz— y me contaron lo que pasó.
—No nos íbamos tranquilos dejándote aquí sola después de lo que decía esa nota —añadió la señora Schultz.
—Sois los mejores —les dije.
No supe a quién abrazar primero, así que acabamos dándonos un abrazo grupal.
—¿Qué ha dicho el detective Heath sobre la nota? —preguntó la señora Schultz.
—Parecía más preocupado por lo que yo pudiera haber hecho para merecerla.
—Al menos ya sabe que no eres sospechosa —dijo Archie.
—No estés tan seguro, Archie. Cree que es posible que yo escribiera la nota para zafarme de cualquier sospecha.
—¿Que qué? —dijeron los tres al unísono.
—Eso es absurdo —dijo la señora Schultz.
—No estoy segura de lo que puede creer en realidad, pero el hecho de que me mantenga en su lista de sospechosos significa que no está más cerca que nosotros de encontrar al asesino de Guy.
—Es obvio que le has buscado las cosquillas a alguien —dijo Baz—. ¿Vas a dejar que el detective Heath se ocupe de la investigación?
Esa era la pregunta que me había hecho a mí misma desde que encontré la nota. Solo había una respuesta.
Miré a mi alrededor mientras repasaba de memoria el catálogo de los quesos fundentes más sabrosos.
Sabía dónde estaban. Tomé mis tres opciones favoritas, cogí un par de barras de pan del día anterior y las llevé a la cocina.
Abrí el armario bajo la encimera y saqué una botella de vino blanco seco que guardaba para futuras clases.
—¿Qué haces? —preguntó Baz. Él, Archie y la señora Schultz me siguieron hasta la parte trasera de la tienda.
—Estoy preparando una fondue . Hoy no hemos comido en condiciones y, al menos en mi caso, es difícil pensar con el estómago vacío de queso.
—¡Me parece muy bien! —exclamó Archie.
En un periquete, el gruyer, el fontina y el gouda formaron una base cremosa donde mojar el pan de masa madre fermentada de Vivian cortado en dados generosos. Ese era el mejor uso que se le podía dar al pan del día anterior, ya que no se deshacía al entrar en contacto con el queso fundido.
Los cuatro mojamos nuestros pinchos en la crema sin atisbo alguno de delicadeza.
El queso era mi combustible y, en su versión fundida, se convertía en gasolina de alto octanaje.
Noté que me despejaba el cerebro y me recargaba el cuerpo.
También pareció levantar el ánimo de los demás.
Les conté lo que Derrick me había dicho sobre la aventura de Guy y nos pusimos a barajar distintas teorías.
—No llegaste a contestar mi pregunta —dijo Baz después de engullir cuatro pedazos de pan bañados en el rico trío de quesos—. ¿Vas a dejar de investigar quién mató a Guy?
—No puedes tirar la toalla —dijo Archie.
—Archie, no queremos que Willa corra peligro —dijo la señora Schultz.
—Tampoco he dicho eso.
—Estoy de acuerdo con Archie. Pienso lo mismo: no voy a tirar la toalla. Necesito tener más cuidado, ya está. Ojalá supiera qué dirección tomar. Las respuestas que obtengo no eliminan a nadie.
El método de la señora Schultz consistía en dar tres toques con el pan en la superficie del queso hasta que se quedaba parcialmente cubierto. Estaba remojando otro trozo cuando preguntó:
—¿Sigues pensando que lo sucedido aquí el miércoles por la noche durante la clase es la razón de que mataran a Guy?
—Tiene que serlo: iba a revelar un secreto.
—Qué pena que no lo hiciera. —Archie hundió su trozo hasta que el pan dejó de ser reconocible.
—¿Recuerdas si Guy miraba a alguien en concreto cuando habló del secreto? —dijo Baz.
—¿Qué dijo Guy esa noche exactamente? ¿Quién parecía más nervioso? —quiso saber la señora Schultz.
—No me acuerdo. Si yo hubiera sabido que lo iban a matar por decir lo que dijo, habría prestado más atención.
La señora Schultz soltó su pincho y una idea le iluminó los ojos color avellana.
—¿Por qué no reconstruimos los hechos de aquella noche? Tal vez así te venga algún recuerdo que hayas olvidado. Podría salir algo.
—Podría. —No era muy optimista.
—Archie, tú harás de Derrick. Baz, tú harás de Roman hasta que entres como tú mismo —le indicó la señora Schultz.
—Qué autorreferencial —dijo Baz.
—Yo haré de Birdie y de Vivian. Willa, tú harás de Guy.
—¿Y quién hace de Willa? —preguntó Archie.
—Ella puede hacer de los dos.
—¿Y cómo sabremos cuándo hace de Guy y cuándo hace de Willa? —preguntó Baz.
—Quizá necesitemos disfraces —sugirió Archie.
—Fui bastante inútil haciendo de mí misma la primera vez, porque me limité a seguirlo por todas partes. Haré solo de Guy —intervine.
—Buena idea. Es más importante lo que Guy hizo y cómo reaccionaron los demás. —La señora Schultz entró en modo directora de escena—. Empezaremos cuando Guy aporreó la puerta. ¿Dónde estaba todo el mundo, Willa?
Hice memoria.
—Todo el mundo estaba de pie, justo donde estamos ahora, alrededor de la isla, cuando fui a ver quién llamaba.
—Entonces, ¿ahora está haciendo de Willa? —preguntó Archie.
La señora Schultz trató de no perder los nervios.
—Madre mía, mejor empecemos cuando él ya está en la tienda.
—Vale. Entonces, vosotros estáis aquí en la cocina y yo estoy allí enfrente.
—Me coloqué en la parte delantera y me dirigí hacia las cuñas de queso de la mesa central—.
Guy hace comentarios sobre el queso y me desordena los expositores.
—Me trasladé hacia la segunda mesa, pero dejé los expositores en paz.
Tampoco hacía falta ser un actor del método.
—¿Seguimos aquí? —preguntó Baz desde la cocina.
—Creo que sí —dije—. Estaba concentrada en lo que hacía Guy, porque no tenía ni idea de quién era. Ay, esperad, en ese momento Derrick me dijo quién era y se acercó hasta aquí.
Señalé el lugar donde Derrick se había quedado. Archie se trasladó desde la cocina hasta el otro lado de la mesa para ocupar su puesto.
—Y entonces los demás lo siguieron y se quedaron algo más atrás.
La señora Schultz y Baz se acercaron un poco.
—Veamos, Guy se movió hacia aquí… —Me acerqué a la vitrina refrigerada y agarré una barra de queso—. Entonces dijo: «No me gusta de dónde sacáis el queso» o algo parecido.
—¿Lo dijo mientras agarraba ese queso? —preguntó Baz.
—No estoy segura de cuál estaba agarrando en ese momento. Lo único que sé es que metió la mano aquí. —Miré la barra de queso que tenía en la mano—. Era un chèvre de Cabras Sonrientes. —En esta vitrina están los quesos de Birdie.
—En ese caso, tal vez tuviera algo en contra de Birdie —dijo Baz—. Ya has sospechado de ella antes.
—Me dijo que su familia no tuvo ningún problema con que la echaran de sus tierras y la obligaran a abandonar la granja, pero no sé si creérmelo. Pienso que tal vez hubiera algún resentimiento entre ellos.
—¿Qué pasó después? —insistió la señora Schultz.
Al darme cuenta de que la señora Schultz podría extraer algo de todo aquello, empecé a mostrar más entusiasmo que al principio.
—De acuerdo, ahora es cuando dice que no le gusta la compañía que frecuento. No, esperad. Eso fue después de que llegara Hope.
—¿Dónde se colocó ella?
—No pasó del mostrador de degustaciones.
Donde estaban las cestas de regalo.
—¿Willa? —Baz me sacó de mis pensamientos—. ¿Qué pasó entonces?
—Ah, pues que ella y Vivian se enzarzaron en una pequeña discusión, y entonces le rogué de nuevo a Guy que volviera al día siguiente. Fue entonces cuando dijo que tenía un secreto que contar. Los miró a todos, excepto a Hope, que estaba detrás de nosotros.
—¿Y qué hicimos los demás en ese momento? —preguntó la señora Schultz.
Pensé en la reacción de todos.
—Todos se quedaron callados, excepto Derrick. Él lo desafió. —Traté de recordar cómo—. Pero no recuerdo qué le dijo.
—¿Alguien parecía asustado? —preguntó Archie.
—No que yo recuerde. Yo seguía tratando de convencer a Guy para que me diera una segunda oportunidad, así que no presté demasiada atención a los demás.
—¿Fue entonces cuando llegó Baz? —preguntó la señora Schultz.
—¿Ya soy yo? —dijo Baz, preparado para entrar por la puerta como hizo aquella noche.
—No —dije—. Roman se puso aquí.
—¿Dónde? —preguntó Baz.
—Aquí, se acercó a Guy. —Moví a Baz para que se colocara a mi lado—. Le dijo que había bebido mucho e intentó que se marchara.
—Entonces, ¿Roman evitó que Guy revelara el secreto? —planteó Baz.
—Yo diría que no.
—Pero acabas de decir que lo interrumpió.
—Tienes razón. Supongo que no lo interpreté así. Roman intentaba calmarlo. Él y Derrick insistieron en que se marchara; en ese momento pensé que estaban siendo caballerosos.
Archie permaneció a mi lado mientras seguía metido en el papel de Derrick.
—Entonces, ¿Derrick y Roman fueron los más interesados en que se marchara? —preguntó la señora Schultz.
Volví a pensarlo.
—Eso es.
—Entonces tiene que ser uno de ellos dos —concluyó Archie con énfasis—. Pero Derrick tiene una coartada. —Su entusiasmo se desinfló enseguida.
—El detective Heath dijo que no había que tener en cuenta solo las coartadas. Pero si no podemos basarnos en lo que sabemos, ¿qué nos queda? —dije.
—Y no te olvides de Birdie —dijo Baz—. Sospechaste de ella antes y es probable que Guy tuviera uno de sus productos en la mano cuando dijo que no le gustaba de dónde sacabas el queso.