Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo veintiuno
64%

Capítulo veintiuno

CAPÍTULO VEINTIUNO

E l detective Heath vino a mi tienda por segunda vez aquel día, pero en esa ocasión me alegré de verlo.

Le pasé la nota amenazante. Se puso unos guantes de látex antes de agarrarla por una esquina e introducirla en una bolsa de plástico.

Uy. Supongo que no debí haberla tocado… ni habérsela pasado a Archie y a la señora Schultz.

Repasé con él mi día, aunque apenas fui capaz de recordar nada.

Interrogó a Archie y a la señora Schultz por si habían visto a alguien cerca de la fuente bajo la cual había aparecido la nota.

Por desgracia, todo el mundo había estado cerca de ella en algún momento, ya que contenía comida.

Una vez concluido el interrogatorio, les pedí que se marcharan a casa.

Para ellos también había sido un día largo.

—Trataremos de conseguir huellas, pero yo no tendría demasiadas esperanzas en obtener algo concluyente —me dijo cuando nos quedamos solos.

—¿Y la caligrafía? Sé que está en mayúsculas, pero puede que guarde similitud con la letra de alguno de los cinco sospechosos. Si les pide que escriban esas mismas palabras…

—¿Cinco sospechosos?

—Venga ya, Heath. Quiero decir… detective.

—Me corregí—. Faltaba un cuchillo en una de las cestas de regalo.

Preparé las cestas después de cerrar ese día.

Eso significa que alguien que estaba aquí esa noche lo cogió y lo usó para matar a Guy.

Personalmente, preferiría que no fuera ninguno de ellos.

Todos me caen bien. Bueno, excepto Derrick, pero él tiene una coartada.

¿No puede hacer que escriban el mismo texto de la nota para ver qué caligrafía se parece a esta?

—No puedo obligar a hacer nada a ningún particular que no se encuentre detenido.

—Vale, pero ¿no puede pedírselo?

—Me interesa más el contenido de la nota. ¿Por qué le pide que deje de husmear?

—Porque teme que lo descubra, está claro.

Heath me miró a los ojos un momento, pero esta vez solo como detective. Ahí estaba el «Te lo dije».

—Vi sus intenciones anoche en La Parrilla del Damasco y en El Sótano. ¿Dónde más ha metido las narices, Willa?

—En ningún sitio más. —¿Por qué se me elevaba la voz de repente? Carraspeé—. Bueno, he hecho algunas preguntas…

—Como por ejemplo…

—Quería saber más cosas acerca de Guy. Y pregunté si alguien vio u oyó algo esa noche.

Pero fui con cuidado. Tampoco es que estuviera por ahí preguntándole a la gente si tenía una coartada.

No fui tan poco sutil. —Puse los ojos en blanco y posé la mirada en la nota del plástico transparente.

Heath tuvo el detalle de no incidir en que, visto lo visto, tan sutil no debí de ser.

Traté de obviar el comentario que me hizo Roman cuando me dijo que parecía de la policía—.

Vale, quizá no fui tan lista como pensaba.

No llegué a preguntarle a Birdie, pero Vivian y Hopeno tienen coartada.

Y Roman tampoco. ¿Por eso lo interrogó usted antes?

—No. Y no se pueden eliminar o incluir sospechosos en función de su coartada.

Una investigación se basa en muchos más aspectos aparte de las suposiciones y los rumores.

Hay que juntar todas las pruebas, pero eso no es posible si usted hace preguntas obvias y se pone en peligro.

—El detective Heath se suavizó—. ¿Alguno de ellos tuvo hoy la oportunidad de dejar esta nota?

—Todos estuvieron aquí en algún momento.

Cualquiera podría haberlo hecho. —El peso de la nota amenazante se abatió sobre mí—.

Odio esto. Odio no ser sincera con ellos.

Odio no saber si quieren ser amigos míos o matarme.

—Derramé una gruesa lágrima sin previo aviso.

Me la sequé con la esperanza de que Heath no la hubiera visto.

Me puso una mano en el hombro.

Vaya, sí la ha visto.

—Willa, siento que haya pasado esto. Tiene que confiar en mí.

—No deja de repetirlo, pero ¿cómo voy a confiar en usted si piensa que soy la asesina? Vi que anoche volvió a mi apartamento. ¿Trata de encontrar pruebas contra mí? ¿Para eso vino a El Sótano conmigo, para que metiera la pata y dijera algo incriminatorio?

—Sé que ha estado preguntando cosas y esto es precisamente lo que trataba de evitar al vigilarla.

—Ah. —Tragué saliva. No sospechaba de mí, sino que intentaba protegerme.

Dudé si contarle que alguien me había intentado asustar el día anterior con aquel enorme cuchillo clavado en una de las ruedas de queso mientras estaba sola en la tienda.

Casi me había convencido a mí misma de que habría otra explicación, pero después de lo de la nota ya no podía fingir más.

Antes de reunir el valor suficiente para contárselo, él dijo:

—No pretendo asustarla más, pero ya ha visto lo peligroso que puede ser este asunto. Solo ha sido una nota amenazante…, pero podría haber sido peor.

Otro sermón. Decidí guardarme lo de la otra amenaza. Ya me había regañado suficiente. Pero si estaba preocupado por mí, significaba que no me consideraba sospechosa. La nota me había asustado, pero la actitud protectora de Heath y la certeza de que no me creía culpable me llenó de alivio.

—¿Comprobará las caligrafías para ver si alguna coincide con la de la nota? —le pregunté.

—Claro.

Sonreí. Puede que en el fondo sí pudiera confiar en él y en que resolvería pronto el asesinato.

—¿Tiene un papel a mano? —preguntó mientras se sacaba un bolígrafo del bolsillo de la chaqueta.

Cogí uno de los folletos del mostrador.

—¿Este le sirve?

—Perfectamente. —Le dio la vuelta y lo colocó sobre la encimera junto a la nota amenazante. Me pasó el bolígrafo—. Si no le importa ser la primera…

—¿Qué?

—Tengo que ser riguroso y asegurarme de que no fue usted quien colocó la nota para desviar sospechas.

—¿Habla en serio?

Su cara me confirmó que hablaba en serio.