Capítulo veinte #2
Durante una pausa, hice un rápido inventario para asegurarme de que las pistas de la caza del queso que aún quedaban se correspondían con los quesos de las estanterías. Estaba revisando una de las estanterías superiores cuando oí una voz que creí reconocer.
—¿Y en esto merece la pena participar? —Se trataba de Derrick, que no le hablaba a nadie en particular. Para mi sorpresa, estaba en medio de la tienda con el folleto que le había llevado la noche anterior.
Archie se escabulló y de repente decidió arreglar el escaparate, probablemente con el temor de que Derrick hubiera descubierto que lo había delatado.
Derrick ignoró a Archie y vino hacia mí.
—Bueno, es una actividad divertida que esperaba que tú y tus clientes compartierais si os apetecía —le expliqué.
—Pero esa no es la única razón de que vinieras al restaurante anoche.
—Se quedó mirándome a la espera de una respuesta.
Era tan alto como el detective Heath y, al igual que él, no necesitaba llenar los espacios de silencio.
Sin embargo, a diferencia del detective, su falta de conversación venía acompañada de una energía subyacente angustiosa.
Percibí su impaciencia durante la espera.
Con Derrick no había conversación trivial.
—Quería hablar contigo sobre Guy.
—Ya hablé con la policía. Me fui directo al restaurante en cuanto salí de aquí aquella noche. Teníamos una fiesta importante que se prolongó más allá de la hora de cierre, así que estuve trabajando hasta bien pasadas las once.
Parecía que su actitud habitual era estar a la defensiva.
—No iba a preguntarte por tu coartada. Quería saber más cosas sobre Guy. Tú sabías que hizo una crítica positiva de la destilería de Roman. ¿Sabes algo más de la relación entre ellos?
—Me enteré de lo de aquella crítica positiva cuando preparamos la demanda.
—¿Por qué aceptó Guy el acuerdo tan rápido?
—Porque se había equivocado.
—Venga ya, Derrick. ¿De repente cambió de opinión?
—El restaurante no merecía la reseña que escribió. Ya viste lo llenos que estábamos anoche. Todas las noches son así. No recibimos quejas de los clientes.
—No tienes que convencerme de que no tuviera razones para hacerte aquella mala reseña.
Ya me di cuenta de que Guy no era una persona razonable.
Pero quiero averiguar qué sabes de él. Cuando tú y tu abogado investigasteis, ¿descubristeis algo más sobre él?
¿Algo relacionado con juicios antiguos en los que estuvieran involucrados sus padres?
Seguía sin poder quitarme de la cabeza la casualidad de que la familia de Guy echara de sus tierras a la familia de Birdie.
Ella insistía en que sus padres lo llevaron bien, pero si hubiera existido alguna prueba de que no lo llevaron tan bien, tal vez un juicio… , ese móvil seguiría siendo plausible.
—No encontramos nada que me resultara relevante.
Derrick no iba a contarme nada de lo que sabía.
Seguro que de pequeño tampoco compartía sus juguetes.
Supuse que no todo el mundo podía tener la lengua tan suelta como Constance.
Eso me recordó lo que dijo sobre un secreto que tenía que ver con Guy y que los dueños del hotel le habían contado a Derrick.
—¿Tendría algo que ver con el secreto acerca de Guy que los Stewart te contaron?
—¿Cómo sabes eso? ¿También te lo han contado a ti? Esa información me salvó, pero no quiere decir que Guy no se equivocara con mi restaurante.
—Por supuesto que no. Oye, estamos en el mismo bando. No me enteré de los detalles, solo que sabían algo de él. Vamos, Derrick. Cuéntame lo que sabes sobre Guy.
Los músculos de su mandíbula no paraban de moverse. Si por dentro estaba enfrentándose a la decisión de contarme algo, tenía que conseguir que lo hiciera.
—Te juro que lo que me cuentes se quedará entre nosotros —aseguré.
El tiempo se ralentizó mientras esperaba a que dijera algo. Me planteé en serio darle un bocado a uno de los trozos de queso que había sobre la mesa para apaciguarme.
Examinó la tienda una vez más y se inclinó para hablarme.
—Aparte de que su actitud fue errónea y difamatoria, tenía un secreto que no quería que se supiera bajo ningún concepto.
—Que era…
—Que tenía una aventura.
—¿Una aventura? —No estaba segura de qué esperaba oír, pero sin duda no era eso.
—Al parecer empezó antes de que se separara y no quería que su mujer se enterara por nada del mundo. Había mucho dinero en juego en el divorcio. Cuando me enfrenté a él y le dije lo de su aventura, se plegó como una tienda de campaña. Aceptó un acuerdo y escribió un artículo de retractación.
—Entiendo. Si su mujer se hubiera enterado, habría conseguido mucho más dinero en el divorcio.
—La cantidad que me dio para guardar el secreto fue un buen acuerdo en comparación con lo que le habría costado. Pero lo que yo quería, por encima de todo, era que se retractara.
—Bueno, ¿y quién era esa persona? ¿Con quién tenía la aventura? —Derrick se encogió de hombros y sacudió la cabeza—. ¿No lo sabes o no me lo vas a contar?
—No me corresponde a mí decirlo.
—¿A qué te refieres? Esa mujer podría ser la asesina. O su mujer podría haberse enterado. Es una información importante. ¿Se lo has contado a la policía?
—No. Y tú me has jurado que quedaría entre nosotros.
—Pero eso fue antes de saber que era algo tan importante.
—Willa. No me hagas ir contra ti.
Guau.
—¿Eso es una amenaza?
—Lo que pasó aquí aquella noche no te viene nada bien. La policía me hizo preguntas relacionadas contigo y conté lo mínimo posible, pero podría cambiar de opinión.
—¿Por qué dices eso? ¿Y por qué ibas a hacer algo así? No puedes mentir… Aquí había cuatro personas más para corroborarlo.
—Podría contar lo sucedido de manera que la policía sospechara de ti. No me gustaba Guy y, la verdad, es probable que se mereciera lo que le pasó. Me da igual si detienen a alguien por su asesinato.
—¿Y por qué amenazas con incriminarme?
—Si saliera a la luz que Guy aceptó el trato porque lo amenacé con contar lo de su aventura, mi credibilidad se iría al garete. Además, en términos legales, eso habría sido chantaje y tendría problemas con la policía. ¿Intento ayudarte y así me lo pagas?
—Vale, vale. Tranquilo. No se lo contaré a la policía. Pero pienso que deberías reconsiderarlo y contárselo tú.
—Ni por asomo.
Archie estaba repartiendo pistas entre los últimos clientes. De repente se me quitaron las ganas de perder más tiempo hablando con Derrick.
—Gracias por la información —dije con brusquedad antes de alejarme de él, aún con el escozor de su repentino ataque. Me centré en ayudar a mis clientes y, cuando levanté de nuevo la vista, ya se había ido.
Después de cerrar la puerta, tras la salida del último cliente, estaba exhausta.
Había sido un sábado excepcional. La señora Schultz se puso a hacer caja y Archie me ayudó a reorganizar la tienda.
Cualquier otro día habría revisado además las ventas y las existencias, pero ni Archie ni la señora Schultz habían descansado en todo el día y preferí ayudarles a reponer y limpiar para que se marcharan pronto a casa.
Archie empezó a barrer y la señora Schultz inspeccionó los quesos para asegurarse de que no quedaban pegatinas ni pistas repartidas por la tienda.
Fui a limpiar la cocina, que había servido como segundo puesto de degustación.
A pesar de lo cansada que estaba, seguía animada por la jornada.
«Haz un buen trabajo y pasarán cosas buenas». Mis padres sabían bien lo que decían.
Recogí una última fuente de la isla, que ahora estaba vacía salvo por un solitario taquito de queso. Al levantarla, encontré un papel debajo. Era uno de mis folletos vuelto del revés. En él, en letras de imprenta, alguien había escrito: DEJA DE METER LAS NARICES O SERÁS LA SIGUIENTE .