Capítulo quince #2
Por desgracia, también le había pedido que concluyera la charla cuando saltara el temporizador y, como no había más preguntas, fue lo que hizo.
Le dio las gracias a Birdie e invitó al público a probar algunas de nuestras creaciones con queso de cabra, incluyendo las peras recién salidas del horno.
Tendría que hablar a solas con Birdie en algún momento.
Terminé de preparar las peras con unas lonchas de queso de cabra al romero, nueces pecanas y un chorreón de miel.
Cuando se enfriaron un poco, corté las rodajas por la mitad para que se pudieran comer de un solo bocado.
Una vez que los clientes empezaron a degustar con fruición nuestros deliciosos manjares, tuve la oportunidad de apartar a Birdie un momento.
—Ha sido una charla estupenda. Se te da fenomenal —le dije.
—Gracias. Espero que nadie se haya aburrido. A veces se me olvida que no a todo el mundo le gusta la ganadería tanto como a mí.
—Hoy sí que le ha gustado a todo el mundo, porque lo has hecho todo muy interesante y accesible. Es un gusto encontrarse con otra chica granjera.
—No hay nada igual que el campo, ¿verdad?
—Eso es lo que decía mi hermano, aunque yo no estaba tan enamorada de ese mundo como él. —Era mi oportunidad para desviar la conversación hacia el tema de nuestros padres—. Mis padres aún trabajan en su granja.
—Los míos tuvieron que dejarlo hace mucho.
—No es un negocio fácil. ¿Les costó mucho el cambio?
—Pensábamos que les costaría, sí, pero al final fue lo mejor para ellos.
Vivian con lo justo y, cuando se marcharon de Yarrow Glen, mi padre consiguió su primer trabajo de nueve a cinco y descubrió que le encantaba no tener que levantarse a las cinco de la mañana.
—Birdie sonrió—. Yo era la única que lo echaba de menos.
Ahora mis padres están felizmente jubilados, algo que no habría pasado si hubieran continuado con la granja.
A veces no nos damos cuenta de las bendiciones que nos ofrece la vida. Intento no olvidarlo.
A menos que Birdie fuera una estupenda mentirosa, el motivo que podía tener para matar a Guy se acababa de ir al garete. No parecía guardar ningún resentimiento. Pensé que tal vez supiera algo que me ayudara a encontrar a otro sospechoso con alguna motivación para matarlo. Me lancé de lleno.
—¿Ha hablado la policía contigo sobre Guy Lippinger?
Su sonrisa desapareció.
—Vinieron a la granja ayer. No me creo que haya muerto. —Bajó la mirada y cruzó los brazos como si de pronto tuviera frío.
—Ay, lo siento. ¿Lo conocías?
—Fuimos muy amigos en el instituto. Más tarde los dos nos marchamos del pueblo y perdimos el contacto, pero aun así… Es horrible que haya muerto de ese modo. —Se secó una lágrima que no vi en su mejilla.
—Lo siento.
Birdie era la primera persona que parecía afectada de verdad por la muerte de Guy y eso me hizo reflexionar. Se me quitaron las ganas de hacerle más preguntas. Es más, de repente sentí el impulso de cambiar de tema, así que le pasé uno de los folletos de la caza del queso.
—Mañana tenemos otra actividad aquí. Será divertida, ojalá te animes a venir.
La hemos anunciado en la página web de la ruta del queso y seguro que a los turistas les encantará conocer a uno de nuestros proveedores locales.
No tendrás que hacer nada de forma oficial, pero será una oportunidad estupenda para promocionar tu queso de Cabras Sonrientes.
Miró el folleto.
—Claro. Quizá los clientes quieran organizar una visita a la granja. La verdad es que hoy no me ha importado cambiar de rutina, pero será, mejor que me vaya ya si quiero volver a ausentarme de la granja mañana por la tarde.
—Gracias otra vez por la fabulosa presentación. Te veo mañana, espero.
—Sí, nos vemos. —Salió esquivando a la multitud.
Archie se acercó a mí.
—Se me olvidó intervenir en el momento oportuno, ¿no? Perdón.
—No te preocupes. Ya he hablado con ella.
—¿Y?
—No creo que sea la asesina. Parecía bastante afectada por la muerte de Guy, así que no he querido indagar más sobre él.
Lo único que me ha contado es que eran amigos en el instituto.
Resulta frustrante recoger la información con cuentagotas.
Vivian no lo conocía y Roman no contó demasiado sobre él.
Dijiste que Derrick habló de la demanda que le interpuso cuando trabajabas en el restaurante.
¿Había alguien más allí que conociera a Guy Lippinger y que dijera algo sobre él?
¿Era un tema de conversación recurrente en el trabajo?
—Se cotilleó mucho sobre ese asunto, pero el juicio no duró mucho, porque Guy aceptó un acuerdo bastante pronto. A todos les sorprendió.
—¿Por qué aceptaría el acuerdo tan rápido? Su familia debe de contar con los mejores abogados y me sorprendería que Derrick les amedrentara.
Archie se encogió de hombros.
—No conozco los detalles. Recuerdo haber pensado que a lo mejor Derrick se convertiría en mejor persona después de ganar la demanda, pero no fue así.
—Derrick dijo que la familia de Guy es la dueña de Todo Sonoma . Tal vez ellos presionaron para que aceptara el acuerdo.
—No lo sé. Siento no ser de mucha ayuda.
Archie y yo no tuvimos ocasión de seguir hablando. La tienda estaba llena de gente que comía queso de cabra a quienes quería convertir en compradores. Teníamos que atacar mientras tuvieran el paladar caliente, por así decir.
Al final, la clientela se convirtió en un goteo constante durante toda la tarde.
Aproveché uno de los momentos de calma para reordenar las estanterías.
Para mí era una tarea terapéutica, pero esta vez los expositores parecían tan desorganizados como mis pensamientos.
Ojalá hubiera sabido qué hacer a continuación.
Había pensado que cualquier información me conduciría a otra pista, pero parecía hallarme en un laberinto de callejones sin salida.
Puede que Derrick no fuera el culpable, pero de todos mis sospechosos parecía el que más información tenía sobre Guy.
¿Cómo conseguiría que hablara conmigo? Pensé en mi clase de fabricación de queso.
Aquel día se abrió cuando elogié su restaurante.
Le gustó tener la oportunidad de presumir.
¿Y si le daba también la oportunidad de presumir por haber vencido a Guy Lippinger en la demanda judicial?
Di un paso atrás para apreciar el equilibrio que había conseguido entre el queso dry jack y el cotija, tal y como ambos deberían acompañar un espléndido plato mexicano de frijoles. El armonioso despliegue me dijo que ese era el enfoque correcto. Era hora de hablar con Derrick.