Capítulo diez #2
—Mi apartamento también está junto a mi tienda. Me encanta. Es muy cómodo —dije.
—Demasiado cómodo, en mi opinión. Se da por hecho que voy a ser la primera en llegar por la mañana, ya que mi tía tiene que venir en coche.
Pero que solo tenga que caminar unos pasos desde mi puerta hasta aquí no significa que quiera levantarme a las cuatro de la mañana todos los días.
Contrata a alguien para eso, ¿no? Tuve que convencerla incluso para que contratara a Jasmine el mes pasado, pero no quiere que sea ella quien abra y cierre la tienda.
A lo mejor tú podrías hablar con mi tía.
Es probable que no discutiéramos tanto si entendiera las ventajas que tiene ser la dueña del negocio.
Por suerte, en ese momento tenía la boca llena de rollo de canela y logré contener la risa. La ventaja de ser la dueña era que tenías que hacer todas las tareas, incluidas las de la primera hora de la mañana.
La puerta de la cocina se abrió y Vivian entró con un montón de baguettes recién horneadas. Me di cuenta de que la zona delantera de la tienda volvía a estar abarrotada de clientes; ella debía de haberlo visto también desde dentro. Miró a su alrededor.
—Hope, ayuda a Jasmine con los clientes, haz el favor.
Hope me miró y volvió a poner cara de fastidio, como si su tía fuera alguien muy poco razonable.
—Saluda a Archie de mi parte —me dijo antes de acatar la orden de Vivian y volver al trabajo.
Vivian soltó las baguettes en una cesta alta antes de acercarse a mí.
—Hola, Willa. No me digas que no has recibido tu pedido esta mañana.
—Ah, no, Archie lo recogió sin problemas. He venido para asegurarme de que todo va bien. He oído que has hablado con la policía.
Bueno, puede que no me hubiera enterado de eso hasta llegar a la panadería, pero no hacía falta que ella lo supiera.
Vivian tenía los brazos cruzados bajo el voluminoso pecho, lo cual me permitió fijarme en sus uñas.
Con los dedos enrojecidos, sin duda de tanto amasar, llevaba unas uñas cortas y funcionales.
No parecía molestarse en ir a la manicura.
Si la tarjeta de visita del salón de manicura era una pista, no era de Vivian.
Se me pasó por la cabeza, sin embargo, que las uñas de Hope estaban perfectamente arregladas.
—Me han hecho unas cuantas preguntas rutinarias. No he podido contarles demasiado, salvo lo raro que estuvo Guy anoche en tu tienda. Aunque tampoco es que yo lo conociera personalmente.
—Ayer me dijiste que menos mal que no había hecho ninguna reseña de la panadería. Seguro que sabías algo de él.
—Claro, lo que todo el mundo dice de él en el pueblo. Además, he leído sus críticas. Parece que no andaba yo muy desencaminada al pensar eso después de ver cómo se comportó en tu tienda. ¿Y tú? ¿A ti también te ha interrogado la policía?
Vaya que si me ha interrogado.
—Sí, fui yo quien encontró el cadáver.
—Uf. Vaya.
—¿Por casualidad oíste algo anoche?
—La urbanización donde vivo está al otro lado del pueblo.
Vivian no conocía a Guy ni estaba en los alrededores cuando lo mataron y lo más probable es que tampoco frecuentara el salón de manicura. Parecía que solo quedaban tres sospechosos.
—La hora que he pasado esta mañana en la comisaría ha bastado para complicarme el día entero. Espero que no pienses que soy una maleducada si vuelvo al trabajo… —dijo.
—Por supuesto que no. Ah, toma. —Le pasé a Vivian unos cuantos folletos al recordar la excusa que había puesto para visitarla, aunque fuera cierta—. Hemos organizado una caza del queso el sábado en la tienda. También necesitaré más pan para esa tarde. Me encantaría que Hope y tú os pasarais.
—¿Qué es una caza del queso? —Examinó el folleto estirando el brazo.
—Les damos pistas a los clientes para que averigüen de qué tipo de queso se trata. Y si lo encuentran, obtienen un descuento. También habrá una entrega de premios y otras cosas divertidas.
—Qué creativo. No sé si Hope podrá ir, pero yo haré todo lo posible.
—Estupendo. ¿Te importaría colocar unos cuantos folletos en la panadería?
—Claro que no. Dáselos a Hope. Puede pegar uno con cinta adhesiva en el escaparate. Nos vemos el sábado. —Desapareció tras la puerta batiente de la cocina.
Me tomé un rato para terminar mi rollo de canela hasta que la cola de clientes hubo desaparecido. Entonces, le conté a Hope lo del folleto y la caza del queso. Mientras la acompañaba al escaparate, elogié sus uñas.
—Aún no tengo peluquería ni manicura en el pueblo. ¿Dónde vas tú? —pregunté fingiendo interés.
—Me lo hago todo yo. No puedo soltar cuarenta pavos por unas uñas acrílicas. Eso es lo que no entiende la tía Vivian. Quería que me ocupara del inventario anoche, pero tenía que teñirme el pelo y arreglarme las uñas. ¿Cómo quiere que me dé tiempo a todo?
En ese momento recordé la razón de que Hope hubiera venido a mi tienda la noche anterior.
—¿Al final Vivian te ayudó con las hojas de cálculo?
—Me obligó a hacerlas con ella hasta las nueve y media o así, y luego tuve que quedarme hasta tarde para arreglarme el pelo y las uñas. Después se preguntará por qué estoy tan cansada por la mañana.
Cuando le pregunté por la noche anterior, Vivian no había mencionado que fuera al apartamento de Hope.
Cuando Hope terminó de pegar el folleto, compré unas galletas para llevárselas a Archie y a la señora Schultz, le di las gracias y me fui.
Según la policía, Derrick tenía una coartada para la hora transcurrida entre la salida de Guy del bar del hotel y el momento en que lo encontré muerto en el coche; sin embargo, no podía decirse lo mismo de Vivian.
Salió del apartamento de Hope después de que Guy abandonara El Sótano, aunque me había dado a entender que se marchó directamente a casa después de la clase de elaboración de queso.
Supuse que habría pasado por alto que estuvo un rato en casa de Hope.
O tal vez me lo hubiera ocultado a propósito.
Hope parecía un libro abierto, pero eso también la dejaba sin coartada.
Roman parecía llevarse muy bien con Vivian. Quizá él pudiera informarme de algo más. Tuve que recordarme que él también formaba parte de mi lista de sospechosos. Era hora de aceptar su invitación a la cata de hidromiel.