Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo nueve #2
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Capítulo nueve #2

—Es lo correcto —insistió la señora Schultz—. Además, yo también tengo una razón egoísta. Desde que se fue el señor Schultz, empezaba a deprimirme; estoy jubilada y sola. Esta quesería me ha salvado en un momento difícil de mi vida. No quiero que nos la quiten.

—Y ya sabes lo que significa este sitio para mí —añadió Archie.

Se me hizo un nudo en la garganta y tragué saliva. Antes sentía que mi hermano era la única persona con la que podía contar y que sin él siempre estaría sola. Pero la señora Schultz, Archie y Baz me habían demostrado que me equivocaba.

—De acuerdo, mantened los ojos y las orejas bien abiertos, pero con discreción. Y prometedme que no haréis nada peligroso.

—Hecho —dijo la señora Schultz.

—Ídem —añadió Archie.

—Ya me siento mejor —dijo la señora Schultz—. ¿Y tú, Willa?

—Me sentiría mejor si supiera cuál va a ser el siguiente movimiento del detective Heath. Vigilad el fuerte un momento, ¿vale?

Salí a la calle, decidida a tomar cartas en el asunto para defenderme.

Comprendía que la policía no pudiera trasladar el escenario del crimen a otro lugar, pero ¿por qué el detective Heath no hablaba con ninguna de las otras personas que habían estado en mi tienda la noche anterior?

Uno de ellos tenía un secreto que Guy quería revelar. Yo no podía ser la única investigada.

El detective Heath estaba hablando con otro policía cerca del escenario del crimen.

El coche de policía y la cinta amarilla de no pasar atraían a los curiosos, pero el interés de la gente no se extendía hasta la tienda.

Mi libertad y mi medio de vida estaban en peligro, todo porque habían asesinado a un hombre en el callejón de al lado.

Ahora que sabía que la señora Schultz y Archie también tenían un interés emocional en ¿Qué Sería?

, estaba más decidida que nunca a orientar al detective Heath en la dirección correcta para resolver el caso.

Cuando me acerqué a él, le ordenó al agente que se marchara. Me dije a mí misma que no debía dejar que me intimidara, por más que tuviera que levantar la cabeza, literalmente, para hablar con él.

—¿Cuándo tiene previsto llevarse todo esto? —le pregunté—. Impide que los clientes entren en mi tienda.

—Hola de nuevo, señora Bauer. —Su tono volvía a ser irritantemente tranquilo y amistoso, cosa que me desconcertó.

—¿Qué…? Ah. Hola.

—¿Cuál era la pregunta?

Qué pesado. Era difícil hacerse la dura frente a tanta cortesía. Me recompuse.

—Me preguntaba cuándo acabarán ustedes, para que los clientes no sientan que tienen que pasar por un control fronterizo para comprar queso.

—Cuando terminemos de hacer nuestro trabajo.

—¿No es su trabajo investigar a todas las personas de interés?

A Derrick, por ejemplo. Era una de las personas a las que Guy se dirigía cuando amenazó con revelar ese secreto.

Además, Derrick demandó a Guy por hacer una mala crítica de su restaurante y, por otra parte, Archie acaba de contarme que Derrick dijo en múltiples ocasiones que mataría a Guy.

—Sí, tengo toda esa información.

¿Este hombre no se altera con nada?

—Entonces, ¿por qué no va a La Parrilla del Damasco y pregunta sobre Derrick a sus empleados? ¿No debería ser el sospechoso número uno?

—Señora Bauer…

—Willa. Me llamo Willa. Soy una persona real, no un apellido en su lista de sospechosos. —Oía que mi voz se elevaba y que la cara me ardía, pero no podía seguir conteniendo mi frustración.

—Me hago cargo de eso, Willa. Aún no tenemos un sospechoso número uno. Ahora mismo estamos recogiendo información.

—Entonces, ¿por qué da la impresión de que vienen a por mí?

—Le aseguro que no es así. Seguimos el procedimiento habitual.

—En ese caso, ¿por qué no están en La Parrilla del Damasco?

—Ya hemos ido allí.

—¿A por una ensalada de remolacha o a arrestar a Derrick? Porque él tenía el motivo, el medio y la oportunidad.

—Y también una coartada, señora Willa.

Eso me detuvo en mitad del rapapolvo.

—¿Está seguro?

Ladeó la cabeza y arqueó las cejas como diciendo «¿Lo dice en serio?».

—Podemos precisar la hora de la muerte entre el momento en que vieron a Guy salir de El Sótano, sobre las nueve de la noche, y cuando lo encontró usted, a las diez y cuarto.

—¿El Sótano? Es el bar del hotel de Yarrow Glen, ¿no?

—Había oído hablar de él, pero nunca había tenido ocasión de ir allí a tomar una copa, aunque cada día parecía menos probable que fuera.

Estaba perpleja—. Así que Derrick tiene una coartada confirmada.

Vaya. Estaba segura de que había sido él —dije, sobre todo para mí misma.

—Por eso es mejor que nos deje trabajar. No nos basamos en suposiciones.

—Muy bien, entonces espero que no supongan que yo tuve algo que ver con la muerte de Guy Lippinger.

El detective Heath me puso una mano en la espalda para apartarme de los demás policías.

—Mi trabajo consiste en hacerme una idea completa de los hechos para poder interpretar bien las pruebas.

He hablado con las personas que estuvieron anoche en su tienda y procederé en consecuencia.

—Miró atrás y luego se inclinó hacia mí, aunque nadie nos oía.

Clavó sus ojos oscuros en los míos—. Willa, no vamos a por usted. Por favor, créame.

Me sorprendió su franqueza. Quería confiar en él.

¿No era eso mucho más fácil que ponerme a investigar por mi cuenta tratando de no levantar sospechas a la vez que intentaba hacer nuevos amigos?

Pero ¿podía confiar en que yo no fuera su objetivo?

Quizá era una treta para que me relajara y cometiera un desliz.

Que fuera un tipo tan justo y buena persona como parecía no me impediría encontrar mis propias pistas para limpiar mi reputación.

—De acuerdo, me fiaré de usted —dije, más que nada para contentarle, aunque la expresión de confianza que puso después me provocó cierta culpabilidad.

—Ahora, permítame que vuelva al trabajo para que podamos largarnos de aquí cuanto antes —dijo.

—Se lo agradecería.

Estuvo a punto de sonreír, pero no llegó a hacerlo, solo me dirigió una inclinación de cabeza y una segunda mirada antes de que yo apartara la mía. Volví a sentir calor en la cara, pero esta vez no por frustración. Se dirigió al escenario del crimen y yo me alejé de él.

Así pues, Derrick tenía una coartada para la hora del asesinato.

Qué faena. Eso dejaba a Vivian, tal vez a Hope, a Birdie y a Roman.

No me gustaba pensar que uno de ellos fuera el asesino.

Como tenía que repartir los folletos de la actividad, pondría la excusa de que necesitaba una hogaza extra de Vivian.

La panadería Hora de Levantarse sería mi primera parada.