Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo nueve
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Capítulo nueve

CAPÍTULO NUEVE

N oté que se me abría y cerraba la boca en silencio, como el muñeco de un ventrílocuo, pero no pude emitir una respuesta.

—¿Qué pasó exactamente? ¿Qué es lo que vio? —Su sonrisa no se quebró ni un momento, como si me acabara de preguntar por la receta de un queso y no por un asesinato.

—No tengo nada que decir —solté por fin. Gracias a Dios, no había ningún cliente en la tienda.

—Pero usted descubrió el cadáver justo al lado de la tienda, ¿no es cierto?

—Yo… eh…

—No tiene nada que declarar. —El detective Heath estaba en la puerta. Era la primera vez que me alegraba de verlo.

—Detective, quizá usted quiera arrojar alguna luz sobre lo ocurrido. Es mejor que nuestra comunidad se entere de primera mano —dijo.

—Hoy mismo nuestro departamento emitirá una declaración formal. Haré que le envíen una copia. Que tenga un buen día.

La mujer se encogió de hombros y volvió a mirarme.

—Mi teléfono está ahí si desea que la cite en la noticia de mañana —dijo, refiriéndose a la tarjeta de visita que me acababa de entregar.

Se marchó sin aparentar el más mínimo malestar por no haber obtenido una exclusiva y vi que esquivaba algún que otro coche en mitad de la calle mientras hacía una foto de la tienda.

¿Qué Sería? estaba a punto de recibir publicidad gratuita por primera vez, pero no de la que a mí me interesaba. Estupendo.

—Gracias por echarla —le dije al detective.

—Le ruego que no hable con ella —dijo.

—No tengo intención. —Como el detective Heath no se iba, le pregunté—: ¿Ha venido a hacerme más preguntas?

—Quería hablar con sus empleados.

Los delantales de ¿Qué Sería? que llevaban Archie y la señora Schultz los delataban.

—Anoche no estuvieron en la tienda —le expliqué.

Él asintió con la cabeza.

—Aun así, me gustaría hablar con ellos. ¿Le importa?

Me sacaba de quicio que fuera tan prudente y educado. Sabía que la alegría que había sentido al verlo no iba a durar mucho.

—Por supuesto que no —dije innecesariamente, ya que sabía que hablaría con ellos tanto si le daba mi consentimiento como si no.

Señaló a Archie.

—¿Empezamos por usted?

Estuve a punto de pedirle al detective Heath que no lo interrogara en la tienda, pero vi que ya estaba acompañando a la puerta a Archie, que parecía nervioso.

—¿Qué crees que quiere de nosotros? —dijo la señora Schultz después de que Archie se marchara.

Me di cuenta de que la desconfianza de Archie a la intervención de la policía había empezado a calar también en ella.

Continuó—: No sé mucho de Guy Lippinger, solo lo que he oído sobre él en el pueblo.

Lo conocí cuando fue alumno mío, hará unos veinticinco años.

Y seguro que a la policía eso le da igual.

—¿Fue alumno suyo?

—Sí. Nunca se presentó a las pruebas para ninguna obra de teatro, pero estaba en la asignatura de Redacción que yo impartía.

Les mandaba escribir cuentos, poemas o ensayos en un diario que hacían en casa y me entregaban semanalmente.

Descubrí que de ese modo eran más expresivos que cuando los hacían en clase.

Él era bastante sensible, pese a su aspecto iracundo: una fachada que se granjeaba la antipatía de la mayoría de la gente, incluidos los adultos.

Sin embargo, tuvimos buena relación, porque yo era consciente de esa faceta vulnerable que él plasmaba en su escritura.

—¿Qué tipo de cosas escribía?

—El año que estuvo en mi clase, escribía sobre todo poemas de amor.

—¿Estaba enamorado de usted, señora Schultz?

Me imaginé a la señora Schultz en sus buenos tiempos, con ese entusiasmo tan contagioso unido a sus brillantes ojos color avellana y a su sonrisa nacarada. Supuse que la mayoría de sus alumnos sentirían una especial conexión con ella.

Soltó una carcajada.

—No, de mí no. Por las descripciones que hacía, estaba enamorado de una de sus compañeras de clase.

—¿Sabe si su mujer fue novia suya en el instituto?

—No, no se casó hasta más tarde, según me dijeron. Su familia se marchó de Yarrow Glen poco después de su graduación y hasta hace un par de años él no volvió por aquí.

—¿Y supo por qué volvió? Por lo que cuentan, no pudo ser porque añorara su hogar.

Pensativa, sacudió la cabeza. Parecía a punto de contestar cuando el detective Heath volvió con Archie, que intercambió su puesto con la señora Schultz. Esperé a que salieran de la tienda y se alejaran por la acera antes de interrogar a Archie.

—¿Qué te ha preguntado?

—Eh… bueno, le conté lo que dijo Derrick. —Archie parecía hablar con sus zapatillas.

—Eso está bien. No tienes por qué estar nervioso. Estoy segura de que no mencionarán tu nombre cuando hablen con Derrick.

—No es eso. Sobre todo…, bueno, sobre todo me ha preguntado por ti. —Y entonces añadió a toda prisa—: Pero no he dicho nada malo.

—Ay, Archie, de eso estoy segura.

No me sorprendía ser el centro de sus investigaciones, pero oírlo en voz alta me puso más que nerviosa. ¿Se plantearía Archie dejar de trabajar para mí?

—Ese cuchillo es solo una prueba circunstancial. —Archie trató de tranquilizarme.

—Pero es que además tienen mis huellas en el coche.

—Ah, sí. Claro.

Ojalá hubiera subido directamente a mi apartamento la noche anterior.

—¿Te estás replanteando lo de trabajar aquí, Archie?

—Para nada. Sé que tú no lo mataste.

El alivio y la gratitud me inundaron. Intenté no llorar: el chico ya estaba lo bastante asustado.

—Agradezco tu apoyo, sobre todo porque no hace tanto que nos conocemos.

—Sé que eres una buena persona —dijo Archie—.

Este es el primer sitio al que vengo a trabajar con entusiasmo.

Desde que me gradué el año pasado en el instituto, todo el mundo me dice que debería saber qué hacer con mi vida.

Nunca me ha interesado nada. Pero desde que conseguí este trabajo, has dedicado un montón de tiempo a enseñarme cosas sobre el queso, sin contar lo mucho que aprendí mientras te ayudaba a abrir el local.

Me encanta estar aquí. Y creo que a mí también me gustaría ser un especialista en quesos.

Me derritió el corazón. Había dado por hecho que Baz y yo intentaríamos resolver el caso por nuestra cuenta, pero no iba a limpiar mi nombre solo por mí: también lo haría para que ¿Qué Sería? continuara abierto, lo cual, por otra parte, era más importante para Archie de lo que yo pensaba.

—Además, no tiene sentido que tú lo mataras —continuó—. Una crítica negativa no habría dado tan mala imagen como tener a un hombre asesinado en la puerta de tu negocio. Quiero decir… que, si quisieras apuñalar a alguien, serías mucho más lista.

Me reí entre dientes.

—Gracias por el voto de confianza…, supongo.

Pero tienes razón sobre la mala imagen que puede generar todo esto.

No hemos tenido ni un solo cliente en toda la mañana.

Con suerte, una vez que la policía se marche del callejón, las aguas volverán a su cauce.

—Costaba pensar en algo que no fuera el asesinato, pero tenía un negocio del que ocuparme.

La señora Schultz volvió, pero evitó mirarme, tal y como le había pasado a Archie.

—No se preocupe, señora Schultz. Ya sé que quieren averiguar cosas sobre mí.

El hecho de que lo supiera pareció aliviarla y de pronto se mostró vehemente:

—Es una pérdida de tiempo que pregunten por ti y eso es exactamente lo que le he transmitido al detective. Si quiere echarle la culpa a alguien que estuviera aquí anoche, ¿por qué no a Derrick? Nunca permanece mucho tiempo en ningún sitio. ¿Alguien lo conoce de verdad?

—Le he contado al detective Heath lo que Derrick dijo sobre Guy —dijo Archie.

—Yo también, pero no ha demostrado mucha preocupación —añadió la señora Schultz y frunció los labios.

—Tiene una buena cara de poker —intervine—. A lo mejor no quería dar pistas de hacia dónde se dirige la investigación.

—Espero que tengas razón. ¿Te fías de él? —me preguntó la señora Schultz.

Me lo pensé un momento.

—¿Si me fío de que vaya a hacer lo correcto?

Sí. Parece franco, pero eso también podría perjudicarme.

Este es un pueblo pequeño donde todos están relacionados en mayor o menor grado.

Nadie va a hacerle ninguna confidencia, incluso Archie dudaba hace un rato si contarle o no lo de Derrick.

No te ofendas, Archie, lo entiendo perfectamente.

Pero por esa misma razón nadie le contará al detective lo que necesita saber para resolver el caso.

Nadie quiere señalar a sus vecinos. ¿Quién querría quedar en evidencia después de acusar a alguien que luego resultara inocente y tener que seguir trabajando en su misma calle?

—Tienes razón en eso —dijo la señora Schultz—. La gente de esta comunidad va a permanecer unida. Los demás aún no te conocen como nosotros. Si no aparece pronto otro sospechoso y aunque al final te absolvieran… —Sacudió la cabeza sin terminar de decir la frase.

—Siempre me relacionarán con este asesinato. ¿Es eso lo que piensas?

—Es lo que temo. Aunque podría equivocarme.

Me di cuenta de que eso último solo lo decía por ayudarme. Ambas sabíamos que no se equivocaba.

—Ay, lo siento, Willa. No tendría que haberlo dicho. No pretendía asustarte.

—No has dicho nada que no intuyera. Confío en que el detective Heath haga lo correcto, pero no creo que se dé prisa en limpiar mi nombre. Voy a tener que idear algún modo de obtener información por mi cuenta.

—La gente hablará conmigo —se ofreció la señora Schultz—. Oigo cotilleos todo el tiempo.

—Yo también puedo echarte un cable, soy bastante sigiloso —dijo Archie.

Primero Baz y ahora la señora Schultz y Archie estaban dispuestos a jugársela por mí. Durante los últimos ocho años me había acostumbrado a hacerlo todo sola, pero no me creía capaz de enfrentarme a esto sin ayuda.

—Me encanta que queráis echarme una mano. Gracias a los dos. Pero no me gustaría que sufrierais ninguna consecuencia negativa por mi culpa.