Un cheedar para morirse ( Misterios En La Quesería 1) Capítulo seis #2
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Capítulo seis #2

—¿Y con qué tenía que ver? —Baz, en la silla, se inclinó hacia su lado de la celosía, de manera que estábamos a menos de treinta centímetros el uno del otro.

—Cuando llegó fue maleducado, sin más, pero cambió de actitud al ver a los demás. —Bajé un poco más la voz, pese a que el apartamento más cercano estaba a un callejón de distancia—. Creo que quiso advertir a alguien de que iba a contar un secreto.

—¿A qué te refieres?

—Había cuatro personas: Derrick, del restaurante; Vivian, de la panadería; Birdie, de la granja de cabras, y Roman, de la destilería de hidromiel. La sobrina de Vivian, Hope, también estaba, pero detrás de él. Guy miraba a los otros cuatro cuando les dijo aquello.

—¿Cuando les dijo qué? Vamos, déjate de misterios.

Ya sentía un vínculo con Baz; es lo que tiene ver un cadáver con alguien. Y, además, tenía algo que me recordaba a mi hermano. Esa especie de trato fácil.

—¿Les gastabas bromas a tus hermanos? —le pregunté.

—Claro. Cuando eres el pequeño, no queda otra. ¿Y eso qué tiene que ver?

Sí, es igual que Grayson.

—Nada. —Decidí confiar en él—. Guy dijo que uno de ellos tenía un secreto. Y estuvo a punto de contarlo antes de que tú entrases, aunque supongo que luego cambió de idea.

—Guau —Baz se quedó callado un momento.

—El cuchillo provenía de una de las cestas de regalo que les había preparado a los cuatro. Las preparé por la tarde, después de cerrar, de manera que nadie pudo haberlo cogido, salvo los que estuvieron allí anoche.

Baz pareció considerar lo que le acababa de contar.

—Un secreto, ¿eh? ¿Y crees que alguno lo mató para cerrarle el pico?

No quise ser yo quien lo dijera. Era la nueva en el pueblo y apenas conocía a la gente. Pero eso era exactamente lo que pensaba.

—¿Qué crees tú? —dije con diplomacia.

—Yo solo los conozco del trabajo. Derrick tiene mal genio, pero… no sé si me imagino a alguno de ellos siendo un asesino.

—Sí, es probable que tengas razón. Tiene que haber otra explicación.

Se quedó pensando un rato y recapacitó.

—Pero tampoco podemos estar seguros. Nunca se sabe lo que oculta la gente.

—Por eso se llaman secretos. —Me entusiasmé al ver que alguien creía en mí, como siempre había hecho mi hermano. Además, ese era el pueblo natal de Baz, de modo que podría ser un buen aliado—. Dijiste que alguno de tus hermanos fue al colegio con él. Me pregunto si sabrán algo de él.

—Ya no los veo mucho, pero les preguntaré. Soy una especie de oveja negra de la familia.

—Ah, vaya.

—No pasa nada. Todos fueron a la universidad y trabajan en la empresa de mi padre. Yo fui el único que no quiso hacerlo. No por el trabajo, no creas que soy un vago, ni mucho menos.

—No lo creo.

—Fue por la presión de trabajar para mi familia. No hay forma de escapar de ella.

—En parte sé lo que es eso. A mis padres aún les encantaría que volviera a su granja.

—Ya ves. Así son los padres, supongo. No me arrepiento de mi decisión, prefiero la libertad al dinero.

Ellos creen que cuando cumpla treinta años cambiaré de opinión, pero no lo haré.

De todos modos, les preguntaré a mis hermanos si recuerdan algo de Guy, aunque haya pasado tanto tiempo. ¿Qué esperas averiguar?

—Si te digo la verdad, no tengo ni idea. —Le di un sorbo a mi capuchino olvidado, pero el aire helado ya lo había enfriado—. Entonces, ¿nunca habías visto a Guy por el pueblo en todos estos años? Anoche me dio la impresión de que no lo reconociste hasta que alguien dijo su nombre.

—Se marchó hace unos veinte años, cuando sus padres vendieron las tierras.

Yo era pequeño, así que no me enteré de nada hasta años después, cuando empecé a oír historias sobre ellos una y otra vez.

Intentaron vender las tierras a una empresa de investigación en lugar de mantenerlas sostenibles, razón por la que comenzaron a odiarlos aún más.

Por suerte, su intento fracasó. ¿Te imaginas?

Yarrow Glen sería la lacra del Valle de Sonoma.

—¿Y cuándo volvió?

—Hace solo un par de años. Quiso que la empresa de mi padre construyera su casa, pero mi padre prefirió mantenerse apartado del apellido Lippinger.

Guy encargó su construcción en las afueras del valle.

Se supone que tiene unas vistas increíbles, pero, aun así, no me creo que volviera solo por las vistas.

¿Por qué iba alguien a volver a un lugar donde lo despreciaron tanto?

La única razón por la que sé algo de él es por los chismes que oigo mientras trabajo. La gente aún le guarda rencor.

—¿Crees que esa podría ser la razón de que lo mataran? ¿Que alguien le guardara rencor? —Abrí la silla plegable y me senté junto a la celosía para analizar la información que Baz me estaba dando.

—Ha pasado demasiado tiempo para una venganza, pero supongo que todo es posible. En realidad fueron sus padres quienes jodieron a la gente, no él, pero aun así el pueblo no lo iba a recibir bien. Quizá por eso su mujer tampoco se ha dejado ver por aquí.

—¿Estaba casado? —No me había planteado esa posibilidad—. ¿Tenía hijos?

—Hijos no. Y a su mujer no la ha visto nadie desde que se mudaron.

Me entristeció mucho pensar en él como una persona con un lado amable capaz de enamorarse y casarse. Prefería recordarlo como el imbécil que irrumpió en mi negocio. El corazón me dio otro vuelco. Pensar en lo sucedido en la tienda la noche anterior tampoco me ayudaba.

—Todos me oyeron suplicarle otra oportunidad. Hasta cierto punto, tengo motivos para ser sospechosa: iba a hacer una mala reseña de mi negocio. Y el cuchillo de ¿Qué Sería? que tenía clavado en el cuello me incrimina. —Me dio un escalofrío bajo la sudadera—. No pinta nada bien.

—Pues tendremos que hacer algo para remediarlo —declaró Baz—. Porque está claro que no eres una asesina.

—Agradezco tu voto de confianza, pero ¿cómo estás tan seguro?

—Eres la quesera, ¿no?

—La especialista en quesos, sí.

—La especialista en quesos. La cosa es que nadie que se dedique al queso puede ser mala persona.

—Creo que vamos a ser buenos amigos, Baz. Ya siento que te puedo contar cualquier cosa.

—A lo mejor es porque hablar a través de esta celosía tiene algo de confesión.

Se me escapó una carcajada. Qué gusto.