CAPÍTULO 27
DAKOTA
Llevo una hora frente al armario y todavía no sé qué ponerme.
Vaqueros negros. No. Demasiado formales para una barbacoa.
Vaqueros azul claro. No. Demasiado informales.
Un vestido. No. Oliver dijo informal.
Shorts. Ni hablar. No voy a conocer a sus hermanos enseñando las piernas.
Tiro otra opción sobre la cama, que ya está cubierta de ropa descartada.
Y me dejo caer en el borde del colchón. Respiro hondo. Intento calmar el pánico que crece en mi interior.
¿Qué estoy haciendo?
Voy a conocer a la familia de Oliver. A sus hermanos. A los hombres que lo criaron, que lo protegieron y que seguramente van a odiarme en cuanto vean que soy quince años mayor que él.
Mi móvil suena. Un mensaje de Oliver.
Salgo en diez minutos. ¿Estás lista?
Casi. Miento.
Dakota. Respira. Va a salir bien.
¿Cómo sabes que estoy nerviosa?
Porque te conozco. Y probablemente llevas una hora frente al armario sin decidir qué ponerte.
Me río a pesar de todo. Porque tiene razón.
Vaqueros y camiseta. Lo que sea. Vas a estar preciosa de todas formas.
Y esas simples palabras me aflojan el nudo del pecho.
Porque Oliver me necesita allí. Me lo dijo. Necesita mi apoyo. Necesita que sus hermanos me conozcan.
Y eso es más importante que mi pánico.
Me levanto y cojo unos vaqueros azules de corte recto, una blusa blanca de lino y zapatillas blancas. Simple. Cómodo. Apropiado.
Me visto, me maquillo apenas y me recojo el pelo en una coleta alta.
Y cuando suena el timbre, a la una y media en punto…
Estoy lista.
Abro la puerta. Y Oliver está ahí.
Lleva vaqueros oscuros, una camiseta gris que se le ajusta al pecho de forma pecaminosa, zapatillas negras y el pelo despeinado como solo él sabe llevarlo.
Y esa sonrisa suya que me deja el estómago del revés.
—Estás preciosa.
—Estoy aterrada.
—Lo sé. —Se inclina y me roza los labios—. Pero no tienes que estarlo. Te prometo que va a salir bien.
Cojo el bolso, cierro la puerta y bajo con él hasta el coche que espera.
Y durante todo el trayecto hasta Tribeca, hasta el edificio donde viven los hermanos Hawke, Oliver no me suelta la mano.
Sin decir nada. Solo ahí, conmigo.
Y de algún modo, eso basta.
El ático de Jax Hawke es impresionante.
Ventanales del suelo al techo con vistas a Manhattan, cocina abierta de diseño, muebles modernos pero cálidos. Y una terraza enorme donde ya se ve gente reunida.
—Respira —susurra Oliver mientras nos acercamos—. Solo son mis hermanos y sus parejas. Gente normal.
—Gente normal que probablemente va a odiarme.
—Nadie va a odiarte.
Nos reciben las risas, la música baja, el olor a carne a la brasa.
Un hombre enorme sale de la cocina. Más alto que Oliver. Más ancho. Con unos ojos grises que me examinan al momento.
Es Jax Hawke. El hermano mayor. El CEO. El que crio a Oliver.
—Oliver. Llegas tarde. —Su voz es profunda. Autoritaria.
—Diez minutos. —Oliver me atrae hacia él y coloca su mano en mi espalda—. Jax. Esta es Dakota Relish. Dakota. Mi hermano Jax.
Jax me tiende la mano. Y cuando se la estrecho, su apretón es firme pero no intimidante.
—Encantado de conocerte. Oliver nos ha hablado mucho de ti.
—¿En serio? —Se me escapa.
—Constantemente. —Una mujer menuda y rubia aparece a su lado, con una sonrisa radiante—. Hola. Soy Elsie. La mujer de Jax. Y mejor amiga de Oliver.
Me abraza. Sin preguntar. Sin esperar permiso. Como si fuéramos viejas amigas.
—Es un placer conocerte por fin. Oliver dice que eres brillante.
—Yo… gracias.
—Ven. —Me coge de la mano—. Deja que te presente a todos.
Me lleva hacia la terraza. Oliver nos sigue de cerca, y notarlo detrás me reconforta.
La terraza está llena de gente. Hombres altos e imponentes que no pueden ser otros que los hermanos Hawke. Y mujeres que se mueven entre ellos como en casa.
—Ese es Zane. —Elsie señala a un hombre con traje incluso en una barbacoa—. Y su mujer Isla.
Zane asiente. Serio. Pero no hostil. E Isla me sonríe con calidez genuina.
—Ese es Kai. El problemático. —Continúa—. Y Hazel.
Kai me guiña un ojo. Todo encanto. Y Hazel pone los ojos en blanco pero sonríe.
—Y ese es Ronan. Con Skylar y su hija Emma.
Ronan me saluda con la cabeza, con una niña preciosa en brazos. Y Skylar me da la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja.
—Hola a todos —consigo decir. Y sueno más firme de lo que creía.
Y entonces pasa algo inesperado.
Todos me saludan con normalidad, con calidez. Como si no fuera raro que Oliver trajera a una mujer quince años mayor a la barbacoa familiar.
—¿Quieres algo de beber? —pregunta Oliver sin apartar la mano de mi espalda.
—Con agua me apaño.
—Traigo vino. —Isla se levanta—. Pareces de las que lo prefieren.
—Me has leído el pensamiento. Gracias.
La media hora siguiente pasa en un torbellino de conversaciones. De risas. De sentirme, para mi sorpresa… bienvenida.
Isla me habla de su editorial. Hazel de sus estudios de medicina. Skylar de su trabajo en servicios sociales. Elsie, de todo y de nada al mismo tiempo.
Y los hermanos Hawke, esos hombres intimidantes que temía conocer, son normales: bromean entre ellos, se burlan unos de otros, cuidan de sus mujeres con una devoción evidente.
Y Oliver.
Oliver no se aleja de mí ni un segundo.
No me quita la mano de encima: la espalda, la cintura, un roce en el brazo. Constante. Posesivo. Como si quisiera que todos supieran que estoy con él.
Y nadie dice nada.
Nadie menciona nuestra diferencia de edad. Nadie pregunta sobre nuestra relación. Nadie me mira como si estuviera haciendo algo inapropiado.
Es… desconcertante.
—¿Estás bien? —Oliver susurra mientras me sirve más vino.
—Sí. Solo… sorprendida.
—¿De qué?
—De que nadie haya dicho nada. Sobre nosotros. Sobre… ya sabes.
Oliver sonríe. Esa sonrisa que me derrite.
—Te lo dije. No les importa. Lo único que les importa es que seas importante para mí.
—¿Y lo soy?
—Ya sabes que sí.
Me besa. Suave. En medio de la terraza. Delante de todos.
Y oigo a Kai silbar, a Elsie reír, a alguien comentar algo de un «por fin».
Pero no me importa.
Porque en ese momento, rodeada por la familia de Oliver, con su mano en mi cintura y sus labios en los míos…
Me permito creer.
Creer que tal vez esto puede funcionar. Que tal vez no es tan imposible como pensaba.
Que tal vez. Solo tal vez.
Puedo tener esto.
OLIVER
La barbacoa va mejor de lo que esperaba.
Dakota está en la terraza charlando con Skylar y Hazel sobre algo que las hace reír. Tiene la cara iluminada. Relajada de una forma que no le había visto nunca.
Y verla así, integrada en mi familia, cómoda en mi mundo, me deja sin palabras. O con una sola que todavía no puedo decirle.
—Estás enamorado.
La voz de Elsie a mi lado me hace girarme.
Está de pie junto a mí, con una sonrisa que lo sabe todo y esos ojos que siempre ven demasiado.
—¿Qué?
—De Dakota. Estás enamorado de ella. —No es una pregunta—. Se te nota en cómo la miras. Cómo no te alejas de ella. Cómo sonríes cuando ella ríe.
No lo niego. Porque Elsie me conoce demasiado bien. Y mentirle sería inútil.
—¿Es tan obvio?
—Para mí sí. Pero te conozco desde hace años. —Se apoya contra la barandilla—. Los demás probablemente lo sospechan pero nadie va a decir nada hasta que tú lo hagas.
—Bien. Porque todavía no se lo he dicho. A ella.
Elsie me mira sorprendida.
—¿Por qué no?
—Porque tiene miedo. Cree que esto es temporal. Que nos llevamos demasiados años como para que funcione. —Suspiro—. Y si se lo digo ahora, antes de que esté preparada, va a huir.
—Oliver.
—Así que estoy demostrándoselo. Con acciones. Trayéndola aquí. Haciendo que forme parte de mi vida. —Miro hacia Dakota —. Esperando que algún día confíe lo suficiente como para creerme cuando se lo diga.
Elsie me aprieta el brazo.
—Me hace muy feliz verte así. Verte enamorado. Igual que Jax. Igual que tus otros hermanos. —Se le ensancha la sonrisa—. Todos habéis encontrado el amor. Y es precioso.
—Sí. Bueno. —Sonrío de vuelta—. Aunque todavía me parece un poco asqueroso que te acuestes con mi hermano.
Elsie se ríe. Fuerte. Y me da un golpe en el brazo.
—Eres imposible.
—Soy realista. Jax es mi hermano. Y tú eres mi mejor amiga. La imagen de vosotros juntos es… —Hago una mueca exagerada—. Perturbadora.
—Pues acostúmbrate. Porque no voy a ningún sitio.
—Lo sé. —Le doy un abrazo rápido—. Y me alegro. En serio. Jax te necesitaba. Aunque me cueste admitirlo.
Elsie me devuelve el abrazo.
—Y tú necesitas a Dakota. Igual que ella te necesita a ti. Aunque ninguno de los dos lo admita todavía.
—Tarde o temprano.
—Más te vale. —Se separa—. Porque esa mujer te mira de la misma forma que tú la miras a ella. Y sería una pena que dos personas tan enamoradas perdieran el tiempo fingiendo que no lo están.
Y con esas palabras, Elsie vuelve hacia donde están las demás mujeres.
Me quedo a solas con mis pensamientos.
Miro alrededor de la terraza. Veo a mis hermanos con sus parejas.
Jax tiene la mano en la cintura de Elsie y la mira como si fuera su mundo entero.
Zane, más relajado de lo que lo he visto nunca, sonríe por algo que dice Isla.
Kai bromea con Hazel, como siempre, pero con una suavidad en los ojos que solo aparece con ella.
Ronan sostiene a su hija, con Skylar apoyada contra él. Una familia.
Y Dakota.
Está de pie con el resto. Se ríe. Encaja.
Como si este hubiera sido siempre su sitio.
Y en este momento, en este preciso momento, me doy cuenta.
Esto que estoy viendo ahora mismo es justo lo que quiero.
No solo a Dakota. Aunque ella es el centro de todo.
Sino esto. Esta familia. Esta unión. Este quieror que mis hermanos han encontrado y construido.
Quiero lo mismo.
Quiero casarme con Dakota. Quiero tener hijos con ella. Quiero verla en futuras barbacoas, integrada del todo en mi familia. En mi vida.
Quiero despertarme a su lado los próximos cincuenta años, envejecer con ella, construir algo permanente. Algo real.
Lo quiero todo.
Y voy a conseguirlo.
No importa cuánto tiempo me lleve, cuánto tenga que demostrarle, cuántas veces tenga que esperar mientras ella se pelea con sus miedos.
Voy a conseguir que Dakota Relish se enamore de mí. Del todo. Sin remedio.
Como yo ya estoy enamorado de ella.
Dakota levanta la vista en ese momento. Como si sintiera mi mirada. Me sonríe. Y hace un gesto para que me acerque.
Voy con ella, la atraigo hacia mí y le beso el pelo.
—¿Lo estás pasando bien?
—Mucho mejor de lo que pensaba —admite—. Tu familia es increíble.
—Lo son.
—Y no han dicho nada. Sobre nosotros. Sobre la diferencia de edad. Sobre nada.
—¿Y eso te sorprende? —Le aprieto la cintura—. Te lo dije: lo único que les importa es verme feliz. Y contigo lo soy.
Dakota se sonroja. Y esa imagen, tímida y feliz, me da ganas de besarla hasta dejarla sin aliento.
Pero nos quedamos así, en la terraza, rodeados por mi familia. Por risas. Por amor.
Y por primera vez en mucho tiempo, me permito imaginar el futuro.
Un futuro donde Dakota está siempre a mi lado. Donde esto no es una barbacoa ocasional, sino lo habitual. Donde somos una unidad. Una pareja. Una familia.
Y lo sé sin sombra de duda.
Ese futuro va a ser real.
Pase lo que pase.
Cueste lo que cueste.
Dakota Relish va a ser mía.
Para siempre.
Solo tengo que convencerla de eso.
Y si algo he aprendido de mis hermanos, es que el amor verdadero vale cualquier esfuerzo.
Cualquier espera.
Cualquier riesgo.
Así que esperaré.
Y se lo demostraré.
Y la amaré.
Hasta que ella esté preparada para amarme también.