CAPÍTULO 15
DAKOTA
La sala de juntas huele a café recién hecho y al perfume caro de la mujer sentada frente a mí.
Simone Beaumont, directora creativa de Laurent & Co., lleva un traje de Chanel impecable. Tiene el pelo rubio platino recogido en un moño francés tirante y esa elegancia sin esfuerzo que solo las parisinas parecen dominar.
A su lado está Philippe Marseille, director de expansión, con traje gris oscuro y corbata azul marino, sonrisa encantadora y un acento francés que hace que cada palabra suene como si estuviera vendiendo un sueño.
Y yo estoy intentando no parecer demasiado emocionada.
Laurent & Co. contactó conmigo hace tres días para pedir esta reunión. Una de las marcas de cosméticos de lujo más prestigiosas de Europa quería hablar conmigo sobre su expansión americana.
Es como un sueño hecho realidad.
Sarah está a mi lado tomando notas. He pasado las últimas setenta y dos horas investigando cada detalle sobre Laurent & Co.: su historia de sesenta años, sus campañas icónicas, su filosofía de lujo accesible pero aspiracional.
Esto podría ser enorme para Relish .
—Entonces. —Philippe junta las manos sobre la mesa—. Como le he comentado por correo electrónico, estamos por fin entrando en el mercado estadounidense de forma seria. Hemos decidido que ha llegado el momento.
—Llevamos dos años preparando esto. —Simone se inclina un poco—. No queríamos simplemente aparecer. Queríamos hacerlo bien. Con los socios adecuados.
—Y Relish llamó nuestra atención de inmediato. —Philippe me mira a los ojos—. Su revista tiene exactamente la voz que buscamos. Sofisticada pero accesible. Aspiracional pero real. Mujeres que entienden que el lujo no es solo precio, sino calidad y experiencia.
Siento cómo se me acelera el pulso. Esto suena demasiado bueno para ser verdad.
—Nos halaga enormemente que nos consideren. Laurent & Co. es una marca que siempre he admirado.
—Nosotros admiramos lo que ha construido. —Simone sonríe—. Una revista independiente que compite con las grandes. Eso requiere visión. Y agallas.
—Gracias.
—Por eso queremos proponerle algo más que una simple colaboración publicitaria. —Philippe abre una carpeta con diseños elegantes—. Queremos que Relish sea nuestro socio mediático exclusivo en Estados Unidos.
El aire se me atasca en los pulmones.
Exclusivo.
Eso significa campañas conjuntas, contenido especial, acceso privilegiado a lanzamientos, presencia constante en todas sus estrategias de marketing.
Eso significa números que podrían transformar las proyecciones de Relish para los próximos cinco años.
—Eso es… increíblemente generoso. —Intento mantener la voz profesional aunque quiero gritar—. Me encantaría explorar esa posibilidad.
—Excelente. Porque tenemos la oportunidad perfecta para conocernos mejor. —Simone desliza otra carpeta por la mesa—. Estamos organizando nuestro evento de lanzamiento oficial el próximo fin de semana. Del viernes catorce al domingo dieciséis. En el Outlook Resort, en los Catskills.
Abro la carpeta. El diseño es impresionante: papel grueso color crema, letras doradas, fotografías de un resort que parece sacado de una revista de arquitectura.
—Hemos invitado a las principales publicaciones para cubrir el evento. Vogue , Elle , Harper's Bazaar … todas las grandes. —Philippe continúa—. Pero queremos que usted venga como algo más que prensa. Como invitada de honor. Como posible socia.
Rozo el papel con los dedos y noto la textura.
—Sería un honor asistir.
—Habrá una cena de gala el viernes por la noche. Presentación oficial el sábado por la mañana. Sesión fotográfica y experiencias con la marca por la tarde. Brunch de cierre el domingo. —Simone enumera con esa eficiencia francesa—. Hemos reservado una suite para usted, por supuesto.
Todo el fin de semana.
En uno de los resorts más exclusivos de la costa este, con la oportunidad de asegurar el contrato más grande que Relish ha tenido jamás.
—Suena perfecto. —No puedo evitar sonreír—. Gracias por la invitación.
—Hay una cosa más. —Philippe intercambia una mirada con Simone—. Sabemos que Hawke Capital ha adquirido hace poco una participación en Relish. Nos gustaría que su representante también asistiese.
Y se me hiela el pecho.
—¿El representante?
—Oliver Hawke. —Philippe sonríe—. Creemos que es importante conocer también a los inversores. Entender la visión completa del negocio.
Oliver.
El nombre resuena en mi cabeza como una alarma.
—Por supuesto. Tiene sentido. —La voz me sale automática mientras la cabeza me va a mil—. Estoy segura de que a Oliver le interesará asistir.
—De hecho. —Philippe mira el reloj—. Debería llegar en cualquier momento. Le pedimos que se uniera a esta reunión también.
Las palabras tardan un segundo en calar.
—¿Le pidieron…?
Y entonces la puerta de la sala de juntas se abre.
Oliver entra con un traje negro impecable, el pelo despeinado con toda la intención y esos ojos color avellana que me encuentran al instante.
Y sonríe.
No una sonrisa completa. Solo una curva pequeña en la comisura de los labios. De las peligrosas.
—Philippe. Simone. —Se acerca y les estrecha la mano con una familiaridad que me retuerce el estómago—. Gracias por incluirme.
—Oliver. —Philippe le da una palmada en el hombro con afecto genuino—. Llegas justo a tiempo. Le estábamos contando a Dakota lo del evento del próximo fin de semana.
—Ah, sí. El lanzamiento. —Oliver se sienta justo frente a mí—. Suena prometedor.
Lo miro.
Y él me sostiene la mirada con esa expresión neutral que ahora reconozco como calculada.
Y de pronto todo encaja.
La forma en que Philippe le ha saludado, como a un amigo. La forma en que Oliver ya conoce todos los detalles del evento. La coincidencia demasiado redonda de que Laurent & Co. haya contactado con Relish justo ahora.
—¿Cuánto tiempo hace que os conocéis? —Las palabras salen de mi boca antes de que pueda filtrarlas.
Philippe mira a Oliver. Luego a mí.
—Oliver y yo nos conocemos desde hace años. Nuestras familias tienen negocios juntas desde hace mucho. —Se ríe—. De hecho, fue Oliver quien mencionó Relish cuando le comenté que estábamos buscando socios en Estados Unidos.
Por supuesto que ha sido Oliver.
Por supuesto que esto no es casualidad.
Los puños se me cierran debajo de la mesa, donde nadie puede verlos.
—Qué afortunada coincidencia. —Consigo que la voz me salga normal. Profesional—. Gracias por la recomendación, Oliver.
—Solo mencioné la calidad de tu trabajo. —Su voz es pura cortesía—. Philippe tomó sus propias decisiones de negocio.
Nos miramos por encima de la mesa.
Y en sus ojos hay un mensaje nítido: Sí, lo he organizado. Y no puedes hacer nada sin quedar como poco profesional.
El muy cabrón.
—Entonces está decidido. —Simone cierra su carpeta—. Vienen los dos al evento. El coche saldrá de Manhattan el viernes a las dos de la tarde. Les enviaremos todos los detalles por correo esta tarde.
—Perfecto. —Philippe se levanta—. Estamos deseando pasar el fin de semana conociéndola mejor.
Nos levantamos, nos estrechamos las manos, intercambiamos sonrisas y promesas profesionales.
Sarah acompaña a Philippe y Simone hacia la salida.
Y yo me quedo en la sala de juntas con Oliver.
El silencio se extiende entre nosotros, pesado, cargado de todo lo que no puedo decir con gente alrededor.
Espero hasta oír la puerta del ascensor cerrarse al final del pasillo.
Entonces me giro hacia él.
—Eres un manipulador.
Oliver se apoya contra la mesa con los brazos cruzados, tan tranquilo.
—Hola, Dakota. Buenos días para ti también.
—No te hagas el gracioso. —Camino hacia él—. Philippe es tu amigo. Tu familia hace negocios con él. Le dijiste que contactara con Relish .
—Le mencioné que podrías ser una buena socia. Sí.
—Organizaste todo esto. La reunión. La invitación. El fin de semana entero.
—Creé una oportunidad de negocio mutuamente beneficiosa. —Su voz es demasiado calmada—. Laurent & Co. necesitaba un socio. Relish necesita crecimiento. Yo facilité la conexión.
—Y casualmente esa conexión requiere que pasemos un fin de semana entero juntos.
—Sí. Qué coincidencia. —Sonríe. Y es la sonrisa más frustrante que le he visto—. Casi como si lo hubiera planeado.
—Esto es… —Busco las palabras—. Esto es manipulación pura.
—Esto es estrategia. —Se endereza. Da un paso hacia mí—. Hay una gran diferencia.
—No para mí.
—Dakota. —Dice mi nombre como si fuera algo precioso—. Puedes enfadarte todo lo que quieras. Pero ambos sabemos que no vas a rechazar esta oportunidad. Es demasiado grande. Demasiado importante para Relish .
Lo odio porque tiene razón.
Lo odio porque me conoce lo suficiente para saber qué hacer para ponerme en esta posición.
—Podrías haberme avisado. Podrías haber sido honesto.
—¿Y qué habrías hecho? ¿Habrías buscado una excusa para no ir? ¿Habrías enviado a Sarah en tu lugar? —Se acerca más—. Sí, Dakota. Lo habría hecho todo exactamente igual porque sabía que intentarías escapar.
—No estoy escapando. Estoy siendo sensata.
—Estás siendo cobarde.
El insulto me golpea como si fuera físico.
—Vete a la mierda.
—Llevas una semana evitándome: saliendo de habitaciones cuando entro, cancelando reuniones, haciendo que Sarah sea intermediaria. —Su voz se vuelve más baja. Más intensa—. Te he dado el espacio que pedías. Y lo has usado para construir muros más altos.
—Porque necesito muros contigo.
—¿Por qué?
—Porque tú… —Las palabras se me atragantan—. Porque haces que no pueda pensar con claridad.
—Bien.
—¿Bien? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
—Sí. Bien. —Da el último paso y elimina el espacio entre nosotros—. Porque cuando piensas con claridad te convences de que esto es una mala idea. Te convences de que soy demasiado joven o de que trabajo contigo. Te convences de mil razones para no sentir lo que sientes.
Se me acelera la respiración. Está demasiado cerca. Le huelo la colonia, le veo las motas doradas en los ojos.
—Todas esas razones son válidas.
—Son excusas.
—Son realidades.
—Son miedos. —Levanta una mano. Me roza la mejilla con los nudillos—. Y voy a pasar el próximo fin de semana demostrándote que no tienes razón para tenerlos.
Le aparto la mano. Porque si no lo hago voy a hacer algo estúpido como buscar el roce de sus nudillos.
—No va a cambiar nada. Un fin de semana no va a…
—Ya lo veremos. —Se aleja y pone entre nosotros una distancia que odio necesitar—. El coche sale el viernes a las dos. No llegues tarde.
Camina hacia la puerta.
Y yo me quedo ahí, con el corazón latiéndome demasiado rápido y las manos temblándome a los costados.
Oliver se detiene en el umbral. Se gira hacia mí.
Y en su expresión hay un brillo depredador que me enciende la piel entera.
Se acerca. Dos pasos rápidos que no me dan tiempo de retroceder.
Se inclina hasta que su boca queda junto a mi oído.
—Una cosa más, Dakota.
Su aliento cálido me roza la piel.
—Nos espera un fin de semana muy interesante .
Y se va.
Me deja temblando, con las rodillas débiles y el pulso desbocado.
Y sé que acabo de caer en una trampa diseñada al milímetro.
Y que no tengo ni idea de cómo voy a salir intacta.