Un CEO Imposible (Los halcones de Wall Street 3) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

SKYLAR

Llevo cuatro días viviendo con Ronan Hawke.

Y cada día es más difícil que el anterior.

No por Emma. Emma es un ángel. Bueno, un ángel que llora a las tres de la madrugada y que ha decidido que los pañales son instrumentos de tortura. Pero un ángel de todas formas.

El problema es su padre.

Ronan.

Que se pasea por este apartamento siendo devastadoramente atractivo sin ni siquiera intentarlo.

Esta mañana me he levantado antes que él. Lo que es un milagro absoluto considerando que el hombre parece funcionar con tres horas de sueño y cafeína pura.

He ido a la cocina a prepararme un café. A intentar empezar el día con algo de normalidad antes de que comience el espectáculo de «Ronan Hawke siendo increíblemente sexy mientras cuida a su hija».

Estoy junto a la cafetera, esperando que termine de hacerse, cuando lo escucho.

El llanto de Emma.

Inconfundible. Estridente.

Dejo la taza en la encimera y salgo hacia el pasillo.

Porque después de cuatro días, mi cuerpo ya está programado. Escucho a Emma llorar y reacciono.

Como si fuera mía.

Doblo la esquina del pasillo que lleva a las habitaciones.

Y justo en ese momento la puerta del dormitorio de Ronan se abre.

Y él sale.

Con una toalla.

Solo. Con. Una. Toalla.

No tengo tiempo de frenar.

Ni de desviarme.

Ni de hacer nada excepto chocar contra él con toda la fuerza de mi metro sesenta y cinco de puro pánico.

—¡Joder!

El grito sale de los dos al mismo tiempo.

Mis manos se estrellan contra su pecho para frenar el impacto.

Y es como tocar fuego.

Piel mojada. Caliente. Resbaladiza por el agua de la ducha que todavía le cubre el cuerpo.

Músculos bajo mis palmas. Duros. Definidos. Moviéndose con cada respiración acelerada.

Y entonces sus manos están en mi cintura.

Agarrándome. Sosteniéndome.

Evitando que salga rebotada hacia atrás.

Estamos demasiado cerca.

Tanto que puedo ver cada gota de agua deslizándose por su cuello. Por sus hombros. Desapareciendo en el valle entre sus pectorales que tengo justo delante de mi cara.

Tanto que puedo oler su gel de ducha. Algo limpio y masculino que hace que se me cierre la garganta.

Tanto que cuando levanto la vista, encuentro sus ojos ya fijos en mí.

Oscuros. Intensos.

Completamente clavados en mi boca.

—Skylar.

Mi nombre sale de sus labios como algo roto.

Y sus manos…

Sus manos se aprietan en mi cintura.

Y entonces, muy despacio, como si no pudiera controlarlo, me atrae.

Hacia él.

Pegándome contra su cuerpo.

Y siento todo.

El calor de su piel atravesando mi camiseta de algodón como si no existiera.

Los músculos de su abdomen presionándose contra mi estómago.

Y…

Oh, Dios.

Lo siento.

Contra mi vientre.

Duro. Grueso. Presionándose contra mí a través de la toalla.

Un jadeo se me escapa. Alto. Necesitado.

Completamente involuntario.

Y lo veo recorrerlo como una descarga eléctrica.

Sus ojos se oscurecen todavía más. La mandíbula se le tensa. Los dedos se le clavan en mi cintura con una fuerza que debería doler pero que en cambio hace que algo líquido y caliente se expanda por todo mi cuerpo.

—Ronan… —Su nombre sale de mi boca como una súplica.

Él se inclina. Solo un centímetro. Dos.

Tan cerca que su aliento roza mis labios.

Tan cerca que si me pusiera de puntillas…

Emma llora más fuerte.

Un grito que atraviesa el pasillo como una sirena.

Nos separamos de golpe.

Como si nos hubieran echado un cubo de agua helada.

Ronan da dos pasos atrás. Yo retrocedo hasta chocar contra la pared.

Ambos respirando como si hubiéramos corrido una maratón.

—Yo —Mi voz sale temblorosa—. Yo la atiendo. Ve a… ve a vestirte. Por favor.

—Skylar.

—Por favor.

Algo cruza su expresión. ¿Frustración? ¿Arrepentimiento?

No lo sé.

No puedo procesarlo ahora.

Solo puedo moverme. Pasar junto a él sin mirarlo. Sin rozarlo aunque cada célula de mi cuerpo grita por hacerlo.

Entro en la habitación de Emma casi corriendo.

Cierro la puerta detrás de mí.

Y me apoyo contra ella, con las piernas temblando tanto que apenas me sostienen.

¿Qué acaba de pasar?

¿Qué demonios acaba de pasar?

Ronan estaba duro. Completamente duro. Y me atrajo hacia él como si no pudiera evitarlo.

Como si me deseara.

Pero ¿me desea a mí?

¿O solo soy la mujer que está aquí? ¿Conveniente? ¿Disponible?

¿Lleva cuatro días sin sexo y su cuerpo simplemente está reaccionando a la proximidad?

No lo sé.

Y eso me está matando.

Porque si me desea de verdad…

Si esto es real…

Entonces estoy completamente jodida.

Emma llora más fuerte, devolviéndome a la realidad.

—Ya voy, cariño. —Me obligo a moverme. A cogerla de la cuna—. Ya estoy aquí.

La acuno contra mi pecho. La mezo. Le murmuro palabras suaves.

Pero mis manos siguen temblando.

Y mis palmas siguen ardiendo donde tocaron su piel.

Y todo mi cuerpo sigue vibrando con la sensación de haberlo tenido tan cerca.

De haber sentido la evidencia de su deseo contra mí.

Dios.

La convivencia con Ronan Hawke es mucho más difícil de lo que pensaba.

Y solo llevamos cuatro días.

Quedan casi seis semanas.

No voy a sobrevivir a esto.