CAPÍTULO 18
RONAN
Esto no puede ser tan difícil.
Es un bebé. Un bebé pequeño. Y agua. Y jabón.
Básicamente es limpiar algo.
Algo que hago todos los días con mi propio cuerpo sin mayor problema.
Excepto que mi propio cuerpo no se retuerce. Ni llora. Ni es tan jodidamente pequeño que me aterroriza sostenerlo con demasiada fuerza.
—¿Estás segura de que tenemos que hacerlo hoy? —pregunto por tercera vez.
Skylar me mira desde el otro lado del cambiador donde tenemos preparada la bañerita de bebé. Lleva el pelo recogido en una coleta alta y se ha remangado la camisa hasta los codos.
Y está intentando no reírse de mí.
Lo veo en la forma en que se muerde el labio.
—Ronan, Emma no se ha bañado en dos días. Necesita un baño.
—Pero está limpia. La hemos cambiado. Le hemos limpiado la cara.
—Eso no es un baño.
—Podría serlo.
—No lo es. —Se cruza de brazos—. Y cuanto más lo retrases, más nervioso vas a estar.
Tiene razón.
Odio que tenga razón.
Pero la tiene.
—Vale. —Respiro hondo—. Vale. ¿Cómo lo hacemos?
Skylar sonríe. Y es esa sonrisa paciente que ha estado usando conmigo desde que esto empezó. La que dice eres un desastre, pero es adorable .
No sé si sentirme insultado o halagado.
—Primero comprobamos la temperatura del agua. Tiene que estar tibia. Ni fría ni caliente.
—¿Y cómo sé cuándo está tibia?
—Cuando tu codo no siente ni frío ni calor. Es como neutral.
—Neutral. —Repito la palabra como si fuera un concepto revolucionario—. Vale.
Meto el codo en el agua.
Está… ¿tibia? ¿Puede ser que esté tibia?
—¿Así está bien?
Skylar se acerca. Se inclina sobre la bañerita. Y de repente está muy cerca.
Puedo oler su champú. Esa mezcla de vainilla y coco que se me ha quedado grabada desde anoche cuando la besé.
Cuando perdí completamente el control y la besé contra la pared de mi habitación como si fuese a morirme si no la probaba de una vez.
Idiota.
Soy un completo idiota.
—Está perfecta. —Su voz me devuelve al presente—. La temperatura es perfecta.
Se aparta. Y puedo respirar otra vez.
—Vale. —Me giro hacia Emma, que está en su hamaquita mirándome con esos ojos enormes—. Ahora… ¿la meto?
—Primero la desvistes.
—Cierto. Claro. Lógico.
Empiezo a quitarle el body. Mis dedos se sienten torpes. Demasiado grandes. Las mangas son tan pequeñas que me da miedo hacerle daño.
—No pasa nada si tardas —dice Skylar suavemente—. Ella no tiene prisa.
Consigo quitarle el body sin romperlo. Pequeña victoria.
Luego el pañal.
Y entonces Emma está completamente desnuda. Tan pequeña. Tan frágil.
Y yo tengo que meterla en el agua sin que le pase nada.
Presión cero.
—¿Cómo la cojo? —pregunto, y mi voz sale más tensa de lo que pretendía.
—Igual que siempre. Una mano bajo su cabeza. —Skylar se coloca a mi lado—. La otra bajo su culito. Y la bajas despacio. Muy despacio.
Deslizo las manos bajo Emma. Puedo sentir su peso. Casi nada. Como si fuera de aire.
La levanto. La acerco a la bañerita.
Y entonces se mueve.
Se retuerce en mis manos.
—¡Mierda!
—Tranquilo. —Skylar pone su mano sobre la mía—. La tienes bien agarrada. No se va a caer.
—¿Segura?
—Completamente segura. Ahora bájala. Despacio.
Bajo a Emma hacia el agua. Sus piernitas tocan primero. Y entonces empieza a llorar.
No. A gritar.
A todo pulmón.
—¡Joder! ¿Qué he hecho? —Casi la saco del agua—. ¿Está muy caliente? ¿Muy fría?
—¡No! —Skylar me detiene—. Está perfecta. Solo no le gusta. A algunos bebés no les gusta el agua al principio.
—¿Y qué hacemos?
—Seguimos. Cuanto más rápido la bañemos, antes terminará.
—Bien. Vale. Rápido. Puedo ser rápido.
Excepto que no puedo.
Porque Emma no deja de moverse. Y llorar. Y chapotear.
Y yo estoy intentando sujetarla con una mano mientras con la otra busco el jabón que Skylar ha puesto en algún sitio.
—¿Dónde está el jabón?
—En el borde. —Skylar lo señala—. Ahí.
Lo cojo. Lo aprieto.
Sale demasiado jabón. Mucho más de lo que debería.
—Mierda.
—No pasa nada. Úsalo.
Intento enjabonar a Emma. Pero está resbaladiza. Y llorando. Y moviéndose.
Y de repente ya no sé qué mano está donde.
—Ronan, cuidado con…
Demasiado tarde.
Emma da una patada. El agua sale disparada. Directa a mi cara.
Parpadeo. Escupiendo agua.
Y entonces Emma da otra patada.
Más agua.
Esta vez a Skylar.
Que suelta un grito de sorpresa.
—¡Emma! —Pero está riéndose—. Pequeña traidora.
Y entonces se desata el caos.
Emma no para de chapotear. El agua cae por todas partes. En el suelo. En nosotros.
Skylar intenta ayudarme a sujetarla, pero Emma tiene otros planes. Planes que involucran convertir el baño en una piscina.
—¡La tengo! —digo, intentando mantenerla firme.
—¡Cuidado con el…!
El bote de jabón sale volando. Aterriza en el suelo. Se abre. Y el contenido se derrama formando un pequeño charco resbaladizo.
—Joder.
—¡No pises ahí!
Demasiado tarde.
Mi pie resbala. Me tambaleo. Y tengo que agarrarme al cambiador para no caerme.
Con Emma todavía en una mano.
—¡Ronan!
Skylar se lanza hacia mí. Me agarra del brazo. Intentando estabilizarme.
Pero ella también resbala en el jabón.
Y de repente los dos estamos tambaleándonos. Agarrados el uno al otro. Con Emma entre nosotros como el premio más valioso del mundo.
Conseguimos no caernos.
Milagrosamente.
Pero quedamos empapados. Cubiertos de jabón. Y Emma finalmente decide que esto es divertido y deja de llorar.
Por supuesto.
Skylar me mira. Yo la miro a ella.
Y nos echamos a reír.
Los dos al mismo tiempo.
Como idiotas.
—Esto ha sido —empieza Skylar.
—Un desastre.
—Iba a decir memorable. —Se ríe más fuerte—. Pero sí. También un desastre. Voy a limpiar el jabón del suelo.
Termino de lavar a Emma. Esta vez sin más incidentes. Skylar me ayuda a sacarla. A envolverla en la toalla. A secarla.
Y finalmente Emma está limpia. Seca. Y mirándonos con una expresión que juraría es de satisfacción.
Como si supiera exactamente lo que ha hecho.
—Misión cumplida —dice Skylar, quitándose un mechón de pelo mojado de la cara—. Emma está bañada. Nosotros estamos… bueno. También mojados.
Levanto la vista.
Y me quedo sin aire.
Porque Skylar está empapada. Completamente empapada. El agua le ha calado la camiseta, pegándosela al cuerpo como una segunda piel.
Y puedo ver todo.
El contorno de su sujetador. De encaje. Rosa claro. Transparentándose a través de la tela mojada.
La curva de sus pechos. Perfectos. Más que perfectos.
Los pezones marcándose ligeramente contra el tejido.
La garganta se me cierra.
Todo el cuerpo se me tensa.
Y mi entrepierna cobra vida con una fuerza que hace que tenga que morderme el interior de la mejilla.
No.
No ahora.
No aquí.
Pero mi cuerpo no está escuchando.
Porque Skylar está ahí. A menos de un metro. Mojada. Con una camiseta que no deja nada a la imaginación.
Y yo estoy completamente duro.
En medio del baño.
Con ella a un metro de distancia.
Joder.
—Yo —Carraspeo. Aparto la vista—. Voy a cambiarme. ¿Te importa quedarte con Emma un momento?
—Sí. —Su voz sale un poco aguda—. Cuando lo hagas me cambio yo.
Salgo del baño antes de que pueda notar lo que está pasando en mis pantalones.
Antes de que vea cómo la estoy mirando.
Como si fuera lo único que quiero devorar.
Llego a mi habitación y cierro la puerta detrás de mí.
Me apoyo contra ella. Respirando como si hubiera corrido una maratón.
Esto es ridículo.
Soy un hombre adulto. No debería estar poniéndome duro porque he visto a una mujer mojada.
Excepto que no es cualquier mujer.
Es Skylar.
Skylar que lleva nueve años viviendo en mi cabeza como un fantasma que no puedo exorcizar.
Skylar a la que besé anoche hasta perder el control.
Skylar que ahora está cuidando a mi hija.
Gimo. Bajo. Frustrado.
Y mi mano se mueve antes de que pueda detenerla.
Baja por mi estómago. Sobre la tela del pantalón. Presionando contra la erección que me duele.
No debería hacer esto.
Es inapropiado.
Mi mano se desliza dentro del pantalón.
Y en el momento en que mis dedos se cierran alrededor de mi polla, sé que no hay vuelta atrás.
Me muevo hacia la cama. Me dejo caer en el borde. Me bajo los pantalones lo justo.
Y la imagen vuelve.
Skylar. Mojada. Esa camiseta pegada a su cuerpo. Sus pechos marcándose. Los pezones rosados.
Mi mano se mueve. Rápida. Desesperada.
Cierro los ojos.
Y la veo.
No como estaba en el baño.
Sino como estaba anoche. Contra la pared. Con los labios hinchados por mis besos. Los ojos oscurecidos por el deseo. Jadeando mi nombre.
Mi mano se aprieta. Sube. Baja.
La imagino aquí. En mi cama. Debajo de mí.
Con el pelo rubio extendido sobre mi almohada como oro líquido. Los ojos mirándome con esa mezcla de deseo y ternura que solo ella tiene.
La imagino sin esa camiseta mojada. Sin nada. Completamente desnuda.
Con esos pechos que acabo de ver marcándose contra el sujetador ahora en mis manos. En mi boca.
Gimo. El sonido sale bajo. Gutural.
Mi mano se mueve más rápido.
La imagino debajo de mí. Rodeándome con sus piernas largas. Arqueándose contra mí. Diciendo mi nombre de una forma que hace que pierda la cabeza.
La imagino apretándose alrededor de mí mientras la follo. Despacio primero. Luego más duro. Más profundo.
Hasta que los dos estamos al borde.
Hasta que ella se corre gritando mi nombre.
El orgasmo me golpea como un tren.
Me tenso. Todo el cuerpo bloqueándose. La mano apretándose mientras me corro con tanta fuerza que veo estrellas.
Y su nombre.
Su nombre sale de mis labios sin permiso.
—Skylar.
Jadeo. Respirando como si me estuviera ahogando.
El placer sigue recorriendo mi cuerpo en oleadas. Dejándome exhausto. Saciado.
Y completamente consciente de lo jodido que estoy.
Porque esto no ha sido solo alivio físico.
Ha sido algo más.
Algo que llevo años negándome.
Me dejo caer hacia atrás en la cama. Mirando al techo. Con el pecho subiendo y bajando mientras mi respiración se normaliza.
Y entonces lo admito.
Lo que llevo sabiendo desde hace años pero que nunca me he permitido pensar.
Estoy enamorado de Skylar Banks.
Completamente.
Irrevocablemente.
Jodidamente enamorado.
Llevo años enamorado de ella. Casi desde el mismo instante en el que la conocí.
Por eso he estado recibiendo informes durante nueve años. No solo para asegurarme de que estuviera bien. Sino porque no podía soltarla.
Porque alguna parte rota de mí se aferraba a ella incluso cuando la mantenía lejos.
Y ahora está aquí. En mi casa. Cuidando de mi hija. Mirándome como si todavía pudiera ser alguien digno de ser mirado.
Y yo me acabo de correr pensando en ella como un adolescente sin control.
Después de decirle anoche que besarla fue un error.
Joder.
¿Qué voy a hacer?
Porque no puedo tenerla. No debería tenerla.
Estoy roto. Dañado de formas que ni siquiera sé nombrar. Llevo la misma sangre que mis padres. Y ellos nos destrozaron.
¿Cómo sé que yo no haré lo mismo?
¿Cómo sé que no voy a contaminarla con toda la oscuridad que llevo dentro?
Pero cuando pienso en estas seis semanas.
Seis semanas con ella aquí. Viéndola todos los días. Enseñándome a ser padre. Llenando mi apartamento con su luz.
Sé que no voy a poder mantener la distancia.
Sé que voy a volver a besarla.
Y esta vez no voy a poder parar.
Aunque debería.
Aunque lo correcto sería alejarla.
Protegerla de mí.
Me paso una mano por la cara. Frustrado. Exhausto.
Y me hago la única pregunta que importa:
¿Qué demonios voy a hacer con Skylar?